domingo, 12 de febrero de 2012

Cómo nos gusta malmeter


Hace tiempo que tenía ganas de escribir sobre esto. La que se ha liado con los guiñoles franceses es una excusa perfecta para hacerlo. El cabreo que se ha pillado el personal por la emisión de varios programas, en los que se pone el tela de juicio la honradez de los deportistas españoles y en el que se sugiere que detrás de los éxitos abunda el dopaje, y no el esfuerzo, el trabajo y el talento, se ha convertido prácticamente en una cuestión de estado y no son pocas la voces que exigen una rectificación y disculpa por su emisión: el que las acusaciones se hayan en un programa satírico y de humor, es decir, en un contexto “no oficial”, más que quitar hierro al asunto, ha provocado un encabronamiento general contra nuestros vecinos de al otro lado del Pirineo, a los que en la replica se les menta, no pocas veces, con el nombre de gabachos o franchutes seguido del apellido “de mierda” (que es sin duda el apellido más popular, el apellido “comodín” que suelen utilizar aquellos que se ciegan cuando alguien o algo les incomoda); aunque mentar a la familia de uno, normalmente a la madre, también es muy socorrido y utilizado: ni es positiva una cosa ni la otra.

Aparte del dudoso gusto que tiene un humor en el que se atenta contra la honorabilidad de las personas, en el fondo, lo que subyace es la mala baba, la envidia, el odio o la impotencia: otros lo llamarían ganas de “tocar los cojones”, pero esto no se suele decir por aquello de lo políticamente correcto.

Esto no es nuevo y, desde luego, no es exclusivo de los franceses, sino más bien un mal endémico para el que no se ha inventado vacuna: basta con que alguien tenga capacidad de influencia para poder tergiversar la información, convertir medias verdades en verdad absoluta o crear opiniones interesadas que las más de las veces su objetivo final es soliviantar al personal y dividir. Pasa mucho: lo de los guiñoles se han pasado tres pueblos; pero también lo hacen los medios de comunicación dirigiendo opinión en lugar de informar: es muy revelador ver las secciones “Opine sobre…” en el que los debates se convierten en una retahíla de acusaciones e insultos.

El otro día, por ejemplo, sentí vergüenza ajena. Estaba viendo en un bar el partido de vuelta de la copa del rey y una buena parte del personal, aparte de estar viendo otro partido (la pasión ciega y eleva la voz) no pararon de insultar y ofender a todo lo que no era blanco: lo curioso es que estos mismos que exigen respeto para su pueblo, su nación, su familia, o sus ideas en cuanto la ocasión se lo permite, se ponen a la misma altura de los guionistas del programa francés: si hay una enfermedad que no se cura es la de memoria selectiva.    

No tengo muy claro si todo se debe a una cuestión de baja autoestima, de envidia, de odio aprendido o simplemente que la humanidad es tonta del culo: posiblemente sea una mezcla de todo pero uno empieza a estar muy aburrido de aquellos que creen que el éxito siempre viene precedido de dudosas artimañas, de aquellos que creen que el que una persona haya nacido en un determinado lugar obliga a defenderlo aunque moral y éticamente sea indefendible; aburrido de los que cuestionan y critican las acciones de otros justificando y bendiciendo las suyas aunque éstas sean idénticas; cansado de aquellos que toman la parte por el todo y meten a todo un colectivo en el mismo saco calificando siempre peyorativamente, ya se trate de políticos, banqueros, empresarios, sindicatos, community managers, ingleses o habitantes de Lepe; aburrido de los que sólo oyen lo que quieren escuchar renegando de la posibilidad de otra “verdad”; cansado, en fin, de los que allanan el camino a un mundo más violento e irascible.

A todo el mundo le duele que le insulten, vayan diciendo cosas negativas por ahí, pero no es menos cierto que “no ofende quien quiere, sino quien puede” como dice el dicho: a todos nos tocan las narices de vez en cuando, todos debemos soportar al que malmete directa e indirectamente, todos escuchamos, en nuestros entornos más cercanos criticas e insultos hacia los que no están presentes. Situaciones, que no por desagradables, son habituales. 

