jueves, 10 de febrero de 2011

Frontera con Pakistan: Soul india


Amritsar - Cerca de la frontera


Hoy viernes os dejo algo de Soul India. sobre nacionalismos y lo que sigo pensando de ellos después de muchos años.

Feliz fin de semana

Los últimos restos del agua caída habían formado grandes charcos en varios puntos de la ciudad. La mañana asomaba radiante, de buganvillas limpias y un sol picante, que en horas secaría los temporales lagos nacidos de las lluvias, convirtiéndolos en barro, en aceras movedizas y traicioneras que hundían aún más los esfuerzos de la vida.

Con dificultad, el ciclo rickshaw walash que me transportaba hasta el templo de Durgiana pedaleaba por unas calles desniveladas que obligaban, en ocasiones, a hacer un trabajo solidario para liberar unas ruedas sin guardabarros de la tierra humedecida. Nos arrastrábamos humillados, con la cabeza agachada, empujando por el manillar y por uno de los laterales del asiento, tensando unos músculos que se agotaban en cada empujón, en cada vuelta de radio. Éramos dos hombres con un mismo problema; éramos un problema para el conductor de un camión de reparto que su mala suerte puso a nuestro lado. Cuando conseguimos escapar, nos recompensamos con sendas botellas de agua mineral y un rato de conversación.

— ¿Conoce la frontera con Pakistán? —dijo mi ciclo-chofer—. Es verdaderamente bonita, muy interesante. Si quiere yo lo puedo arreglar.

El día anterior, en mi paseo por el mercado de Amritsar alguien me lo había comentado también. Tenía toda la tarde libre y sólo eran treinta kilómetros por unos paisajes que, según me pintaron, debían ser espléndidos. No lo pensé mucho, aunque la frontera me imponía un poco de respeto. Regateamos el precio fácil; de precio de salida razonable. Un coche me esperaría a las puertas del hotel a media tarde, a las seis; no antes ni después. Eso era importante aunque ignoraba la razón. Nos despedimos en la entrada del templo de Durgiana.
Amritsar . India
En el templo, caminé por el mármol mojado y permanecí en su interior, no sé si rezando o meditando un buen rato antes de recoger mis compras y regresar al hotel.

A las seis en punto, me esperaba un sij bastante serio, de esos que infunden respeto: era un sij duro, de rostro de guerrillero que ves en el telediario; de esos que en cualquier momento se cabrea y te la lía. El coche era una furgoneta pequeña, bastante vieja, destartalada, sin nada de serie y golpeada por el tiempo.

Las relaciones de India con Pakistán en esos momentos, creo que en ninguno, eran buenas y esto, unido al «careto» del sij me acongojaron un poco. Sólo cuando monté en la parte delantera y vi una pegatina del gurú Nanak me calmé un poco. No tenía ni idea de lo que iba a ver, no sabía cuánto tiempo duraría la excursión, no me habían explicado nada. Me dejaba llevar a un lugar en el que precisamente los turistas no debían estar muy bien vistos. Abandonamos Amritsar atravesando unos animados arrabales que anunciaban el final de la India. No sabía qué ocurriría allí, mi chofer no hablaba y las preguntas eran respondidas con un lacónico sí o con un seco no. Solamente por ver los campos de arroz, valía la pena arriesgarse. A medida que nos acercábamos, el tráfico era más denso y la velocidad de atasco. Cuando llegamos, me dijo que bajase, que debía andar quinientos metros. Él me esperaría hasta mi regreso.

La frontera estaba atestada de gente: se vendía agua, banderines de India, postales y discos del templo Dorado: ¿Qué significaba todo eso?, ¿dónde carajo me habían llevado? Manejaba diferentes hipótesis, entre ellas que la frontera era, en realidad, un lugar de compras libre de impuestos donde la gente acudía a comprar. Nada más lejos de la realidad. Seguí a la multitud para saber donde acababa todo.

