lunes, 25 de abril de 2011

Curiosidades viajeras: El astrólogo del Taj


Taj Mahal - India 

En los viajes siempre hay cosas que te llaman la atención, que te asombran o te sorprenden. Sólo por esta razón, ya merece la pena viajar. 

De vez en cuando, iré dejando por aquí varias experiencias que, al menos a mí, y en su momento me parecieron curiosas. ¿Sabiaís que en la India en varios hoteles hay servicio de astrólogos como puede haberlo de lavandería? 

En los directorios de servicios que encuentras en las habitaciones, generalmente en hoteles de gama alta, puedes encontrar el número que debes marcar para la cita, al lado de la extensión del servicio de habitaciones o lavandería. 

La explicación: en India son unos apasionados de la astrología y la quiromancia y para ellos no son asuntos para tomar en broma o supercherias. Para ellos es una ciencia, como podéis leer en esta noticia.  

El caso es que, curioso como soy por naturaleza, al final probé sus servicios y lo cuento en este capítulo de Soul India que hoy os dejo.

Feliz martes

El astrologo del Taj

 Por la tarde, cuando la temperatura había bajado unos grados y las nubes amenazaban con descargar agua de tormenta  me fui a visitar el fuerte de Agra. Me decepcionó un poco, pero esto se debió a que solo se puede visitar una pequeña parte; la otra está en manos de militares, y a que después de ver el Taj Mahal es difícil que tan seguido, te impresiones con otras cosas.

Con el descuido habitual de los fuertes de la India, el fuerte se asomaba al  Yamuna donde las balconadas desafiaban  al vértigo e invitaban  a la prudencia al segundo de asomarte. Decidí sentarme un rato y admirar el Taj Mahal en la lejanía, mientras conversaba con un grupo de jóvenes indios que pasaban la tarde en el fuerte. 

A estas alturas del viaje el ritmo que me imponía era ninguno. Me movía lento, casi dando pasitos de geisha . El tiempo en India me había dado un  cheque en blanco cada día y procuraba agotarlo. Me acostaba tarde, me levantaba temprano,  dormía deprisa y caminaba despacio. Eran paseos de quien no sabe donde va y tampoco tiene prisa por llegar. Todo lo  hacía con calma, mi viaje era ya un adagio. No me alteraba ya casi nada. Comenzaba a tener un alma India que acentuaba los sentimientos que me producían todas las cosas que veía. Aunque formaban parte de un todo, podía tratar cada imagen, cada sensación de forma aislada. Mis ojos y mi mente eran un perfecto zoom que acercaba o alejaba los instantes a voluntad.  

Más tarde y envuelto en una fina lluvia, visité el Mausoleo de Akbar. A unos diez kilómetros de Agra, un sitio muy agradable, con inmensos jardines, muy bien cuidados en los que  ciervos, pavos reales, monos, loros y ardillas  disfrutaban de la serenidad que inspiraba el lugar- ¿Por qué este lugar, el Taj Mahal y otros mausoleos son para los muertos, cuando lo que le apetecería al finado es disfrutarlos en vida?  Llovía , y en unos minutos estaba calado, pero no me importaba nada; andaba bajo la lluvia  y en ningún momento, incluso cuando el chaparrón quería ser tormenta, busque refugio en los edificios del mausoleo. ¡Me encontraba tan bien!

Paseé  por espacio de una hora y no me he tiré sobre la hierba por no poner el coche perdido a Dinesh. Son esos momentos que te hubiesen gustado compartir con alguien que entendiese el significado de la lluvia cuando ésta no  es lágrima  que baja sino alegría que sube al cielo. 

Regresé al hotel. Estaba cansado, necesitaba descansar de tanto ajetreo.
 
Había quedado con el chef del hotel en que esa noche me preparase una cita gastronómica. Y en las citas soy puntual.  Cuando llegué al restaurante, él,  solícito, salió a recibirme y me acompañó a una mesa que había vestido para la ocasión. La situación perfecta: cerca de los músicos, lejos de turistas ruidosos y a una distancia prudencial de una familia india numerosa. 

La cena fue memorable; un menú degustación de especialidades vegetarianas servida en un thali profusamente decorado y acompañado de chapatis de diferentes sabores y texturas. 

Bajar una cena de esas características requería tiempo y mi cheque diario aún no estaba agotado. Me encaminé al bar del hotel para tomar un té cuando  vi al astrólogo del Taj. 

Hay hoteles que tienen de todo: Gimnasio, peluquería, fotógrafo, masajista, médico. Lo del  astrólogo yo no la había visto nunca. Había visto su extensión en el directorio de servicios del hotel y en pequeños carteles repartidos por el hall. Había visto muchos palmistas y astrólogos durante mi viaje, pero- como no creo demasiado en esas cosas, no prestaba  demasiada atención a sus reclamos. Sin embargo que en un hotel de cinco estrellas, un sitio serio tuviera un astrólogo era bastante asombroso.

Aún dudaría más de media hora antes de dirigirme a él. Luchaba entre la razón y una curiosidad que ya no picaba: escocía. 
  
