jueves, 10 de marzo de 2011

Cuando la vida te cambia, cambia tu la vida


El hombre, por naturaleza, tiende a buscar la seguridad y, si puede, refugiarse en su zona de comodidad. Esa zona de comodidad puede albergar la familia, los amigos, el trabajo y muchas más cosas. Muchos no la abandonan por miedo, otros por pereza y por aquello de más vale malo conocido que bueno por conocer aunque no sean todo lo dichosos que quisieran. Otros, encantados con encontrarse allí: no ven necesidad de cambio.  Todo muy respetable.

Sólo se abandona la zona de comodidad cuando incomoda lo cual es un poco extraño dicho así, pero tiene su explicación: la zona externa la que alberga lo que arriba se escribía puede estar bien, pero la interna, la de uno mismo por lo cual se tiende a buscar otra zona de comodidad diferente. Y así sucesivamente, hasta que la persona encuentra su sitio: nadie vive para estar incómodo.

Si uno controla la situación, es decir, su gestión de la zona de comodidad, no hay mayor problema porque eso es vivir de manera confortable (cómoda) con uno mismo y su circunstancia. Sin embargo, en ocasiones, son las circunstancias de la vida las que no sacan de la zona de comodidad. Puede tratarse de la pérdida de un ser querido, de un terremoto que acaba con nuestra casa, de una pirueta financiera de algún golfo que te salpica, de la ida de olla de un dirigente de un páis o que te digan que gracias por sus servicios.

Cambia mucho el cuento. No es lo mismo que tu quieras cambiar por una necesidad, digamos de búsqueda, que te hagan cambiar sin tu haberlo deseado. Es un matiz importante, pero en cualquier caso, lo importante es que si te cambia la vida (aquello que no puedes controlar) seas capaz de cambiar tu la vida y relativices y trabajes en la búsqeda de tu nueva zona de comodidad.

Os dejo un cuento de Jorge Bucay que leí hace años y que nos sugiere como  podemos cambiar la vida cuando la vida nos cambia.

Feliz fin de semana

El portero del prostíbulo

No había en el pueblo un oficio peor conceptuado y peor pago que el de portero del prostíbulo. Pero ¿qué otra cosa podría hacer aquel hombre?

De hecho, nunca había aprendido a leer ni a escribir, no tenía ninguna otra actividad ni oficio. En realidad, era su puesto porque sus padres había sido portero de ese prostíbulo y también antes, el padre de su padre. Durante décadas, el prostíbulo se pasaba de padres a hijos y la portería se pasaba de padres a hijos.

Un día, el viejo propietario murió y se hizo cargo del prostíbulo un joven con inquietudes, creativo y emprendedor. El joven decidió modernizar el negocio. Modificó las habitaciones y después citó al personal para darle nuevas instrucciones.

Al portero, le dijo: A partir de hoy usted, además de estar en la puerta, me va a preparar una planilla semanal. Allí anotará usted la cantidad de parejas que entran día por día. A una de cada cinco, le preguntará cómo fueron atendidas y qué corregirían del lugar. Y una vez por semana, me presentará esa planilla con los comentarios que usted crea convenientes.

El hombre tembló, nunca le había faltado disposición al trabajo pero.....
- Me encantaría satisfacerlo, señor - balbuceó - pero yo... yo no sé leer ni escribir.
- ¡Ah! ¡Cuánto lo siento! Como usted comprenderá, yo no puedo pagar a otra persona para que haga esto y tampoco puedo esperar hasta que usted aprenda a escribir, por lo tanto...
- Pero señor, usted no me puede despedir, yo trabajé en esto toda mi vida, también mi padre y mi abuelo...

No lo dejó terminar.
- Mire, yo comprendo, pero no puedo hacer nada por usted. Lógicamente le vamos a dar una indemnización, esto es, una cantidad de dinero para que tenga hasta que encuentre otra cosa. Así que, lo siento. Que tenga suerte.

Y sin más, se dio vuelta y se fue.

El hombre sintió que el mundo se derrumbaba. Nunca había pensado que podría llegar a encontrarse en esa situación. Llegó a sí casa, por primera vez desocupado. ¿Qué hacer?

Recordó que a veces en el prostíbulo, cuando se rompía una cama o se arruinaba una pata de un ropero, él, con un martillo y clavos se las ingeniaba para hacer un arreglo sencillo y provisorio. Pensó que esta podría ser una ocupación transitoria hasta que alguien le ofreciera un empleo.

