jueves, 26 de enero de 2012

No se acaban las calles

Ya os he hablado en otras ocasiones de mi afición por pasear. Cuando salgo de trabajar, procuro, todos los días, darme un paseíto antes de regresar a casa. Normalmente tomo el metro o el autobús y, a una distancia de dos o tres kilómetros, me apeo y comienzo a caminar. Me gusta, me hace sentirme bien, feliz, me reconforta y me reconcilia con el ser humano.

Disfruto de cada paso, aunque en ocasiones lo que veo y percibo no sea de mi agrado. Para mi, cada paso es un nuevo descubrimiento, una oportunidad de jugar con la mente, de asombrarme o de sentir nostalgia del pasado o del futuro.

Camino acurrucando pensamientos, ideas: pequeñas reflexiones en movimiento; reflexiones fugaces que acaban unos metros adelante cuando fijo la mirada y la mente en otro lugar o persona, pero tan intensas, que por sí mismas se graban en mi disco duro. Más tarde, voy relacionando, haciendo mezclas con otras ideas y saco mis propias conclusiones o teorías. 
Absurdas muchas, brillantes otras (que la perspectiva o la vaguería a veces apagan), pero, en cualquier caso entretenidas y útiles para seguir manteniendo un cierto nivel de locura, necesaria en un mundo tan estandarizado y automatizado.

Para que os hagáis una idea de mis rarezas, el otro día paseaba por la calle Bravo Murillo (ese rompeolas de las Españas, las Américas y el Magreb que siempre está lleno de vida) escaneando con la mirada en 180 grados todo lo que ocurría a mi alrededor al tiempo que esquivaba personas cuando mi mirada se fijó en una bolsa de supermercado que llevaba una mujer entrada en años y por la expresión de cuerpo y cara de derrotas. La bolsa estaba mediada y deduje por la inclinación de la mano que la sostenía que si bien no llevaba mucha compra, ésta era pesada. Era evidente que la carga incomodaba sus andares, pero también que aceptaba llevarla con normalidad, con dignidad.

Ese instante me llevó a pensar en las cargas que cada uno de nosotros en un momento u otro de nuestra vida debemos llevar. Puede tratarse de una tarea que nos han encomendado, de un compromiso adquirido, de una responsabilidad. En cualquier caso, de una carga que no podemos abandonar y debemos procurar llevarla como la mujer, con normalidad porque forma parte de nuestra vida. No podemos huir de nuestra responsabilidad.

Pasado el flash, mis ojos se toparon con un señor que vendía perros, patos y gatos de peluche, de esos que se daban cuerda con la mano y el juguetito hacia monerías. Casi nadie reparaba en su mercancía, pero el continuaba dando cuerda a los animales. Lo hacía de una manera metódica y tranquila, como si lo hubiese hecho toda su vida. Lo imaginé de pie, sentado, agachado, viendo como pasaban las horas con la esperanza de que la más que probable exigua recaudación le permitiese volver al día siguiente. Ello me llevó a pensar en que la vida no nos prepara para la obsolescencia. En ocasiones ni nos avisa, convirtiéndonos en seres vulnerables, con pocas posibilidades de evitar el fracaso porque como decía Humphrey Bogart en Casablanca “alguien nos informo mal”.

Da lo mismo lo que encuentre mi mirada, las calles inspiran, sugieren, aconsejan, emocionan y me hacen sentir ya sea la vista de un edificio, una luz, un cartel, una publicidad de un negocio, un olor, un gesto.

Jamás vuelvo a casa por el mismo lugar, cambio de calles, de aceras, me desvío, las cruzo, repito algún tramo, alguna vez me extravió pero no convierto el paseo en rutina: es la manera de recordarme que la vida ofrece muchas posibilidades, que el instinto también nos ayuda a decidir, que debo procurar que todos los días sean diferentes y que esté satisfecho con todos ellos: aunque tenga que llevar cargas, aunque sepa que nada es para siempre.

Por eso, para mí, y toquemos madera, No se acaban las calles.

Feliz fin de semana

Hoy os dejo la canción No se acaban las calles de mi admirado Antonio Vega y su grupo Nacha Pop que he utilizado para titular el post.

6 comentarios:

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando:íntimo tu relato. Me ha gustado. Como me ha parecido leer en alguno de tus últimos pots, dices que yo suelo decir que hoy he quedado conmigo; estos viajes que haces por las calles no son sino eso mismo. A veces no vemos lo que tenemos delante de los ojos porque no nos fijamos de lo más cercano; no sé explicarlo muy bien pero en ocasiones por intentar conseguir en esta vida algo que no está a nuestro alcance nos privamos de lo que realmente sería fácil de conseguir. Un abrazo

Katy dijo...

Hola Fernando, ni he podido entrar estos días. Mi ordenador va fatal. He llamado para que me lo revisen.
Curiosa coincidencia. Pero no tanto porque a los dos nos encanta caminar, curiosear y observar. Es en las calles dónde se toma el pulso a una ciudad.
Bss y buen finde

Myriam dijo...

jajajaja ya veo que tus gustos musicales no son los mios....peor me encanta esta práctica que haces de caminar, que es un excelente ejercicio y además hacerlo siempre cambiando el itinerario y observando lo que la vida te va mostrando.

Un beso
PD. Yo cada vez utilizo menos el coche.

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Serías un magnífico fotógrafo.
Una gran pérdida para la humanidad.
Un abrazo.

MTTJ dijo...

Una genial manera de acabar el día y sacarle jugo a la cotidianidad.
Disfruta del fin de semana.

Fernando López Fernández dijo...

@RafaBartolomé - Se trata de eso, Rafa, de quedar con un mismo y tomar perspectiva para, diogamos, centrase un poco.
Un abrazo

@Katy - ya ves, compartiomos aficiones además del paseo (viajes, cocina y lectura)Las calles nos ofrecen un poco de todo.
besos y feliz semana.

@Myriam - No en todo hay que coincidir ja ja. pasear es una buena receta para la mente.
besos

@JavierRodríguez - No creas Javier, la jhumanidad ya tiene bastantes como tu o andrea je je. Un abrazo

@MTTJ - Así es Maria Teresa, hay que sacrle todo el jugo posible. Pasera es una forma de viajar.
un abrazo y buena semana

Soul Business

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