sábado, 19 de octubre de 2013

Fauna viajera IX: El ladronzuelo


Lo conté en el post El Albornoz del hotel. Una de las cosas más asombrosas que he visto en mis viajes ha sido la “carta de precios” de enseres y mobiliario   que un hotel de Pakse dejaba encima de la mesilla de noche como aquel que no quiere la cosa, para advertirte que si eras un manazas y rompías algo o distraías algo de la habitación se lo cobrarían con mucho gusto: en dólares.

Todos los años, los hoteleros dedican una parte importante del presupuesto a reponer estos pequeños hurtos que los turistas limpian con premeditación, alevosía y diurnidad. No me estoy refiriendo a las “amenities” como el champú, el jabón o la esponja de los zapatos, que es una cortesía del hotel, sino a cosas más golosas como el albornoz, las toallas, una plancha, las pilas de los mandos, las bombillas, las perchas  o cualquier cosa grabada con el logotipo del hotel. Ocurre mucho.

No es que el huésped entienda literalmente que cuando paga una habitación, todo lo que allí se encuentra pueda pasar a su propiedad. Más bien se trata de una tradición o costumbre no escrita que se inventó un golfo y otros siguieron haciéndola suya, tuneándola a su gusto, de tal manera, que unos roban por capricho, otros para recordar, porque da suerte, muchos para coleccionar, varios para emular a un ladrón de guante blanco y, algunos, por pura diversión: Ninguno por necesidad.

Recuerdo hace muchos años, en un viaje de incentivo, cómo tuvimos que negociar, con la mayor discreción sin que nadie se enterase, con el dueño de un restaurante para que no llamase a la policía y metiese en el trullo a uno de esos directivos “megasupertirunfadores” que junto a su mujer distrajeron dos bellos platos en un restaurante de Marrakech. Ni había necesidad ya que seguramente su cuenta fuese algo más que corriente y los platos no eran tan exclusivos como para no encontrarlos en el zoco o haber llegado a un acuerdo mediante el pago de un dírhams con el propietario del restaurante: asunto este que me lleva a certificar que existen bastantes personas que cuando viajan se trasforman y encuentran un oscuro placer en el arte del afane. Hoy, el ladronzuelo.

El ladronzuelo

El ladronzuelo suele ser un tipo simpático. Se relaciona bien y siempre está dispuesto a colaborar ya sea guardando tus pertenencias o acompañándote a cualquier lugar a resolver un asunto. En resumen: se mimetiza muy bien; puede pasar fácilmente inadvertido y no levanta sospechas; pero llega un momento en que determinadas actitudes le van delatando. A simple vista parece una persona bastante normal, inofensivo, lo que complica descubrirle salvo que te haya contando algo sobre sus intenciones o quiera hacerte cómplice de sus golpes.

Su área de actuación se circunscribe a medios de transporte, hoteles, aglomeraciones turísticas, restaurantes, tiendas de souvenirs… y sus víctimas son, preferentemente otros turistas, los prestadores del servicio o los dueños de los establecimientos. Por otro lado, como apuntaba más arriba, no le mueve el deseo de un súbito enriquecimiento ni una cleptomanía compulsiva. Más bien, la satisfacción, absurda eso sí, de creer que sus manos e inteligencia son superiores al resto de los mortales; como si fuese capaz una y otra vez de realizar el robo perfecto dejando como panolis a los servicios de seguridad de hoteles y compañías aéreas, al tendero Amin, al inspector Clouseau, al teniente Colombo, al comisario García o esa pareja de guiris que miran, de manera infructuosa  hacia todos lados pensando que así van a recuperar unas pertenencias que hace tiempo ya han volado y cambiado de propietario.

Una de sus especialidades es el mangue de mantas y almohadas en los vuelos intercontinentales. Para evitar ser pillados, cuando las azafatas minutos antes de aterrizar solicitan la devolución de las mismas, previamente se han hecho con otro “juego de cama” levantándoselo discretamente a otro pasajero de unas filas adelante o atrás mientras éste estaba en el “Lavatory” poniéndose guapo para aterrizar. Si además el ladronzuelo es un poco descarado procurará apropiarse de una o un par de bolsas del Duty Free a la hora de sacar el equipaje de mano del compartimento. Por si le pillan, el llevará también en el equipaje otras bolsas del Duty Free y lo achacará a una confusión deshaciéndose en disculpas y justificando su acción con la perorata de que bolsas eran iguales, que los equipajes se mueven mucho en los aviones...

