lunes, 20 de febrero de 2012

Viajar es aprender: Kafountine y las sardinas muertas




Hoy la segunda de las respuestas de Viajar es aprender IV, la encontrareis en el diario de viaje Toubab.

Humo, sueños y derrotas

Tras la lluvia decido irme a dar un paseo por el pueblo de pescadores. A ambos lados de la calle principal se suceden los secaderos de pescado. A la entrada de los mismos la leña se amontona en irregulares pilares. En el interior, en una especie de horno, la madera va quemándose generando un humo que ennegrece cuanto está a su alrededor. En la parte superior del horno algunos hombres van depositando el pescado que poco se va ahumando y secando.







El olor a leña quemada y a pescado lo impregna todo; también el del gasoil que desprende los camiones que se van abriendo paso para encontrar un lugar dond estacionar. A medida que uno permanece en la zona va notando como se agregan otros olores: el del barro mojado, el de las basuras putrefactas, el del agua estancada… Todo ello le da un cierto aire de guetto, de zona prohibida, seria y en absoluto bulliciosa; una imagen de Dickens en África.




Ya cerca de la playa, asoman tableros llenos de pescado seco o a medio secar: barracudas, rayas y otros, desconocidos completamente para mi. Van adquiriendo un tono ocre, un tono marrón como sí se tratase de pescado frito y refrito de horas.

A media tarde las barcas de pesca se van acercando a la orilla. Una hilera de hombres se adentra en el mar a su encuentro para descargar las cajas de pescado. Van sorteando olas y aguantando el vaivén de la marea. Es complicado mantener el equilibrio en esas condiciones. Muchos de ellos morirán en el intento ya que no todos saben nadar: un golpe de ola o un traspiés les puede derribar y llevarlos a una muerte segura.

Es un trabajo ingrato y mal pagado. Por cada porte que llevan a la orilla o los secaderos reciben 100 CFA, el equivalente a unos 15 céntimos de euro, en ocasiones algo más dependiendo de la distancia a recorrer.

El esfuerzo es brutal y se les ve corriendo por la playa a toda velocidad para realizar el mayor número de descargas: no hay trabajo para todos y los que más corren, los más espabilados más fuertes, conseguirán hacer el mayor número de viajes. En su mayoría son emigrantes: vienen de Ghana, de Guinea y otros países. También hay senegaleses, sobre todo del norte, pero no hay trabajo para todos.

Los menos afortunados esperan y esperan sentados en la playa, paseándose resignados por la arena o simplemente observando como las mujeres limpian el pescado y arrojan las vísceras sobre la arena: hombres que no hacen nada, no esperan nada y viven nada.
Kafountine no puede ofrecer trabajo a sus 16.000 habitantes. A lo sumo, según me cuenta Amador el dueño del hotel Mama María, la pesca podría dar trabajo a 5.000 personas entre pescadores, la gente que trabaja en los secaderos, los transportistas y los constructores de piraguas, pero no para todos.

Hay poca pesca, y cada vez menos. Los barcos europeos y japoneses mediante la compra de cuotas al gobierno senegalés están esquilmando el mar lo que provoca que cada vez la pesca sea cada vez más escasa.

Cuando salen todas las barcas y hay exceso de pesca, disminuye el precio de la mercancía aumentando las dificultades para todos.  Por lo visto, se estaba estudiando la posibilidad de que se estableciesen turnos de salida por días, aunque eso no garantiza en absoluto que el pescador salga a pescar pues los patrones organizan la marinería a su gusto y ninguno tiene el puesto asegurado.

Los ingresos se reparten como casi siempre: gran parte para el patrón, otra bastante más pequeña para los pescadores más experimentados y una porquería para los más jóvenes o los que empiezan, llegando en ocasiones su salario a consistir en unas cuentas piezas de pescado.






La sardina, que abunda, es uno de los pescados que carece prácticamente de valor y cuando es pescada es devuelta al mar ya muerta por los pescadores. Las mareas las llevarán hasta la orilla llenado las playas de cadáveres de sardinas en hileras que se pudrirán al sol. Los pescadores no las quieren y tampoco las buscan una utilidad para su transformación bien en conserva . bien para la fabricación de harinas: no existe una industria transformadora.

El genocidio se repetirá cada día. Solo los buitres parecen encontrar una utilidad al asunto. No parece haber demasiado interés en buscar una solución.

A continuación del pueblo de pescadores, Al principio de la playa y a escasos metros del hotel Mama María, y cerca de donde se encuentra una zona militar se construyen los cayucos que llevarán a los futuros pescadores a faenar en mar, a perder la vida persiguiendo el sueño de Europa o, los más afortunados, a alcanzar su puerta. España.