En el puesto fronterizo, un soldado me pidió el pasaporte, me cacheó por todas partes, descubriendo una pequeña navaja que llevaba. No me la quitó. Trajeron un perro, y durante unos segundos me olisqueó llegando a apoyar sus patas en mi pecho, al tiempo que el soldado lo manejaba a tirones, moviéndolo a mí alrededor: —Es por las bombas, ¿sabe?, fue su única explicación. En esos momentos ya se había hecho un corrillo de indios a mi alrededor. Anduve un rato y, tras pasar dos controles más, aparecí en un anfiteatro repleto de gente que canturreaba y portaba grandes banderas de India.

India - Frontera con Pakistan
Los soldados nos acomodaban en los graderíos y nos aprisionaban sin dejarnos mover de ese «anfiteatro de concentración». A escasos cien metros, otro anfiteatro, otro graderío: esta vez en Pakistán.

No entendía nada. Allí tenía lugar el espectáculo más absurdo que vi en India: pakistaníes e indios se decían de todo menos bonito, ante la comprensiva y orgullosa mirada de los militares que controlaban las enfervorizadas masas. Cada pocos minutos, un exaltado indio saltaba desde la grada y galopaba ondeando su bandera hasta la verja que separaba los países, mientras la gente coreaba y celebraba su osadía: un sitio de esos que piensas que se va a liar la de Dios es Cristo, un sitio de portada de diario del tipo trescientas personas mueren en una avalancha de gente en la frontera de India y Pakistán.

India - Frontera con Pakistán

Realmente, el espectáculo consistía en ver cómo los militares de uno y otro país desfilaban y arriaban las banderas entre los gritos de júbilos del gentío. La distancia entre banderas era apenas de diez metros; diez metros donde aumentaba el odio: diez absurdos metros llenos de rencor.
India - Frontera con Pakistan

No me parece mal que la gente se sienta orgullosa de su país, de su región, de su ciudad, de su pueblo... Un puntillo nacionalista es bueno, es una referencia; pero de eso a demostrarlo mediante el insulto, el desprecio, el terrorismo, la chulería... media un abismo, y me parece una solemne estupidez.

En un mundo en que las principales fronteras que van quedando son las económicas y las religiosas —las demás van cayendo—, es absurdo cegarse en el odio que nace de la ignorancia, y en la cruel creencia de sentirse superiores a otros pueblos, de creerse los elegidos de Dios, los únicos. Y que no me cuenten historias de hechos diferenciales y de patrias inmaculadas. La historia es muy larga y nosotros sólo escribimos renglones; renglones torcidos, renglones fundados en la subjetividad, porque a todos nos han lavado alguna vez el cerebro. A mano y a maquina. El problema aparece cuando a algunos les centrifugan sin utilizar suavizante y les echan un poco más de lejía. Es entonces cuando sus cerebros son movidos por aspas de molino que arrojan aires de abducción que impiden comprender que los nacionalismos extremos no son más que el resultado de una frustración interior, de la perdida de la razón. 


18 comentarios:

Katy dijo...

Había leído acerfa de este espectáculo i me pareció de lo más irracional. No lo he he entendiddo ni lo entenderé. Como siempre clarividente tu visión y un post intrigante con su dosis de misterio.
Recurdo que recién llegada a España dije ante un grupo bastante selecto que no entendía como la gente se " insultaba y se matada por un trozo de trapo" Casi me fulminaron. Hace relativamente una de esas personas me comentón. Ahora te entiendo.
En fin de lo que se deduce que lo que late en el fondo es nuestra experiencia vital.
Un beso y buen finde
P.D.
No me gustan nada las alambradas, a pesar de la foto que ews buena

JLMON dijo...

Ay! Don Fernando...
Los nacionalismos son como los trasteros de las viviendas, encuentras todo lo que quieres olvidar, pero no te atreves a tirar.
Cuidate

Asun dijo...

La verdad que vaya espectáculo tan absurdo. Ya de entrada cualquier izada de bandera siempre me ha parecido algo absurdo como espectáculo, pero si ya encima se organiza como un tema de rivalidad para despertar y alimentar el odio entre iguales, porque aunque les pese todos son seres humanos y por tanto iguales, todavía le encuentro menos sentido.

