miércoles, 6 de abril de 2011

Donde Nueva York no existe

Rajastan - India 

El post anterior trataba de los Nuevayores. Hoy la otra cara: Donde Nueva York no existe de Soul India.

              Al igual que en días anteriores, a ambos lados de la carretera el desierto. No es un desierto como en los cómics de Tintín donde siempre acababa seco y alucinando  el Capitan Haddock.

 El desierto del Thar no es un desierto de dunas, es un desierto de arena y árboles Khejri. Estos árboles juegan un papel importante en la vida de los habitantes de esta zona del Rajastán, al ser imprescindibles para su subsistencia . Las hojas son forraje para camellos y cabras. Los frutos se cocinan en curry, la madera para construir arados y la savia como remedio para la artritis. Además de dar sombra, que en ese sitio no viene mal. También son venerados por los habitantes. La religión siempre está presente.

  Cruzar el desierto permite reflexionar sobre muchas cosas. El silencioso y cálido desierto, el Gran Desierto Indio, te lleva a un mundo de cámara lenta, donde cualquier matiz te da la vida. Un mundo donde hombres o mujeres, bajo la sombra de un árbol, vigilan el ganado o simplemente hablan,  mientras un fondo árido y lejano es removido por el viento. Cada pocos kilómetros, mujeres acompañadas de sus hijos, recogen o llevan leña de un sitio a otro, o andan hacia no se sabe qué  destino. Otras, con la azada en la mano, arrancan a la tierra su último tesoro. Es un espectáculo multicolor de colores alegres que choca con la bicromía del paisaje.

Y es, en estos sitios donde sabes que Nueva York no existe, ni Madrid, ni Dublín. Sólo ellos y su entorno; un mundo que controlan, viven y se sirven de él. Aquí viven en armonía naturaleza escasa y hombre. La imagen lejana de estas mujeres con sus coloridos vestidos te hace pensar lo sujetos que estamos a todo tipo de bienes y caprichos. Ya no podríamos vivir como ellos. Primero deberíamos limpiarnos.

Como en todas las carreteras de la India, los camiones aparecen y desaparecen constantemente. Prácticamente son todos iguales; camiones Tata multicolores, camiones de fiesta, de carnaval , de circo,  con dibujos y  frases por todos lados. Pero hay unos que son inclasificables, que suelen transportar leña y que van sobrecargados  por todos los lados, ocupando prácticamente la carretera, lo que dificulta enormemente la visión. Y esto, que como fotografía  podría quedar muy bien, se convierte en un peligro añadido a los animales, los baches o las pequeñas dunas que se forman en la carretera y que hombres y mujeres de forma ceremoniosa intentan apartar. Aunque yo dudo que lo consigan. Y ellos también.

Un autobús decorado de boda nos siguió durante todo el camino. Más tarde coincidimos  en una dhaba. El autobús lleno de muebles y otros enseres iba amueblado. En realidad cualquier medio de transporte en la India está sobrecargado, como si fuese un constante desafío a la las leyes de la física. Al bajar del autobús, los hombres se turnaban para utilizar los camastros, mientras, uno de los que yo supongo que era el organizador repartía comida entre los pasajeros.

  En las dhabas, me ocurría una cosa curiosa. A mí me limpiaban  la mesa, a ellos nunca salvo que lo solicitasen. No hay que decir que en muchas de ellas el “inglés” no paró por allí, por lo que cuando me presentaban  escrito en un papel las consumiciones,  muchas veces no sé que me estaban  cobrando. Era  tan barato que me daba  lo mismo.

De camino a Jaisalmer y cerca de Pokaran visité el templo de Ram Bar, donde mujeres, niños y viejos me rodearon mientras gritaban “bakish, bakish” - limosna o propina-. La sensación era  un poco agobiante;  me sentía  impotente ante tal avalancha de gente que me agarraba, me suplicaba, me miraba, me lloraba y me ahogaba la circulación de la sangre... Todos querían su parte. Al final como siempre unas monedas al azar, quizá no al que más lo necesita, pero no podías hacer  mucho más. Lo más duro era negárselo a los niños; sus miradas, puras y frescas me  atravesaban  el alma, pero en cuanto le dabas  una moneda a uno, tenía s a diez o quince más que esperaban conseguir como mínimo lo mismo que el anterior. El dinero nunca es para ellos, acaba en las manos de alguien que se lo reclama, escondido, cobarde a unos metros de distancia. Del  templo apenas me quedaron  imágenes; estaba mas impresionado con lo que había vivido antes de entrar, y que volví a revivir cuando salí  del mismo.
 
