viernes, 11 de enero de 2013

Una pizca de sal

Rantepao Sulawesi 
Hace unos días el blog de cocina de Katy (@KatySnchez)  y su hermana María “Para hincar el diente” celebraba su cuarto cumpleaños. Cuatro años llenos de recetas, en las que cada una en su estilo, nos han mostrado diferentes formas de cocinar y de preparar distintos platos; un blog que me gusta consultar cuando tengo dudas o quiero explorar otras posibilidades a la hora de cocinar. Todo esto viene a cuento de que,(además de aprovechar este espacio para agradecerlas su labor y felicitarlas por su cumpleaños) el otro día, jugando con la mente, le estaba yo dando vueltas a esto de las recetas y llegaba a la conclusión de que es improbable que una misma receta preparada por distintas personas salga igual. Incluso, dando por hecho, que se siga la misma receta, se utilicen los mismos utensilios o los mismos fuegos, el resultado suele ser distinto: hay un momento en el que cada persona interpreta o realiza a su manera la receta; incluso si se utilizan exactamente los mismos ingredientes (dos vacas, dos pescados nunca son iguales por ejemplo) las posibilidades de que sepan iguales son escasas.

El argumento que apoyaba mi conclusión, aparte de que a mi nunca me salen dos platos iguales , era que casi todas las recetas, excepto las de “la Thermomix”, (que más que cocinar es programar) son imprecisas o confusas en medición de los ingredientes o en los tiempos. Suele ocurrir que, por ejemplo, los decilitros, centilitros o los gramos esté bien definidos, pero llega un momento en el que ya cuesta más saber, exactamente a que se refieren las recetas cuando hablan de un puñado o una pizca de sal. ¿El puño de quien? ¿La pizca es lo que tomes con dos o tres dedos? ¿Un puñadito de sal equivale a una pizca de sal? Y un chorrito, o un chorrito generoso, ¿Se mide en segundos al incorporarlo al guiso? ¿O es igual a echar medio vaso o vasito de los de vino (chorro o chorrito generoso) con alegría? Los “itos” y las “itas” dan lugar a interpretaciones cuando menos discutibles. Por otro lado ¿por qué sólo la medida “nuez” se aplica a la mantequilla y no a la masa de croquetas o al helado por ejemplo? ¿Cuál es el tamaño oficial de una nuez para las recetas?

Las dudas van surgiendo, pero al final la solución siempre es la misma: se tira por la calle de en medio; es decir, cada uno va incorporando ingredientes y medidas a su bola sin preocuparse en exceso de la acumulación de imprecisiones sobre la receta original que, insisto, rara vez está perfectamente explicada de forma exacta: algunas veces a pesar de que las medidas estén bien expresadas, los ingredientes tienen apellido sujetos a las subjetividad, ¿Cómo es un pimiento hermoso? ¿Bello o sabroso? ¿Cuándo se habla de fruta variada es la que tengas a mano o una macedonia en crudo?   

Otro tanto ocurre con los tiempos ¿Cuántos segundos son un momento o momentito? ¿Cómo de lento debe ser un fuego? ¿Hasta cuando debe reposar un plato? Y así podríamos seguir, cuestionándonos todo, hasta obtener todas las respuestas que nos permitieran ejecutar correctamente la receta y conseguir el resultado exacto: el que nos asegurase el éxito que prometía la receta.

Personalmente, me alegro de encontrarme con todas estas dificultades ya que, al final, acabo cocinando según lo que me pide el cuerpo, añadiendo ingredientes en proporciones inexactas, cambiándolos, cortándolos de otra forma o suprimiéndolos; probando variaciones, mezclando, tomando prestadas otras ideas o aceptando sugerencias. Y todo ello lo hago equivocándome, corrigiendo , fracasando y, de vez en cuando, auto felicitándome porque el guiso me ha salido de toma pan y moja o de rechupete. Muchas veces el éxito o el fracaso está en esa pizca de sal que lo mismo arruina que enaltece un plato, en esa pizca de sentido común que impide prescindir o no pasarse de sal, de aquello que equilibra el gusto.

