domingo, 17 de noviembre de 2013

Fauna viajera XI: El inspector Gadget o el viajero tuneado



En el mundo en el que vivimos todo se puede convertir en negocio. Siempre hay una necesidad por cubrir, una necesidad por inventar o una bacalada para metérsela doblada al ingenuo, al vanidoso o al tonto del culo. El mundo que rodea los viajes no escapa a ello existiendo un mercado que mueve cifras nada desdeñables con el ánimo de surtir al viajero de todo aquello que podría necesitar en un viaje: Ropa, calzado, aparatos electrónicos, equipaje, fotográficos, menaje, seguridad, salud, complementos varios…una amplía oferta para satisfacer las necesidades del viajero más existente y las del más pringado: hay de todo y para todos. Cosas imprescindibles, útiles, absurdas, de excelente calidad o malas de narices. Lo sé, porque he comprado o me han regalado varios de estos artículos. Algunos los utilizo y, otros…han ido sin desprecintar o recién estrenados, no al baúl de los recuerdos, sino al del olvido.

Sin embargo, hay frikis del asunto que tienen de todo, que se exceden o pasan tres pueblos; que creen que por llevar tantos accesorios disfrutarán o tendrán más certezas de que el viaje será como lo imaginaron, se adaptarán mejor al entorno o eliminarán riesgos porque así se lo han creer las guías de viajes, las películas de Hollywood y más de un viajero “iluminao”. Allá cada cual. Como he apuntado un poco más arriba hay cosas muy prácticas y recomendables, pero de ahí a llevarlas todas a la vez, a todos los viajes y en todas las circunstancias, media un abismo: algo que no entiende nuestro invitado de hoy que parece que va por los viajes tuneado como si de un coche se tratará o como el inspector Gadget, lleno de utensilios para salir de cualquier situación

El inspector Gadget o el viajero tuneado

Lo primero que define a esta especie es que es un viajero paradójico. Se gasta mucho más dinero a veces en la preparación del viaje (guías, maletas y bolsa, ropa, calzado, electrodomésticos, etcétera) que en el mismo viaje. Compra todo lo que le dicen o lo que el considera le da más pedigrí o le convierte en un viajero más experimentado.

Ya en el mismo aeropuerto, observando sus mochilas, bolsas o maletas se pueden ver muchos. Parece que llevan la casa a cuestas. Da lo mismo si el viaje es de un par de días o un mes: todo y de todo ¡Qué no falte de ná!

El equipaje que van a facturar (siempre que no lo hayan plastificado dos veces y marcado con rotulador) les delata al estar lleno de etiquetas de diseño, candados de varias combinaciones, lacitos de colores, siempre muy nuevo y limpio, dando la sensación de que ese equipaje ha viajado poco. El que va a llevar de mano siempre roza, cuando no lo sobrepasa, los límites de “la legalidad” o las normas de la compañía aérea.

Tus sospechas se confirman al ver el despliegue que hace nada más llegar a su asiento del avión, sea el viaje de un par o siete horas. Lo  primero que hace es inflar o sacar un cojín para el cuello, dejar a mano un antifaz, una manta zamorana, unas pantuflas, un osito de peluche (tu compi viajero, dice la publicidad) o un completo neceser transparente lleno de frasquitos y sobrecitos que cumplen las exigencias de seguridad, pastilleros con varios compartimentos. Después saca el ordenador, la tableta, el E-book, el MP3 y los auriculares expandiendo sus posesiones por el exiguo espacio que le han asignado. Sólo saldrá de su mundo cuando el avión aterrice o, puntualmente cuando sirvan la comida o haya unas turbulencias que exijan abrocharse el cinturón, poner el respaldo en posición vertical, cerrar la mesita o acordarse de Santa Bárbara.

