viernes, 14 de septiembre de 2012

En el corazón del Quindío IV

Salento  

Por su extensión, en un par de horas se puede visitar el pueblo Salento. Si uno recrea la mirada en los valles que la rodean y el colorido de alguna de sus casas, la visita duraría toda la vida.

Aún era pronto para mi hora de comer. Durante un buen rato estuve dando vueltas por la plaza de Bolivar, primero de forma perimetral imaginando la vida de los colonos cuando empezó el comercio del café, la llegada de los arrieros, las primeras construcciones, el progreso…Más tarde, adentrándome en el jardín de la plaza, alegrándome de que en numerosos lugares de América hayan tenido el buen gusto de conservar los árboles y arbustos, testigos del devenir de los pueblos y de los hombres.

Paseaba por una plaza que irradiaba amabilidad bajo la mirada de la iglesia del Carmen, una plaza cerrada por la bellísima sencillez de coloridas edificaciones construidas con las técnicas de tapia pisada y baharaque, que demuestran que el ingenio, el aprendizaje  y la creatividad humana no tiene límites pues los muros y las paredes se construyen con una mezcla de tierra, agua, excrementos de caballos o vacas en el caso de la tapia pisada – muy parecido a lo que hacen los masais en sus poblados o con toda probabilidad en otros lugares del mundo. Y, en el caso de bahareque, añadiendo madera de guadua y caña.

Yo miraba y miraba. El contraste del blanco con el azul, el azul con el amarillo, el amarillo con el verde y, éste con en el naranja que a su vez lo hacía con el blanco o el crema conseguían hipnotizar mis pupilas que quedaban fijadas al admirar los trazos geométricos que cubrían muros, balcones, puertas o ventanas.

Salento  

Salento  

Salento  
Continué hasta la Calle Real, la más renombrada de la localidad donde abundan las tiendas de artesanía a granel, algún que otro bar tradicional y varios restaurantes para disfrute del visitante. Almorcé en el Rincón de Lucy, un restaurante en el que se servía “comida corriente”, el menú del día colombiano, en el que por menos de cuatro euros tomé un cuenco de lentejas, pollo a la plancha, ensalada, arroz, un platano, un refresco y una cerveza mientras escuchaba conversaciones sobre la corrupción y sinvergonzonería política que permitía que el agua de Salento fuese más barata para los habitantes de Armenia que para los lugareños lo que certifica que en todos sitios cuecen habas.


Salento  

Salento  
Al final de la tarde me senté en el patio del hostal con la esperanza de volver a ver el colibrí que acudía un bebedero que habían instalado y a buscar alojamiento para la siguientes etapas. Disponer de una conexión Wi Fi es de gran ayuda para consultar y gestionar sobre la marcha posibles itinerarios y alternativas. Enrique me recomendó un hostal que resultó estar completo. La fecha para reservar era mala. El día siguiente era la fiesta de la independencia y además fin de semana, lo que complicaba bastante encontrar un hospedaje a un precio razonable. Tampoco me preocupaba mucho. En los viajes, como en la vida, a menudo las cosas se resuelven de la manera más inesperada. Finalmente encontré alojamiento para las dos siguientes paradas: Manizales y Salamina

Por la noche me acerqué a La Eliana, un restaurante regentado por  Jesús, un valenciano que acabó hasta los mismísimos de Europa y ahora vive más tranquilo haciendo pizzas, bocadillos, hamburguesas y algún que otro plato español. Incluso se atreve con la cocina india fruto de su estancia de varios años en Londres. No dejaba de ser curioso que en un pequeño restaurante de un pueblo de Colombia se dieran cita algunas de las cocinas más variadas y ricas del mundo.

Como muchos otros expatriados que abandonan sus paises, la razón de su llegada a Colombia tuvo más que ver con la necesidad de liberarse del hartazgo que provoca una Europa ultra competitiva, adornada de apariencias, hipocresía y abundancia de tontería, que con cuestiones meramente crematísticas. Creo que a todo el mundo nos llega un momento en la vida en el que, finalmente, aprendemos a despojarnos de las cargas que en su día aceptamos y vamos soltando tanto lastre como es preciso para vivir de acuerdo a lo que somos y no a lo que creíamos que deberíamos ser. No somos conscientes de la inutilidad de luchar contra nosotros mismos; de ese esfuerzo estéril que siempre termina en sufrimiento e insatisfacción.

