lunes, 7 de marzo de 2011

Carreteras indias: la muerte en el arcén.

India - Rajastan
Durante estos días se están cambiando los rótulos de las señales de tráfico. Allí donde ponía 120 ahora pondrá 110. No sé si esto es bueno, si esto ahorra energía o si esto, puede ser una de esas ocurrencias a las que no tienen acostumbrados los políticos como decía Javier Rodríguez Albuquerque en este artículo.

El caso es que la carretera siempre es peligrosa, pero hay algunas especialmente complicadas, como son las de Rajastán en India, donde te la juegas cada dos por tres como conté en Soul India.

A una velocidad o a otra, siempre prudencia.

Feliz lunes

Si hay algo que realmente se puede considerar aventura en India, son sus carreteras, una aventura gráfica de «Play Station»; con la diferencia que en ellas sólo tienes una vida: no hay posibilidad de repetir, grabar o reiniciar partida. Mal asfaltadas, llenas de socavones, irregulares, en ellas apenas se ven coches. Autobuses y camiones son dueños absolutos de estas rutas de la muerte, donde no impera la ley del más fuerte, sino la ley del que tiene más suerte; suerte de no morir en un choque frontal, de no atropellar a un animal, de no ser expulsado de la maltrecha carretera, de no reventar las ruedas con una piedra olvidada del último accidente.

Circular por ellas es jugar a una ruleta rusa en la que la última bala es un camión no esquivado, un autobús que no pudo adelantar o un animal despistado que ignora que en la carretera no son sagrados. Dentro de la recta monotonía de la carretera, cada poco tiempo encuentras de frente, y a escasos treinta metros, autobuses, camiones y coches que vienen juntos, en brutal estampida sonora; vehículos, que hasta unos instantes de estrellarte contra ellos, no sabes quién va a ceder en el estrecho margen de la carretera. Parece que la muerte espera en un volantazo: se pasa miedo.

A ambos lados de las desgastadas pistas, multitud de carteles invitan a la prudencia en la conducción. Son campañas de tráfico emocionales, que recuerdan que es mejor llegar que no, que alguien te espera y que la vida es maravillosa. Campañas que no son leídas, porque los conductores están pendientes de no atropellar un animal o finalizar la partida de la vida en un crash, pluf, plaf................clonk.
India Rajastan
 Todos los camiones tienen en la parte trasera un mensaje que viene a decir más o menos: «por favor, toque el claxon». Es la forma de adelantar, y así se hace en general, hasta que los que pitan son ellos avisando que en breve verás un accidente. En esos casos, reducen la marcha para, lentamente, maniobrar entre los amasijos de hierro y humo de accidentes de pocas horas; a veces de minutos. Los reventones son frecuentes, y los triángulos de señalización son piedras que se sitúan alrededor del vehículo reventado.

En las carreteras indias, todo aparece por sorpresa: el más experimentado conductor extranjero lo pasaría francamente mal. Si lo llega a pasar, claro. No existe la lógica, no existe la prudencia. Esto era India.

Camellos, vacas, búfalos, ovejas, cabras, palomas, perdices, perros, gatos, ciervos y pavos reales se cruzan en el camino. A veces, ya muertos en mitad del asfalto, semidevorados por aves carroñeras. Los animales ni se inmutan, y los conductores indios tratan de esquivarlos añadiendo más emoción a un corazón que ya está próximo al infarto. La paradoja es que estas carreteras de la muerte te hacen sentir más vivo. Son carreteras que inyectan adrenalina.

Los restaurantes y áreas de descanso son tristes, mugrientos, pero son ideales para tomar aliento y reposar un estresado corazón que, cuando desciendes del coche, sigue siendo tambor: el restaurante de carretera indio es un montón de pucheros ennegrecidos, llenos de comida indescifrable hasta que la examinas en un thali o bandeja donde la sirven. La única nota de color la ofrece el logotipo de «Pepsi» que suele estar en casi todos los dhabas; cuatro sillas de plástico, que algún día fue blanco y mesas llenas de herrumbre que hacen compañía a unos camastros en los que los somnolientos y aburridos camioneros descansan tumbados o sentados: no hay más.
India Rajastán
Allí, parábamos Dinesh y yo. Él almorzaba su buen plato de dhal con chapati, y otras verduras: lo hacía con la mano derecha, a toda velocidad. Era una comida de dibujos animados. Restregaba el chapati por la comida y lo introducía en su boca que quedaba brillante por los diferentes aceites o salsas con las que pringaba. El agua, la bebía como si bebiese de un botijo o una bota: los indios nunca tocan el gollete con la boca. Después, eructaba varias veces y se lavaba las manos con el resto de agua que había quedado en su vaso de metal.

