miércoles, 7 de marzo de 2012

Se necesita gente que crea, se necesitan buenos agricultores

Munnar India 
Los he visto aventar el cereal en los  amarillos campos de Castilla, remover la tierra con la azada en los huertos de Galicia, hundirse cabizbajos  en los arrozales de Vietnam, desbrozar con un machete las malas hierbas en Guatemala, subir los aperos a la camioneta después de una dura jornada en México, Turquía o Brasil,  caminar con sacos por las carreteras indias. Los he visto en  Europa,  en la Ribera Mediterráneas, en la grandiosa América, en las tierras de África, en la enigmática Asia. ¡En tantos sitios! Son los agricultores.

Me han hablado sólo con la mirada, he sentido la aspereza de unas manos duras y callosas; de dedos gordos y uñas sucias; han desconfiado de mí y a la vez se han acercado. ¡Me han dicho tantas cosas con sus silencios y sus palabras!

Se están extinguiendo por aquello que llamamos progreso y que ha convertido su arte en industria. Paradojas de la vida, fueron ellos quienes posibilitaron una de las mayores transformaciones habidas en la historia de la humanidad: La agricultura. Fue hace muchos años, en el Neolítico. Se pasó de la caza y la recolección al cultivo; se paso del nomadismo al sedentarismo (origen de lo que hoy llamamos pueblos, comarcas, regiones o países) y todo lo que conlleva: reorganización de la sociedad, nuevas normas, autoprotección, división del trabajo, etcétera. Pero este no es un post para escribir sobre la evolución de la agricultura ni para valorar si son mejores unos métodos de cultivo u otros, ni siquiera para cuestionar la inmensa diferencia de precios que existe desde el origen al consumidor. Ese es un debate para otra ocasión.

Quiero hablar de aquellos agricultores que aman la tierra que la naturaleza, las circunstancias o la herencia les confió; de aquellos que se hicieron por vocación y que, cuando cultivan, no lo hacen pensando en la subvención sino en vivir dignamente del fruto de su trabajo. Personas que entienden que para recoger una cosecha hay que trabajar duro, que incluso cuando vienen mal dadas se pueden lamentar, pero vuelven a empezar porque están vinculados a la tierra, porque la aman y porque lo que más les satisface es poder mostrar el resultado de su trabajo y compartirlo, aún sabiendo que en muchos casos no es valorado.  Gente que cuida la tierra, ecologistas convencidos para los que el medio ambiente es un todo.

A los agricultores, a los campesinos, a los labradores siempre se los ha relacionado con incultura y pobreza, con desden e indiferencia. Cierto, pero no lo es menos que esa situación tiene sus orígenes en la opresión que en forma de esclavitud, vasallaje y otras formas de explotación, les impidió acceder a riquezas, números, ciencias  y letras. Aún así, creo que en su interior albergan una gran sabiduría. 

Decía Melchor Gaspar de Jovellanos (1744-1811)  que la agricultura es el arte que enseña la virtud al hombre y la base de la opulencia de las naciones. Estos hombres, de virtudes saben mucho. Posiblemente no sean expertos en protocolo ni en reglas de urbanidad. Muchos apenas sabrán leer, ni lo que significa marketing, ni management, ni briefing, ni casi todo lo acabado en «ing». Saben de su negocio: saben que para recoger primero hay que sembrar y que antes de esparcir la semilla hay que preparar el terreno; que para que germine ésta hay que abonar, regar y tener paciencia; que cuando brota el cultivo hay que cuidarlo con mimo y arrancar las malas hierbas; y que una vez haya crecido todavía hay que esperar el momento adecuado para recoger la cosecha. Estos procesos, los realizan en la más absoluta incertidumbre sin que se pueda asegurar el éxito final, a pesar de haber tomado todas las medidas para que no ocurra. La climatología en forma de sequía o exceso de lluvia, el granizo, el frío, el calor pueden acabar con todo el esfuerzo; la naturaleza en forma de plagas de insectos, roedores o bandadas de aves (que hacen un alto en su camino y que además no temen al espantapájaros)  pueden devorar en minutos las ilusiones de muchos meses.

Si a esto le  añadimos las decisiones que se toman en unos despachos -que no han visto ni en fotos porque precisamente están cuidando de sus cultivos- en los que cuando se habla de remolacha, de zanahorias, de ajos o avena se hace en el lenguaje de los índices «puntocomacerocuatro: en Chicago tenemos un problema» y la dureza de un trabajo que corta el cuerpo, destroza huesos y afea el cuerpo, la verdad  es que no puedo sentir más que admiración por ellos.

Hoy en una reunión con la plantilla ponía a estos hombres de ejemplo. Les decía que teníamos que pensar y trabajar con la actitud del agricultor; que habíamos sembrado mucho, pero que el pedrisco (crisis) también no estaba dañando y que teníamos que seguir sembrando, bien desarrollando nuevos cultivos (productos), bien mejorando los que conocíamos: que de aquí en adelante tendríamos que acostumbrarnos a vivir con la incertidumbre de que nuestra seguridad laboral, como las cosechas, no están garantizadas; pero que trabajando, trabajando y trabajando tendríamos más posibilidades de conseguir el objetivo estratégico más razonable y alcanzable para los próximos años y que no es otro que sobrevivir y disfrutar con lo que hacemos.

