lunes, 18 de marzo de 2013

Donde habitan las nostalgias I

 
Mientras se van escribiendo otros capítulos de “Días de ojos rasgados” y como tampoco quiero demorar Soulombia, en las próximas semanas comenzamos a publicar la segunda parte que empieza en Cartagena de Indias.

Aterricé en Cartagena de Indias pasado el mediodía con la emoción del viajero  que ve cumplido el sueño de llegar a una de esas ciudades que significan algo más que una sucesión de bellas construcciones o imponentes edificios religiosos situados en un agradable marco que envuelve todo el conjunto.

A Cartagena de Indias la conocía por precios y por fotos. Durante muchos años, cuando me dedicaba a organizar a tiempo completo viajes de incentivo –una época en la que Cartagena estaba de moda y el cambio peseta dólar era interesante, en especial a finales de los ochenta y primeros noventa - ,recuerdo haber elaborado varios itinerarios y actividades sobre el destino: La visita al Castillo de San Felipe, el Convento de la Popa, San Pedro Claver, el Muelle de los Pegasos, las islas del Rosario, el paseo en “chiva” con música y alcohol…solían formar parte de un apretado programa que no solía variar mucho.  A pesar de los conocimientos que tenía sobre la ciudad, nunca había tenido la oportunidad de ser yo quien acompañase a los grupos; unas veces por estar en otros destinos; y otras, porque mis jefes no lo consideraron necesario. 

Cartagena significaba para mi un reencuentro formal, una visita oficial después de tantos años de coqueteo virtual en los que fotos y textos acariciaron mi imaginación dejando el poso suficiente para que anhelase sumergirme en una de las ciudades más bellas del mundo que nació, creció, sufrió y decayó por la ambición del hombre y que hoy, paradojas del tiempo, gracias a ese pasado no exento de dolor y de injusticia,  pero también de grandeza, parece vivir un nuevo esplendor al recibir miles de turistas que dejan sus buenos dineros en la ciudad.

Sí, visitaría todos aquellos lugares, bebería unos cuantos rones y mis oídos se ensordecerían con la música, pero lo que verdaderamente me interesaba de todo ello era el viaje al alma de una ciudad que desde su fundación por el madrileño Pedro Heredia se había convertido en lugar de encuentro y fusión obligada de razas; en botín deseado de piratas y naciones…Quería revivir la Cartagena de la Independencia, (que llegó gracias a las ideas que la  Ilustración europea inculcó en la población criolla, al deseo de una mayor autonomía de España, -una Madre Patria que en América fue Madrastra-, y a dos hechos que aceleraron el proceso: la debilidad de una España hostigada e invadida por Napoleón Bonaparte y a la emancipación de las trece colonias británicas de América).

Quería “leer” la Cartagena de la República, la de la decadencia y abandono;  y también empaparme de la que fue resurgiendo en el siglo XX hasta nuestros días. Quería callejuelar por aquellos rincones donde sucedió el amor en los tiempos del cólera reviviendo la novela y la época.

Estaba seguro de que en mi peregrinaje, bajo el ardiente sol del caribe, sudaría las mismas emociones que a lo largo de los siglos dejaron en sus plazas y calles las almas de miles de hombres que configuraron la América de ayer, cimentando la de hoy y anticipando la de mañana.



Ya desde el Taxi de prepago que había tomado en el aeropuerto se adivinaba todo ello. La vitalidad de las calles con su ir venir de gentes, las ruidosas busetas que se bifurcaban en los cruces, los vendedores ambulantes, los guiris despistados, las moles blancas de Boca Grande, las cúpulas de las iglesias y las murallas y fuertes de la ciudad …

Me instalé en el barrio de Getsemaní en un hotel bastante chulo y no excesivamente caro para los precios que se encuentran en la ciudad antigua, aunque le faltaba un buen rodaje y le sobraba algo de ruido. Desde la terraza de la piscina asomaba formidable el Fuerte de San Felipe que visitaría al día siguiente. El calor no aconsejaba estar paseando y pasé parte de la tarde, casi hasta la puesta de sol leyendo historias de la ciudad y organizando los siguientes días: Cartagena me esperaba.

Diario de viajes Soulombia: continuará 


6 comentarios:

Katy Sánchez dijo...

Conozco Cartagena y tengo algunas amigas allí. Por eso tal vez he disfrutado doblemente de tu post.
Traes mucha información que se mezclan con vagos recuerdos. Todo muy cambiado con nuevas edificacione. Buenas fotos
en los que solo reconozco el Castillo de San Felipe.
Bss y buena semana

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando: cómo recuerda esa primera foto a las calles andaluzas. Las edificaciones playeras sorprenden; una muestra más del mal llamado progreso. Un abrazo

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Emoción, pura emoción.
Un abrazo.

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@Katy Sanchez - Pues espero que el resto te guste y te recuerde los días que pasaste allí, besos y buena semana.

@Rafa Bartolomé - No te puedes hacer una idea de lo parecidas que son algunas edificaciones. La zona de playa es otra cartagena.

@Javier Rodríguez - Tu lo has dicho. Un abrazo

Myriam dijo...

Espero con mucha ilusión la continuación de tu viaje por Cartagena de Indias. Hace tanto que estuve, tanto que no me atrevo a contar los años, pero si puedo decirte que no había ninguno de esos rascacielos que se ven en tu segunda foto.

Besos

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@Myriam - a la vuelta de semana santa habrá nuevos capítulos. Espero que los disfrutes. besos

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...