Pero donde es realmente peligroso es en tierra. El poder moverse con mayor libertad facilita bastante sus operaciones: puede desaparecer en cuestión de segundos, crear confusión, inculpar a otras personas y seleccionar con más tranquilidad a sus víctimas, que rara vez están en estado de alerta. Mientras los incautos turistas admiran un paisaje o un monumento, el ladronzuelo mira con desinterés y un ojo lo mismo y, con el otro, e indudablemente mayor interés, a su presa, la cual ignora que en unos minutos verá reducido su patrimonio. Como algunos toreros, el ladronzuelo, en ocasiones se acerca demasiado al “toro” o “víctima” tras el robo con el fin de ayudar con tan mala fortuna de que ha sido visto por alguien en plena faena y ha acabado llevándose un par de buenas cornadas en forma de guantada de las que entran pocas en un kilo, contratiempo este que de ninguna manera le hace desistir de su afición y sí ser más prudente.

El ladronzuelo es un experto en “tele transportación” y es capaz de mover objetos sin las manos: Una patadita con disimulo y un cómplice hacen el resto; por eso, no es aconsejable dejar cosas apoyadas en el suelo, ya sea en un restaurante o en un autobús porque si se hace, más de uno descubrirá lo que es magia: nada por aquí, nada por…

Si es importante señalar que el ladronzuelo se dedica al menudeo. En este sentido no es ambicioso y sus grandes golpes no van más allá de una cámara de fotos, unos billetes (las tarjetas de crédito son peligrosas), una camiseta o los souvenirs que otros han comprado para que a él le salgan gratis.

Cuando detecta otro ladronzuelo se reparten el terreno y las víctimas por aquello de que “entre bomberos no nos vamos a pisar la manguera”. Si existe “feeling” montarán una sociedad temporal que no durará más allá de unos días. Cuando te los encuentras en un bar, en un tren o en el mismo hotel no hay que ser muy sagaz para descubrirlos porque ellos mismos, con sus contradicciones se suelen delatar con su modus operandi que se traduce en lo siguiente: intentar hacerse coleguitas tuyos, sugerirte, por activa o por pasiva que te unas a ellos en su viaje, insistir en ir a otro lado a tomarse unas copas, al tiempo que te someten a un sutil interrogatorio sobre tus posibles, y no perder de vista a quien entra o sale de un lugar, a quien sube y baja o a quien va y viene.  Todo esto, adornado por informaciones imprecisas, datos vagos y mentiras varias que van asomando cuando a su vez, tu les interrogas con respuestas que precisan más de un sí o de un no.

A diferencia del pícaro viajero (del que ya hablaremos), que tiene como objetivo viajar y vivir a costa de los demás, el del ladronzuelo no es nada lucrativo y consiste, básicamente, en apropiarse de lo que no le pertenece para joder un poco a los demás; para alimentar el falso ego de una superioridad mental que sólo los pobres de espíritu o los tontos de remate se sienten cómodos con ella.

El ladronzuelo es una caricatura de sí mismo.

Continuará



11 comentarios:

cristal00k dijo...

¿Las pilas de los mandos? ¿en serio?, pero que 'mataos'! XD!!
Había escuchado, lo del albornoz, incluso un cenicero... que por lo visto es un clásico de estos tipos/as, pero toda esa retahíla que explicas me acaba de dejar, totalmente anonadada.

Una vez en París, mientras pagaba en un café, dejé una bolsa con un cinturón, apoyada en el suelo unos segundos... y cuando fui a por ella después de guardarme el cambio, había volado misteriosamente.
Después de leerte, se me ocurre alguna teoría... pero claro, a saber!

Interesante, pero sobre todo, didáctica esta serie.

Gildo Kaldorana dijo...

Caramba con la fauna de manguis.
He de confesar que...alguna manta de algún avión...
Buen post
Saludos

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@CristalLook - Y muchas más cosas que no puedes hacerte idea. Ya contaré alguna más en el picaro viajero. Lo que te pasó en Paris es muy habitual. A mi han llegado a levantarme un libro en cuestión de segundo mientras esperaba el embarque....Buen domingo

@Gildo Kaldorana - Hay mucha Gildo, lo de la manta del avión es un clásico, je je. Buen domingo

Katy Sánchez dijo...

