lunes, 5 de marzo de 2012

Bendita imprudencia viajera


Transbordador en el Mekong 

Hace algún tiempo escribí sobre la prevención de riesgos viajeros en el que os ofrecía una serie de sugerencias para  minimizar el impacto de un robo, una pérdida o un percance. Eran cosas de sentido común que de ningún modo evitan que alguna cosa ocurra, más si te expones a situaciones que consideras de riesgo o a las que no estás acostumbrado.

En “Occidente” vivimos en una sociedad normativa en la que prácticamente todo está legislado bien por nuestra seguridad, bien para que algunos hagan caja o bien para que otros hagan la vista gorda: alimentación, transporte, negocios, etcétera. Todo ello, a priori, nos da unas garantías o nos ofrece ciertas seguridades: seguimos las norma y no aceptamos que ésta se incumpla poniendo el grito en el cielo o la denuncia si la cosa va a mayores: lo normal.

Sin embargo, cuando se viaja a determinados países, la cosa cambia bastante y uno está dispuesto a “olvidar” las normas aprendidas o a dejar de lado la seguridad del sistema. Por ejemplo, en España, poca gente comprará comida en la calle si el vendedor no tiene licencia para ello o no se subirá a un medio de transporte que no ofrezca las más elementales normas de seguridad: tenemos miedo a una intoxicación, a un accidente, a qué pase algo, y no entra en nuestra cabeza arriesgarnos. Sin embargo, cuando se viaja, no sé por qué extraña razón, dejamos de lado nuestros escrúpulos y nuestros temores,  haciendo cosas que en casa no haríamos, y lejos de considerarlo como una imprudencia, al final lo vemos como una aventura o una anécdota más del viaje, aunque, en realidad, es una mera adaptación a las circunstancias.

De esta forma, atravesamos ríos en frágiles embarcaciones, subimos a autobuses y furgonetas que triplican el número de pasajeros posibles, caminamos por calles sin luz y sin pavimentar en las que un mala pisada te puede hundir en un socavón y partir un pierna; cruzamos plazas entre cientos de coches y motos que confunden más que avisan con sus bocinazos; respiramos cielos contaminados, comemos en la calle alimentos no refrigerados, en antros en los que Don Limpio ni está ni se le espera; contratamos a fulanos sin carnet ni licencia, fiándonos de sus pintas, de sus gestos o palabras para calibrar su experiencia; nos adentramos en lugares solitarios en los que el hospital más cercano queda a hacer puñetas, en parajes para los que no estás preparado para sobrevivir si vienen mal dadas. En definitiva, cometemos imprudencias que, ya digo, en casa, ni se nos pasarían por la cabeza.

No es una cuestión de valentía, no es una cuestión de inconsciencia, ni de masoquismo: es una cuestión de aprovechar las oportunidades o los medios que en ese momento te ofrece la vida: la imprudencia, en ese instante, no es más que el olvido temporal de las falsas seguridades que nos atenazan, que nos alejan de la esencia de los hombres y de la naturaleza. En esos casos la única norma, y además, no escrita, es la de tener ganas de vivir, de disfrutar, de relacionarte y de aprender: de hacer camino.

Pues eso, que bendita imprudencia viajera.



   

8 comentarios:

JLMON dijo...

Hola Fernando
Totalmente de acuerdo aunque hay ciertas cosas...
Recuerdo una tarde en Río Negro (Costa Rica) tomandome una cervecita con Rubén un buen amigo emprendedor gallego por aquellas tierras y ver a una pareja intentando atravesar el cauce en un kayak...en medio del río van y vuelcan y les veo a flote pero con dificultades hasta que decidimos acercarnos con la fuera borda de Ruben, nuestra sorpresa al izarles es ver los dos petos que llevaban con CUATRO grandes letraS : ONCE!!!!

Katy dijo...

Ciertamente es así. De nada les sirvio la seguridad a los pasajeros del Concordia(Costa Cruceros) Quién está acostumbrado desde pequeño a todo la verdad es que ni repara en estas cosas.
Ya se sabe hay que correr riegos porque la vida es un puro riesgo.Pero aún así hay que intentar ser sensatos.
Bss y buena semana

Gildo Kaldorana dijo...

Muy bueno el artículo.
Totalmente de acuerdo (veo que hay más, que piensan como yo).
Es que si quieres salir a la calle en Asia por ejemplo, has de dejar de lado muchos, muchos escrúpulos.
La de diarreas que he agarrado.....ahora sin embargo cuido mucho la comida, el agua, el hielo etc. incluso me vacuno, antes no me importaba y la verdad que tuve suerte. Ahora con la vejez.......;-))
Saludos

Myriam dijo...

Tienes razón en que hay que aventurarse a la aventura, pero con unas mínimas reglas sabias de cuidado. Tampoco se trata de ser kamikazees. Como los paises por los que habitualmente me muevo son mis segundos, terceros cuartos y quintos hogares, digamos que me nace naturalmente como comportarme. Ya sabes que no he ido a lugares tan lejanos e inhóspitos o "singulares" como otros de mis amigos que hasta visitaron templos de ratas o metieron monedas en tarros de leche....o comieron no sé que bichos raros... jajajajajaja


Besos

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Me apunto a esta imprudencia viajera.
Es como saltarte los protocolos, los procedimientos de calidad, es como... volver a vivir con intensidad.
Un abrazo.

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando: no, si lo tuyo va de guiness. Yo soy poco aventurero y tengo serios problemas con la comida, no soy capaz de probar algo de lo que no conozca el sabor; así que los viajes y la aventura no son mi fuerte, pero es cierto que tampoco tomo ninguna precaución en otros aspectos, pienso que la sensatez y la lógica me amparan, pero seguro que estoy equivocado. Un abrazo

Asun dijo...

Es que en según que sitios o haces la vista gorda y dejas de lado la prudencia de nuestro día a día, o mejor que te vuelvas a tu casa, porque no podría ir a ningún sitio ni ver nada.

Besos

Fernando López Fernández dijo...

@JLMON - Eso si que es aventurarse, qué valientes.
Un abrazo

@Katy - Hay momentos en los que la sensatez (lo aprendido) no tiene lugar porque se está viviendo otra cosa. besos y buena semana

@Gildo Kaldorana - Asia es un buen ejemplo de lo que estoy contando. Indonesia, como sabes, no es una excepción. Un saludo

@Myriam - Ja ja, lo que pasa es que en estos lugares las reglas o costumbres son difrentes y hay que adaptrse je je. besos

@JavierRodríguez - Es que en realidad esos son los protocolos, pero ya ves cuan diferentes. eso si , se viven más o esa es la sensación que te dejan. un abrazo

@RafaBartolome- la sensatez y lógica nunca hay que olvidarlas pero si es cierto que uno debe adaptarse a las circunstancias. Un abrazo

@Asun - As´es, según que sitios, lo que aquí no admites, en otros lugares lo aceptas. Un beso

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