jueves, 24 de enero de 2013

Días de ojos rasgados: Memorias de niño


Hanoi 
El vuelo Madrid – Roma – Bangkok  es un vuelo multi destino en el que parte del pasaje se separará en Bangkok buscando las evocadoras playas thailandesas, y otras ciudades del gran continente asiático como Yangon, Jakarta, Vientiane, Kuala Lumpur, Hanoi….

Apenas quedan tres horas para llegar a Bangkok, segunda escala antes de llegar a Hanoi, inicio de un viaje que me llevará por tierras de Vietnam, Camboya y Thailandia; un viaje en el que recorreré parte de la antigua Indochina, cuyo nombre, desde niño, siempre evocaba en mi memoria, la lejanía extrema, el misterio, lo desconocido; una palabra, Indochina, que en mi imaginación, era promesa de aventura.

A mi compañera de asiento, una señora que pasa ampliamente el medio siglo, con más pasado que futuro, aún le quedan nueve horas de viaje para llegar a su destino. Primero deberá tomar un vuelo a Manila y después dirigirse por carretera a su pueblo que queda a unos 200 kilómetros de la capital. Me cuenta que emigró a Francia hace cinco años con su marido dejando en Filipinas a sus hijos y nietos. Viaja sola porque el dinero no da para más. Cada año se turna con su marido permaneciendo en Filipinas cerca de un mes junto a sus hijos y familiares. Sus gestos y palabras anticipan una próxima felicidad; una felicidad que parece compartir un pasaje que anhela llegar a su propio destino: recién casados de divorcio próximo e inevitable, enamorados de por vida que da gusto verlos, tipos de vuelta de todo, ancianos que regresan, gente respetuosa con el ambiente y con el medio, viajeros descolgados de la rutina, de futuro incierto, que aún mantienen la curiosidad; y yo, una mezcla de defectos y virtudes que se balancean consciente e inconscientemente entre la belleza de un cielo estrellado, todos, deseamos abandonar el Jumbo de la Thai para reencontrarnos con nuestra propia felicidad.

Aún no ha amanecido y me alegro de ello. La noche me regala la nitidez tintineante de cientos de estrellas que parecen estar casi alcance de la mano. Es bonito sentirse tan cerca, verlas en un plano horizontal, envuelto en ellas, comprobando como te acompañan, haciéndote sentir que el alma está viva. Ni siquiera las posturas incómodas, las patadas que desde que despegamos de Madrid  me ha dado el pequeñajo del asiento de atrás, a pesar de las miradas que lanzo a los padres para que le paren o al niño para ver si le acojono un poco, son capaces de abstraerme de una contemplación que me devuelve a la niñez, a aquellos días en el que mundo lo respiraba con aire puro, días en los que los destellos de cada estrella eran sueños, deseos, curiosidad, asombro, imaginación…y me pregunto ¿cuando perdimos las estrellas?, ¿cuando las abandonamos por otros brillos fugaces? No quiero responderme: quizás las estrellas sean las nostalgias de los que aún somos niños.

Después de tantas horas de viaje el vuelo Bangkok – Hanoi se me hace corto. A la llegada hay gente esperando en la zona de la aduana a un grupo de españoles que han contratado el viaje a una agencia. Les delata la bolsa de regalo del mayorista y el volumen de sus voces que desentonan en el silencio de esas tempranas horas. Pasan rápidamente el control de pasaportes por una de las cabinas que les han asignado en exclusiva y los veo perderse mientras aguardo mi turno para entrar en Vietnam. Les deseo con la mirada un buen viaje, y con el alma no encontrármelos durante los próximos días, mientras aguardo mi turno para entrar en Vietnam.

Siempre me ha llamado la atención esa manía, esa pura pose que tienen algunos policías o funcionarios, cuando miran alternativamente y con cara circunspecta foto de pasaporte y careto, aunque tengo la impresión de que en la única que se fijan para poner el visado es en la real, esa que mira a los ojos directamente; esa que delata o legitima.

Al salir de la terminal todo el calor y la humedad de un Vietnam recién regado por las lluvias del monzón penetra en mi cuerpo con tanta premura que tengo la sensación de que es una advertencia sobre la necesidad de adaptarme a un lugar en el que no parece existir la prisa ni la precipitación como compruebo poco después, cuando asoman los primeros campos de arroz, en los que apenas se distinguen los típicos sombreros cónicos que había visto en muchas películas y fotografías y que parecen moverse a cámara lenta, como si los paisajes y las gentes hubiesen hecho un pacto con el tiempo.

