domingo, 30 de septiembre de 2012

Miradas de Caldas II

Catedral de Manizales 
El hostal en el que me alojaba se encontraba en el sector “El Cable”, cerca de la “Zona rosa”, que es como en numerosos puntos de América son conocidos los barrios de ocio y juerga de la ciudad.  

Tenía hambre. Para lo del sancocho debía esperar unas horas y mi estómago llevaba ya tiempo demandando un poco de atención. Por sugerencia de Ana, la dulce y amable encargada del hostal, con la que estuve charlando un buen rato sobre qué hacer en la ciudad, me acerqué a Don Juaco, un pequeño y conocido restaurante de comida rápida situado a unos quinientos metros y tres cuestas y media de distancia, en el que podría probar el mejor chicharrón de la ciudad (o torrezno si se prefiere la versión castiza).  

Tuve que esperar un rato hasta conseguir sentarme. El restaurante rebosaba de familias, grupos de amigos y parejas que ocupaban todas las mesas. Los que estábamos de pie aguardábamos nuestro turno con el estoicismo (y en mi caso una cerveza en la mano) de quien sabe que la ansiedad es mala para la digestión.   

Es curioso como la comida, en este caso algo tan simple como un torrezno,  puede desubicarte de inmediato del lugar donde te encuentras transportándote por unos instantes a tus referencias. Si hay algo que despierta la nostalgia son los sabores y olores.
Me zampé un hermoso plato de chicharrones bien fritos, crujientes que me recordaron a los que he tomado en muchos pueblos de Castilla. La única diferencia se apreciaba en el corte: en lugar de pequeños trozos, eran servidos en una sola pieza grande, acompañados de aguacate, fríjoles, arroz y arepa.  

A primera hora de la tarde subí a la primera buseta que parecía dirigirse hacia el centro. Me costó traspasar el torno de entrada y me extrañó lo estrecho del paso teniendo en cuenta que gran parte de la población de Colombia no es precisamente delgada. La verdad es que no tenía ni idea si me dejaría por allí pero, total, había decidido olvidarme de papeles, guías y sugerencias y moverme según lo que me dictase el alma y aconsejase el cuerpo.

Bajé a unas tres cuadras de la catedral ascendiendo por una estrecha calle en la que viejos comercios rotulados en neón languidecían confiando en la llegada de unos pocos clientes. La imaginación me hacía retroceder en el tiempo, situando esos moribundos negocios en su época de mayor esplendor, aquella en la que aún no se había desvanecido la ilusión; tiempos en los que en los anaqueles no habitaba el polvo y el descuido; tiempos de colonización y asentamiento emprendedor de los “paisas” que poblaron y dinamizaron comercialmente toda la región.

Manizales me estaba dando la impresión de ser una de esas ciudades que se quedaron a medio camino de haberse convertido en una gran y próspera urbe; una ciudad que trabajó y se esforzó mucho en las primeras décadas de su nacimiento, que se abandonó durante otras tantas y que hoy intenta resurgir con su vida universitaria y nuevas industrias o servicios porque sabe que no puede depender del café. No lo tuvo ni lo tiene fácil, varios incendios en el siglo pasado asolaron parte de la ciudad. La actividad sísmica o el Nevado del Ruiz pueden desquebrajarla, de nuevo,  en cualquier momento.

Desemboqué en la plaza Bolívar por el costado del edificio de la Gobernación de Caldas, un sobrio edificio de lo que se denomina “arquitectura republicana”, periodo que abarca desde finales del XIX al primer tercio del XX y que se caracteriza por una mezcla de estilos europeos y americanos. En la plaza, locales y visitantes hacían fotos al monumento “Bolívar Cóndor” una imponente escultura alegórica del prócer de la patria realizada en bronce, mitad pájaro, mitad hombre que particularmente me pareció horrenda: si había algo que me iba a acompañar durante todo el viaje era la figura del Libertador y las agujetas que dejan la subida y bajada de calles y senderos.

Subiendo unas escalinatas accedí a la Catedral de Nuestra Señora del Rosario que recordaba bastante al gótico de algunas iglesias del norte de Europa o al bizantino. El templo, uno de los más grandes de América, que puede llegar a albergar más de cuatro mil personas (aunque supongo que el lleno total se producirá en contadas ocasiones), fue erigido con hormigón armado. Está adornado de numerosas y vistosas vidrieras que para mi infortunio quedaban deslucidas en ese día gris y tristón.

