viernes, 30 de marzo de 2012

La luz que nos lleva

Me cuesta mucho dormir en los aviones, incluso cuando vuelo de noche y estoy reventado.  Dependiendo de cómo esté la noche, mi capacidad de concentración y de vaguería, suelo leer, ver alguna película o mirar por la ventanilla del avión. Cuando hago esto último, miro indistintamente hacia un lado o hacia abajo dependiendo de las luces que veo. Si son las de las estrellas me quedo mucho rato mirándolas y reflexionando sobre el universo, las galaxias, lo pequeños que somos y cosas así: nada muy trascendental porque a veces soy más simple que el mecanismo de un sonajero. Si son los puntitos lejanos de luz que iluminan los pueblos y ciudades de la tierra, ahí si suelo darle más al coco y a la imaginación.

Las luces comienzan a dibujar las costas y te vas haciendo una idea de la densidad de población del lugar: muchos puntos juntos gran población;  aislados, pequeños pueblos, puntitos solitarios aldeas: si cubren mucha extensión, país rico; si pocas, pobre o escasamente poblado. Esto se aprecia bastante bien cuando pasas de Europa a África o viceversa. La negrura del Mediterráneo hace frontera lumínica entre los dos continentes.

Cuanta más luz, teóricamente, más bienestar, más desarrollo y mejor calidad de vida lo que se podría traducir en mayor felicidad; cuanta menos luz, más oscuridad, menos desarrollo y más tristeza. Sin embargo, visto lo visto, y sabiendo que todos, los de un lado y los del otro nos quejamos de nuestra “suerte” llego a la conclusión de que, en realidad no importa demasiado cual sea la intensidad de la luz, porque, en cualquiera de las situaciones (estamos hablando de que es de noche, no que todos los gatos sean pardos) se trata de luz artificial: la luz que nos lleva.

No nos fijamos en nuestra propia luz. Tiramos de interruptor, de otras luces para ver las cosas con claridad, creyendo que, de esa manera, alcanzaremos la estabilidad y el equilibrio que nos lleve a la meta más ansiada que no es otra que la felicidad. Nos dejamos deslumbrar por cosas que no son necesarias, por brillos que creemos eternos y son tan efímeros como el fuego de una hoguera: dos fogonazos ajenos que nos den son suficientes para que el faro de nuestras creencias, el que nos guía, se apague o tintinee creándonos más dudas y más inseguridades.

Mientras tanto todos, excepto los que se alumbran con su propia luz, maldicen la luz que les ha tocado vivir: la luz que les lleva.

Feliz fin de semana

Os dejo un video que me ha hecho recordar esas noches de aviones en las que me da por darle una vuelta a todo.
 


9 comentarios:

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Increible video.
Fijate tu, yo que trabajo cerca de urbanistas, ahora resulta que se ha descubierto que cuanto menos intensidad e luz, mayor calidad de vida.
Lo que son las cosas.
Un abrazo.

Santiago López dijo...

Muchas veces, es la propia luz la que no te deja ver.
Como todo, con moderación.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

@JAvier Rodríguez - verdad? Muchas veces es así Javier. demasiadas luces nos ciegan y nos aturden. Es como las ferias llenas de luces que al final no sabes ni donde estás. Un abrazo.

@Santiago López - Así es, eso ocurre a menudo cuando nos dejamos deslumbrar. Un abrazo y espero que la exposición de Oporto vaya bien.

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando: estoy con Javier y Santiago y por supuesto con lo que conlleva tu post; a mayor intensidad de luz calidad de vida. Y además a partir de ya, vamos a pagar un 7% más, lo dicho menos calidad ja,ja. Me ha gustado. Un abrazo

Gildo Kaldorana dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Gildo Kaldorana dijo...

No se, yo la verdad que soy cada vez más esceptico con todo, por lo que no me creo nada, así que la luz, no me deslumbra nunca demasiado.
Nunca puedo dormir en el avión, cada 10 minutos tengo que cambiar de postura, por que me duele el cuello....uf como me duele.
Buena reflexión la de tu artículo.
Saludos

Astrid Moix dijo...

Yo también tengo mucha dificultad para dormir en los aviones, pero como prefiero sentarme junto al pasillo, no puedo mirar por la ventana. Así que me entretengo con lecturas o con los vídeos o la música, sobre todo para no oir a los que duermen a pierna y ronquido suelto.

Me ha gustado mucho la reflexión y el video que te la ha inspirado. Quizás tendré que empezar a pedir ventana ...

Un abrazo,

Myriam dijo...

¡Cómo me dieron ganas de montarme en un avión!

Mirar lo que hace el vecino y la envida, impiden que uno brille con su luz propia, siendo lo que uno es y de la mejor manera.

Los que se dejan llevar por la luz artifical terminan hechos polvo en el vidrio de la bombita de luz.

Un beso

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@Rafa Bartolomé -Así es , un 7% más para ver menos. Un abrazo.

@Gildo Kaldorana - Pues eso es bueno porque siempre estarás más cerca de la realidad con luz natural que artificial.
Lo del ceullo, creo nos pasa a todos.
Un saludo

@Astrid - El pasillo ofrece la ventaja de poder estirar un poco más las piernas. El inconveniente es que el paso de los carros y dejar que salgan los pasajeros de al lado a veces es muy incómodo. Los libros siempre son de gran ayuda en los aviones. Un abrazo

@Myriam - la luz artifical no luce siempre y de ahí que cuando se apaga nos sintamos mal. Un beso

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...