martes, 17 de septiembre de 2013

Fauna Viajera V: El obediente


Me encanta a literatura de viajes. Me parece que en ella se encuentran muchas claves para comprender mejor al ser humano, para entender la historia: lo que somos y lo que fuimos. Me gusta porque hace trabajar a la imaginación, porque en ella se habla de sueños, de experiencias, de hacer camino. Me gusta porque los libros de viaje son una excelente fuente de información y conocimiento en la que el autor muestra su mirada, desnuda los sentimientos y casi nunca aconseja: sólo cuenta. En una buena narración de viajes hay párrafos que son advertencias, otros ofrecen posibilidades o explican un contexto, una emoción: Se sugiere sin sugerir y luego cada uno saca sus propias conclusiones si hay que sacarlas.

Todo lo contrario que ocurre con las guías turísticas que si bien son necesarias (no seré yo quien dude de su utilidad) pueden llegar a condicionar bastante nuestra percepción a la hora de plantearnos un itinerario al suponer que lo que albergan en su interior se acerca a la realidad. Todos, en mayor o menor medida, somos víctimas de las guías de viaje que limitan, sin darnos cuenta, nuestra forma de viajar. Si la literatura de viajes deja que sea nuestra imaginación la que construya el viaje, la guía de viaje lo deja todo prácticamente resuelto, como si su misión fuese evangelizar al viajero, mostrarle el camino correcto: la verdad viajera. Todo por un pequeño precio que se paga en euros o por el gran precio que al final se paga por seguir a pies juntillas su particular credo.

Esto le suele pasar a nuestro invitado de hoy en Fauna viajera: El obediente.

El obediente

El obediente es un viajero dirigido que sigue al pie de la letra las recomendaciones y consejos de las guías de viaje y de otros viajeros aunque, puestos a elegir, prefiere siempre los de las guías a las que considera más fiables. Acostumbra a ir donde le dicen y no donde le apetece. Para el, la vida tiene un orden y lo único que hace es extrapolar su vida de todos los días a los viajes. Muchas veces por practicidad, otras por aceptación y casi siempre por esa absurda búsqueda del viaje perfecto o la seguridad viajera.

Como es eminentemente práctico, prefiere no pensar mucho y que le organicen un poco la vida. Ya luego el disfrutará a su bola: o eso cree porque una vez que ha entrado en la secta y es abducido por los textos de la guía, rara vez se desvía de los itinerarios y visitas sugeridas; tampoco de los horarios. Un obediente es aquel que si le han dicho que tiene que estar a las tres, estará como mínimo a menos diez; si le han dicho que tiene que visitar un sitio al amanecer, luego desayunarse un café con churros, tomar “el autobús de las diez”, dejar un euro de propina, o beberse un Dry Martini en el mega fashion local de moda, lo hará, a pesar de que no haya madrugado en su puñetera vida, odie el café, se maree en un autobús, sea un agarrado que no da ni la hora, y le vaya más el tinto con blanca y bravas o el botellón.

Si al obediente le dicen que para ver un museo debe invertir al menos tres horas, permanecerá allí ese tiempo aunque a los diez minutos esté aburrido como una ostra mirando con cara de póker una vasija del siglo IV antes de Cristo que por lo visto es la leche o deambulando por las salas sin mirar nada concreto. Si le dicen que merece la pena contratar a un guía para una visita lo hará, sin importar si es necesario hacerlo, si el guía sabe de lo que se habla o si va a aportar algo nuevo e interesante a lo ya leído anteriormente. Para el obediente las recomendaciones son “instrucciones”.

Confía plenamente en que el autor de la guía de viaje, además de poseer un amplio conocimiento sobre el destino (lo cual debería ser normal) es un reputado crítico de arte, un reconocido historiador, un experto gastrónomo o un bon vivant para el que el viaje no tiene secretos. Para el obediente, el autor es es el #trendingtopic del destino, el que más controla y no tiene en consideración que es posible que el prestigioso autor a la hora de valorar las obras de arte o hacer un resumen de la historia haya tirado de Wikipedia o hecho copia y pega del folleto de la oficina de turismo de turno; da lo mismo que el fulano que escribe y recomienda un restaurante, gastronómicamente, sea un zote que no haya pasado del fish & chips, de la pizza margarita, de la cuatro quesos, el arroz tres delicias, la doble chessburguer, el pseudo curry del indio de la esquina  o el bocadillo de choped. El obediente seguirá sus consejos como si de un inspector de la guía Michelin se tratara y acabará, en no pocas ocasiones, haciendo bola con la comida o probando “delicatesen” 
locales que no hay Dios que se las coma.

