martes, 24 de enero de 2012

Poderoso caballero


Poderoso caballero es Don Dinero rimaba Francisco de Quevedo hace ya unos cuantos siglos. No fue el primero en hablar de ello ni será el último. La pasta, el parné, el vil metal, chito, viruta o como lo querías llamar, bien en su versión en metálico o en forma de patrimonio, bienes, capital o fortuna es el eje sobre el que gira nuestras vidas y el que, a su vez, acaba por cambiarla: para bien o para mal, aunque generalmente es para mal.

El otro día, por esas tonterías mías de darle una vuelta al coco, pensaba en cómo el dinero nos afecta directa o indirectamente a la hora de comportarnos, de crecer o ser.

Desde hace años, en el mundo sólo se habla de dinero; es #trendingtopic diario de nuestras vidas; desde hace años se encargan, y a la vez nos encargamos, de decir lo importante que es; desde hace años, seguimos engañándonos creyendo que su posesión arreglará nuestras vidas (no digo yo que no sea útil para “tapar agujeros”) pero de ahí a que nos ponga en bandeja la felicidad media un abismo.
Ha conseguido dominar de tal manera nuestras vidas que somos presos de su ausencia o de su exceso.

Si no lo tienes o lo debes, date por jodido: conseguir crédito o financiación será complicado. (que se lo pregunten a media Europa en sus versiones gobierno, empresas o ciudadanos). 
No es nuevo, ya lo decía Mark Twain: “El banquero es un señor que nos presta el paraguas cuando hace sol y nos lo exige cuando empieza a llover”.

Si lo tienes, estás preocupado por no perderlo o por aumentarlo. Esto, que no es malo per se, puede convertirse en algo muy dañino. En ambos casos, puede acabar convirtiéndose en una obsesión que puede modificar nuestro comportamiento, enganchándonos como unos adictos que necesitan aumentar sus dosis.

El triunfo, el éxito, se asocia al dinero y, como digo, cada día nos lo recuerdan a través de medios, palabras o “ejemplos”. Hay muchos triunfadores, gente de éxito y verdaderos millonarios que su cuenta corriente es eso, corriente, vulgar (si la tienen); que no salen en las listas Forbes ni en las de los más ricos sino de forma aislada en un suplemento dominical o en Mundo Negro; gente que no está en un ranking porque no interesa y no vende.

La ambición no es mala, la mala ambición si lo es: es la que lleva a que se hagan cosas ilícitas, o a costa del sufrimiento de otras personas; la que lleva a fijarnos y querer ser como otros y no como lo que somos; la que elige el camino fácil y no el correcto.

Sólo avanzaremos y cambiaremos realmente cuando dejemos de escuchar que sin dinero no podemos hacer nada, el día que dejemos de plegarnos a sus exigencias y podamos invertir nuestro tiempo, esfuerzo y talento en construir y no en salvar los muebles que nosotros, a sugerencia de otros (que tenían más dinero) compramos a plazos encadenándonos a lo que nos da la vida y nos mata.

Mientras tanto, o vamos cambiando un poco el chip o nos puede pasar lo que a este profesor que extracto del libro 101 cuentos clásicos de china recopilados por Chang Shiru Ramiro Calle.

Era un profesor que destacaba por su rigor y adusto carácter. Golpeaba con una vara a sus alumnos en cuanto éstos cometían una falta. Cierto día, el severo profesor descubrió a uno de sus alumnos copiando en el examen y le dijo que al día siguiente quería verlo en su despacho para tomar medidas muy serias. El alumno ya sabía muy bien qué clase de medidas iban a ser.

A la mañana siguiente, el alumno llegó tarde a la cita. Se disculpó.

—Perdóneme, profesor. Mi tardanza ha sido debida a que he heredado una buena suma de onzas de oro y estaba haciendo planes de cómo distribuirlas.

—¿Qué vas a hacer con tu fortuna? —inquirió el profesor.

