domingo, 18 de marzo de 2012

Siria en mi corazón


Damasco Siria 

Uno de los viajes de los cuales guardo mejor recuerdo es el que hice algunos años por Jordania, Siria y Turquía. Comencé por Aqaba, en el sur de Jordania y lo finalicé en Antalya, tras atravesar Jordania, Siria y darme una vuelta por la Capadocia. Fueron más de tres semanas desplazándome en autobuses y minibuses locales; más de tres semanas en las que me empapé de paisajes, historia y gente: un gran viaje. 

La etapa de Siria fue especialmente provechosa, y aunque no visité todos los lugares que en un principio tenía previsto, el país dejó una profunda huella en mi corazón. 

Hoy leyendo y viendo todo lo que está ocurriendo en el pais, me vienen a la memoria todos esos instantes, todos esos momentos en los que una carretera, un paisaje, unas ruinas o unas calles asomaban ante mis ojos para ofrecerme retales de la historia de la humanidad, pistas para contarme lo que fuimos y lo que somos, porque si hay un país que puede hacerte entender el devenir de los tiempos, ese es Siria.

Por allí pasaron imperios, se asentaron religiones, acudieron comerciantes de uno y otro lugar; allí confluyeron sabiduría y cultura de forma amable y tolerante, pero también de forma dolorosa y cruel, porque la existencia de un pais, un pueblo, casi siempre se configura con mucho sufrimiento, con mucha sin razón: todo esto lo entiendes al pasear por sus ciudades y pueblos; visitando mezquitas, castillos, oasis, iglesias, museos, bazares…acumulando instantes en tu cabeza y en tu corazón: recuerdos que la barbarie humana no me harán olvidar.

Recuerdo el desesperante paso de la frontera de Siria donde una hilera de funcionarios tecleaba sobre viejos ordenadores mientras un supervisor revoloteaba sobre sus cabezas y nos miraba a todos de soslayo y a los tres occidentales que allí nos encontrábamos de forma intimidatoria; recuerdo los controles en la carretera a Damasco en la que los militares subían al autobús y revisaban nuestros pasaportes con la desgana que provoca la rutina.

Damasco - Siria  

Recuerdo la llegada a Damasco, la pensión que había elegido para dormir; la toma de datos en un viejo libro de registro hecha por un somnoliento recepcionista al que desperté de su siesta y al cual le debí pillar en un mal día porque no daba muchas explicaciones a las simples preguntas que le hacía.

Recuerdo un zumo de naranja recién exprimido y otro gratis antes de adentrarme en uno de los zocos más bellos y mejor surtidos que he conocido, un laberinto en el que los ojos no daban abasto para grabar con la mirada todas las mercancías que se exponían ni la mente podía procesar toda la vida que emanaba de las callejas; recuerdo al Ciego de Damasco, al hombre que me regalo chocolatinas, a hombres con sus hijos compartiendo un día en el Hamman.

Damasco - Siria 
Recuerdo el viaje a Maalula en un desvencijado minibus en el que para pagar el billete, los pasajeros que nos encontrábamos en la parte de atrás íbamos pasando nuestros billetes y monedas al de delante, que a su vez lo pasaba a otro hasta llegar al conductor y las vueltas llegaban por el mismo sistema; recuerdo el monasterio de Santa Tecla donde todas las religiones confraternizaban, se comprendían y oraban juntas.

Maalula - Siria 
Recuerdo la calurosa Palmira donde un viento cálido presagiaba agotamiento; la conversación de té con el recepcionista del hotel, sus ofertas para ir a Irak, mis largas cambiadas, y el divertido regateo para, a la tarde, visitar las tumbas y el castillo. Recuerdo la impresión que me causaron las silenciosas ruinas de Palmira, las reflexiones que hice en el cercano oasis sobre las fugacidad del tiempo, los imperios y las derrotas, sentado en la tierra, bajo palmeras y olivos, escuchando el correr del agua en las acequias.

Palmira - Siria 
Recuerdo una puesta de sol desde el castillo que ensombrecía la arena y difuminaba el paisaje; recuerdo pasear de noche entre las ruinas con la única ayuda de la luz de la luna: la respiración del viento.

Palmira - Siria 
Recuerdo una tormenta de arena en el camino hacia Homs que borraba toda visión y obligaba a los conductores a hacer uso alternativo de luces y bocinas; las paradas en pequeños pueblos para dejar o recoger gente; el cambio radical del paisaje al entrar en el valle del Oronte donde los olivos y los árboles frutales tapizaban el paisaje de verde. 

Recuerdo la llegada a Homs, a la terminal de microbuses donde a grito pelado se anunciaban los destinos; al niño, veterano y curtido de la vida, que al escucharme decir Qalat-EL Hosn, me abrió paso entre una multitud de gente que me atosigaba para que eligiera su vehículo.