Durante el trayecto, especulo con futuras emociones, con aquellas promesas y aventuras de mi niñez; con el Vietnam de campos de arroz, de aldeas y templos, con el de paisajes increíbles, con el de personas y oficios, con el que vi en las películas, con el imperial, el colonial, con el de la guerra, con el comunista o con el comunista capitalista ilustrado…eran tantos y tan diferentes que ignoraba cuanto tiempo dedicaría a cada uno de ellos y cuales serían los lugares descartados sobre las diferentes alternativas que había apenas esbozado: lo único que tenía claro era que casi un mes después tenía cerrado el regreso desde Bangkok y que quería pasar unos días en la capital Tailandesa.

A medida que se recorre la distancia de 35 kilómetros que separa el aeropuerto de la capital se van sucediendo las primeras estampas de la diversidad social del país. En el trayecto lo mismo se ven circular humildes carromatos tirados por bueyes, que enormes camiones de fabricación china atiborrados de mercancías; bicicletas y motos, que flamantes deportivos. En los costados fábricas que vomitan humo podrido comparten espacio con pequeñas granjas; enormes vallas publicitarias con humildes letreros escritos en cartulinas: pequeñas casas de madera que aún sobreviven ante los nuevos suburbios de grandes edificios: lo tradicional con lo moderno, el socialismo con el capitalismo, la riqueza con la pobreza; el orgullo y la humildad.

Tras una hora de viaje, de atascos puntuales e impactos visuales varios, llego a mi hotel situado en el barrio antiguo. Como muchos edificios del Hanoi antiguo, la fachada es estrecha (debido a que por lo visto el pago de impuestos se realizaba en función de los metros que ocupaban en la vía), y un interior profundo que me adelanta lo que días después comprobaré: El alma vietnamita es de una insondabilidad tan profunda, tan desconcertante, que cualquier intento por acercarse a ella te lleva a cientos de caminos diferentes.

Recorro pasillos y subo una gran escalera hasta mi habitación. En apenas media hora me zambulliré en el laberinto de calles y oficios que conforman el viejo y destartalado Hanoi  que veo desde la ventana, respirando aire contaminado pero con la mirada de un adulto que regresó a sus memorias de niño, que recupero sus noches de estrellas.

Inicio del Diario de viajes Días de ojos Rasgados – Continuará

6 comentarios:

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Ya me empieza a llegar el olor a bullicio, a calles llenas de gente, a coches y bicis descontroladas.
Esperando nuevos capítulos :)
Un abrazo.

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando: ¿en tu anterior post hablabas de la envidia, verdad? Es un placer leerte; me acerca a esos lugares que describes con tanta habilidad. Bueno, ya estamos iniciando otro viaje. Resulta maravilloso. Un abrazo.

Myriam dijo...

Aquí estaré recuperando una a una las estrellas, con tus vivencias de ojos rasgados.

Que bien has ambientado la narración...


Besos

Katy Sánchez dijo...

Me gusta esto de los ojos rasgados.
No creo que me pierda alguna vez por ahí. Asi que disfruto de tu viaje.
Poco a poco volviendo a la normalidad. Aprendiendo a manejar el Windows 8. Mil gracias por tus ánimos y cariñoso comentario.
Buen finde
Un cálido abrazo

M. Teresa dijo...

Después de compartir vuelo contigo aterrizamos en Hanoi. Tengo muchas ganas de leer lo qué nos cuentes sobre esta ciudad ya que he escuchado opiniones muy diversas.

Buen fin de semana

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@Javier Rodríguez - Vamos a ello Javier. Un abrazo

@Rafa Bartolome - Pues nada Rafa a disfrutar, gracias por acompañarme.

@Myriam - Gracias Myriam, a recuperar estrellas. besos

@Katy- Biemvenida de nuevo Jaty, espero que te hagas pronto con w8 que seguros que si. besos.

@Maria Teresa - Es que HAnoi ofrece mil caras, buenas y malas. Un buen sitio en cualquier caso. Un abrazo

Soul Business

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