Al confiar su suerte viajera en los demás, se cree en la obligación de replicar o repetir exactamente todo el viaje. Si fulanito o menganita tuvieron una experiencia mística en un templo budista, el o ellos también la tendrán (en su plan de viaje o itinerario prefijado remarcarán algo así: de 16:00 a 18:00 experiencia mística en el templo…) luego comentarán la jugada con quien les aconsejó más que nada para ser aceptados en la tribu de “experiencias místicas”.

Como el obediente se deja llevar y no fluye, como cree en el viaje perfecto, cualquier situación que viva que no corresponda a la realidad leída le descoloca profundamente y descubre que la garantía o la seguridad que le ofrecía la guía es falsa; que viajar como vivir es un asunto muy personal y que cada uno debe vivir el suyo. Poco a poco se va desengañando de todas aquellas promesas de playas paradisiacas y solitarias, de las impresionantes vistas (que luego no son tal) que se obtienen tras pegarse una pateada muy sería; del buen karma de la población local, de las supuestas gangas que iba a encontrar en esa tienda de muebles que tenía pecios que ya quisieran los de Ikea; del apetitoso guiso de vísceras putrefactas que tenías que probar, de los agrios brebajes (aceite de ricino local); de tantas cosas, en fin…que acaba transformado y al final se rebela, no tragando con las “bacaladas y trolas” que meten algunos guías locales; pasando bastante de experiencias místicas, nirvanas y la madre que las parió; visitando lo que le apetece y a la hora que le apetece: Dejándose llevar por su intuición y su corazón.

Siendo él    

Continuará en octubre con 5 perfiles más que hay que escribir de otras cosas también.

7 comentarios:

Myriam dijo...

¡¡Qué acertada descripción de este tipo de viajero!!

Me encantó eso de las evangelizadoras guías.

Como sabes, estoy viajando por Sudamérica, y me acontece que en los aeropuertos, pienso en tus faunas jajajajaja y me imagino historias.


Besos

M. Teresa dijo...

En muchos casos es falta de confianza en uno mismo el hecho de aferrarse a una guía como si en ella estuviera la verdad absoluta. En mi caso ha sido una evolución constante y nada tiene que ver la manera como empezamos a viajar a como lo hacemos ahora.
Empezamos con viajes organizados y la guía me servía como información de los lugares que complementaba lo que podía encontrar en enciclopedias y libros de lectura (no existía internet). El siguiente paso (con la llegada de internet) fue olvidarme de las agencias pero aquí la guía pasó a tener un papel fundamental, un gran apoyo. Y sí, he de confesar que si no visitaba toooodos los museos que salían en la guía incluso me sentía mal.
La tercera fase, en la que estoy ahora, es consecuencia de un aprendizaje (también se aprende a viajar) pero sobretodo de ir ganando confianza en uno mismo. La guía ha pasado a ser algo totalmente prescindible, la mayoría de veces ni la compro y cuando lo hago,la leo con recelo.La parte de información general acostumbra a estar bastante bien pero de los consejos de alojamientos, restaurantes etc, ni caso.

Has clavado el perfil del "obediente". A ver cuál será el próximo.

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Es el tipo ideal para un viaje organizado.
Un abrazo.

Katy Sánchez dijo...

No me gusta ir con las guías. Cada viaje es único y personal. Me informo antes esos si. Y en cuanto a gastronomía ni lo miro. Sin embargo reconozco que no a todo el mundo le resulta fácil planificar o improvisar.
Más hagamos lo que hagamos y pase lo que pase, los viajes siempre nos ofrecen la posibilidad de una historia que contar y compartir después. Lo difícil es encontrar con quién o quiénes.
Me ha encantado la fotografía del cabecero.
Bss

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@Myriam - Gracias por pasarte Myriam y buen periplo. Besos

@Maria Teresa yo creo Maria Teresa que se aprende a vivir y como consecuencia de ello a viajar. Llega u momento que no quieres abarcar todo porque no se disfruta. Yo utilizo guías, libros y relatos de viaje pero me cuido mucho de dar por bueno lo de los alojamientos y restaurantes como tu. Los próximos tambien serán divertidos...Un abrazo

@Javier Rodríguez - Tu lo has dicho

@Katy, eso es lo que yo creo que cada viaje es único personal e intentar emular el de otros no es bueno. Besos


Jose Luis Montero dijo...

Lo has machacado Fernando....cuánta maleta llevas encima....
Carne de crucero y buseto
Abrazos

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@jose luis - Ja ja, muchas muescas en el revolver como decios leo y yo, pero no suficientes. Siempre se sigue aprendiendo

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