Antes de ir a dormir, me di una vuelta por el pueblo. En la lejanía se escuchaba el rasgar metálico y machacón de unas guitarras eléctricas y los berridos de unas voces femeninas. Decidí acercarme pensando que sería un bar con música en vivo. Para mi sorpresa, se trataba un amplio local donde se celebraba un culto religioso. No permanecí el suficiente tiempo para averiguar a cual de los cientos de iglesias evangélicas que se reparten por América pertenecían aquellos fieles tan devotos que eran capaces de soportar ese despropósito musical, ni tampoco que financiación había detrás, pues muchas religiones se preocupan más del bolsillo de los fieles que de sus almas: si hay una colonización que nunca se dará por terminada es la religiosa

Era mi última noche en el hostal y como en los días anteriores conversaba un rato con Luis y Enrique. Esa noche les acompañaba una amiga que vivía en el pueblo. Sin conocerme de nada me invitó a que fuese al día siguiente a tomar café a su casa. Me sorprendió un poco su insistencia pues yo era un extraño, un desconocido cuyo único aval eran mis palabras, mis respuestas a su curiosidad por las cosas de España. Agradecí la invitación pero al día siguiente salía a primera hora de la mañana y no era cuestión de presentarse a las siete de la mañana en su casa.

Con el paso de los días fui certificando que una virtud que tienen los colombianos es que te hacen sentir bien y que su sentido de la hospitalidad, ganas de agradar y de ayudar les sale  de forma tan natural como sus sonrisas.


Continuará: Diario de viaje Soulombia 

14 comentarios:

Myriam dijo...

El pueblo se ve alegre, limpio, cuidado. Mantenido con cariño. Dice mucho de sus habitantes.

Es cierto Fernando, el colombiano es muy buen anfitrión y muy servicial y amable.

¡No sabes cuanto estoy disfrutando este viaje contigo!.

Besos

Elsa dijo...

Preciosas fotos...me están dando ganas de conocer Colombia!
Saludos

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

¡Por fin veo que has hecho fotos con esmero, con gusto, cuidadas!
Si es que estos viajes que haces son una maravilla. ;)
Un abrazo.

Asun dijo...

Me gustan esos pueblos con tanto colorido, les da un aire muy alegre.

Este se ve agradable y acogedor, o al menos a mí me lo parece.

Besos

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@Myriam - Lo primero enhorabuena por tu nueva nieta. Y lo de los colombianos es cierto, serviciales y amables. hablaré de ello. Feliz fin de

@Elsa - Pues de verdad que merece la pena. Feliz fin de semana

@Javier Rodríguez - ¿tu crees? si están hechas un poco a la birli, epro si tu lo dices que eres un excelente fotografo. Feliz fin de semana

@Asun - asi es, agradable y acogedor. Un abrazo

Katy dijo...

Como siempre muy amenos tu relato. Palabras muy queridas para mi resuenan a través de el: Plaza Bolívar en casi todas las Ciudades es la plaza principal, el colibrí un bello pájaro nada fácil de ver aunque abunda. Me ha encantado disfrutar de tu viaje y de las fotos compartidas.
Sin duda los colombianos son sumamente hospitarios y educados.
Bss y buen finde

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@Katy - Como bien dices, la Plaza Bolivar suele ser la más importante de cada rincón colombiano. La hospitalidad colombiana es general y eso ayuda a tener una mejor impresión del país. Feliz fin de

JLMON dijo...

DANDO COLOR A LA VIDA...

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@jlmon De eso se trata ¿no?. Un abrazo

cristal00k dijo...

" Creo que a todo el mundo nos llega un momento en la vida en el que, finalmente, aprendemos a despojarnos de las cargas que en su día aceptamos y vamos soltando tanto lastre como es preciso para vivir de acuerdo a lo que somos y no a lo que creíamos que deberíamos ser. No somos conscientes de la inutilidad de luchar contra nosotros mismos; de ese esfuerzo estéril que siempre termina en sufrimiento e insatisfacción."

Cuanta sabiduría encierra y muestra esa frase, amigo. No te olvides de publicarla en tu blog de comentarios :))Se lo merece más que cualquier otra.

Me alegra mucho, verte de nuevo en marcha, Fernando. De verdad.

Te sigo.

cristal00k dijo...

jo! me ha costado 4 veces las palabra de verificación :( ¿de verdad son tan necesarias?

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@cristal00k - Muchas gracias por la visita y el comentario. Me alegro de que te haya gustado. En cuanto a lo de la verificación es un rollo, pero sin lo pongo se me llena esto de spam. Un abrazo y buen domingo

Merche Pallarés dijo...

Es cierto que los colombianos son muy acogedores y excelentes anfitriones. Me ha encantado Salento con sus casas tan coloridas y alegres. Besotes, M.

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@Merche pallarés - un lugar excelente para disfrutar de la amabilidad colombiana. Un abrazo

Soul Business

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