martes, 15 de marzo de 2011

Miles de estrellas

Hotel Mama María Kafountine 

La memoria, como el cuerpo, se va volviendo frágil. Rescatar de nuestro disco duro imágenes, momentos y emociones, a medida que pasa el tiempo, se nos hace más complicado.  A mi, al menos, me cuesta. Todo esto viene a cuento de que me encontraba en el hotel Món St Benet cercano a Manresa por motivos laborales (que por cierto, me gustó mucho). Antes de dormir, salí a la terraza. De fondo el Monasterio, un cielo lleno de estrellas y un silencio que invitaba a la evocación. Y eso es lo que hice, traer a mi débil memoria las miles de noches que he pasado en hoteles, hostales, pensiones y lugares varios.

Ahora mismo no podría recordar ni todos los lugares, ni todos los días, ni tan siquiera hacer una lista de los mejores y los peores. Sólo sé que muchos de ellos se convirtieron en hogar circunstancial, en refugio donde reposar mis pasos y, alguna que otra vez en prisión de sábanas de seda de la que deseaba salir bien por añoranza del hogar, bien porque no fue mi voluntad alojarme allí.

Gracias a mi trabajo he tenido la oportunidad de conocer cientos de hoteles que no habría podido permitirme, a dormir en suites cuya tarifa diaria supera la cuota de una hipoteca, o a conseguir descuentos importantes por  pertenecer al sector profesional de Eventos y Viajes; que rara vez utilizo para mis viaje personales por una razón: suelo buscar alojamientos que de alguna manera tengan alma y/o, me los pueda permitir. Otras veces no queda más remedio con conformarse con lo que hay.

Y recordando, paseando por miles de números de habitaciones, por cientos de anécdotas, hay algunos de los que me acuerdo perfectamente con cariño, -que es una forma de saber que no te importaría volver- y a los que si puedo suelo volver. Son hostales, pensiones y hoteles con alma.

Quizás no tengan las mejores habitaciones, el servicio sea mínimo, la ducha va a ratos, se les funden los plomos cada dos por tres, o alojarte en ellos sea más que una experiencia, una aventura. Tienen algo especial. Puede tratarse de unas magníficas vistas, de una salita de lectura, de un bar amable, pero sobre todo tienen personas, que sabiendo sus limitaciones o sus carencias (las suyas propias y las del establecimiento) procuran que tu estancia sea lo más agradable posible.

Y esa noche hice recuento de algunos, como el Mamá María en Kafountine cuyo dueño, Amador, un pucelano que se instaló en Senegal para vivir me explicaba y contaba cosas sobre el lugar, sobre las costumbres y sobre muchas más cosas mientras veíamos anochecer.
Secret of the Elephants - Siem Reap

O aquellos días en Secrets of the elephants, en Siem Reap, donde me relajaba después de pegarme una paliza en Angkor y era tratado como un príncipe por la familia que regentaba el hotel. Recuerdo esas noches de copas en el jardín con Babette, (una agradable mujer camboyana que casi me hace quedarme una temporada más) y con Nick, un joven carpintero de San Francisco que trabajaba unos meses y luego el resto del año viajaba.  Hace un par de años regresé y el hotel estaba cerrado no sé si por obras, por temporada o definitivamente.
Mandir Palace - Jaisalmer 

Como también ha cambiado y está irreconocible el Mandir Palace del cual ya os hablé en Noches tristes de la India, en el que me conversaba varias tazas de Té con el gerente a la sombra del infierno indio y al que accedía casi por un corral donde había patos y algún que otro caballo. Ahora puede costar una pasta, pero entonces creo que recordar que no llegaba a los seis euros noche.
Vistas desde Casa Amelia - Flores Guatemala 

O Casa Amelia en Flores donde veía pasar la vida mientras el sol rielaba en el Lago Petén y todo era slow.

Me acordé de éstos y de muchos más. Y ese día, fijando la vista en la noche sonreí para mis adentros y me dije: ¡Qué suerte tienes Fernando! de poder haber vivido esas miles de noches, esas miles de experiencias, en hostales y hoteles que no tienen estrellas, pero que las personas hacen que brillen como si tuviesen mil estrellas.

Feliz martes.

Hoy Thinking Souls con: Katy, María Hernández, Josep Julian, José Luis Montero, Asun, María y Javier Rodríguez Albuquerque.



