sábado, 6 de octubre de 2012

Miradas de Caldas III

Manizales  
 “De limón, de mora, de tamarindo ¡A la orden! , vociferaban los vendedores de “raspado” para atraer a la clientela en una tarde que no invitaba a beberse un granizado. El cruce de sus ofertas se confundía con el de los vendedores de obleas, de frutos secos, dulces de algodón y otras chucherías o quedaban ahogadas cada vez que pasaba delante de un comercio que vomitaba machacona y alegre música. En apenas doscientos metros, contabilicé un par de docenas de vendedores callejeros y escuché más de cien  ¡A la orden! ¡A la orden! ¡A la orden!  que las pronunciaban no con un tono de asentimiento militar sino alegre, de predisposición de servicio.

Me llamaron la atención dos de ellos. Uno, en su humilde carrito, anunciaba churros españoles. Me estuve preguntando cuando y quien introdujo “el churro” en Colombia, habida cuenta de que la harina de trigo no es muy habitual en la dieta colombiana y me estuve sonriendo para mis adentros pensando en que si lo anunciaban con esa rotundidad, con ese halo de prestigio, habría que considerar seriamente la posibilidad de establecer franquicias tipo Mcdonald’s  ya que en México e Indonesia también había visto algo parecido. El otro, era un viejecito que estaba sentado en una especie de poyete. Sostenía entre su barriga y sus piernas una caja de madera parecida a una maleta que contenía caramelos, cigarrillos, chupa chups, chicles y chocolatinas. Ni el sombrero ni la chaqueta holgada que vestía ocultaban la debilidad de su aspecto. Se le veía despreocupado, con esa mirada tranquila y sabia de quien asume que está viviendo un extra, que todo el pescado está vendido y que no vendrán tiempos mejores: con esa mirada del que sabe que a esas alturas de la vida lo único que le queda al hombre es la dignidad.

Viajar es leer otras vidas mientras tu sientes la propia. Me senté en la zona arbolada del parque Caldas, un oasis donde descansar entre tanto ajetreo y cemento, que aún conserva el sabor de aquellas plazas de antaño donde la gente se reunía para conversar, amarse, ver o ser vista: ágora de chascarrillos, de nuevas o de conspiraciones, que nunca deberían desaparecer o ser modificadas por “urbanistas iluminados”, amantes del minimalismo o ediles trincones.

Pasé un buen rato leyendo otras vidas, observando los corrillos de gente que se formaban y hablaban con la familiaridad de quien se conoce de toda la vida;    los limpiabotas, recostados sobre los bancos, pasaban la tarde vigilando, con disimulo, calzados a los que ofrecerse; las escenas eran ignoradas por dos amantes de promesas eternas que murmullaban ante la mirada de la estatua de Francisco José de Caldas, uno de los personajes más ilustres de la historia colombiana. Posaba los ojos en cada movimiento, en cada gesto, procurando grabarlo todo, con el deseo de reconocerme en alguno de ellos, con la esperanza tonta de no sentirme un desconocido entre desconocidos, en un intento vano de mimetizarme absolutamente en ese ambiente para comprender la esencia de los paisas. Sólo unas palomas próximas al infarto, que salían en desbandada cada vez que unos traviesos niños correteaban tras ellas, alteraban mi paz visual distrayendo mis reflexiones viajeras. 


Parque  Manizales   

Parque  Caldas Manizales    
 
Iglesia de la Inmaculada Concepcion 

No existe ninguna posibilidad de poder recordar todo lo que ves, pero hay edificaciones, monumentos, paisajes o rincones que cuando te enfrentas a ellas por primera vez quedan para siempre en la retina. La iglesia de la Inmaculada Concepción es una de ellas. Construida en los primeros años del siglo XX  con la técnica de bahareque es una de las más bellas muestras de la arquitectura de la región inspirada en modelos franceses o alemanes, algo muy habitual, por otra parte, en la América post española. Se siguieron patrones neo góticos. En el interior, la madera sustituye a la piedra creando un ambiente acogedor, de biblioteca, lejos de al frialdad que ofrecen otros templos. 

Recorrí la iglesia siguiendo el orden del vía crucis sabiendo que nunca acabaré por redimir mis pecados.  No se muy bien por qué, pero en todos los templos que visito, sean de la confesión que sean acabo estableciendo un diálogo con lo que yo considero algo sobrenatural que escapa a cualquier comprensión, a cualquier tipo de lógica: pura e inevitable contradicción.

Al lado del centro comercial del Cable, en un auditorio con gradas a modo de anfiteatro se realizaba una especie de charla religiosa. Los oradores estaban situados en varias sillas como si se tratarse de un plató de televisión en el que las imágenes eran retransmitidas por enormes pantallas de plasma situadas por todo el escenario para captar más adeptos. Pensaba sobre ello y llegaba a la conclusión de que no es Dios o los dioses quienes necesitan de cuota de mercado o audiencia, sino los hombres que al final suelen auto convencerse de las cosas más por el ideario colectivo de la masa que por los consejos del alma. 