Recuerdo la soledad altiva del Crac de los Caballeros, la inexpugnabilidad de una fortaleza que sólo fue rendida mediante el engaño. Recuerdo el vértigo que me produjo asomarme desde lo alto de una torre, la sensación de estar en la época de los cruzados mientras caminaba por todo sus rincones. Recuerdo ir cambiando de transportes hasta llegar a Hama, una de las ciudades más castigadas de siempre por el gobierno sirio.
Crac de los Caballeros - Siria 
Recuerdo la inutilidad de mi diccionario árabe español o de mi pronunciación para llegar hasta el hotel donde quería alojarme; pero recuerdo perfectamente como conseguí llegar por señas: subido en una moto que en una calle me depositó en la parte de atrás de una de esas furgonetas que lo mismo llevan madera, que piedras, fruta o gente. Recuerdo los paseos por las bellísimas norias en la que los chavales se subían y como si fuesen manecillas, cuando eran las once, las doce o la una del reloj que formaban con la noria se zambullían risueños en el río ante la admiración colectiva de los que nos encontrábamos allí. Recuerdo la buena hora que pasé en una barbería huyendo de un calor que demandaba la urgencia de una cerveza; una cerveza  que sería muy complicada después de encontrar por la extrema religiosidad de la ciudad.
Hama - Siria  
Recuerdo haber llegado a la caótica Aleppo, dejar mis bártulos en un hotel y salir disparado hacia la parte antigua perdiéndome en el zoco donde durante todo el día visité antiguos caravanserais en los que aún se amontonan las mercancías; observando como se fabrica el famoso jabón de la ciudad, charlando con todos aquellos que me daban cuartelillo y les importaba un bledo mi dinero; tomando té en un pequeño cafetín desde el que se apreciaba los ires y venires, los dimes y diretes, las resignaciones o los deseos de una población que daba la sensación siempre de estar muy viva.
Aleppo - Siria 
Recuerdo la ciudadela, la tranquilidad del barrio copto y  el armenio plagados de curiosos comercios; el mítico hotel Barón que alojó a ilustres personajes, las atronadoras calles próximas a la plaza del reloj en las que la música a todo volumen se entremezclaba con el ruido del tráfico.

Aleppo - Siria 

Recuerdo que en Siria era la ilusión la que me despertaba cada día; sonaba a primera hora cada mañana. Sólo el cansancio y la negrura de las calles volvían a recluirme por unas horas. Abandoné el país por la frontera turca cerca de Antioquía, la misma que hoy se llena de refugiados y minas; y hoy me acuerdo de eso, y de aquellos días felices, y de toda la gente con la que compartí palabras, ideas, momentos, sonrisas; de todos esos amigos temporales que me ayudaron y me enseñaron a amar un país: personas que hoy están sufriendo, una vez más, por la sin razón y la estupidez humana.

Siria en mi corazón.


10 comentarios:

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Sí, nos quedan los recuerdos.
Yo recuerdo los viajes que hice en su día. Viajes hoy imposibles, porque el mapa mundial ha cambiado tanto que... que lo único que se ha conseguido es que el odio se haya extendido tanto que estamos más lejos que nunca de reconocernos como humanos.
Un abrazo.

Katy dijo...

Pues sí esta mañana leía con horror lo de Aleppo. Yo hice este viaje por Siria y Líbano. Turquía fue en otro de nuestros viajes.
He recorrido los mismas calles. Estoy con Javier, me encantaría volver hacer la Ruta de Éxodo, o ir a Irán pero me parece que moriré con las ganas. Malula me dejo impresionada colgada dela ladera y con tanta historia.
Gracias por traer estos recuerdos.
Bss

Myriam dijo...

Un relato lleno de Nostalgia. Es lamentable lo que está pasando: ¡pobre pueblo! y con el pasado histórico que tienen... Una lástima.

Jamás entendí como Assad, que se educó como médico oftalmólogo y que asumió la Presidencia a la muerte de su hermano, siguió con la línea intransigente del Partido Bath....y es capaz hoy de provocar tanto dolor en esta civil.

Besos

JLMON dijo...

Malos tiempos para ellos...
Yo siempre había tenido cierta versión (inexplicable) hacia los paises de cultura musulmana, pero una vez que comencé a conocerles...
Cuidate

alfonso dijo...

Una pena que hayan éstos conflictos en países con una gran riqueza cultural ... desgraciadamente la política gana terreno a la historia y la cultura ...

Por cierto, me ha encantado descubrir tu blog, te he linkado (enlazado) desde el mio en www.thewotme.com

Un saludo, Alfonso.

Fernando López Fernández dijo...

@javier Rodríguez - Eso es lo malo, que el mapa mundial muchas veces cambia a peor y seguimos extendiendo odio donde debería haber sentido común. Un abrazo.

@Katy - tu que has estado allí comprenderás mejor de lo que hablo. Hay sitios que la mala baba de las personas te echan para atrás. Yo no desespero con lo de Iran ni con muchos otros sitios. Un beso

@Myriam - Es el poder que corrompe. A mi es un pueblo que me es especialmente simpático, excepto, como siempre los intolerantes. Besos

@JLMON - El caso José Luis es que siguen siendo incomprensibles y todos diferentes según he podido comprobar. Un abrazo

@Alfonso - Bienvenido a Soul Business, gracias por el comentario que me lo llevaré a Thinking Souls.

un saludo

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando: impresionante tu descripción; se ve que lo viviste intensamente y, que ahora azuzado por las noticias que de allí llegan, lo recuerdas con cierta angustia en tu corazón, pero también evocando aquellas alegres y humanas vivencias que disfrutaste y que ahora parecen estar desapareciendo por la estupidez del hombre. Un gran post. Un abrazo

MTTJ dijo...

Siria se me resiste y ojalá fuera por otros motivos. Estoy leyendo de nuevo "Viaje a la luz del Cham" de Rosa Regás que junto a relatos como el tuyo me transportan a una ciudad de Damasco que imagino como un lugar de ensueño, donde no hay lugar para el terror ni la sangre.

Fernando López Fernández dijo...

@Rafa Bartolomé - Es eso Rafa, la sin razón y estupidez humanas pueden acabar con todo tipo de convivencia. Esperemos que se resuelva pronto. Un abrazo

@MTTJ - Estoy convencido de que te apasionaría Damasco. Es como pasear por la historia y por los hombres. Yn abrazo y feliz semana

carmen - Rezetas de Carmen dijo...

Es una pena ver como está ahora Siria, todos los que la hemos visitado hace unos años nos parece mentira que estén destruyendo todo.
besos,

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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