Di un respetuoso y reflexivo paseo por el interior, mirando las vidrieras, las tallas de los santos, oliendo la cera de las velas, respirando el silencio y admirando la fe, la devoción y las esperanzas de los fieles. Lo abandoné por una puerta lateral y me encaminé a la carrera 23 que a esas horas ofrecía un ambiente denso que complicaba el tránsito por la gran cantidad de gente que a esas horas atestaba una vía en la que las voces de los vendedores ambulantes, el continuo murmullo de los viandantes y las atronadoras músicas que salían de los comercios parecían poner la banda sonora de la vida de la ciudad.  

Diario de viajes Soulombia: Continuará


14 comentarios:

Katy dijo...

"Si hay algo que despierta la nostalgia son los sabores y olores".
Y a mi pero los chicharrones me han llevado esta vez a Venezuela en dónde los sirven en pequeños trozos dentro de un arepa ¡bien caliente. Ya estoy salivando:-)
Bellísima foto preside tu entrada, y como siempre un placer pasear de tu manos y recorrer estos lugares que con tanto mimo nos presentas.
Bss y buena semana

Fernando Lopez Fernandez dijo...

Pues habrá que probarlos a la manera venezolana, aunque no te creas que le encuentro yo mucha gracias a la arepa. besos y buena semana

JLMON dijo...

Un edificio así coincide con tu juicio de valor...ahí se quedó... Creo que es la historia de decenas de ciudades de America del Sur, pero creo también que renacerán y espero que esta vez sea de una forma justa y democrática que es la única condición para prosperar.
Cuidate

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Uhmmmmm! Chicharrones...
Hasta aquí me llega el olor :)
Un abrazo.

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@jlmon - Así es josé Luis, renacerán, si les dejan y dejamos. Un abrazo. por cierto, seguramente a finales de año, el 26, 27 0 28, estaré por allí. Sería bueno repetir la comida con Javier

@javier Rodríguez - Ricos ricos, por cierto, seguramente a finales de año, el 26, 27 0 28, estaré por allí. Sería bueno repetir la comida con José Luis. Un abrazo

Elsa dijo...

Qué bien lo describes todo! con tanto detalle que ya me veía saboreando los chicharrones;)) y mira que ya he cenado y re-cenado;)
Para mí, una de mejores cosas de viajar es sin duda probar nuevos sabores!! y hay tanta gente que se lo pierde...
Buena semana!

M. Teresa dijo...

Me quedo con el párrafo "...oliendo la cera de las velas, respirando el silencio y admirando la fe, la devoción y las esperanzas de los fieles".
Una descripción realmente preciosa!!!

Un abrazo

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@Elsa - Gracias por la visita. A los que nos gusta comer siempre nos encantan probar cosas nuevas. Eso si, Colombia no es un paraiso gastronómico aunque hay cosas ricas ricas. Un abrazo

@Maria Teresa - Me alegra que te haya gustado. Estoy convencido de que tu has experimentado o sentido lo mismo en algunos templos. Un abrazo

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Bien!
Pues si quieres, cuando tengas la certeza nos dices y vamos cerrando la cita.
Me alegro mucho.
Un abrazo.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Tienes toda la razón. Hay sabores y olores de la comida que te trasladan a otros tiempos y otros lugares.
Qué buena crónica.

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@pdero ojeda. Si uno lo piensa, mucha de nuestra nostalgia tiene que ver con la comida. Buen fin de

Merche Pallarés dijo...

Llego tarde de nuevo pero ya tengo dos crónicas estupendas que leer. Ésta y la siguiente :)) Besotes, M.

Myriam dijo...

Hola Fer,

Aquí vengo a deleitarme con tus crónicas y a ponerme el día, que veo que has publicado varias.
Me emociona mucho tu recorrido porque me lleva al pasado cuando anduve por esos lares. Ahora que mi padre ya no está, no creo que vuelva allá.

Ya te contaré algunas anécdotas, por ejemplo con las lomas, agujetas y carros, no quiero extenderme mucho aquí.

Sigo con la siguiente, te veo allí.

Abrázote desde Buenos Aires

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@Myriam - me alegra que te traiga buenos recuerdos.Ya me contarás, sigue disfrutando de la familia. besos

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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