9 comentarios:

MTTJ dijo...

Hola Fernando
Me he sentido identificada en cada una de tus palabras. Lo que siempre perdura en el recuerdo son esos lugares, muy sencillos la mayoría de ellos, pero que tienen en común su encanto, la hospitalidad y que te hacen sentir a gusto, como si ya formaras parte de aquel entorno. Tal como comentas, lugares con alma.
Cada vez que se encuentra un lugar de estas características, te da la sensación de haber descubierto un pequeño tesoro.
Un abrazo

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola Fernando:
Los pequeños placeres de la vida, que en realidad son grandes, muy grandes, suelen costar muy poco o son gratis.
Un abrazo.

Katy dijo...

Cada lugar que se visita, en cada lugar que se ha estado, son estrellas que se quedan en tu firmamento para siempre. Como dices sería imposible hacer un recuento de todos los sitios con alma en donde te has sentido acogido, querido y también has dejado parte de ti.
Un placer recorrer algunos sitios de tu mano
Un beso

Josep Julián dijo...

Hola Fernando:
Tu recorrido por hoteles con encanto en los que las estrellas estaban sobre tu cabeza en lugar de la puerta de entrada me ha hecho recordar algunos lugares en los que me hospedé y a los que no he vuelto por temor a que no fueran lo mismo. De todas esas habitaciones recuerdo una en un palacete romano en el que me alojé hace más de 30 años y en el que te sentías como en una peli de Visconti o en una celda de un monasterio cerca de Burgos en la que pasé unos de los días más intensos de mi vida.
Tienes razón, los lugares que nos hospedaron quedan prendidos en nosotros mientras que para ellos sólo estamos de paso.
Un abrazo.

Asun dijo...

Estos lugares que nos traes tienen muchas más estrellas que todos los mejores (o por lo menos más caros) hoteles del mundo juntos.

Las estrellas no son esos pequeños dibujitos que aparecen al lado del nombre del establecimiento. Las estrellas son esos pequeños detalles humanos que hacen que te sientas como en casa y rodeado de amigos.

Besos

Asun dijo...

Ah, y si alguna vez, en alguno de esos países, necesito buscar alojamiento con estrellas de las que cuentan, ya sé a quién pediré consejo, jejejeje.

Besos

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando:
los recuerdos siempre terminan aflorando. Me alegro que los tuyos sean tan agradables. Creo que te mimetizas con lo que ves y pos eso lo vives más intensamente, quizás ese sea el secreto.
Un abrazo

Myriam dijo...

YO tengo mala memoria para nombres, pero si recuerdo muy bien lo vivido, las sensaciones, los olores, los colores, la calidez o la frialdad, la buena atención al cliente. Eso queda adentro.

Un abrazo

PD- Recuerdo tu relato en el Mandir Palace.

Fernando López Fernández dijo...

@Maria Teresa
Así es, las sensaciones siempre son muy positivas y como dices te parec haber encontrado un pequeño tesoro. Lo bueno es que todavía quedan muchos por descubrir.
Un abrazo

@Javier Rodríguez:
Pues tiene usted toda la razón. Si uno disfruta con esos pequeños placeres la felicidad siempre está más próxima
Un abrazo

@katy
Gracias Katy, como no se puede recontra todo, lo que si haces es evocar y entonces es cuando sigues disfrutando del momento pasado.
Un beso

@josepjulian
Decía Lao Tse (creo) que uno no debe volver al sitio donde fue feliz, pero creo que hay que arriesgar. A veces sale bien y otras no, pero eso forma parte de nuestra vida. Los dos ejemplos que pones son muy claros de cómo un espacio queda prendido en nosotros.
Un abrazo

@Asun
“Las estrellas no son esos pequeños dibujitos que aparecen al lado del nombre del establecimiento. Las estrellas son esos pequeños detalles humanos que hacen que te sientas como en casa y rodeado de amigos.” Esto es.
Bueno, si te puedo ayudar en la búsqueda de estos sitios, ya sabes
Un beso

@Rafa Bartolomé
Pues quizás sea eso Rafa. Mimetizarme o sentirlo intensamente, pero te aseguro que se disfruta el doble.
Un abrazo

@Myriam
No te creas, que a mi también me pasa lo que a ti y entonces tengo que anotar, pero las sensaciones nunca se olvidan
Un abrazo

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