Siguiendo con esos juegos de mente en los que paso ratos estupendos, pensaba que lo mismo con otras recetas, con esas fórmulas magistrales para el éxito empresarial, la productividad, la gestión o la vida personal que abundan por todos lados. Pueden ser una referencia, la propuesta puede ser atractiva o golosa, pero nunca se cuenta la receta en detalle (ni en medidas, ni ingredientes, ni en personas, ni en tiempo) ni pueden garantizar resultados aunque algunas lo aseguren lo que provoca una frustración en “el cocinero” al ver que nada sale como lo previsto. Y es normal: seguir al pie de la letra y bloquearse con las dudas que van surgiendo y no saber que hacer es bastante desesperante. Ante esto sólo hay dos soluciones: o te dejas dirigir por la receta contra viento y marea, siguiendo las ideas, entornos y momentos de otros o adaptas la receta, tomando el mando de la misma, ajustando, cambiando, experimentando y que sea lo que tenga que ser. Los resultados podrán ser buenos o malos en cualquiera de los casos, pero en el segundo, si se acierta con la pizca de sal, lo más probable es que uno acabe relamiéndose de gusto porque se habrá conseguido algo que es fundamental en cualquier logro: ser no sólo partícipe sino esencia del mismo: esa pizca de sal que lo cambia todo.

Supongo que nunca seré un gran cocinero, pero de lo que si estoy seguro es de que al final, adaptaré o crearé mis propias recetas, mi propia historia culinaria, y mi propia forma de expresarme, de ser yo. Para bien y para mal.

Feliz fin de semana

11 comentarios:

cristal00k dijo...

La verdad es que parece que todo esté ya inventado y que para todo exista una receta, pero es esa subjetividad de la interpretación, lo que consigue que algunas veces, lo uniforme se convierta en único.

Los mayores descubrimientos de este mundo, se han obtenido muchas veces gracias a esa serendipia de la "prueba". Quizás porque la diversidad, es siempre un plus.

Buena interpolación, Fernando.

Pedja P dijo...

Fantástico post Fernando. Incluso si la erceta fuera explicada al detalle y supiéramos cómo de lento debía ser el fuego, no nos saldría igual la receta. Porque cocinar y vivir son dos artes y nosotros los artistas. Me grabo la conclusión de este post porque yo, por comodidad, no suelo ser la esencia en mis proyectos y dejo hacer mucho a todos los demás y eso puede llevar a resultados negativos. Enhorabuena por el post, hacía tiempo que no escribías aunque de eso no puedo yo decir mucho, un abrazo y gracias.

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando. Supongo que esto tiene que ver con la individualidad de cada uno, llevada a todos los ámbitos. Me gusta que pretendas ser tú y no uno de esos cocineros de la agenda michelín. En cuanto a lo pizca de sal prefiero la que día a día hemos de poner todos para continuar adelante con nuestras vidas. Me ha parecido espléndido tu artículo. Un abrazo.

M. Teresa dijo...

En temas de cocina soy bastante profana ... me gusta más comer que cocinar, tarea de mi marido a quien le encanta. Nunca sigue recetas, pone un poco de aquí y un poco de allí, hace combinaciones un poco raras a priori pero el resultado siempre acostumbra a salir excelente si los ingredientes son buenos.
En cuanto a la pizca de sal, jajaja...¡qué voy a decirte! Para los hipertensos la pizca de cada vez más pequeña.
Divertido post! Ideal para un viernes.

Buen fin de semana

Jose Luis Montero dijo...

Hola Fernando
Servidor como no puede remediarlo, extrapola....
¿Conoces a dos personas que hayan imaginado lo mismo al leer el mismo relato?
¿Adivinas por qué es mejor leer el relato antes de que te encuentres con la interpretación cerrada en el celuloide?
Es la Santa Diversidad que amen nos guarde
Buen finde

Gildo Kaldorana dijo...

Yo como Mª Teresa, tampoco entiendo mucho de esto (es que mi mujer, no solo me cocina las gambas sino que, luego va y me las pela...bueno, pero eso es otra historia).
Creo que al final ni pizcas, ni nueces, ni cucharadas, creo que la mano, esa mano virtuosa, es la que da el toque...en su punto.
Saludos

Katy Sánchez dijo...