Su actitud era seca. Se tomaba su trabajo muy en serio y creo que estuvo a punto de rechazarme al ver que yo no mostraba el más leve signo de concentración. Me tomó la mano izquierda; luego la derecha;  me preguntó la fecha de nacimiento y el lugar y comenzó a dibujar puntos en la palma de la mano. Eran puntadas precisas, aguijones que se clavaban en las intersecciones de las líneas de mi futuro como si él tuviese la potestad  de administrarlo. Una vez finalizada la operación se apartó y en un bloc de notas apuntó  a toda velocidad algo que no pude ver dejándome en ascuas durante un rato en el cual consiguió alterarme un poco. Satisfecho con sus anotaciones esbozó una sonrisa de satisfacción y empezó a contarme, ¡ Mi pasado!. 

Había lanzado un órdago y no sé cómo lo había ganado. Acertó todo. Yo no había abierto la boca y durante su exposición había mantenido una expresión de directivo correcto, que escucha, pero que no tiene intención de comprar nada. El que hubiese acertado en cosas de mi pasado podía haber sido fruto de la casualidad, de la experiencia y de un profundo conocimiento del comportamiento humano, pero acertar en fechas exactas era demasiada casualidad. Continuó leyéndome el futuro y espero que adivinase algo de lo que dijo, por que según él, me iba a ir muy bien. Insistió en dos o tres puntos. Le pedí que me lo escribiese en un papel y este papel ,que contiene su nombre, dirección y teléfono, espero me sirva para confirmarle que lo que me dijo se cumplió.

Su último consejo fue: - No creas ciegamente a nadie- . Me dejó chafado, ¡Con la ilusión que me había hecho!.

14 comentarios:

Katy dijo...

No sabía yo este detalle de "Astrólogos a la carta"
Estudié astrología durante 10 años y esto me ha servido para descartar toda futurología. Los astros marcan tendencias, inclinan pero nadie puede leer tu futuro:)No me extraña que quedaras defraudado:)
Lo mejor tu magnífica experiencia, tus pasitos de geisha, la lluvia fina a la sombra del maravilloso Taj Mahal.
Un beso

Myriam dijo...

¡¡¡Impresionante!!!

Asun dijo...

Según su último consejo tampoco deberías creer ciegamente en él, sin embargo el que te dijera cosas tan precisas de tu pasado puede llevarte a hacerlo.

Tal vez a estas alturas ya haya transcurrido el tiempo suficiente para al menos vislumbrar si sus predicciones fueron certeras o no.

La disyuntiva está servida, ahora te toca a ti creer o no creer.

Besos

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando: también me apunto a lo de los pasitos de geisha (la has hecho buena, chaval). Sin bromas me ha encantado lo de tu alma india y lo del paseo bajo la tormenta lo entiendo muy bien; me hubiera gustado compartirlo.
Ya de regreso te deseo un abrazo.

JLMON dijo...

Im-pre-sio-nan-te! Fernando
Ah! Pasear bajo la tormenta es como lavarte el alma después de un siglo de pecados.
Por si te animas, en el Sahara Oriental hay "hotelillos" donde te ofrecen sardinas como bienvenida, hay que echarle eggs, ja-ja

MTTJ dijo...

Yo soy bastante incrédula en todo lo que refiere a ese tipo de ciencias poco empíricas. Sin embargo, y después de varios casos que me han contado como el que tú comentas, de cada vez estoy más convencida que es la pura ignorancia y el miedo a lo desconocido lo que me provoca este rechazo. También hay que decir que la cantidad de farsantes que se esconden dentro de ese mundo no hacen nada bien a la milenaria ciencia de la astrología.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Katy:

Si a mi lo que me dejó asombrado es que acertó cosas del pasado con fechas. En cualquier caso la experiencia fue positiva y el paseo bajo la lluvia inspirador
Un beso

Fernando López Fernández dijo...

Gracias Myriam.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Asun:

Eso es lo que me dejó asombrado como le decía a Katy. No se si acertó o no, pero no me quejo.
Un beso

Fernando López Fernández dijo...

Hola rafa:

Estoy convencido de que hubieses disfrutado un montón mojándote.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola José Luis:

Pues no te digo yo que no me haga una escapada al Sahara para experimentar lo de las latas de sardinas je je.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Maria Teresa:

Yo también soy bastante incrédulo, pero también he visto cosas por ahí que, por lo menos te hacen dudar.
Como apuntas, en esto también hay miles de farsantes, unuqe en realidad creo que el que se deja engañar es porque quiere.
Un abrazo

Fernando dijo...

Fantástico, Fernando. Me ha encantado. Tengo muchas ganas de ir a la India y, claro está, de visitar a los astrólogos del hotel. Cada país encierra un pequeño mundo en sí mismo, y eso es maravilloso.

Un fuerte abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola fernando:

Pues estoy convencido de que te gustaría mucho porque es un pais en el que los contrastes son tan brutales que ayudan al final a saber más de nosotros mismos.

Un fuerte abrazo

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