Desahogarse no es malo, lo malo es hacerlo mediante la envidia, el odio y la crueldad: mal metiendo.

Lo peor: que no tenemos remedio, y en este saco si que estamos todos: españoles, franceses, blancos, negros, amarillos; los de allá, la vieja del visillo y una señora de Cuenca que me han dicho que también larga lo suyo.

¡Vaya tropa!

8 comentarios:

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

¡Que bien!
Me alegro muchísimo de que trates este tema, porque esto es "la leche".
En realidad también podríamos hablar del "efecto masa" o del efeto "a donde va Vicente, va la gente", porque por mucho que ha avanzado la sociedad, sigue habiendo quien sabe qué teclas hay que tocar para llevarnos a donde sea, es decir, a una guerra, al racismo, a la xenofobia, a... alimentar el odio por el odio.
Esto sigue siendo la leche.
Muy buena reflexión.
Un abrazo.

Katy dijo...

Muy buen post. En todos los sitios se habla de lo mismo.Desde los empleados de los supermercados hasta los caballeros encorbatados.
Se ha convertido en el tema más importante con la que está cayendo.
Mi impresión es que no es envidia sino orgullo mal entendido un poco y la tonteria por otro.
Me viene a la cabeza el comentario que hizo Averell Harriman (secretario de estado noerteamericano) cuando hablaban mal de un dictador nicaraguense dando la razón con esta frase
" Estamos de acuerdo que era un hijo de P; pero era nuestro hijo de P."
Aqui podemos poner a parir a todo quisquí pero que no venga nadie de fuera hacerlo.
El programa es grosero cierto y no viene a cuento ofender. Pero no es normal este revuelo que se ha montado tampoco.
Bss y buena semana

Pedja dijo...

Pedazo de post Fernando¡¡ conviene recordarnos esto muchas veces aunque me temo que no hay mucha solución para esta realidad. En la natraleza humana está el comprarse con los demás hasta un punto enfermizo... un abrazo y enhorabuena.

JLMON dijo...

JE - JE
En este tema, como bien apuntas, no se libra nadie. Cuando no son los franceses, son los andaluces, los catalanes o los vascos, es igual!
El otro día le comentaba a mi hijo en uno de esos momentos de "aguelo sabio":
Nunca le des una patada en los huevos a alguien que tiene un martillo en la mano.
Me contestó: ¿Y si yo tengo también un martillo?
Ya podeios construir algo juntos, le contesté.
Cuidate

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando: totalmente de acuerdo contigo. La verdad es que a mí todo lo que se haga con humor no me suele molestar. En este caso creo que nos hemos pasado todos: ellos por mal gusto y nosotros por patrioteros. Lo que dices si aquí nos hubiéramos callado sólo habría quedado en el aire el mal gusto. Ejemplo de sentido del humor: "Piqué levanto las dos manitas con diez deditos(que raro a ninguno del Madrid se le ocurrió; ¿estaremos mejorando?). Un abrazo

Myriam dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Myriam dijo...

y lo peor es que se excusan en la libertad de expresión, malentendida por su puesto. Porque no puede haberla sin responsabilidad, que implica no humillar, agraviar o insultar a otro.

No vi esos programas franceses, pero por lo que dices, son vergonzosos. El Gob Español hizo muy bien en quejarse.

Besos

Fernando López Fernández dijo...

@JavierRodríguez - Eso es, el efecto masa, el dejarse llevar. Una pena.
un abrazo
@Katy - Gracias por la correción gramatical. Es cierto, somos muy malos aceptando la crítica (justificada o no) Buena anécdota la que nos dejas. Besos.
@Pedja - Compararnos y hacernos mala sangre hasta un punto enfermizo Pedro. No tenemos remedio. Un abrazo.
@JLMON. My bueno José Luis, pero que muy buena tu historia de "agüelo sabio". Un abrazo.
@RafaBArtolomé - El problema es que no para nunca, observa lo que se está haciendo con el Barça estos días.
@Myriam - Yo no se si ha hecho bien o mal, pero creo que el gobierno español debe centrase en solucionar otros problemas antes. Un beso

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