domingo, 2 de octubre de 2011

Recordando algunas historias publicadas en lunes


Esta semana vamos a publicar algunas historias y anécdotas que han aparecido por el blog a lo largo y ancho de su existencia. Releyendo algunas, tengo la sensación que podían haber sido utilizadas para hablar de un tema distinto del que hablé en su momento. Como siempre, no existe una única posibilidad y a cada uno nos puede sugerir una cosa distinta. Eso es lo bueno.   

Cada día de esta semana reproduciré las historias, cuentos o anécdotas  teniendo en cuenta el día que en que se publicaron. Hoy toca lunes y además Thinking Souls


Sapa - Vietnam

Un día, cuando un leñador se preparaba para salir a trabajar, no encontraba su hacha. Buscó por todos los sitios en vano. Trató de recordar dónde la había dejado el día anterior. Únicamente se acordó de que el niño del vecino lo estuvo observando mientras él partía leña en el patio. ¿No habrá sido el chico? Se le ocurrió que el hacha pudiera haber sido robada por el niño. Mientras seguía buscando infructuosamente en las habitaciones, crecía su sospecha. Cuando removió en vano las cosas del patio llegó a confirmar con certeza su conjetura.

—Seguro que ha sido él. Me estuvo observando hasta que terminé el trabajo —pensó. Incluso pudo imaginarse cómo entró el niño sigilosamente en su patio y se llevó el hacha corriendo. Justo en ese instante, el presunto ladrón se asomó por la tapia que separaba los dos patios, preguntándole:

— ¿Va a cortar leña otra vez?
El leñador lo miró con profundo resentimiento, tratando de interpretar el doble sentido del pequeño diablo.

—Sí. Ojala pudiera cortar también las manos del ladrón.
Al oír eso, el chico desapareció tras la tapia, de lo que dedujo el leñador que se sintió aludido.

Desde ese momento, el dueño del hacha siempre observaba el comportamiento del niño. Le parecía que su forma de andar sigilosa, su mirada huidiza y su hablar titubeante revelaban indudablemente su culpabilidad y su condición de ladrón. La sospecha creció, se consolidó y se convirtió en una categórica certeza. Ha sido el. Conforme iba pasando el tiempo, el hombre veía al niño cada vez más como un ladrón y cada vez más encontraba en su comportamiento indicios de haber hurtado su hacha.

Pero, un buen día, por pura casualidad, descubrió su hacha en el sitio menos pensado, dentro del montón de leña cortada.

Se acordó repentinamente que la dejó allí olvidada. A partir de ese momento, el niño le parecía totalmente distinto. Ni en su forma de andar, ni en su mirada, ni en su modo de hablar encontraba nada raro. Era un niño simpático, sincero y completamente normal en su conducta.

La sombra de la sospecha en: El lado oscuro de la percepción

Quetzaltenango - Guatemala 

Tras la denuncia de un robo, varios sospechosos fueron detenidos y sometidos a interrogatorios. Rechazaron unánimemente haberse involucrado en el caso y se declararon todos inocentes. Como no había pruebas, ni testigos que pudieran comprobar su culpabilidad, el juez iba a soltarlos cuando se le ocurrió una buena idea. Les dijo entonces a los detenidos:

—Fuera de la ciudad hay un templo budista famoso por su campana misteriosa. Fue obra de unos monjes muy inteligentes y es capaz de distinguir la verdad y la falsedad. Nunca ha fallado. Ahora veo que no tenemos más remedio que acudir a la sabiduría y la magia de nuestros antepasados para aclarar el caso.

Antes de salir, dispuso secretamente que se adelantara su ayudante para preparar la campana. Luego llevó a los presos al recinto sagrado. La campana mágica se encontraba en la parte posterior de la sala de los Reyes Celestiales. El juez hizo una reverencia solemne a la campana, tras lo cual ordenó a los presos ponerse de rodillas para rendirle el máximo respeto. Luego se dirigió a los presos.

—Para comprobar vuestra inocencia no tenéis más que entrar en la sala, poner la palma de la mano en la campana y decir mentalmente: «Yo no he robado.» Si realmente es así, la campana se mantendrá silenciosa. Pero si es mentira lo que decís, se oirá una fuerte resonancia, con lo que atestiguaremos vuestra culpabilidad. Ahora pasad uno a uno al interior de la sala y haced lo que os he dicho.

Los presos entraron individualmente para tocar la campana y jurar inocencia. Dentro de la sala había muy poca luz y no se veía muy bien la actuación de los detenidos.

Al cabo de un buen rato, salió el último preso, sin que la campana denunciadora sonara ninguna vez. Relajados y evidentemente satisfechos de la prueba, los presos esperaban que el juez los pusiera en la libertad. Sin embargo, el juez ordenó: ¡Enseñadme las manos!

Los presos le obedecieron sin saber el motivo. Allí comprobó el juez que todos tenían las manos manchadas de tinta negra, excepto uno que las tenía limpias. El juez lo señaló, afirmando con tono tajante: -¡Tú eres el ladrón! ¡Además, me has mentido!- El señalado trató de defenderse con una voz temblorosa: —No, señor, no... No he robado nunca.

El juez se echó a reír a carcajadas: —A decir verdad, la campana no sabe distinguir entre la verdad y la falsedad. Pero yo he dispuesto que la pintaran de tinta negra. Los que tuviesen la conciencia limpia, no tenía por qué temer, por lo que tranquilamente han puesto las dos manos en la campana para demostrar su inocencia. Sin embargo, tú, vergonzoso ladrón y mentiroso, no te has atrevido a tocar la campana por el temor a revelar tu vil condición. Por eso tienes las manos sin ninguna mancha negra.

La prueba de la campana: Si hacer justicia fuese tan fácil.



6 comentarios:

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Me ha gustado la del niño, porque demuestra una de las facetas oscuras de la condición humana.
Buena iniciativa.
Un saludo.

Asun dijo...

Cuando nos creamos una película en la cabeza, tenemos el arte de adornarla con tantos aderezos que acabamos creyéndola a pies juntillas, y cada vez le vamos poniendo más adornos. Llega a ser como la bola de nieve que crece y crece y la única forma de hacer que disminuya es que choque contra una pared y se desintegre.

Besos

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando:el otro lado de la percepción. Me ha gustado mucho; el del chaval es más humano. Supongo que nos sucede a todos y es que a veces los ojos nos engañan. El juez pero que muy listo; le pilló con las manos en la masa o por todo lo contrario. Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Javier:

Tendemos a pensar mal y a no acertar muchas veces. Luego, como siempre, lo justificamos.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Asun:

Asi es, vamos haciendo la bola cada vez más grande y luego o estalla y se desintegra o se pasa al error.
besos

Fernando López Fernández dijo...

Hola Rafa:

A mi me gustan mucho los dos. En el que te ha gustado se muestra la sabiduría aplicada a un conflicto.
Un abrazo

Soul Business

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