—Lo tengo muy bien planeado. Invertiré una suma en hacerme una casa y amueblarla; otra parte en hacerme con los sirvientes oportunos; también daré una fiesta, y, por supuesto, utilizaré una buena parte para libros y otra para obsequiar con ella al hombre que más me ha enseñado en este mundo: mi profesor.

El profesor se sintió encantado y halagado. Apenas podía creérselo. Su ira se había desvanecido como el rocío al despuntar el sol.

Déjame que te corresponda —dijo el profesor—. Voy a invitarte a una opípara comida.

Comieron hasta hartarse y bebieron hasta emborracharse. En su embriaguez, empero, el precavido profesor preguntó:

—¿Has guardado bien seguras las onzas de oro?

¡Qué fatalidad, profesor! Créame que iba a guardarlas en un lugar muy seguro, cuando mi madre tropezó conmigo y me despertó. Busqué las onzas pero se habían esfumado.

10 comentarios:

Myriam dijo...

Y pensar que los caballeros Templarios crearon la Banca y con muy buenos motivos.

Ya nadie lo recuerda.

Tienes razón, personalmente la atención yo la pongo en hacer las cosas que me interesan. El dinero para lo justo y necesario, siempre me aparece. COmo lo del Photoshop. EL dinero no es malo ni bueno, lo malo o bueno es como se ultiliza.

Un abrazo

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando: creo que dices verdades a puños y que estoy contigo, pero bueno me gustaría, aunque fuese una breve temporada, estar un poco al otro lado para asegurarme de todo lo que escribes, ja ja. Me ha gustado y hecho pensar. Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Myriam:

eso dicen y eso fue el origen de su desaparición también. las cosas como deciá Javier y apuntas hoy tu tambiñén no son ni buenas ni malas, depende de nostros el que lo sean.

un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Rafa:

Pues con una buena primitiva se soluciona no? ja ja.
Un abrazo

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

¡Uff! No quiero ni imaginar lo que pasaba a continuación :)
Un abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

Pues imagínate Javier...
un abrazo

Katy dijo...

“La pela es la pela y de vil metal no sé, porque mira que se han vertido ríos de sangre y no menos de tinta por el.
Decimos que no es lo primordial de la vida y es verdad, pero sin ella no podemos dar ni un paso. Es vital para vivir o sobrevivir. Pero no hay porque elegir el “Tener o el SER”, no son incompatibles. Lo que es difícil calibrar la medida de nuestros deseos.
El profesor era sumamente ambicioso e interesado, y el alumno un vividor. Nunca se debe prometer lo que no puedas cumplir. Ni ser tan lisonjero por interés.
Muy bien traído Fernando el cuento de Ramiro Calle,
Bss

JLMON dijo...

Poderosa reflexión!
A veces me prefunto qué hubiera pasado si hubieramos continuado con el canje puro y duro...
Dos patatas - 1 usb
2 vacas - 1 iPad
No se donde metería Apple tanta vaca loca...
je-je
Cuidate

Fernando dijo...

Fernando, como siempre estupendo post y grandes reflexiones las que nos dejas.

Como apunta Myriam, el dinero no es ni bueno ni malo, como casi todo, lo que importa es el uso que le damos.Ocurre, sin embargo, que suele sacar lo peor de cada uno cuando no se tiene la cabeza bien amueblada. Consecuencia de que nos lo vendan como un valor. Como el otro día hablábamos, se tiende a confundir lo que somos con lo que tenemos.

Un fuerte abrazo

Fernando López Fernández dijo...

@Katy - Lo que es difícil es calibrar la medida de nuestros deseos. Esa es la clave, si lo hacemos todo va bien, pero como se nos vaya la cabeza...
Un beso.

@JLMON No creas José Luis que yo también me lo pregunto, pero siempre me doy la misma respuesta: No tenemos remedio y se nos va de las manos. Un abrazo.

@Fernando - Ese es el problema que nos lo venden como valor y tenerlo es una virtud. Yo también estoy de acuerdo en lo que dice Myriam y Danza Invisible : No me gusta el dinero más de lo necesario (para uno claro je je)
Un abrazo

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