miércoles, 2 de octubre de 2013

Fauna viajera VII: El incoherente ideológico



Hace algún tiempo en el post Coherencia de usar y tirar comentaba lo difícil que resulta que pensamientos, palabras y actos vayan en la misma frecuencia. Cuando entra por medio la política, la economía o el modelo social, si no se tiene la cabeza bien amueblada, se corre el riesgo de que tu cerebro funcione utilizando el método LIFO (Last in, First out) o lo que es lo mismo el último input que te llega es el que adoptas como verdad, verdadera. Ocurre mucho con las cosas del fútbol y, en general, con todo aquello que pasa por los medios de comunicación. Sí además, esta información no se procesa, no se compara y no se analiza, lo más probable es que nuestra opinión no es que esté condicionada o influenciada sino limitada; es decir, sólo vemos lo que queremos ver sin tener en cuenta que, a menudo, caemos en una gran incoherencia, lo que no impide en absoluto empecinarnos en defender una postura que si bien en la forma (por aquello de la oratoria y fina dialéctica), puede ser válida desde el raciocinio, en el fondo no se sostiene (por aquello de del dicho al hecho hay un trecho). Hoy vamos a trasladar esto al mundo viajero.

Recuerdo hace muchos años, cuando jugaba al fútbol, que en mi nuevo equipo, el capitán había regresado de un viaje a Cuba. En el vestuario, mientras nos cambiábamos comentaba lo “hijos de puta” que eran los occidentales (especialmente los Usa y España) a los que achacaba todos los males de la isla. Curiosamente, él no se incluía en esa gran familia a la que por lo visto pertenecíamos los demás. Hablaba de que Cuba era un país libre y que toda la gente con la que había charlado estaba encantada con el régimen a pesar de las necesidades que se pasaban. Eran cosas de la vil opresión y el bloqueo económico y bla bla bla. El caso es que me dio por ofrecer otro punto de vista sin querer quitar ni poner razones y el resultado fue que acabé en el banquillo sin jugar un solo minuto y, en los siguientes, los “minutos de la basura” no por “manta” sino por “bocas”. Huelga decir que abandoné el equipo. Pues bien hoy toca hablar de estos fulanos que después de ponerse hasta las orejas de mojitos en un “Todo incluido” de Varadero o haber realizado una visita a la selva, a un poblado masai,  pretenden que te sientas culpable de lo mal que está el mundo dándote lecciones de economía, política, historia, religión o sociedad.

El incoherente ideológico

Este viajero, aparentemente persigue o quiere lo que todos: un mundo en el que reine la paz, la justicia y la igualdad. Sin embargo, a poco que se le escuche no desea realmente eso. Dependiendo de donde te lo encuentres te hará el “mitin”, rajará por lo bajini, o sibilinamente se callará si no le conviene. Cree ser un antisistema y alumno aventajado de Marx; alguien digno de admiración si no fuese porque en su cartera, aparte de la tarjeta Visa, tiene la de Iberia Plus, la del Vips o la del Carrefour que le dan puntos por alimentar e impulsar todo aquello que rechaza.

Cuando te lo encuentras en un viaje o al regreso de uno, te habla de la libertad, de la dignidad, de capitalismo salvaje y cosas así. Dice defender las causas nobles, apoyar al ser humano por encima de todo, pero eso no es obstáculo para visitar paises sujetos a regímenes autoritarios, dictaduras o pseudo democráticos que no se caracterizan por dar cuartelillo al personal; paises por otra parte en los que se siente muy a gusto aunque no exista la libertad de expresión, el trabajador cobre al mes lo que el se gasta en un rato tomando cañas con los amigos mientras arregla el mundo y sepa, y si no lo sabe es que es tonto de remate, que gran parte de sus divisas irán a las arcas de una oligarquía (que siempre muestra un mundo ideal), a un partido o a una junta militar. No se ha dado cuenta de que un país que endiosa a sus dirigentes nunca goza de libertad y tampoco de que la justicia no es más que una quimera, un fuego artificial al servicio de los que cortan el bacalao. 

Si te lo encuentras en algún país del sudeste asiático, echará la culpa de la miseria a los americanos, a los franceses o a los ingleses, (de portugueses y holandeses no controla) pero rara vez cargará las tintas sobre los chinos o japoneses (que de estos tampoco controla). Piensa que las potencias colonizadoras esquilmaron los paises (y no le falta razón), pero en un ajuste de cuentas o en una hipotética devolución de lo “robado” él se negaría a asumir su parte correspondiente. En ese caso, sugiere que no se pueden exigir facturas a la historia.  