Buscó por toda la casa las herramientas que necesitaba, sólo tenía unos clavos oxidados y una tenaza mellada.

Tenía que comprar una caja de herramientas completa. Para eso usaría una parte del dinero recibido.

En la esquina de su casa se enteró de que en su pueblo no había una ferretería, y que debía viajar dos días en mula para ir al pueblo más cercano a realizar la compra.

¿Qué más da? Pensó, y emprendió la marcha.

A su regreso, traía una hermosa y completa caja de herramientas. No había terminado de quitarse las botas cuando llamaron a la puerta de su casa. Era su vecino.

- Vengo a preguntarle si no tiene un martillo para prestarme.
- Mire, sí, lo acabo de comprar pero lo necesito para trabajar... como  
me quedé sin empleo...
- Bueno, pero yo se lo devolvería mañana bien temprano.
- Está bien.

A la mañana siguiente, como había prometido, el vecino tocó la puerta. - Mire, yo todavía necesito el martillo-  ¿Por qué no me lo vende?
- No, yo lo necesito para trabajar y además, la ferretería está a dos días de mula.
- Hagamos un trato - dijo el vecino- Yo le pagaré a usted los dos días de ida y los dos de vuelta, más el precio del martillo, total usted está sin trabajar. ¿Qué le parece?.

Realmente, esto le daba un trabajo por cuatro días... Aceptó. Volvió a montar su mula. Al regreso, otro vecino lo esperaba en la puerta de su casa.

- Hola, vecino. ¿Usted le vendió un martillo a nuestro amigo?
- Sí...
- Yo necesito unas herramientas, estoy dispuesto a pagarle sus cuatros días de viaje, y una pequeña ganancia por cada herramienta. Usted sabe, no todos podemos disponer de cuatro días para nuestras compras. El ex - portero abrió su caja de herramientas y su vecino eligió una pinza, un destornillador, un martillo y un cincel. Le pagó y se fue.

"...No todos disponemos de cuatro días para compras", recordaba. Si esto era cierto, mucha gente podría necesitar que él viajara a traer herramientas.

En el siguiente viaje decidió que arriesgaría un poco del dinero de la indemnización, trayendo más herramientas que las que había vendido. De paso, podría ahorrar algún tiempo de viajes.

La voz empezó a correrse por el barrio y muchos quisieron evitarse el viaje. Una vez por semana, el ahora corredor de herramientas viajaba y compraba lo que necesitaban sus clientes. Pronto entendió que si pudiera encontrar un lugar donde almacenar las herramientas, podría ahorrar más viajes y ganar más dinero. Alquiló un almacén. Luego le hizo una entrada más cómoda y algunas semanas después con una vidriera, el galpón se transformó en la primer ferretería del pueblo.

Todos estaban contentos y compraban en su negocio. Ya no viajaba, de la ferretería del pueblo vecino le enviaban sus pedidos. Él era un buen cliente.

Con el tiempo, todos los compradores de pueblos pequeños más lejanos preferían comprar en su ferretería y ganar dos días de marcha.

Un día se le ocurrió que su amigo, el tornero, podría fabricar para él las cabezas de los martillos. Y luego, ¿por qué no? Las tenazas... y las pinzas... y los cinceles. Y luego fueron los clavos y los tornillos.....

Para no hacer muy largo el cuento, sucedió que en diez años aquel hombre se transformó con honestidad y trabajo en un millonario fabricante de herramientas. El empresario más poderoso de la región. Tan poderoso era, que un año para la fecha de comienzo de las clases, decidió donar a su pueblo una escuela. Allí se enseñaría además de lectura y escritura, las artes y los oficios más prácticos de la época.

El intendente y el alcalde organizaron una gran fiesta de inauguración de la escuela y una importante cena de agasajo para su fundador. A los postres, el alcalde le entregó las llaves de la ciudad y el intendente lo abrazó y le dijo:

Es con gran orgullo y gratitud que le pedimos nos conceda el honor de poner su firma en la primer hoja del libro de actas de la nueva escuela. El honor sería para mí - dijo el hombre -. 

Creo que nada me gustaría más que firmar allí, pero yo no sé leer ni escribir. Yo soy analfabeto.