Pero es en destino, donde comienza la verdadera exhibición de sus artilugios viajeros. Si por ejemplo está en la montaña, poco a poco comenzarán a asomar la brújula, una navaja suiza de mil usos, un piolet, una cantimplora, una bengala, un barómetro… aunque el sendero esté muy marcado, el área esté supervigilada y le acompañen doscientos turistas más; lo mostrará todo con la ilusión de un adolescente boy scout que ha salido de excursión: si se encuentra en un safari en Kenya, pastillas potabilizadoras, una mosquitera, un infernillo, un cazo, cubiertos plegables, un paraguas que se convierte en tienda de campaña aunque todos los días duerma en un resort o campamento que ofrezca todas las comodidades. Llevará unos prismáticos grandes y gordos que permitan la visión nocturna, un medidor de mapas que no sabe como se usa, un termo para el té helado o el café con leche, además de un botiquín con más medicamentos, vendas, gasas y tiritas que muchos dispensarios de urgencias.

Suele llevar con él, vaya donde vaya (da lo mismo que sea Londres o Jakarta, las Hurdes o los Alpes), un buen número de electrodomésticos y cacharros electrónicos: plancha de viaje, lámpara de viaje, radio de onda media, adaptadores de corriente universales, un secador del pelo, una alarma de seguridad, una impresora…Todo es poco. Tiene una verdadera obsesión por cualquier producto que vaya acompañado por la palabra de viaje, de tal forma que acaba pagando un pastón por un cepillo de dientes plegable, más pequeño o de peor calidad simplemente porque cree que un cepillo de viaje debe ser mejor que el normal.

Lleva ropa con escondrijos secretos para salvaguardar sus pertenencias. Cinturón con compartimento secreto,  zapatillas con doble lengüeta, gorra de cremalleras, tobillera para esconder la cartera, porta documentos que se mimetizan con una chaqueta…va sobrecargado y se nota.

El inspector Gadget no escatima a la hora de disfrazarse para viajar y lo mismo lo ves vestido de esquimal, que de Doctor Livingstone I presume, si alguien se lo ha sugerido; lo mismo de montañero que va a ascender al Himalaya que de Capitán Pescanova si te lo encuentras en un barco o en un puerto de Mar. Eso sí, con toda la parafernalia, con todos los complementos, como un Madelman o un Geyperman: ¡Comme il faut!

El viajero inspector Gadget, puede que sea práctico, pero es un poco exagerado y un mucho exhibicionista: un viajero tuneado.

Continuará  

6 comentarios:

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando: me parto contigo aunque creo que esta vez has exagerado un poco). De todas formas te diré que yo en cierta ocasión vi en un camping una tienda normalita con su televisor y video. No les ví salir de su "casita" ninguno de los días que estuvimos allí. Un abrazo.

Katy Sánchez dijo...

Jajajaja, genial descripción y si que te lo encuentras, y mucho. Van a la última. Llevar la casa a cuestas es un poco incómodo. Este al menos se lo pone y lo luce. Pero hay quien se lleva todo y luego lo trae igualmente como se lo ha llevado. Uff que pereza. Soy más bien minimalista:-)Odio hacer maletas y deshacerlas más.
Bss y buena semana

P.D. Una sugerencia, tenias que publicar la serie o que la representasen como la dura vida del turista.

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando: estoy con Katy

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@rafabartolome - Siempre se exagera un poco, pero tampoco creas que mucho y tu comentas un ejemplo de ello. Un abrazo

@Katy - O práctica Katy, que como dices es un rollo hacer maletas. Besos y buena semana

M. Teresa dijo...

En esos temas también he ido progresando, hace ya muchos años que no plancho cuando voy de viaje, jajaja, antes incluso me llevaba la máquina eléctrica de depilar.
En parte hemos substituido los pequeños electrodomésticos que comentas por cargadores, baterías, cables, adaptadores ...mi marido es el rey de los cachivaches y, sí, sí lo identifico con el viajero tuneado.

Un abrazo y que no falte el buen humor

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@Maria Teresa: ja ja, yo creo que todos nos hemos vuelto un poco más tecnológicos y viajamos un poco mas "cableados", y también más prácticos con el día a dia.
Si no nos reimos de nosotros mismos mal vamos.

Un abrazo

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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