jueves, 30 de agosto de 2012

En el corazón del Quindío I


Salento 
A las seis de la mañana ya estaba despierto. Apenas había dormido cuatro horas. Sin embargo mi cuerpo y mente estaban totalmente despejados, ausentes de cansancio y predispuestos a atiborrarse de paisajes, palabras, sonrisas, de aire y aroma de café.   

Salí al balcón. El día había amanecido luminoso, con alguna que otra nube y no demasiado caluroso. Frente a mis ojos las montañas del Quindío cerraban el horizonte mostrando toda la majestuosidad de la Cordillera Central de los Andes. Girando la cabeza a la derecha, al final de la calle, la torre de la iglesia de Nuestra Señora del Carmen se erguía desafiante, disimulando las cicatrices de terremotos e incendios del pasado que obligaron a su reconstrucción. Mirando hacia abajo, en una y otra dirección los primeros transeúntes del día caminaban con ese paso sereno y sabio de los ambientes rurales que reconforta y advierte sobre los peligros de la prisa mala: sobre lo absurdo de desafiar y querer ganar una carrera al tiempo.

Salento

Salento es considerado el municipio más antiguo del Quindío, uno de los tres departamentos que conforma, junto a Risaralda y Caldas, el denominado Eje Cafetero.  Su fundación data de mediados del siglo XIX y es el resultado de varias circunstancias: un camino, un decreto, un penal, y diferentes inundaciones.



Quindío
Antes de la conquista española, los indígenas de uno y otro lado de la cordillera utilizaban un camino que atravesaba las montañas del Quindío para comerciar que se conocía como Camino de los Indios. Tras la conquista, a solicitud de los pobladores de Cartago y otros asentamientos se amplió y mejoró para evitar el paso por Huila y Neiva en la larga e insegura vía que comunicaba Popayán,- una de las ciudades más importantes durante el virreinato de Nueva Granada y emplazamiento estratégico para las comunicaciones con el virreinato de Perú - con Santa Fé de Bogota. En esta época, como ocurrió con otras vías en la América española ya se le llamaba Camino Real debido a que su mantenimiento, administración y vigilancia se realizaba por delegación del rey.
Tras la guerra de la independencia pasó a denominarse Camino Nacional. Posteriormente Simón Bolivar, mediante un decreto estableció la apertura del Camino del Quindío, creándose dos poblaciones, Boquía y Valdecina como bases de aprovisionamiento. Años después el General Pedro Alcántara Herrán, como presidente de la República facilitó la colonización de las tierras ofreciendo beneficios a los colonos quienes fueron llegando gradualmente, principalmente de la región de Antioquia. Para abrir y completar el camino se utilizaron reclusos del penal de Boquía.
Sucesivas inundaciones del río llevaron a los colonos a trasladarse a lo alto de la colina, a Barcinales que posteriormente mudó el nombre por el de Salento , en homenaje a la ciudad italiana.  

Y allí me encontraba, dispuesto a revivir la historia, a trasladarme con ayuda de la mirada y la imaginación a todos esos siglos: a sentirme conquistador o indio, soldado español o libertador, arriero o recluso, colono o un don nadie que pasó por la vida sin pena ni gloria, pero también entregado a vivir el momento, excluyendo de mi mente la distracción que supone en ocasiones pensar en el futuro: dispuesto a disfrutar de todo y de mí.

Bajé a desayunar y me encontré con Luis, el otro propietario del hostal, un español que un día decidió junto a Enrique, abandonar España e iniciar una nueva etapa que giraría en torno al hostal Ciudad de Segorbe, cuyo nombre es un homenaje a la tierra que le vio crecer.          

Tu debes ser el español – me dijo a modo de saludo. Asentí.

Tras las presentaciones, dejé de ser “el español” para ser Fernando. Es decir, dejé de ser algo más que una referencia o un cliente.

Dada la temprana hora, el resto de los huéspedes aún dormían. Escribí y firmé en uno de esos enormes libros de registro que ya sólo se encuentran en pequeños hoteles y hostales: siempre me gustaron estos libros que un día serán nostalgias de trotamundos, de viajeros que peregrinan por el mundo transitando en continua búsqueda sin plantearse alcanzar un objetivo, una meta; libros que evocan esa hostelería cercana y personal en la que el servicio se llamaba hospitalidad; libros en los que uno, de alguna manera, deja su huella y en los que mientras se rellenan, se curiosea observando los diferentes trazos y nacionalidades de los huéspedes que le precedieron; libros que sugieren que las diferencias de los hombres siempre encuentran un lugar donde entenderse.

Mientras desayunaba un café, una tostada y un buen palto de fruta, estuvimos conversando un buen rato. Me puso al corriente sobre el pueblo, sobre qué hacer y visitar. Luego se incorporó Enrique a la charla y entre los dos me ayudaron a organizar mi estancia en Salento proporcionándome todo tipo de información sobre horarios, transportes, precios, restaurantes y posibilidades. Incluso me entregaron dos pequeños mapas de orientación y un plano del pueblo hecho por ellos que me fueron razonablemente útiles para moverme y desechar las recomendaciones de una guía que, a partir de ese momento, abrí en contadas ocasiones durante todo el viaje.

