lunes, 26 de noviembre de 2012

Sueños de Antioquia IV

Iglesia de la Veracruz

Aún era temprano para ir a almorzar: la mañana estaba dando bastante de sí y todavía tenía una hora y media por delante ya que procuraba apurar los horarios para ajustarlos a mi horario natural. Me encaminé hacia la iglesia de la Veracruz, una de las iglesias más hermosas de Medellín . Me llamó la atención la cantidad de reconstrucciones por las que habían pasado las iglesias en Colombia (Salento, Manizales, Salamina), y como sus historia siempre habían estado muy ligadas al devenir de cada pueblo.

La iglesia de la Veracruz es uno de los escasos testimonios de la época colonial que se conservan en Medellín. Construida en estilo barroco colombiano, su fachada está coronada por un espadaña que le da cierto aire de ermita. Sobre la iglesia existe una historia que cuenta que una de las campanas fue donada y fundida para construir un cañón para la Guerra de la Independencia; también, por lo visto había sido llamada la “iglesia de los forasteros”: en siglos pasados existía la costumbre de que en las iglesias hubiera cementerios. En la de la Veracruz, éste, se destinaba a los foráneos, a aquellos que no regresarían jamás a su tierra.  Era hora de misa, pero en esta ocasión permanecí un buen rato escuchando y observando la religiosidad de un pueblo que llenaba iglesias no por la costumbre o guardar apariencias sino por pura devoción, con la fe de quien cree que los sueños, por complicados que sean, se cumplen: señoras de misa diaria, viejecitos solitarios que escuchaban atentos al cura; hombres y mujeres de mediana edad rezando a los santos; un joven tatuado en brazos y cuello se persignaba compulsivamente, una adolescente miraba implorante a Cristo crucificado pidiendo, quien sabe, si amor o paz, si por ella o por otros: todos compartían algo  más que un refugio para su alma.

Continué mi paseo por el pasaje peatonal Carabobo. Cientos de personas transitaban en enjambre entre los numerosos comercios de ropa, cafeterías, puestos callejeros y tenderetes diseminados por la calle y sus aledaños, confiriendo al ambiente un aire de mercadillo, casi de bazar asiático. Toda la zona rezumaba una vitalidad caótica, de pasos y palabras provenientes de todas direcciones; de estruendosa y puntual megafonía que vomitaba ofertas y chirriaba en los oídos; de música más para el baile que para acompañar. La cantidad de mercancía que se exponía en cualquier recoveco llegaba a abrumar de tal manera que pensaba que la ropa, los zapatos, los cinturones, los juguetes, en cualquier momento se podrían desplomar de los mostradores o las estanterías que los sujetaban.
Me encontraba en el centro, si no histórico, sí en el de la emprendeduría paisa, aquella que convertía el problema en aventura, la necesidad en oportunidad y el empuje en determinación para hacer realidad un sueño; una emprendeduría que hoy trabaja y sueña para transformar una ciudad que no hace muchos años tenía mala fama y escaso futuro, y que hoy, poco a poco, se está convirtiendo en una de las urbes más prósperas y dinámicas de Sudamérica.

La calle Junín, lugar de encuentro de las clases más pudientes durante los años veinte y treinta del pasado siglo no era ajena a los cambios y había sido recientemente remozada. Se veían comercios, pastelerías y comercios más elegantes, y también más corbatas, y mujeres vestidas con faldas. Almorcé en un restaurante con vistas a la calle. Supe que había acertado aún sin haber pedido ningún plato: si uno quiere saber si va a comer bien solamente tiene que observar, más que a los platos de los comensales vecinos o la carta, a los camareros. La actitud, la forma de moverse y coordinarse en sala te dan una pista. Si a uno de ellos lo ves feliz natural, no forzado o codicioso de una propina, si lo ves orgulloso de su trabajo, lo más probable es que comas bien: quien es verdad rara vez engaña o se presta a una pantomima.

Un buen filete de res a la brasa me dejó el estómago lleno y contento. Me dirigí al parque Bolívar, una plaza arbolada que, como me estaba ocurriendo durante el viaje con otros lugares, otros espacios y otras personas, me resultó muy familiar, tremendamente cercana, muy española. Sin embargo, la Catedral Metropolitana que quedaba al fondo, salvo por la masiva utilización del ladrillo, recordaba a iglesias francesas o italianas. No pude ver el interior al estar cerrada a esas horas por lo que me tuve que conformar con ver el exterior. En otra ocasión, pensé.