Aquí Nueva York no existe.


15 comentarios:

Myriam dijo...

Impresionate. Como si el tiempo se hubiera detenido. ¡Qué experencia!
La foto ambienta muy bien el texto con esa niebla. O tus palabras me envuelven en la niebla de la foto.

Besos

Myriam dijo...

PD. El polo opuesto a NY. LO de los niños mendigos, ya lo hemos comentado anteriormente. En algunos paises de Sudamérica, lo he vivido.

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando:
Soberbio como siempre en tus descripciones de viajes; en éste aún más pues te adentras en el alma de las personas. Me parece estar viendo los ojos oscuros de esos niños y su petición, imagino que con una franca sonrisa en la boca. No te enteraste de lo que había dentro de los edificios: la luz estaba fuera, como bien dices.
Un abrazo

Katy dijo...

Yo esto lo he vivido muchas veces, y la verdad no se que es peor, tener esperanza y no conseguir nada o ni siquiera tenerla. Vivir no es fácil, Y bien dices nosotros no podríamos vivir asi. Porque antes de la globalización y de los turistas ellos lo tenian más claro. Todo se contaguia y lo malo antes.
Preciosa forma de describir realidades y experiencias
Un beso

Fernando López Fernández dijo...

Hola Myriam:

Esa niebla que tu llamas, es una tormenta de arena je je, pero si , parece niebla. Como dices lo de los niños lo hemos comentando muchas veces y desgraciadamente ocurre en todos los lugares.

Un beso

Fernando López Fernández dijo...

Hola Rafa;

Me alegra que te guste, ya sabes que a mi cuando viajo, me gusta también viajar al alma de las personas.

Muchas gracias y un fuerte abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola katy:

Es la forma de entender la vida, Vivir no es fácil, pero cuando ves esa forma de vida te planteas muchas preguntas que no quieres contestarte.
Un beso

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola Fernando:
NY no existe y yo suelo decir que en estos sitios "tampoco existe el tiempo". El tiempo es una medida que no cuenta para esta gente de valor incalculable.
Un abrazo.

Asun dijo...

Esas gentes probablemente estén mucho más en contacto con sus necesidades que cualquiera de los habitantes de cualquier Nueva York.

Besos

MTTJ dijo...

Viajar a estos países te acerca a realidades tan duras que nunca te dejan indiferente si tienes un poco de sensibilidad.

Cuando comentas que en las dhabas te limpiaban la mesa y a ellos nunca, me he acordado que en algunos lugares del Yemen nos ponían la mesa con un "mantel" de lujo: papeles de periódico. Con los clientes del país no tenían este detalle y este trato diferencial cuya única finalidad es agradar al turista, me hace sentir realmente incómoda.

Un relato precioso.

Saludos

JLMON dijo...

Hola Fernando
No conozco el desierto indio aunque ganas me han entrado... Conozco bastante bien el Sahara y, salvando las distancias, comprendo y me identifo con tu post.
Sabes?
En las noches del Sahara descubrí que el problema de Dios es que no tiene movil.
Cuidate

Fernando López Fernández dijo...

Hola Javier:

Quizá lo que ocurra es que saben administrarlo sin manuales ni consejos de eficicacia.
Un abrrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Asun:

Eso, sin ninguna, estan mas cerca a su realidad.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Maria Teresa:

A mi me ocurre un poco lo que a ti, pero también sabes que no lo puedes evitar y que en muchos casos es una forma de mostrar hospitalidad que no servilismo.

Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola José Luis:

Estoy deseando que un día nos cuentes en el viajero accidental alguna de tus experiencias en el sahara que seguro serán muy enriquecedoras. Anímate por favor.

Un abrazo

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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