miércoles, 19 de octubre de 2011

¿Oir, escuchar, difundir o experimentar?

Una de las cosas que más me llama la atención de Twitter es la gran cantidad de frases y reflexiones que se transmiten y se propagan. Las hay de todo tipo: divertidas, ocurrentes, irónicas, motivadoras, inspiradoras, reflexivas… La verdad es que muchas están muy bien y algunas son simplemente sublimes.
Dependiendo de qué hagas con ella, la frase adquirirá una valor u otro. Por ejemplo, si la “oyes”, es decir si la lees pero no piensas en su significado, si  no le das una vuelta, no tendrá más utilidad que la de darse el gusto de leer palabras bonitas ordenadas adecuadamente. Si la escuchas, o lo que es lo mismo, si reflexionas sobre ella, te servirá para cambiar o corregir cosas que no te gustan ó para reafirmarte en lo que crees. También puedes difundirla, y esa difusión puede obedecer a que la frase simplemente te ha gustado (oír), a que quieres compartir algo con lo que estás de acuerdo (escuchar) o a qué mola mucho utilizar frases porque otros lo hacen (gregarismo).
Todo esto lo hacemos muy bien, es fácil y no compromete. Lo verdaderamente difícil es experimentar la frase, la reflexión o el pensamiento. Es ahí, en el momento de experimentar, cuando verdaderamente sabremos si las palabras se hacen actos que nos sirvan para mejorar o si son como las hojas de otoño que se las lleva el viento.
El otro día MaS, comentando en el blog de Francisco Alcaide (@falcaide) sobre conceptos de liderazgo hablaba también de ello: experimentar y ejercitar es necesario. De no ser así, sólo es teoría; y la teoría sin práctica, además de olvidarse no sirve para mucho.
Os dejo una historia que yo creo que tiene relación con lo aquí escrito y que viene a decirnos que los caminos hay que experimentarlos.
Feliz día
Había en un pueblo de la India un hombre de gran santidad. A los aldeanos les parecía una persona notable a la vez que extravagante. La verdad es que ese hombre les llamaba la atención al mismo tiempo que los confundía. El caso es que le pidieron que les predicase. El hombre, que siempre estaba en disponibilidad para los demás, no dudó en aceptar. El día señalado para la prédica, no obstante, tuvo la intuición de que la actitud de los asistentes no era sincera y de que debían recibir una lección. Llegó el momento de la charla y todos los aldeanos se dispusieron a escuchar al hombre santo confiados en pasar un buen rato a su costa. El maestro se presentó ante ellos. Tras una breve pausa de silencio, preguntó:
-Amigos, ¿sabéis de qué voy a hablaros?
 -No -contestaron.
 -En ese caso -dijo-, no voy a decirles nada. Son tan ignorantes que de nada podría hablarles que mereciera la pena. En tanto no sepan de qué voy a hablarles, no les dirigiré la palabra.
Los asistentes, desorientados, se fueron a sus casas. Se reunieron al día siguiente y decidieron reclamar nuevamente las palabras del santo.
El hombre no dudó en acudir hasta ellos y les preguntó:
- ¿Sabéis de qué voy a hablaros?
- Sí, lo sabemos -repusieron los aldeanos.
-Siendo así -dijo el santo-, no tengo nada que deciros, porque ya lo sabéis. Que paséis una buena noche, amigos.
Los aldeanos se sintieron burlados y experimentaron mucha indignación.
No se dieron por vencidos, desde luego, y convocaron de nuevo al hombre santo. El santo miró a los asistentes en silencio y calma. Después, preguntó:
-¿Sabéis, amigos, de qué voy a hablaros?
No queriendo dejarse atrapar de nuevo, los aldeanos ya habían convenido la respuesta:
- Algunos lo sabemos y otros no.
Y el hombre santo dijo:
 - En tal caso, que los que saben transmitan su conocimiento a los que no saben.
Dicho esto, el hombre santo se marchó de nuevo al bosque.


9 comentarios:

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando: ¡Pero que muy sabio era el hombre! Pienso como vosotros hay que experimentar, practicar, en caso contrario sirve de poco los conocimientos que tengas, si no eres capaz de practicarlos y difundirlos. Otra cosa también creo que hay que terminar lo que se comienza, algo que no solemos hacer a veces. Un abrazo.

MaS dijo...

Hola Fernando,
en los entornos realmente cercanos, acostumbro a decir que: "esta sociedad peca ya de mucho bla-bla, y poco blo-blo".
Algunos sí reflexionan-reflexionamos sobre lecturas y escuchas diversas, pero un número importante de esos, luego se limitan-nos limitamos a volver a preguntar "cómo lo hago?", y se posicionan-nos posicionamos a la espera de que sea otro el que nos de la clave de accion.
Echo en falta más atrevimiento, y tu?
un fuerte abrazo y una sonrisa enorme, M.

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Me has recordado a esos gurus que contratamos a veces para que nos den la "luz". No importa lo que vayan a contarnos, el aforo se llena.
Yo me suelo conformar con ver la conferencia en youtube y a veces no consigo ni terminarla.
Un abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

Hola Rafa

Ese es el problema que nos quedamos en la teoria y practicamos poco. Nos vamos abandonando.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola María

Ocurre mucho María, esperamos que otros nos aclaren los caminos porque preguntarse y responderse a veces es incómodo y porque oir y difundior solo parece que nos autoprotege. Me pasa lo mismo que a ti, echo de menos el atrevimiento. Humanos somos.

Otro fuerte abrazo y sonrisa de orja a oreja

Fernando López Fernández dijo...

Hola Javier.

El problema es que los gurus saben mucho de teorías y poco de personas. como todos, vamos.
Un abrazo

Myriam dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Myriam dijo...

Tienes mucha razón: la teoría sola no basta, pensar es necesario y Twitter, aunque tengo una cuenta abierta no me gusta justamente por eso.

Besos

Fernando López Fernández dijo...

Hola Myriam:

Creo que el problema no es twitter, somos nosotros mismos. Un beso y espero que te encuentres mejor

Soul Business

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