Aún quedaba mucha tarde por delante y no quería dejar de sobrevolar Manizales. Una estupenda manera de pasar el rato es montar en alguna de las dos líneas de teleférico que comunican varios puntos de la ciudad. Tomé la que une el centro con la terminal de transportes. Era tal la cantidad niños y mayores que en ese momento hacían cola en la taquilla que tenía la impresión de estar a punto de subir a una atracción de feria en lugar de a un transporte público.

Desde la cabina se obtenían unas amplias vistas de la ciudad, pero sólo cuando los ojos se precipitaban hacia el suelo, uno era consciente de la vulnerabilidad de una ciudad expuesta a los deslizamientos de tierra. La mayoría de edificaciones que se veían tenían el aspecto de haber sido construidas de manera improvisada: una amalgama de casas que serpenteaban por las colinas cortadas, la mayoría de ellas con humildes techados de chapa;  varias, ofrecían un aspecto de remiendo de haber sido cosidas con retales de los más diversos materiales dando ese aire de provisionalidad que indicaba el inicio de un sueño o futura derrota; ese aire de lucha o resignación que siempre ha tenido Hispanoamérica a causa de sus muchas guerras, revoluciones, cambios, contrastes e injusticias varias.


Manizales 
Manizales 

Manizales 
 
Manizales 
Regresé al hostal, haciendo una breve parada en el enorme centro comercial Cable Plaza.Tras darme una vuelta, llegué a la conclusión de que si hay algo que realmente iguala o atonta a los hombres son todos estos centros comerciales que se reparten por el mundo que empiezo a sospechar no fueron creados para que compremos sino para que nos aislemos o estemos mejor controlados.

Diario de viaje Soulombia: Continuará

15 comentarios:

Katy dijo...

Resuenan de nuevo en mi oído las obleas, el tamarindo, los raspados. Madre mía y cuantas imágenes familiares de han asomado de repente del baúl de los recuerdos.
Esas construcciones precarias, los vendedores ambulantes que siguen así des de que yo tuve uso de razón en contraposición de los grandes centros comerciales. Muy buena por cierto tu reflexión final sobre los mismos.
Preciosa la iglesia.
Un abrazo

cincuentones dijo...

Tus narraciones nos hacen sentir que viajamos contigo, estamos viviendo tus experiencias a través de tus relatos. Tus escritos están tan llenos de detalles que podemos oír a los vendedores de granizado anunciando su producto y ver al de ese humilde carrito anunciando churros españoles.
Saludos.

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@Katy -Muchas gracias Katy por pasarte. Me alegra que el diario te traiga buenos recuerdos. Feliz domingo.

@Cincuentones - Muchas gracias por pasar. Me alegra que me estéis acompañando en este viaje. Feliz domingo.

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Estupendo relato, como siempre. Y yo también totalmente de acuerdo con tu reflexión final.
Un abrazo.

Elsa dijo...

Bonito relato y bonitas imágenes. Me encanta cómo lo cuentas y sobre todo cómo lo sientes.
Saludos.

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando: leyéndote es cuando más siento el haber estado alejado estos últimos meses. Dimanas sabiduría en todo lo que escribes. Un abrazo

JLMON dijo...

Leyendo la vida de otros...¡qué buena reflexión Fernando!
Viajar es como leer un gran libro de aventuras.
La iglesia curiosa y preciosa!
Cuidate

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@javier Rodríguez: me alegra que te haya gustado. Un abrazo

@elsa Muchas gracias Elsa, espero que el resto te guste también. Un saludo

@Rafa Bartolomé - Muchas gracias Rafa , pero ¿sabio yo? Anda ya.. Un abrazo

@Jose Luis Me alegra que te guste la frase José Luis. Un abrazo

Asun dijo...

La verdad es que esa iglesia es una maravilla y bastante atípica. Creo que yo también la tendría grabada si la hubiera visitado.

Besos

www.thewotme.com (The world thru my eyes) dijo...

Que buena narrativa! .... vamos que acabo de hacerme el viaje como si estuviese allí!, ... gracias!

Merche Pallarés dijo...

Esa iglesia muy original además la madera parece caoba y si no lo es, es cualquier otra madera noble. Preciosa. Otro relato estupendo donde haces que vivamos tus experiencias. Totalmente de acuerdo con los centros comerciales. Los odio. Besotes, M.

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@asun - Las fotos no hacen justicia a la iglesia, es muy especial. Besos

@thewotme - Gracias por la visita, me alegro de que te guste. Un saludo

@Merche Pallarés , como le comentaba a Asun la iglesia es magnífica. Muchas gracias por acompañarme en el viaje. bss

Myriam dijo...

Me encantó esta frase tuya con la que me identifico: "Viajar es leer otras vidas mientras tu sientes la propia". DE ahi que escribas estas maravillosoas crónicas...

Divertia Smile World dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Fernando Lopez Fernandez dijo...

@Myriam - Me alegra que te hay gustado. Besos

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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