miércoles, 28 de marzo de 2012

Tarde y noche familiar en Jaipur : Marriage party

Boda en Jaipur

Después del cine Dinesh me tenía preparada una sorpresa. Me llevaría a una “marriage party” como decía él. A partir de ahí comenzó una noche llena de contradicciones que no finalizó hasta que después de la cena en su casa, y mi posterior regreso a la Haveli donde me alojaba, el sueño me venciese.

Marriage party

Dinesh me había invitado a cenar a su casa. Antes, iríamos a una fiesta de boda, un «marriage party» como decía él. La fiesta se celebraba en un templo de barrio relativamente cercano a su casa. El novio era amigo de Dinesh y allí se encontraban sus amigos, su gente... La experiencia fue desigual: por un lado estaba excitado por poder vivir algo así, rodeado de indios a los que no les importaba compartir uno de los momentos más importantes de sus vidas. Por otro, una sensación forastera, de quien sabe que está fuera de lugar.

En el templo, en una sala lateral, estaban los novios apoltronados en unos sillones que semejaban tronos. El resto de la gente, sentada enfrente. En las primeras filas se situaban las mujeres vestidas con saris llenos de brillos —saris de domingo—, con las manos y pies tatuados de henna. Los familiares más directos acogían con cabezadas y sonrisas a los invitados que ese día se habían mudado de ropa. El novio recordaba a uno de los pajes de los Reyes magos que pueden verse en cualquier centro comercial y ella, como casi todas las mujeres de Rajastán: tímida, pequeña e introvertida. Los convidados saludaban a los novios, se fotografiaban junto a ellos. La madre y la hermana del novio me arropaban con muestras de cariño, invitándome a participar de una ceremonia que no entendía, pero que me parecía maravillosa; sin embargo había algo que hasta tiempo después no pude comprender, algo que enrarecía el ambiente: algo que no me cuadraba.

Boda en Jaipur
Boda en Jaipur
Salieron todos, excepto los novios que continuaban posando, al patio central del templo; un patio que minutos antes había sido cubierto de esterillas. Hombres, mujeres y niños se sentaron en hileras de forma separada. Se sirvió una frugal cena: tres o cuatro tipo de alimentos en los que se incluían el arroz y trigo dulce presentados en hojas de diferente tamaño que hacían las funciones de platos, bandejas o cuencos. Por lo que se apreciaba, para ellos era un festín, y hacia tiempo que no veía a tanta gente reír. Durante la cena, me aparté un poco y me acomodé al lado del padre y los tíos del novio que iban recolectando el dinero que los invitados entregaban. Muy poco, diez o veinte rupias máximo: menos de cincuenta céntimos de euro.

Boda en Jaipur
Boda en Jaipur

Lo más asombroso era que parecían contentos de que estuviese allí. De todas formas me sentí extraño, raro: yo, que no soy muy dado a llamar la atención ni a ser centro de nada, de alguna manera había robado protagonismo a los novios. Cuando llegué al templo, varios se aproximaron para saludarme o verme de cerca. Las mujeres, sobre todo las más jóvenes, estaban seducidas con mi presencia. Cuchicheaban y sonreían entre ellas; imágenes que yo había visto en los días de colegio cuando ellas, en pandilla de gestos descarados, nos ojeaban mientras nosotros, los chicos, éramos tímidos bravucones que huíamos de ellas, por aquello de que no nos llamasen nuestros «compis» nenazas o mariquitas. Teníamos que ser duros y demostrarlo. ¡Qué estupidez¡ Los hombres también se alegraban de que un «guiri» estuviese allí; los más jóvenes, que me veían como rival, no, claro. Las opiniones estaban divididas.

Entre tanta felicidad, solo dos caras no parecían compartirla: los ojos de los novios no expresaban ilusión, no expresaban amor. Eran víctimas de un matrimonio de conveniencia, un matrimonio nacido de la dote y del acuerdo de unos padres que como tratantes de ganado disponían del futuro de dos jóvenes que veían truncadas sus esperanzas de amar. Ellos, siguiendo la tradición, harán lo mismo en el futuro con sus hijos. Era un matrimonio indio de conveniencia, en el que la mujer tiene siempre las de perder, pudiendo ser violada, quemada o asesinada en accidente doméstico.

Bodas sin amor. 
 

7 comentarios:

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando: qué triste acaba lo que parecía iba a ser una especie de cuento de hadas indias. No obstante la experiencia debió de ser fascinante, aunque como dices te encontraras fuera de lugar; pero bueno te habían invitado. Un abrazo

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Es como un viaje en el tiempo. Me hubiese encantado estar allí.
Un abrazo.

Katy dijo...

Curiosa boda en la que te h¡has convertido en invitado especial. Aún en muchos paises se d¡sihue casando a las chicas casi a la fuerza. No se ni como no se rebelan aún. Antes no había información ni noticias del exterior. Hoy les llegan historias de occidente en dónde la mujer es dueña de sus actos.
Una experiencia sin duda única.
Bss

Myriam dijo...

Ella se ve mucho más joven que él y con una mirada tristísima... Ojalá que igual, con el tiempo, se hayan aprendido a querer...

Besos
PD Me imagino como debías sentirte ahi, como sapo de otro pozo... Recuerdo haber visto un matrimonio Yeminita (también se sentaban el novio y la novia en sillas como tronos) en mi época de lavaplatos en Un Restaurante y los vi desde la cocina, sin que ellos me vieran a mí. Fue alucinante.

Asun dijo...

Las miradas de ambos novios están vacías, tristes, pero como dices, la peor parte la puede llevar ella.

Besos

Fernando López Fernández dijo...

@RafaBartolomé - la experiencia fascinante sin duda. El fondo, triste, muy triste. Un abrazo

@JavierRodríguez - A pesar del fondo, como le digo a Rafa, la verdad es que me dejó bastante impresionado y la gente lo pasaba muy bien. Un abrazo

@Katy- Eso es lo triste, que las casan a a fuerza y no se pueden rebelar, porque pueden acabar muertas. Besos

@Myriam - Si, eso es tristeza. Uno no sbe muy bien como acaban muchas de estás historias. Sapo de otro poz, no conocía la expresión y me gusta. Bessos

MTTJ dijo...

Una experiencia que me encantaría poder vivir. Aunque eso de robar en cierto modo el protagonismo a los novios, me haría también sentir muy incómoda.

Un abrazo

Soul Business

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