Las guías de viaje pueden llegar a condicionar el viaje de tal manera, que aquello por lo que merece la pena viajar (la curiosidad, la sorpresa, el descubrimiento…) quede despojado de la magia de sentir, anulando o limitando las oportunidades de experimentar, la libertad de elección e incluso la capacidad de juzgar convirtiéndote en un mero ejecutor de recomendaciones, en un lector de instrucciones.

Enrique y Luis comentaban las posibilidades con pasión pero sin presión, como si cualquiera de las alternativas fuese la correcta y no hubiese lugar para el error, como sugiriendo que hiciese lo que hiciese lo que realmente deseaban era que lo pasase bien. 

No quise entretenerles mucho tiempo más: el resto de los huéspedes iban llegando para el desayuno y también reclamaban su atención.

Quedaba un largo día por delante. Más de diez kilómetros de caminata con una parada en una finca cafetera y regreso desde Boquía en una buseta para continuar con la visita de Salento. (continuará)

Diario de viaje Soulombia
  

12 comentarios:

Elsa dijo...

Estaba justo releyendo el Silencio de la Noche y cuando me disponía a abandonar tu blog...nuevo post que me tiene enganchada a estas horas de la noche;). Comparto tu opinión sobre las guías de viaje, suelo llevarlas pero creo que es necesario dejar siempre un margen (muy amplio) para la sorpresa, para perderse por otros mundos y, en definitiva, para crear tu propia guía de viaje que es la que cuenta.
Me parece que voy a acompañarte todo el viaje;)
Preciosas imágenes...
Saludos,

Katy dijo...

Preciosa zona te has buscado para las vacaciones. Nada menos que la cordillera central colombiana. Ruta del café. Lo poco que recuerdo de los libros. No he estado pero se ha hablado de esta región como la "Suiza Colombiana".
Has hecho una fotos preciosas para ubicar y centrar tú nueva "aventura".
Bss

M. Teresa dijo...

Totalmente de acuerdo con lo que comentas acerca de cómo una guía de viajes puede condicionar un viaje. A veces pienso que no merece la pena ni comprarlas: Los datos históricos se encuentran en cualquier web y más ampliados, los datos prácticos acostumbran a estar poco actualizados, los alojamientos que aconsejan suelen salir en cualquier buscador ... en cuanto a los lugares a visitar, lo mejor es dejarse aconsejar in situ y casi siempre se acierta.

Cuánto me está gustando Colombia!

Un abrazo

Myriam dijo...

Me gusta mucho, mucho la foto que encabeza la entrada, como me gusta tu comienzo desde el Quindio.

Pienso lo mismo que tú de las guías o manuales turísticos. Yo las leo para tener un pantallazo general, Luego, dejo siempre lugar a la sorpresa y a la aventura.

Te felicito por la gran caminata de 10 km y espero la continuación...

Besos, Fernando.

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@Elsa Muchas gracias Elsa. Como apuntas es necesario dejar un margen muy amplio para la sorpresa y la verdadera guía es la que al final, como dices, uno acaba haciéndose. Estaré é encantado de tu compañía. Feliz fin de semana

@Katy. La verdad es que es una zona muy bonita, aunque el recorrido llegó a otros puntos. Gracias como siempre por acompañame. Feliz fin de semana.

@Maria Teresa . Totalmente de acuerdo con lo que apuntais tanto Elsa como tu. Dejarse aconsejar in situ siempre es una buena opción. Me alegro de que te esté gustando y que el resto te guste tambien. Feliz fin de semana.

@Myriam. Veo que estáis de acuerdo en lo de las guía. Me gusta eso del pantallazo general porque es así, un pantallazo. Gracias Myriam por la recomendación. Feliz fin de semana

Rosa E. dijo...

Que belleza de fotografías, ¡¡¡el verde de mi tierra en todo su esplendor!!! el eje cafetero un lugar paradisiaco.
Fernando un gusto conocerte, vengo del blog de Myriam.
Me ha emocionado mucho ver este post alusivo a mi pais, con tu permiso te sigo.
Buen domingo, Un saludo

Pedro Ojeda Escudero dijo...

¡Qué hermoso viaje, Fernando! Gracias por la crónica.

Merche Pallarés dijo...

Muy, muy interesante tu reportaje viajero. Ese hostal tiene mucha gracia además de ser una casa típica colombiana. Besotes, M.

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@Rosa E - Bienvenida a Soul Business, espero que el resto del viaje te guste. Gracias por pasarte. Un saludo.

@pedro Ojeda - Muchas gracias Pedro a ti por pasarte. Un saludo.

@Merche Pallarés Gracias Merche, la verdad es que el sitio es espectacular. Un saludo

cincuentones dijo...

Un lugar maravilloso para pasar las vacaciones lleno de historia y bellos paisajes.
Saludo.

JLMON dijo...

Hola Fernando
La pinta es estupenda!!!
Las guías están para que sepan que eres un guiri cuando quieres comportarte como un guiri!!
Qué aventuras provocan!!!
Cuidate

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@cincuentones - Muchas gracias por la visita y el comentario. Desde luego que es un lugar muy recomendable. Un saludo

@JLMON - Ja ja, cierto lo que dices de las guías. Un abrazo

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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