En estos calurosos dhabas, me limitaba a beber agua mineral, un refresco o un té. No me apetecía comer nunca. Lo más que hacía era probar del plato que siempre me ofrecía Dinesh.

 Comer y conducir son las dos únicas cosas que los indios hacían a toda leche.

Observaba a la gente que bajaba de los autobuses: unos autobuses de ventanillas rotas, de equipaje sujeto al techo, atestados de gente; eran «infiernos en movimiento». Jugaba a adivinar cómo sería su vida ¿Quién los esperaría al final del trayecto?, ¿por qué subían a ese autobús...? Me miraban con ojos de quien no entiende qué se me había perdido allí. Ellos, con suerte, llegarían a su destino.

Como en la vida, cada carretera te lleva a un destino. En el caso de estas gentes queda limitado a uno, que no va generalmente más allá del depósito de gasolina o de la muerte en el arcén. 



10 comentarios:

MTTJ dijo...

Hola Fernando
Precioso relato que retrata perfectamente como discurre la vida y la muerte por aquellas carreteras. Leí hace poco, que el mayor porcentajes de muertes de turistas era debido a accidentes en carretera y me imagino que la India se debe llevar un buen tajo.
Feliz semana

Asun dijo...

Mientras te iba leyendo me han ido pasando por la cabeza, como en una película, imágenes de las carreteras rumanas, que aunque en menor nivel también se las traen. Allí las vacas no son animales sagrados aunque gozan de los mismos privilegios. Parece que por la mañana les dieran un reloj y les dijeran: a las siete a casa. Si se te ocurría circular a esas horas, ya te podías armar de paciencia, porque iba cada una a su bola de regreso a casa, sin ningún ser humano en las inmediaciones a su cargo. A eso súmales los socavones, los carros cargados de hierba tirados por caballos o burros, los gitanos transhumantes andando a pie de carretera con sus fardos al hombro, las poblaciones atravesadas por carreteras principales sin nada que se pudiera parecerse a una acera y con todo el niñerío jugando en la calle... En fin, toda una carrera de obstáculos que mejor era sortear antes de que se escondiera el sol, porque si no después había que sumarle la escasa (o nula) iluminación de las carreteras e incluso a veces de los vehículos.
Una gran aventura.

Besos

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola Fernando:
La verdad es que visto lo que hay por ahí fuera, da "no se qué" ver en qué debates estamos metidos los civilizados de occidente.
Un abrazo.

Katy dijo...

Hola Fernando,, algunas sudamericanas tampoco se quedan atrás. Como siempre tu relato vivo y esxperiencial.
Yo me alegro a del 110, lo malo es que si es tan bueno como dicen ¿a santo de que las previsiones hablan de 3 meses?
A ver si hay menos accidentes y si el consumo se reduce. Ah y que no cobren peaje en las autopistas, que se han hecho para correr:)
Un beso y feliz semana

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando: he estado en Madrid unos días ayudando a mi hijo que se cambiaba de casa. A mi regreso, a 110 por hora, a Burgos, por la A-1 que está ¿infernal? (después de lo leído), me encuentro con este magnífico post que parece salido de una película del novechento italiano. Estupendo tu artículo al igual que todos los que hablas de tus viajes: me encantan. Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Maria Teresa:

Así es, María Teresa. La carretera que va desde Ajmer a Jaipur tiene un altísimo índice de siniestralidad. Eran una burrada de accidentes (miles al año) los que tenían lugar en esa carretera y yo te aseguro que a veces pasé mucho, pero que mucho miedo.
Feliz semana y el fin de recupero tus entradas.

Fernando López Fernández dijo...

Hola Asun:

He puesto el ejemplo de India, tu el de Rumania, pero hay muchos paises más. España está muy , pero que muy por encima en seguridad de muchos paises.

Como dices, circular en algunos sitios es una aventura.
Un beso

Fernando López Fernández dijo...

Hola Javier:

Un día contaré aquí un trayecto que hice para cruzar la frontera Guatemala México en el que el conductor me iba enseñando como si de un tour e tratase las cruces que que se divisaban y me explicaba como habían sido los accidentes con esa sorna centroamericana que juega con la muerte. Curioso.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Katy;

Eso le comentaba a Javier. Ahora tienes mucha razón en lo que dices ¿que clase de coherencia es esa de los tres meses? Si ahorramos ahorramos siempre, si es por los accidentes que haya menos, pero no juguemos como siempre a eso de las medias tintas y a ver por donde sale el sol.
Un beso

Fernando López Fernández dijo...

Hola rafa:

Ya se que has estado liado con las mudanzas y eso. También un pequeño secretillo que me contó susana, con lo cual con lo de 110 te acaban de fastidiar. En cualquier caso siempre es agradable verte por aquí y podemos seguir leyéndote.
Un abrazo

Soul Business

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