miércoles, 16 de mayo de 2012

Un sorbo de vergüenza

De todo se puede aprender en la vida. El otro día estaba esperando a un amigo en la barra de un bar tomándome una cerveza. Me gusta ser puntual y que los demás lo sean. No fue el caso pero a veces un retraso puede ser una bendición. Todo depende de cómo “gestiones” tu tiempo. Puedes pasarlo molesto, nervioso, consultando cada dos minutos el reloj o el móvil, leyendo un periódico, mirando al tendido, o puedes entretener tu mente reflexionando sobre lo que ves; y eso es lo que hice.

El escenario: cerca de las 9 de la noche, pub irlandés, música a bajo volumen, pocos clientes: un grupito de treintañeros, todos hombres; un par de parejas, una de ellas sentada en el fondo; un tres generaciones (abuelos, padres e hijos) y un servidor. Quince minutos de retraso dan para observar mucho.

En ese ambiente de tranquilidad, el camarero se entretenía cortando un poco de pan para poner una tapa a los treintañeros. En poner una tapa no se tarda mucho. Sin embargo uno de los del grupo, parecía estar ansioso por beber porque en menos de dos minutos le solicitó varias  veces las  bebidas como si el camarero fuese sordo, no le hiciese caso o fuese a morir de sed: le estaba agobiando.

Supongo que el no estar involucrado en la acción me permitió ver las cosas de otra manera, pudiendo ponerme en el lugar de uno y otro y sacar mis propias conclusiones. Y la conclusión que saqué es que en ocasiones somos unos tiranos, no tenemos consideración por nuestros semejantes, no les respetamos, o no respetamos sus tiempos.

El hecho de pagar por un servicio no implica que éste sea instantáneo, exclusivo para nosotros; tampoco nos da derecho a interrumpir cada dos por tres a quien nos sirve si la persona que lo hace está centrada en otra tarea y además somos conscientes de ello.

Había que ser muy zote para darse cuenta de que el camarero no podía hacer dos cosas a la vez, de la imposibilidad de que se desdoblase y de que la insistencia, lejos de acelerar el proceso empeoraba la preparación de las tapas al no respetar el tiempo ni el trabajo del camarero.

Pensaba, que ocurriría si a este cliente, en su trabajo le tratasen así. Me imaginaba al fulano en su curro, dándole al Excel, centrado en sus fórmulas, en preparar un informe, siendo constantemente interrumpido con nuevas peticiones; me lo imaginaba despachando fruta, gestionando el turno o “la vez” asintiendo con “cara de compréndame” moviéndose de aquí a allá: me lo imaginaba haciendo cosas inútiles porque su jefe se había puesto en plan creativo compulsivo; me lo imaginaba, en fin, yendo a contrarreloj, con la lengua y el cerebro fuera porque así lo había decidido alguien; me lo imaginaba callado y cabreado, echando pestes por lo bajini, en petit comité, y rajando abiertamente en sus círculos más próximos, hablando de dignidad, de derechos y respeto, mientras ponía a parir a sus jefes, a los clientes, al sistema, a  los mercados y a la madre que los parió.

Y ahora lo estaba observando, realizando exactamente el mismo papel que hacen aquellos a los que aborrece, ninguneando a otra persona, no respetando sus tiempos ni su trabajo. Y me pregunté cuantas veces había actuado como él, en cuantas ocasiones había sido incapaz de ponerme en el lugar del otro, cuantos momentos en los que lo único importante era yo y no el nosotros.

Me acordé de un proverbio japonés o de Cuenca  (que los proverbios son universales), que alguna vez ha compartido nuestra amiga María (MaS) y que viene a decir que primero hay que barrer la casa de uno antes de barrer la ajena y ahí estaba yo, juzgando a otros que podrían ser en alguna circunstancia yo.

Di un sorbo a mi cerveza, un sorbo amargo, de vergüenza.


14 comentarios:

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Me encantan esos momentos y observar a la gente igual que has hecho en esta ocasión. Se pueden "leer" infinidad de cosas. Yo también juzgo según lo que veo, y me gusta porque te ayuda a analizar, a contrastar, a aprender...
Un abrazo.

Myriam dijo...

