miércoles, 9 de febrero de 2011

Croquetas caseras


De vez en cuando regreso a casa de forma pausada. Me bajo del autobús o del metro a una distancia de dos o tres kilómetros del hogar dulce hogar y a tirar millas. Las razones las expliqué hace tiempo en el post “Una terapia peligrosa”. Cuento esto porque hoy ha sido uno de esos días en los que bajando por Bravo Murillo,- esa pequeña América que se fusiona con el Madrid popular y con el Magreb,- me iba fijando en las cafeterías, los comercios, los bares  y la gente. De  repente, un letrero ha provocado que el resto de mi paseo se haya convertido en un profundo debate filosófico en el que me he cuestionado muchas cosas sobre eso del comer y del beber.

Os habréis imaginado que el título tiene que ver bastante con esas reflexiones que han ocupado gran parte de mi trayecto: Croquetas caseras.

De todos es conocido, que se suele decir que como en casa no se come en ningún sitio, que el mejor cocido, empanadillas, tortilla de patata, callos los hace la madre de uno. De esto saben mucho la esposa, mujer,  novia, pareja o mi chica (que ahora se llama así a lo anterior, eso sí sin quitarle el posesivo) ya que el esposo, marido, novio, pareja o mi chico se lo recuerda a menudo.  Pero me desvió.

Nos quejamos, criticamos y hacemos mofa y befa de muchos eufemismos gastronómicos o soplapolleces que se utilizan hoy en día en la cocina. En descubrirlo Leo Harlem es un experto, y no le falta razón, pero tampoco le sobra, porque en realidad la misma técnica para engatusarnos con la comida se ha utilizado aquí a nivel masivo por parte de bares y restaurantes menos creativos a la hora de elaborar el plato, pero con nombres igual de sugerentes a la ahora de colártela. De ahí que existan una serie de adjetivos o palabras mágicas que ensalzan los platos y al final parecen ser mejores de lo que son. 

En mi paseo he hecho mi propia lista de la que hoy os dejo dos reflexiones .

Casera: como las croquetas o como la comida. Tu ves un letrero, una carta que pone casera y ya parece que lo que vas a engullir es bueno Per se. Y yo me pregunto. ¿Pero de la casa de quien? ¿de la de mi madre o de la suya? ¿En todas las casas se cocina igual? ¿El recetario es el de la Marquesa de Parabere, el de Simone Ortega, viene de tradición oral, viene de serie? Parece que el poner casera ya tiene que ser como en nuestra casa y no es así.

Yo sin ir más lejos, tengo una tía que hace unos torreznos espectaculares, pero son los de su casa, luego para que yo me lo creyese debería poner “Torreznos como se hacen en la casa de la tía de Fernando”.

Por otro lado hay sitios y casas en los que se come mejor que en la propia (ojo hablo de comida no de todo lo que la rodea como puede ser el afecto, el cariño etcétera) y casas en las que mejor que no te inviten a comer nunca. En esos casos no puedes huir, como también describe Larra en su Castellano viejo ni tampoco puedes patalear y decir cosas como “jo, no me gusta o similar.

Pero claro, después de lo de casera, aparece otro apelativo que es mágico: De la abuela. Y ya se ha liado, porque uno piensa que si es casera es buena, pero si además es de la abuela, o de la abuela a secas, estamos hablando de palabras mayores. ¿las abuelas cocinan siempre mejor que las madres? ¿has probado la cocina de tu abuela? ¿tienes abuela?  ¿a que edad una mujer pasa de ser madre a abuela en esto de cocinar? ¿y donde queda mi tía, la de los torreznos? Me pierdo.

Y es que las abuelas son como el druida Panoramix. Son capaces de convertir unas simples patatas o unas lentejas en ambrosía, en néctar de los dioses. Da la sensación de que por el hecho de ser abuela una persona se convierte en experta en fogones.

Esta bacalada de la abuela se utiliza mucho para ilustrar los nombres de los guisotes, de los platos de cuchara y de los postres, donde parece ser que es donde controlan mejor la técnica culinaria.

Uno no puede por menos imaginarse a miles de abuelas a hurtadillas, en fogones clandestinos, sin estar dadas de alta en la seguridad social o ampliando la edad de jubilación que ríete tu de los pactos sociales, cocinando para decenas de personas cuando por muy numerosa que fuese su familia no ha cocinado el mismo día varios platos para más de veinte.

Hay muchos concursos de gastronomía, pero ¿conocéis algún certamen exclusivo para abuelas? ¿Cuándo Arzak, Adriá, Arola y demás mega cocineros sean viejecitos se sustituirá el término por “Del abuelo”?

