lunes, 2 de mayo de 2011

Si hoy es martes, esto debe ser Bélgica

Este era el título de una conocida película en la que se parodiaban los viajes organizados. El argumento es sencillo: un grupo de turistas viajaban  por diferentes países de Europa a toda pastilla; 7 en 18 días lo que les lleva, en ocasiones, a no tener ni idea de donde están y, por consiguiente, a no poder disfrutar del viaje o a vivirlo de una manera bastante estresante.

Esta forma de viajar, a la larga, produce bastante ansiedad en el viajero, turista o coleccionista de sitios porque al no poder abarcarlo ni comprenderlo todo y, además estar pendiente de la próxima parada, suele acabar estresado y desorientado. Pero en realidad no era de turismo de lo que quería hablar, sino de la forma en que vivimos actualmente que se acerca bastante a la de los protagonistas de la película. Es decir, vamos tan rápido, nos llegan tantas informaciones y debemos hacer tantas cosas en tan poco tiempo que al final vamos con la lengua fuera, con el cuerpo machacado y el cerebro híper revolucionado. Esto no es bueno.


Y como los turistas de la película, vivimos engañados, pensando que más es mejor y que cuanto más hagamos, veamos, corramos, compremos, etcétera nuestra vida será más plena, cuando en realidad lo único que hacemos es echar pequeños vistazos a lo que nos rodea, lo que nos lleva no ya entender las cosas de forma superficial, que ya sería un logro, sino al despropósito más absoluto, ya que al final no se comprende ni se relaciona nada; como si visitáramos Roma y dijésemos que es una ciudad llena de ruinas, sin ahondar en el por qué de ellas.

No hay tiempo, o casi todo lo invertimos en ir de aquí para allá, moviéndonos por lo que otros hacen o nos dicen; haciendo lo que nos dicen que hay que hacer (o lo que tenemos que visitar), señalándonos lo que es importante y lo que no, como si diseñasen nuestro itinerario, nuestra hoja de ruta para el futuro, como si nuestra misión en la vida fuese recorrerla a vuelapluma, en etapas maratonianas, que solo nos permitan reaccionar y no pensar o disfrutar.

Muy a mi pesar, el movimiento Fast (en el que estamos instalado) se está imponiendo al Slow (más razonable, sin duda) y no sé por qué me da que al final acabaremos todos, incluso los que mueven y programan las velocidades, como los pobres turistas de la cinta, que no sabían ni donde se encontraban la mayoría de las veces.

La vida no es una cuestión de cantidad sino de calidad y si en lugar de más, utilizásemos el mejor, seguramente viajaríamos por ella, al menos de forma más saludable.

Feliz día


12 comentarios:

Asun dijo...

Más vale que es lunes, que si no ya me habías descolocado jejejejeje.

Fuera de bromas, creo que lo que dices es cierto, pero tal vez se da más en las grandes ciudades que en los pueblos, donde las distancias son más cortas y no hay tantas opciones de actividades para saturarnos. Se vive a otro ritmo.

Yo, en la medida de lo posible procuro no acelerarme e ir contra reloj, al menos en mi tiempo libre.

Besos y feliz semana.

MaS dijo...

Nuestra actitud cambia la velocidad, esa es la única palanca que añade densidad a nuestro viaje.
Gran post.
Me ha gustado mucho.
un beso, M.

MTTJ dijo...

Muy bueno el ejemplo con el que empiezas tu post.
Es difícil tomarse la vida con más calma cuando nos programamos más actividades al día de las que podemos hacer.Trabajo, ocuparse de la educación de los hijos,la casa, buscar un rato para mantenerse en forma, participar en alguna asociación, acudir a clases de inglés para mantener lo poco que sabes... Tan pronto es lunes como vuelve a ser lunes y pasamos del calor veraniego a los turrones sin darnos cuenta.
Me he propuesto varias veces bajar el ritmo pero, aunque me sé la teoría de como hacerlo, las prácticas no las apruebo. De todas formas, creo (no estoy segura)que sin ese ritmo no sabría vivir... y eso no puede ser bueno.
Muy buen post que da para reflexionar un buen rato.

Un abrazo

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola Fernando:
Me gusta el movimiento Slow. Creo que en los próximos años se va a conocer bastante más. La propia dinámica actual nos llevará a ello.
Ya veremos.
Un abrazo.

Myriam dijo...

¡¡Excelennte!! a tono con mi entrada publicada este sábado pasado sobre el estrés.

Me reí con el corto de la película ( que no he visto) aunque en realidad es para llorar.

Asi vamos. Yo apuesto al Slow, obvio.

Besos

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando:
Conozco la peli y siempre me he negado a realizar ese tipo de "excursiones", pero para gusto son los colores. Creo que pecamos de caer el la inmediatez. Un ejemplo: con lo que debe costar escribir una novela, si somos seguidores del autor estamos deseando que salga la siguiente a continuación; y eso no puede ser; hay que caminar más despacio como el montañero si quiere llegar a la cima. UN ABRAZO

Fernando López Fernández dijo...

Hola Asun:

Tienes razon Asun, se vive a otro ritmo que sin duda es más sano. y cuanod aceleramos, al no estar acostumbrados no nos sale bien.
Un beso y feliz semana

Fernando López Fernández dijo...

Hola Mas:

Pues si el post te ha gustado, yo la frase ya le he capturado para Thinking Souls.
Un beso

Fernando López Fernández dijo...

Hola Maria Teresa:

Al final si uno se impone un ritmo y lo sigue, es como el que sale a correr todos los días, está preparado para ello. Lo malo es cuando salimos ocasionalmente y queremos correr la maratón. A veces no hay que hacer por hacer, sino hacer queriendo y eso, cambia basatnet la perspectiva.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Javier:

A mi también, pero fíjate que tengo mis dudas. sólo puedo practicarlo cuando viajo y debería poder hacerlo con más frecuencia. Espero estar equivocado.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

la verdad es que consciente o inconscientemente me inspiró. Por cierto gran entrada que desde aquí recomiendo.
En teoria todos somos slow pero en la práctica vamos un poco fast.

Un beso

Fernando López Fernández dijo...

Hola rafa:

queremos ser saciados de forma inmediata como dices y muchas veces somos nosotros los que provocamos esas velocidades que, al final, no nos llevan a ninguna parte.
Un abrazo

Soul Business

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