Besos

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola Fernando:
¡Qué desastre!
Qué fácil es mover el ascua para que que estalle la llama.
Somos tan ignorantes...
Un abrazo.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Excelente entrada: por la crónica y la reflexión. Lo malo es que estos sentimientos son azuzados por los intereses económicos que nos rigen y nosotros estamos ciegos.

Fernando López Fernández dijo...

Hola Katy:
Eso es lo que me llamó la atención, la irracionalidad de la gente. Nada nos hace mejores o peores por haber nacido en un lugar. Refugiarnos en banderas o naciones no nos viene nada bien.
Un beso
A mi tampoco me gustan las alambradas, pero había que elegir una foto que representara la división.

Fernando López Fernández dijo...

Hola José Luis:

Como siempre das con el dardo en la palabra. Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Asun:
A mi lo que me preocupa es que se confunda una bandera como seña de identidad con la bandera que enarbola el odio y la rivalidad. Eso es lo que me preocupa.
Un beso

Fernando López Fernández dijo...

Hola javier:

Eso es lo triste, que la ignorancia nos lleve a eso.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola pedro.

Gracias por pasarte, Muchas veces, como apuntas detrás de todo está el dinero, otras simplemente el odio aprendido de la ignorancia, de nuestra ceguera.

Un saludo

Katy dijo...

Buenas noches Fernando, lo de las alambradas no iba por la foto que es excelente y bien elegida, sino por lo que simbolizan.
Un beso y feliz semana

Fernando López Fernández dijo...

Hola Katy:

Así es a ninguno nos gustan.

Feliz semana

cristal00k dijo...

Curioso lugar y estúpido espectáculo, que no conduce a nada que no sea un absurdo enfrentamiento "anunciado".
Pero como sea, te he leído sin respirar y me quedo pensando, si en ningún momento te sentiste en peligro... y en si el sij, te esperó hasta tu regreso.
Lo que explicas, me recuerda al típico comportamiento "disuasorio y de bravata" de algunas especies animales con el "enemigo". Por lo visto, no andamos tan lejos de esas especies, sin importar la forma en como se haga. Unos van en portaviones enseñando la bandera y el terrible armamento y otros corren hacia la alambrada...
En fin, humana conditio, supongo.
Magnífico post, Fernando.

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando:
Llego algo tarde a este estupendo post, pero ya se sabe nunca es tarde... Me ha gustado. Desconocía que existiese ese ¿espectáculo?, me parece deprimente y por tu parte eres un poco irresponsable contigo mismo: que atrevimiento el tuyo.
Los nacionalismos, ya sabes lo dijo ¿Unamuno? se solucionan viajando.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Cristalook:

Pues la verdad es que en algún momento no sé si llamarle peligro, si sentí que eso se les podía ir de las manos aunque el tono fuese seudofestivo. Y aquí hablamos de nacionalismos casi religiosos (Pakistán musulman - India más variadito (hindu, sij, musulman, jain etc..) lo que todavía puede ser más peligroso. De hecho, fíjate que apasionante se organizó en tu blog con tu última entrada.

En el fondo, como apuntas, nuestro comportamiento a pesar de la evolución de la especie sigue siendo muy animal.

Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola rafa:

El espectáculo no se si deprimente, pero si para mostrarnos algo de lo pero del ser humano. Hombre, más que irresponsable curioso, pero si lo hubiese visto mal, hubiese hecho la moviola como dice leo.

Un abrazo

Myriam dijo...

Cierto. Creo que las fronteras no deberían existir. Qué dificil fué la partición de la India y Pakistan y que dificil resulta constatar que esos odios no se hayan superado.

La foto es excelente y lo resume todo.

Y gracias por venir a verme el día de mi cumple aún estando de viaje. Besos

Fernando López Fernández dijo...

Hola Myriam:

La partición de india y pakistán quizá haya sido uno de los mayores errores históricos porque no dividió solo un pais sino que lo hizo religiosamente. y eso siempre es peligroso.
Un abrazo

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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