Esto será más moderno. Porque nunca tropecé con algunos salvo con los que se llevaban ceniceros cuando iba recién llegada a la Cava Baja y me quedé a cuadros cuando me dijeron que era para eso.
No se necesita viajar para esto. Lo puedes hacer en el trabajo, en la Universidad, en cualquier restaurante u hotel sin salir de tu ciudad. Para mi esto es robar mas que sustraer. No veo la diferencia.
Uno de los directores con el que teníamos amistad, nos dijo (ya hará 15 años) que ellos cobraban más caro el alojamiento para estos coleccionistas de suvenirs pero que no pasaban de una cucharilla,o menudencias. Pero llevarse una almohada...
En los últimos hoteles a los que ido cuando vas en grupo revisan las habitaciones antes de que te
marches. En fin algunos se creen que todo el monte es orégano jajaja
Siguen siendo geniales estos post.
Bss y buen domingo

Elsa Rodriguez dijo...

Jaja, algún ejemplo me ha sorprendido.
Eso sí, yo hubo una época años ha, que hacía vuelos frecuentes a USA y me hice con un buen acopio de mantitas y almohadas (sorry). Eso sí, yo no me escondía NUNCA y las llevaba en el brazo EXHIBIÉNDOLAS por si algún azafata/o me decía que no podía llevármelas. Por eso, no era robar creo yo, era coger;)). El caso es que venían bien como mantitas de sofá, que ahora hay muchos modelos en todos sitios pero te aseguro que hace más de 10 años no!! y me las pedían mis abuelos y demás miembros de la familia, tenía "encargos" que atender jaja.
Ya ves, formo parte de la fauna;)

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Yo lo interpreto como "el desafío de lo prohibido". Que se desata cuando estás en otro entorno.
Un abrazo.

M. Teresa dijo...

A mí también me ha sorprendido lo de las pilas de los mandos, Hay que ser mísero! Una vez leí un artículo sobre esto y por lo visto desaparecen incluso televisores y cuadros de las paredes.
Hace ya unos años, en la piscina del pueblo una vecina lucía toda orgullosa el albornoz robado del Hotel Plaza de New York. Cuando le pregunté me comentó que ella jamás había comprado toallas, que todas las que usaba en casa eran robadas de los hoteles... Me quedé ojiplática!!!

Lo siento, pero a mí no me cae simpático el ladronzuelo.

Un abrazo

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando: sí que hay manguis, sí, sobre todo yo conozco a alguno de hotel y avión. No lo vas a creer pero alguno es amigo mío. ¿Con qué gente te codeas? Dirás. La verdad es que lo hacen, como bien dices, por creerse un poco más listos. Tengo un amigo que se cuela siempre en el "metro" dice que no hay que respetar a los gobiernos. Estando juntos le pillaron en el de París. Cuatrocientos francos(estabamos ún sin el euro) de multa; un dinerito. Espetó que aún tenía saldo a su favor, y se quedó tan tranquilo. Un abrazo

Jose Luis Montero dijo...

INCREIBLE PERO CIERTO Y MÁS COSAS QUE NO HAS METIDO, A QUÉ SÍ.....
YO TAMBIÉN HE VISTO CADA UNA..ABRACETES

Myriam dijo...

A éstos no me los he encontrado.....todavía jejejeje

Besos

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@Katy Sánchez - hay verdaderos coleccionistas de cosas de hoteles. Sí, es robar, auqnue la gente suele pensar que es como una chiquillada. Olvidan eso de no hagas lo que no quieres que te hagan a ti. Besos y buena semana

@Elsa Rodríguez – Lo de las mantas es muy común, pero hay gente que llega a más y roba los chalecos salvavidas. Por lo que cuentas robabas por encargo ja ja. Un abrazo

@Javier Rodríguez – Eso es lo que yo llamo un eufemismo en toda regla ja ja. Un abrazo

@María Teresa – Y perchas y básculas, y el nuevo testamento que hay en muchas mesillas de noche. Lo de tu vecina roza la caradura.No te creas, a mí tampoco me resultan demasiado simpáticos. Un abrazo

@Rafa Bartolomé – Supongo que tu amigo será de esos que además de ladronzuelo es algo chulo y será de esos que se cabrean cuando no le respetan. En el pecado lleva la penitencia. Un abrazo.

@José Luis Montero - ya te digo, la lista es muy, pero que muy amplia. El ladronzuelo viajero es insaciable. Un abrazo

@Myriam – Pues toca madera, porque hay bastantes, je je. Besos

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