martes, 6 de diciembre de 2011

Algún día te puede tocar a ti

Viernes por la noche: veintiuna horas Madrid. Calle Gaztambide, farolas apagadas. Los veo caminar muy juntos, muy despacio, muy abrigados. Ella, obligada a mirar al suelo porque la vida siempre te dobla; él apoyando cada paso con un bastón: fragilidad que deja el paso del tiempo.

De vez en cuando se paran y se apartan para dejar paso a otros viandantes que caminan más rápido; gente con bolsas que salen de hacer la compra, pandillas que van a los bares cercanos riendo a voces, vecinos del barrio que pasean a sus perros. Los veo pararse a la altura de una librería cuyo escaparate ofrece algo de luz. Cuando me cruzo con ellos nos miramos a los ojos. Sólo es un instante, apenas unos segundos, lo suficiente para saber que tienen miedo.

Sábado por la mañana: diez horas Madrid. Antes de ir al mercado a hacer la compra me detengo a tomar un café. En una de las mesas, con manos temblorosas una mujer moja un trozo de bizcocho en una gran taza. De repente se le cae un pedazo que le salpica a ella y a otra mujer que parece ser su hija. Pide perdón y acata la regañina sumida en su silencio y su tristeza.

Al llegar al mercado espero mi turno en la panadería. Delante de mí, otra viejecita, duda a la hora de elegir el pan. La cola se impacienta y resopla. Cuando va a pagar saca un pequeño monedero y deposita las monedas sobre la vitrina. Son muchas y las cuenta poco a poco apartando cada moneda con el dedo; se confunde varias veces al hacerlo. Un hombre da una voz: ¡Dese prisa señora! lo que provoca más nerviosismo en la pobre mujer quien, al final, es ayudada por la panadera. Se aleja avergonzada.

Otro anciano, le pide al carnicero leyendo una lista escrita a boli en un papel a cuadros. Éste, muy simpaticote le atiende pero le mete gramos de más y no precisamente los mejores cortes. El hombre no protesta, pero de alguna manera sabe que cuando llegue a casa la va a tener.

Camino por Princesa. Se multiplican las personas mayores que van acompañados por emigrantes, agarrados a brazos extraños mientras la nostalgia de la sangre punza sus corazones.

Un día cualquiera, a cualquier hora, en cualquier lugar, miles de ellos son vejados, maltratados, engañados, robados, ignorados o utilizados. Pensamos que son ignorantes porque no saben que es Internet, torpes porque no se manejan con un móvil, ingenuos porque se abusa de su buen fe, cabezotas porque tienen sus propias convicciones, pesados porque tardan un montón en hacer las cosas…

Están solos, abandonados a su suerte. A medida que su vida se va apagando se les va negando lo único que realmente anhelan, que no es más que cariño, comprensión y respeto: una sonrisa, una mirada, ternura, un beso, una palabra.

Dicen que la naturaleza es sabía, que es ley de vida; frases por otro lado que utilizamos a conveniencia bien para justificarnos o como comodín que absuelve nuestros errores.

Más bien, lo que deberíamos saber es que la naturaleza es cruel y que la única ley de vida, si alguien ha legislado esto, es vivir.

Nos estamos equivocando, pero algún día nos puede tocar a nosotros si no vamos cambiando. No debemos olvidarlo.

Feliz día

   

9 comentarios:

Katy dijo...

Por desgracia estamos en la era de usar y tirar y los ancianos la mayoria no sirven más que para estorbar. Lo nunca visto. En sus ojos se refleja como bien dices el terror.
Es difícil que nos toque porque para eso se ha inventado la eutanasia.
Están solos, abandonados a su suerte. como dices porque dar amor y cariño no cuestan dinero pero parece que cuesta la vida misma.
Lo dificil Fernando no es dar, sino darse. Dar tu tiempo, tu cariño, tu oído y tus manos, y eso se llama crisis de valores.
Bss

JLMON dijo...

Sería creativo empezar al reves....Nacer viejecito y sabio y poder aportar toda esa sabiduría a los cincuenta, cuarenta, treinta, veinte y hasta los cinco añetes...
Cuando la memoria llama una y otra vez a tu puerta, ha llegado tu otoño.
Cuidate

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hermosas palabras que demuestran que ahí hay un corazón sensible.
En días como hoy me alegro aún más de compartir espacio bloguero contigo :-)
Un abrazo.

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando. Qué razón tienes en tu escrito. Una tarde me pelee verbalmente con un gilipollas vasco en San Mamés porque se metió con mi padre, ya mayor, al ir a acompañarle al servicio. Le increpó diciendo que si estaba viejo para ir al fútbol que no fuese. Después de varias palabras en voz alta le dije que muy pronto el no tendría a nadie para acompañarle; la gente de alrededor, vascos también, aplaudieron mi comentario. ¡Ah! el Madrid ganó 4-1 ( goles 2 de Butragueño, Hierro y Hagi). Un abrazo.

Pedja dijo...

Y si no nos toca a nosotros peor aún, significará que no hemos llegado a ancianos y a que el tiempo nos deje fuera de juego, gran post, enhorabuena y gracias, un abrazo.

Asun dijo...

Escenas como esas las vemos en todos los lugares y a todas horas. Vivimos en una sociedad dominada por la prisa y en la que hay demasiada gente que sólo se mira su ombligo.

Besos

Myriam dijo...

Es una tristísima realidad de la que tenemos que tomar conciencia. haces muy bien en arrojar luz al tema. Todos, ojalá, llegaremos a viejos y nos tocará.

Yo trabajé muchísimo con Tercera Edad y lo disfruté mucho también.

Un beso

Fernando López Fernández dijo...

@Katy Tu frase final lo resume todo lo difícil no es dar sino darse. En otros lugares a los mayores se les respeta mucho. Besos

@JLMON - Sería creativo aunque tengo mis dudas de que fuese mejor. Difícil comprobarlo y buena frase la que me dejas para TS. un abrazo

@JavierRodríguez - El que se alegra soy yo teniéndote cerca. Un abrazo

@Asun - Así es , tendemos a mirar hacia nuestro ombligo y eso acaba por hacernos insensibles a lo que ocurre a nuestro alrededor. Un beso

@Myriam . Yo también estuve trabajando con ellos una temporada, en algunos casos fue duro por el panorama que tenían encima pero fue gartificante.
Un beso

@Rafa - La gilipollez no tiene patria y en todos los sitios cuecen habas. Un abrazo

@Pedja - Un placer como siempre verte por aquí. No sé si fuera de juego pero me da la sensación de que esto cada día va a peor. Un abrazo y gracias por pasarte.

cristal00k dijo...

Suscribo el comentario de Katy, de cabo a rabo, sobre todo su último párrafo:

"Lo dificil Fernando no es dar, sino darse. Dar tu tiempo, tu cariño, tu oído y tus manos, y eso se llama crisis de valores."

Se puede decir más alto, pero no más claro.

Emocionante post, amigo.

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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