Los hombres trabajan, moldeando a golpes la madera, ajenos a todo conscientes de que lo que están construyendo en no pocas ocasiones no son barcos sino ataúdes.

12 comentarios:

Gildo Kaldorana dijo...

Como la vida misma. Unos viven del esfuerzo de otros, supongo que no se puede remediar.
Desde luego, gracias al trabajo de los del tercer mundo, tenemos el bienestar en el primer mundo.
Buen post
Saludos

Katy dijo...

Terrible relato, con lo ricas que son las sardinas. Jamás pensé que fueran desechadas después de pescadas. Menudo olorcito tiene que haber en esa zona. Desde luego que aprender aprendemos pero este aprendizaje deja mal sabor de boca.
Bss y feliz semana

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando: siempre aprendo algo nuevo leyéndote y escuchándote como el sábado. Parece un relato de terror y supongo que lo es para quienes tienen que vivirlo. Un abrazo

MTTJ dijo...

Cuesta imaginar lo dura que puede llegar a ser la vida en África. Los pocos recursos que tienen les son expoliados por el llamado primer mundo y luego incluso nos puede llegar a molestar que vengan a intentar ganarse la vida.
Complicado, muy complicado.

Un saludo

PD. Me alegro de que te hayas animado a colgar más fotografías.

Un saludo

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Gran sensibilidad la tuya. Sólo viviendo de cerca este tipo de injusticias se puede uno acercar al sufrimiento humano.
Un abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

@Gildo - Así es, llevamos viviendo de ellos mucho tiempo. El fuerte del débil. Muy triste. Saludos.

@Katy - A mi me sorprendió bastante y lo que más me extraño es que toda la población las ignoraba.

@Rafabartolomé - Yo también aprendo mucho de vosotros. Lo del sábado, aunque breve estuvo genial, a pesar de que te rieses de mis dotes futbolísticas ja ja.
Más que de terror, es un poco triste ver la sensación de derrota que se percibía.
Un abrazo

@MTTJ - eso es a veces lo que me sorprende, que encima nos quejamos después de haberles "comprado". También me encontré con gente que se quejaba de lo que hacemos los del primer mundo, pero sólo viven para tener el último móvil, no trabajar y vivir de las ONG's. De eso también hablaré otro día. Como dices, muy complicado.
Un abrazo

PD - subo varias fotos de vez en cuando, pero como ves son bastante normalitas y sacadas sin encuadrar no enfocar bien ni nada de eso. Torpe que es uno.

@Javier .- Cuando te acercas, aunque sea sólo de refilón cambias muchas cosas.
Un abrazo

Myriam dijo...

Impresionante relato y espantoso lo de las sardinas, con gente en otras partes de África muriendo de Hambre. Te cuento que mientras te leía, me llegaba hasta aquí, el olor a pescado podrido.

Besos

Asun dijo...

Se ponen los pelos de punta leyendo esta entrada, Fernando.

Un beso

Fernando López Fernández dijo...

Hola Myriam:
La verdad es que es una de esas contradicciones extrañas que tiene el mundo, pero también te digo que alí no hacen mucho por solventar la situación.
Un beso

Fernando López Fernández dijo...

Hola Asun:

A veces no es tanto lo que ves como lo que significa cuando lo ves.
Un beso

Anónimo dijo...

hola, me ha encantado leer tu crónica del viaje a kafountine, yo llevo dos años yendo, lo conozco bien, y mis impresiones no son tan poco alagueñas, cierto q hay poco pescado, q trabajan mucho por nada, pero alli se tira poco, siempre hay mucha gente en la playa recogiendo cada pescaito q se cae. Me he bañado muchas veces en la playa justo delante del hotel amador, pq me alojaba allí, y jamás vi un pescado muerto, ni huele mal. Es un paraíso digno de visitar, la llegada del pescado es absolutamente fascinante. La pena es q les estén esquilmando su pescado, y su medio de vida, eso es lo realmente duro. Aconsejo a cualquiera visitar la zona, un paraiso!

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@anonimo - Me alegro de que te haya gustado la crónica. Kafountine es un lugar maravilloso, pero tiene sus sombras como sabes. Las fotos corresponden a la playa, cerca del hotel de Amador, que supongo te habrá contado varias historias sobre el lugar y sobre la forma en que paises como España y Francia se están llevando lo mejor de los caladeros.

Un saludo y gracias por pasarte.

Soul Business

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