Cuánto aprendemos de nosotros mismos observando a otros y si somos conscientes, podemos mejorar como personas.

Me gustó mucho esta frase tuya: "me lo imaginaba callado y cabreado, echando pestes por lo bajini, en petit comité, y rajando abiertamente en sus círculos más próximos (...)". Muy. muy gráfica.

Besos

Santiago López dijo...

Tienes toda la razón Fernando. Yo, como sabes que he estado del otro lado de la barra, no hay nada mejor que conocerlo para darte cuenta, de cómo cambia la actitud de la gente. Siempre hay que ponerse en el pellejo del otro y no ser tan cafre.
Un abrazo

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando: ¿la persona a la que esperabas, acabó llegando? Sí solemos ser impacientes, pero no es menos verdad que los "tiempos" como dices no son iguales en todas partes. Yo lo he comprobado: de Despeñaperros para abajo ya nada es igual(afortunadamente). Me ha parecido muy serio y concluyente tu post. Un abrazo.

Asun dijo...

Según iba leyendo iba pensando que tal vez lo que ese tipo se merecía era que algún día en su trabajo alguien le agobiara como él lo estaba haciendo con el camarero. Igual de esa forma la próxima vez sería más capaz de ponerse en el pellejo del otro y tener un poco más de consideración y paciencia.

Besos

JLMON dijo...

La observación es un arte Don Fernando, pero en este país el deporte nacional es mirar lo que está haciendo el otro para ver si se le puede joder un poco.
La envidia española es el arte de preocuparte de la vida de los demás mientras olvidas la tuya.
Cuidate

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@Javier Rodríguez - Sobre todo a aprender. Es lo que mola. Un abrazo.

@Myriam - Me alegra que te haya gustado la frase. Observar es aprender y si se quiere, mejorar. Besos

@Santiago Lopez - LO malo es que a veces lo olvidamos, pero saber medir el tiempo de los demás es muy importante. Un abrazo

@Rafa Bartolomé - Por supuesto, un conversador de cervezas nunca falla a su cita. Creo que no somos capaces de comprender otros tiempos y así nos va. Muchas gracias Rafa. Un abrazo

@Asun - De eso se trataba de extrapolar la situación a su vida y que pensase lo que sentía con ello. un beso.

@JLMON - Con la envidia hemos topado amigo José Luis. Un día de estos habrá que dedicarle un especial. Un abrazo.

MTTJ dijo...

Muchas veces para ver las cosas claras uno debe salir de su contexto y es observando a los demás como podemos mejorar nuestro comportamiento.

Un abrazo

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@MTTJ - Totalmente de acuerdo. La perspectiva y la distancia siempre nos ayuda a discernir.

Un abrazo

Gildo Kaldorana dijo...

Yo fui camarero.
Hay que vivirlo (supongo que como todo)para saber lo que vale un peine. Recuerdo, cuando hace unos años se derramarón rios de tinta (portada de La Vanguardia,) hablaban de las depresiones de los maestros, profesores.....debido a su trabajo. Cosa nímia comparado con la labor de un camarero. Quiero decir camarero, camarero, y no transportista de....Coca Colas o platos de comida (no sé sí me he explicado bien).
Buen post
Saludos

Katy dijo...

Esto es así de triste pero con todos los trabajos. La mayoría de las veces la gente no se entera que el el sirve no es un esclavo y solo tiene dos manos y nadien es más que nadie. Lo queremos toso y ya. Pasa como con los porteros. Ellos tienen un trabajo que cumplir y no es el acarrear con tus bártulos.
Para mi esto se llama "Mala educación"
P.D. Veo que no has echado de menos mis comentarios jaja.

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@Gildo - te has explicado perfectamente, totalmente de acuerdo. Un saludo y gracias por pasarte.

@Katy- Ja ja Katy... Hablas de una cosa muy importante que es la educación. ësta y el respeto son fundamentales para comprender las cosas. Besos y bienvenida de nuevo.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Tienes toda la razón. Hay gente que pide más de lo que da, que exige lo que no hace, que se convierten en pequeños dictadores en cuanto creen tener cierta superioridad sobre el otro... Dan pena.

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@pedro ojeda- Ciertamente Pedro, ciertamente

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