Como decía Jovellanos la agricultura enseña la virtud al hombre. El testimonio de esas manos, de esos rostros nos la muestra cada día. En estos tiempos se necesitan buenos agricultores. 
  
Este post se publicó hace algo más de tres años. Es uno de mis favoritos y hoy lo repito porque me gusta, porque me sugiere mucho , porque me apetecía y porque creo sigue siendo igual de actual que cuando lo escribí.


8 comentarios:

Myriam dijo...

Pues me alegra mucho que lo recuperaras prque es un texto precioso, un homenaje sincero y sentido a los agricultores. No recuerdo haberlo leído hace tres años y coincido contigo en que es muy actual.

Besos

Algún lugar cerca del mar dijo...

Te leo desde hace un año y no dejas de sorprenderme, una entrada bonita donde las halla, un saludo y buen día!!!

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando: no lo había leído y de verdad que es un gran post, lleno de sabiduría y una buena lección para que no se nos olvide. Ya sabes que en el pueblo tenemos una huerta y te invito a llevar a la práctica todo lo que escribes y que yo por práctica sobre el terreno suscribo. Ja,ja, tenemos pendiente una olla podrida así haríamos el completo. Un abrazo

Katy dijo...

Una bella entrada que tampoco había leído porque aún no te conocía:-)
No se lo que es la agricultura, he vivido siempre entre edificios. Mi primer contacto fue con los cocoteros y plataneros,y caña de azúcar y la vegetación salvaje.
Con 16 en una excursión entramos a robar unos limones en una plantación y con 21 años me subí a un melocotonero. Pero si hay alguna amante de la naturaleza soy yo y suscribo cada una de tus palabras.
Bss

JLMON dijo...

Hola Fernando
No me extraña que te guste, es bueno y, sobre todo, sabio...
El agricultor es el emprendedor por naturaleza. Quizás debieramos dejarnos de tanta escuela de negocios y recurrir un poco a todo lo que podrían enseñarnos.
Cuidate

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Sin ánimo de frivolizar pero a mi esta canción me gusta :)

http://www.youtube.com/watch?v=VOp5tnrJmns&ob=av2e

MTTJ dijo...

Hoy me he emocionado con esta entrada porqué sé muy bien de lo que hablas. Yo formo parte de la primera generación tanto por parte de padre como de madre que no me dedico a la agricultura después de que todos mis antepasados hasta que nos alcanza, no la memoria sinó los documentos, se han dedicado a la tierra. Mi padre todavía se emociona cuando ve florecer los almendros o cuando la lluvia riega los campos. A pesar de todas las dificultades ama la tierra y siempre ha hecho lo que le ha gustado, con pasión y profesionalidad. Mis padres nos han sabido transmitir esta pasión tanto a mi hermana como a mí, pero quizás no lo suficiente para que nos dediquemos al campo. Unas tierras que el día de mañana no sé que va a ser de ellas y esto me hace sentir mal, muy mal. Seguramente, si el tema de la agricultura sigue así y el negocio no es rentable aquí se habrán acabado tantas y tantas generaciones de agricultores en mi familia. Y esta historia que vivo en primera persona se repite en muchas familias que, gracias al fruto de la tierra pudieron mandar a sus hijos a la Universidad y no seremos capaces en un futuro de tirar adelante. Es cierto que las circunstancias no ayudan, que el esfuerzo de todo el año raramente se ve recompensado, que el consumidor no suele valorar la calidad, pero las tierras que tanto nos han dado no merecen ser abandonadas. Porqué la tierra no sólo da frutos, enseña a vivir. De la tierra he aprendido que el dinero que entraba en casa tras la cosecha se debía administrar bien para todo el año, que antes de recoger hay que sembrar, que un contratiempo puede echar a perder el esfuerzo de muchos meses, que el agua es un bien escaso, que si das, recibes. Sin duda, lo más importante en la vida me lo han enseñado mis padres y abuelos a través del amor a la tierra.
Gracias Fernando por ese reconocimiento a la agricultura, una profesión en vías de extinción en nuestro país.

Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

@Myriam - Me alegra que te haya gustado. Siento una profunda admiración por su trabajo. besos

@algunlugarcercadelmar - Muchas gracias por tus amables palabras, ten un buen día tu también.

@Rafabartolomé - Ja ja, tu lo que quieres es mano de obra barata. Pero por unos botellines, una olla podrida y un buen vino te quito las malas hierbas. Un abrazo

@JLMON - Pues tienes razón. Podrían explicar casos y casos reales tocando todas las materias. Sería muy ilustrativo y sobre todo real. Un abrazo

@JavierRodríguez - El Koala tiene su punto, no te digo yo que no ja ja. Un abrazo


@KAty - Yo si se lo que es aunque no he practicado mucho, apenas unas veces de niño en huertas y campos de castilla, pero se aprende mucho. besos

MTTJ - Hola María Teresa. El emocionado soy yo. No estoy acostumbrado a que me escriban un comentario tan bonito y que complementa perfectamente el post. Un verdadero testimonio personal que nos lleva a todos a comprender mejor el gran trabajo que hacen. Hay en ellos una actitud que no se encuentra en otros trabajos y sobre todo, como apuntas, un amor a la tierra sincero y fiel.
Un abrazo y muchas gracias por el comentario. me ha encantado.

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