¿Usted? - dijo el intendente, que no alcanzaba a creerlo - ¿Usted no sabe leer ni escribir? ¿Usted construyó un imperio industrial sin saber leer ni escribir? Estoy asombrado. Me pregunto, ¿qué hubiera hecho si hubiera sabido leer y escribir?

Yo se lo puedo contestar - respondió el hombre con calma -. Si yo hubiera sabido leer y escribir... sería portero del prostíbulo!.

18 comentarios:

JLMON dijo...

Cambia tu vida, pero sin creer que es las de los demás...

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

No conocía esta historia. Me parece un gran ejemplo que puede tomar diversas variantes.
Un abrazo.

Josep Julián dijo...

Hola Fernando:
Espléndida historia. Y con mucha aplicación en los días que vivimos porque hoy en día el reciclaje está a la orden del día y no precisamente por iniciativa propia. Lo que dices, en la vida o cambias o te cambian.
Un abrazo.

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando: aleccionadora tu historia sin duda. No sé si estarás de acuerdo conmigo pero creo que más que cambiar se trata de evolucionar con el tiempo y con lo y los que nos rodean.
Un abrazo

Myriam dijo...

La historia esta es muy dulce y un excelente ejemploque rompre los prejuicios de que solo salen adelante quienes tienen carreras universitarias, cuando lo que se necesita para triunfar es un conjunto de competencias variadas, un maletín personal.

También enseña que toda crisis, todo cambio puede ser también para crecer y que no hay que tenerle miedo.

Que tengas un muy buen fin de semana

Asun dijo...

No conocía este cuento de Bucay, o al menos no lo recuerdo.

Ante los cambios que la vida nos pueda presentar, lo que no hay que hacer es quedarse sentado lamentándose, sino estar alerta para percatarse de cualquier oportunidad y tener vista para saberla aprovechar.

Me ha gustado el mensaje del cuento.

Besos

Fernando dijo...

Fantático, Fernando. Me ha encantado. Y estoy muy de acuerdo contigo. A veces un mero contratiempo nos saca de nuestra zona de seguridad (o comodidad) y nos vemos obligados a cambiar. El que sea para bien, depende de la voluntad y la manera de encarar los problemas de cada uno, como nuestro amigo el del cuento.

Maravillosa enseñanza

¡Un fuerte abrazo!

Fernando López Fernández dijo...

Sabias, muy sabias palabras.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola javier:

Pues asi es, podría tener variantes, pero lo que me llama la atención es el desenlace.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Josep:

Yo creo que el reciclaje siempre debe ser bueno, pero es cierto que cuanto más cómodo cuesta más. En cualquier caso o cambias o te cambian, asi que no tienes mucha elección.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Rafa:

Cambio, evolución, lo importante es saber que nada permanece y que no solo cambiamos nostros sino lo que nos rodea.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Myriam:

Las competencias se adquieren, lógicamente a mayor preparación mayores oportunidades, pero aprovecharlas depende de otras cosas como apuntas.

Feliz fin de semana

Fernando López Fernández dijo...

Hola Asun:

quedarse parado siempre es un mal síntoma porque eso quiere decir que uno se ha rendido.
Feliz fin de semana

Fernando López Fernández dijo...

Hola Fernando:

Así es, fíjate en el Tsunami de hoy, como puede haber cambiado la vida de miles de personas sin haberlo querido. Ahora están obligados a cambiar y a reorientar su vida.

Un fuerte abrazo

Pedro Ojeda Escudero dijo...

El problema es cuando la vida es eso que te pasa por encima, como un tren de mercancías.

Katy dijo...

Hola Fernado he vueltorespirando algo mejor. Conocia este relao de Bucay porque es un hombre que me encanta tanto como Coelho.
Relamente si no aspiras a poen el listón más alto y exigirte un poco más te quedaras ahi todas la vida. La vida es riesgo y aunque tengamos una parcelita es bueno aventiurse a veces.
Un beso y feliz semana

Fernando López Fernández dijo...

Hola Pedro:

Es un problema pero si se puede hay que levantarse o al menos intentarlo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Katy:

Me alegro que estés mejor y que vayas mejorando. La vida, más que riego, yo creo que es cambio continuo. Unas veces a mejor, otras a peor, pero en la medida que se pueda hay que modelarlo.
Un beso y feliz semana

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...