martes, 4 de octubre de 2011

Recordando algunas historias publicadas en martes


Continuamos.


Una antigua historia china cuenta el caso de un príncipe que era extraordinariamente aficionado al arte de la arquería. La verdad es que, como era de débil complexión, tenía que servirse de un arco de peso ligero y que, por tanto, no tenía capacidad para lanzar las flechas a distancias muy largas. Sin embargo, el príncipe estaba muy satisfecho con su arco y la potencia que con el mismo podía desarrollar. Aunque el arco era fácilmente sostenible, los consejeros lo cogían y simulaban que pesaba tanto que sólo los «fornidos» brazos del príncipe podían sostenerlo y tensarlo.

Cada vez que el príncipe disparaba con el arco, le decían:

— ¡Fabuloso! ¡Qué destreza, qué potencia! Y nosotros ni siquiera podemos sostener tan pesado arco.

El príncipe no cabía en sí de satisfacción. Estaba convencido de que sólo él podía sostener el arco, y que mediante su fortaleza y habilidad lograba proyectar la flecha a considerable distancia. Y en ese engaño vivió durante años... Pero un día recibió una invitación para participar en un torneo de tiro con arco que llevarían a cabo los príncipes de varios reinos. Los consejeros hicieron todo lo posible para conseguir que el príncipe desistiera de acudir a la competición. Pero el arrogante príncipe aseguró que iría y asombraría a todos con su inigualable destreza.

Llegó el día de la competición. El príncipe estaba realmente exultante. La diana había sido situada a una buena distancia. Todos lo príncipes, con mejor o peor puntería, lograron que sus flechas llegaran hasta el área de la diana. Llegó el momento crucial para el príncipe bobo. Se pavoneaba descaradamente manejando con soltura su muy «pesado» arco. Tensó el arco, disparó y la flecha no alcanzó más que medio recorrido. Avergonzado y a la vez irritado, lo intentó de nuevo y nuevamente la flecha sólo alcanzó medio recorrido, ante las risas y burlas de los presentes.


Isla de Gore - Senegal 

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

Eduardo Galeano – El libro de los abrazos post: Los nadies

4 comentarios:

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Si no hay como ser rey para que te doren la píldora a todas horas :)
Un abrazo.

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando: te advierto que a muchos se la doran sin llegar al último escalafón en la corte. Sí, la vanidad suele dar malos resultados.
El libro de los abrazos es una maravilla. Te doy uno de los míos.

Fernando López Fernández dijo...

Hola Javier:

Ya te digo.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola rafa:

Muchos, pero que muchos malos resultados. la vanidad ciega y confunde. El libro de los abrazos me lo regalo tu hija y es uno de mis favoritos.
Un abrazo

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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