Unas croquetas si son buenas no necesitan de adjetivos o calificativos si no es para especificar que son de jamón, de huevo, de pollo o de lo que sean. Si son buenas se venderán solas. No mezclemos la casa de uno con la del otro ni metamos a las abuelas en el mismo saco. Nuestro estómago, nuestro bolsillo y nuestra mente nos lo agradecerán.

Como el paseo ha sido largo, otro día seguiré con lo de tradicional, del huerto, de autor y demás palabrejas que rara vez se corresponden con lo que uno tenia en mente.

Feliz miércoles: Hoy en Thinking Souls ?????

10 comentarios:

MaS dijo...

Fernando,
tu post me hace corroborar lo que ya pienso: que las palabras, solitas, no venden. Así las cosas, hay que apelar a las imagenes que guarda nuestro cerebro, en algun lugar, y a las emociones que esas imagénes nos provocan.
Aquí hablamos de comida, pero prueba a hacerlo de cualquier cosa.
Todos queremos llegar a ese rincon del cerebro del otro y persuadirle a que consuma, gaste, compra,... lo cual sólo logramos si le emocionamos.
Te dejo. Me lanzo a la búsqueda de esas croquetas "mentales".
Buen miercoles, M.

Myriam dijo...

¡jajajajja1 Me debo un paseo por Tetuén con máquina de fotos la próxima que esté en Madrid.

De tus croquetas te digo: ¡qué razón tienes!

(ahora que soy abuela, me salen mejor. ¿pero... que son? ¿escarpines de bebé? jajajaja ¡¡ahhh no!! ¡eso era tejer con punto cricket! ... pero, cricket ¿no era un juego de jardin?) uyyyy que lìo...

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola Fernando:
Estas expresiones tan actuales lo que nos están recordando que ese modelo de cocina entrañable está en extinción y como tal es muy valioso.
Ya hay mucha gente que te vende una "alubiada" (al menos por aquí) como un manjar de dioses y te pega unas clavadas...
Un abrazo.

Asun dijo...

Me he reído con tu entrada. Anda que no habrá abuelas cuya comida sea incomible, o mujeres que no sean abuelas y cocinen de rechupete (yo, sin ir más lejos, jejejejejeje). Así que ya sabes, si en algún sitio ves "Croquetas caseras de Asun", o simplemente "Croquetas de Asun", puedes entrar sin dudar que no saldrás decepcionado jajajajajaja. Puede parecer un poco de presunción por mi parte (que no preasunción :-)), pero es que yo no tenía abuela. Bueno, tenerlas las tuve, pero a una no la llegué a conocer y la otra murió siendo yo muy niña, así que eso de "croquetas de la abuela"... como que no.

Besos

Katy dijo...

Ciertamente una reflexión curiosa que alguna vez me he plantado en diferente contexto.
Lo que hemos comido en casa es lo más rico aunque para otros sea incomible;)
La esposa que no sabe cómo agradar al marido que elogia sus platos pero siempre apostilla" Te ha quedado exquisito pero no sabe como la de mi madre. Un buen día se le pegan las lentejas y espera el consiguinte reproche y escucha lo siguiente:
"Por fin le has dado el sabor que le daba mi madre. Te felicito"
Un poco exagerado pero mi experiencia me dice que se asemeja basrtante a la realidad.
No se los torreznos de tu tía pero como los de que hacia mi padre no los volveré a comer nunca.
Un post feliz.
Un beso

Fernando López Fernández dijo...

Hola Mas

Pues creo que has dado en la masa. Compramos emociones aunque vengan envueltas de palabras, olores, música etc...

Buen jueves ya casi.

Fernando López Fernández dijo...

Myriam:

Es que las abuelas sois así ja ja y os liais. No dejes de ir por la zona, es un Madrid muy interesante.

Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Javier:

Yo creo que MaS ha dado con la clave, que al final apelamos a las emociones. Lo de la alubiada me ha recordado a lo del anuncio ese que había de fabada que la abuela era un icono que se la colaba al pardillo.

Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Asun:

Pues un día tendrás que hacer buenas tus palabras. A mi eso de las croquetas de asun ya me suena bien je je.
Un beso

Fernando López Fernández dijo...

Hola katy:

Tu como buena cocinera lo habrás experimentado más de una vez ¿te acuerdas el otro día cuando hablabamos de comparaciones? pues esto de alguna manera es lo mismo. Las sensaciones o emociones, que forman parte de la comida no se pueden comparar. Unas croquetas serán buena y otras malas, pero eso será en función del gusto, el momento y como decía MaS de como estemos de "emocionados"
Un beso.

Soul Business

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