Creen que por comprar un día en una tienda de comercio justo o unos abalorios a un indígena (que es como se suele llamar a muchos locales en paises más puteados o menos favorecidos) han salvado su alma y que con ese gesto son súper solidarios y enrollados, lo que no impide que, en cualquier otro momento, quieran sacar provecho de otra situación ya sea escaqueándose de pagar una entrada, regateando hasta la extenuación, actuando como si fuesen marqueses o comprando imitaciones de Loewe, Prada o Coco Channel hechas por esclavos del siglo XXI.

Si te lo encuentras en Hispano América la culpa de la miseria y las desigualdades es de los españoles, como si México o Colombia se hubiesen independizado ayer y no más de doscientos años atrás; como si la historia de la humanidad no hubiese sido un toma y daca entre tribus dirigidas por una élite que siempre juega a caballo ganador; como si en otros tiempos el personal pensase igual que ahora. Para él, la única verdad es que Colón la cagó. Lo curioso del caso es que todo esto te lo cuenta en un café de Antigua, en San Cristobal de las Casas o en otra ciudad colonial en la que no para de admirar la arquitectura colonial e hincharse a hacer fotos que compartirá en Face Book o Instagram.

Eso sí, si viaja a un país árabe, toda la vehemencia se le bajará por la chilaba. Será un sumiso corderito que reirá las gracias de Abu Abdullah y justificará, apelando a la costumbre, que en esos paises la mujer está bien donde está; comprenderá, y así te lo hará saber, que en nombre de la religión se cometan auténticas barbaridades y echará la culpa de los males del mundo, como ya hicieron muchos otros, a los judíos. Pero si se da un garbeo por Israel, seguramente a quien ponga a bajar de un burro sea a los palestinos.

En Nueva York, en Londres, en París o en Roma simplemente se callará y no osará criticar ni al sistema ni su forma de vida. Está de vacaciones y no renunciará a disfrutar de todo aquello que el capitalismo le ofrece: desde las comodidades de los transportes o los hoteles, a las luces de neón, de un buen ancho de banda, a manjares o ropa nueva: en definitiva, no renunciará a nada de todo lo que esta economía del exceso en la que vivimos nos ofrece.

Este tipo de viajero quiere arreglar el mundo y hacer bueno el eslogan con el que triunfó una revolución (Liberté, égalité, fraternité) siempre y cuando no le toquen sus derechos y privilegios. Si le argumentas que la única vía para conseguirlo es la solidarité, pero la de verdad, la de una distribución real de la riqueza en la que seguramente tendría que modificar sus hábitos de vida y, posiblemente, su estatus social, lo más probable es que te mande a la merdé mientras con la boca llena de gambas, chopitos o ternera, te hable de el hambre en África y lo cabrones que son (no el) el resto de la humanidad.

El incoherente ideológico es bastante veleta de pensamiento, acto y omisión. Rarito de narices y cansino como pocos.

Continuará
  



  

3 comentarios:

Katy Sánchez dijo...

Es cierto lo que cuentas, he tenido muchos encuentros así a lo largo y ancho del planeta, pero no solo en viajes. Es el pan de cada día. Se me pone mal cuerpo y reconozco que no es fácil ser coherente.
Has descrito a la mayoría de los seres humanos que poblamos el planeta.
Viajamos con lo que somos y todas nuestras debilidades pero no nos salen todas las facetas al mismo tiempo. Cuantas máscaras llevamos.
No se por qué este post no me ha hecho sonreír. Pensaré en ello:-)
Bss

M. Teresa dijo...

Totalmente de acuerdo con Katy. No sólo en los viajes sino en el día a día escuchamos al incoherente ideológico. Pero... que tire la primera piedra quien no ha defendido alguna vez ese discurso y luego haya actuado contradiciendo sus teorías.

Un abrazo

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@Katy Sánchez - No todo va a ser risas Katy je je. Como apuntas, viajamos con lo que somos y como somos incoherentes ...pues..besos


@Maria Teresa - Así es, soos lo último que se nos ocurre o nos dicen. Un abrazo

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