Catedral Metropolitana 
Tomé un taxi en la misma plaza para ir al Cerro Nutibara. Nos adentramos en la Avenida Oriental incorporándonos a un trancón en el que cada carro, cada buseta, peleaba por su espacio rugiendo o haciendo sonar el claxon.  Cada parón suponía una oportunidad para unos avispados y ágiles niños que sorteaban los vehículos ofreciendo, con triste indiferencia, sus pobres mercancías. En sus rostros, en sus expresiones, no había niñez, si no, más bien, la amargura contenida que deja la derrota continua; la resignación dolorosa de la pérdida; la renuncia obligada, a una infancia que no se puede soñar: sólo vivir.
El calor, el  humo negro que escupían los tubos de escape, enrarecía y viciaba un aire que se iba ensuciando y haciendo irrespirable. Algunas personas descendían de sus taxis y continuaban a pie o se perdían por las calles. La gente subía y bajaba por igual de las busetas que se iban situando en fila al no tener oportunidad de maniobrar. En los semáforos, mimos y malabaristas pasaban la gorra tras sus breves actuaciones llenas de fallos. Tras recorrer unos cientos de metros a trompicones conseguimos zafarnos del atolladero del tráfico y comenzamos la ascensión al Cerro Nutibara.
Paseé un rato por la reproducción del pueblito paisa que se encuentra en la cima: la casa del cura, la iglesia, la escuela, la alcaldía, la barbería, la pila …no me sorprendieron: los días anteriores había tenido oportunidad de perderme por pueblos a “tamaño real”; había también pequeñas tiendas de recuerdos que ese día, por la escasez de público, no estaban haciendo mucho negocio.
Cerro Nutibara 
Cerro Nutibara
Cerro Nutibara
La tarde tenía una luz alegre y limpia. Desde el cerro se obtenían unas bellas panorámicas en trescientos sesenta grados del Valle de Aburrá y de la ciudad. Medellín se desparramaba por todo el valle mostrando todos sus contrastes: zonas residenciales bien urbanizadas en las que los edificios mostraban toda su altivez; barrios de caserones y almacenes antiguos, en los que asomaban las calvas de los solares que en otros tiempos albergaron los sueños de Antioquia; laderas alfombradas de casuchas amalgamadas con ladrillo, madera, teja, cemento, chapa, con cualquier material útil con el que construir la esperanza y alojar la dignidad: Medellín no escondía nada.
Medellín

Medellín 
Cada viaje tiene muchos momentos estelares, tantos como la capacidad de disfrute, el ansia de conocimiento y el gusto por la comunicación con la gente, pero hay instantes no esperados ni buscados que acaban incrustándose en la memoria ocupando un lugar preferente en aquellos recuerdos que saboreas con el regusto dulce de las cosas hermosas. Me había sentado en una terraza a tomar un tinto y escribir unas notas sobre lo que estaba viviendo cuando un colibrí de color azulón brillante comenzó a libar una flor a un escaso metro de distancia de donde me encontraba. Aleteaba de manera frenética mientras exprimía el néctar de la flor. Apenas fueron unos segundos, los suficientes para que tuviese la sensación de estar viendo algo que se le niega a la mayoría de los mortales; algo que sólo se puede ver uno de esos documentales de naturaleza; apenas unos segundos para amar más la vida.
Diario de viaje Soulombia: continuará

10 comentarios:

M. Teresa dijo...

En momentos o situaciones determinadas de los viajes tengo también la sensación de ser una privilegiada de la vida pero no sólo por poder ver o sentir algo insólito sino por la capacidad de saberlo disfrutar. Viendo los colibrís también tuve esta sensación.

Un abrazo

Katy Sánchez dijo...

Hermosa la espadaña de la Iglesia de Veracruz.
Y por supuesto la religiosidad y devoción de los colombianos no exenta de mezclas y supersticiones si que es real.
Que entrañable la foto la del dormitorio con el gramófono y la antigua máquina de escribir. Una joya
“Cada viaje tiene muchos momentos estelares, tantos como la capacidad de disfrute, el ansia de conocimiento y el gusto por la comunicación con la gente”
Bss y buena semana

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@Maria Teresa - Es eso, la capacidad de saberlo disfrutar lo que nos lleva a querer seguir viajando. Un abrazo.

@Katy - Me sorprendió mucho la religiosidad del Colombiano. Casi siempre las iglesias estaban llenas a las horas de culto. La verdad es que me gustaron porque son cosas que ya no se ven. besos y buena semana

Myriam dijo...

Puedo palpar como te sentiste viendo ese colibrí...

Besos

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando. No entró mi comentario anterior, cosas de estos demoniuos que andan por las redes. Me satisface mucho este último post puesto que el arte forma parte de nuestras vidas y ver este barroco tan sencillo, frente a la ampulosidad de los europeos, me ha llenado. Magnífico tu recorrido. Un abrazo

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@Myriam - Gracias por imaginarlo. besos

@Rafa Bartolomé - Gracias Rafa, supongo que tambien fue una cuestión de medios porque si los hubiesen tenido, quien sabe...
Un abrazo

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Qué curioso, he entrado por casualidad. Me pasa contigo lo mismo que con Jose Luis, que no se me actualizan vuestras entradas.
Así que me pareceía a mi que hacía tiempo que no escribías. :)
Un abrazo.

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@Javier Rodríguez - Creo que me pasa lo mismo que a José Luis. Me parece que es una cosa del feedburner. Veremos si en el próximo post se ha solucionado.

Un abrazo

Elsa dijo...

Hola, acabo de leerte ya que no sé por qué el blogrol que tengo en mi blog (que es por donde suelo entrar) no se había actualizado...
Ya me decía yo:¿y Fernando? no nos cuenta más de Medellín y de la continuación del viaje?

Te sigo, no, mucho mejor! te acompaño en el viaje aunque prefieras viajar solo;))

Un abrazo

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@Elsa: Por lo visto estoy teniendo problemas con el feedburner que espero solucionar en breve. Queda todavía mucho viaje y yo estoy encantado de que me acompañes.
Un abrazo

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...