Muchas gracias Fernando por la mención. Me he divertido leyéndote. Equivocándonos a pizcas... es como se aprende. Nuestros ya largos años de experiencia (obligada) ya esto de las medidas es coser y cantar. Pero no fue siempre así:-) Siempre he detestado las medidas. Por eso en nuestras recetas casi siempre al menos en las mías verás cucharitas, cucharadas, medio vaso etc. Y cuando inventamos con papel y lápiz porque si no se nos olvida. Tanto así que recurrimos a nuestras propias recetas.
He odiado la cocina y cuando he aprendido a echarle creatividad es cuando más me gusta.
Y es como bien dices y explicas pizca más pizca menos, cuando te apetece hacer algo al final sale:-) Y tu debes cocinar muy bien. Nos encantaría comprobarlo:-)
Bss

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

¡Qué bueno!
El otro día me decía lo mismo una compañera de trabajo: "Y es que siempre me cabreo con mi madre cuando me dice que le tengo que echar un -poquito- de sal. ¿Qué es eso de -un poquito-". Me decía.
Un abrazo.

Myriam dijo...

¡jajajaja te entiendo y lo comparto! A mi nunca me queda la misma receta dos veces igual. Dependerá de en que estado anímico estaba cada vez.

Creo que la mejor sal es el amor que le pongas a la preparación.

Me encantó tu expresión "el guiso me ha salido de toma pan y moja o de rechupete". Te la robo.

Y felicito a Katy por su blog culinario, que no conozco, pero me daréuna voltereta por ahi no bien pueda.

Maria dijo...

Hola Fernando :)
Gracias por acordarte de nosotras en tu blog en una entrada tan "salada". Me ha gustado mucho, tiene su pizca o puñado de humor.
Has llegado a una conclusión muy cierta... Katy y yo hemos aprendido de nuestros padres, tanto madre como padre, los dos hacían unos platos deliciosos.
Cuando nuestros hijos comen en casa de los tíos, dicen sabe a comida del abuelo, pero no es igual, me recuerda... pero siempre hay un toque propio de cada cocinero. Enhorabuena por esta entrada y gracias de nuevo. Espero que nuestras recetas te aclaren y aporte ideas.
Un beso

Fernando Lopez Fernandez dijo...


@cristal00k La diversidad es un plus y además necesaria, por pequeña que sea siempre aporta algo y, muchas veces, es el camino hacia la serendipia que comentas. Un abrazo y feliz fin de.

@Pedja- Un placer, como siempre, verte por aquí. Tienes razón cocinar y vivir es un arte. Por otro lado, creo que la esencia de uno, está configurada por la suma de mucho o de muchos y siempre, de alguna manera u otra siempre está presente. Un abrazo.

@Rafa Bartolomé – En cierto modo es así, pero pienso que hay mucho más de fondo. La sal, siempre debe intentar ponerse a gusto de cada uno teniendo en cuenta el resto de los ingredientes. Un abrazo.

@María Teresa – Por lo que cuentas, tu marido es un excelente y creativo cocinero, y supongo que al resto de cosas aplicará la misma receta, lo cual es bueno. La sal, es como todo, lo que admita o se pueda je je. Feliz fin de.

@José Luis Montero – Creo que cada uno ha hecho su propia lectura del relato y eso es precisamente lo bueno, que cada uno crea su historia. Si te la dan hecha, sólo te darán una interpretación de la receta (otra) Así que, es mejor siempre sacar nuestras propias conclusiones. Feliz fin de.

@Gildo Kaldorana – Pues tenéis suerte María Teresa y tu, tener alguien al lado que sepa cocinar alegra la vida. Y lo de la mano, que buen ejemplo de pelotari has puesto, porque en realidad es lo mismo no? Feliz fin de

@Katy – No se merecen, por cierto hoy he hecho la receta de las croquetas de jamón según tu receta. Ya te contaré. La cocina, como cualquier otra actividad tiene que gustarte para poder disfrutar de ella. Cuanto más “juegas” más satisfecho se está con lo que se hace. Feliz fin de.

@Javier Rodriguez Albuquerque

Ja, Ja , es que las madres son mucha madre. Feliz fin de

@Myriam – El estado anímico también influye, por supuesto, Cuanto más amor, mejor sale aunque se queme el guiso. Feiz fin de

@Maria – Gracias por nada, lo paso bien leyendo vuestras recetas. Las cosas pueden ser parecidas, pero nunca iguales como bien expones con la expresión “la comida del abuelo” . Feliz fin de

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...