miércoles, 12 de enero de 2011

Escuelas para aprender de personas


Como ya he dicho otras veces, una de las cosas buenas que tiene los blogs es que conoces, aunque sea “virtualmente” – lo entrecomillo porque no me acaba de gustar esta palabra - a un montón de gente que te enseña un montón de cosas, nuevas perspectivas; gente que te aporta ideas o te las aclara; gente que te da claves, te inspira o te sugiere. Que mola, vamos.
El otro día leía un interesantísimo artículo de Astrid Moix (@astridmoix) en el que comentaba la importancia de conocer los aspectos culturales y sociales que hay que tener en cuenta en la gestión de personas en unos entornos cada vez más internacionalizados y el papel que deberían tener los profesionales de los recursos humanos para contribuir al éxito de la internacionalización de las empresas. 

El caso, que juguetón como soy, le estuve dando vueltas al asunto, dibujando ideas en mi cabeza y llegué a otra de esas absurdas conclusiones fruto de esa revolución neuronal pasada de vueltas.

Necesitamos escuelas para aprender de personas.

Y lo digo así, sin despeinarme. Es cierto que abundan los libros sobre protocolo en los negocios, sobre costumbres que, la mayor parte de las veces tienden a encasillar, a meter a todo el mundo en el mismo saco y a crear clichés que acaban por convertirse en verdades. Así, por ejemplo, a nuestra imagen (en general) los japoneses son unos estajonovistas de cuidado que comen pescado crudo y siempre van en grupo y nosotros a la suya, primos hermanos de José Tomás y Joaquín Cortés, gritones y juerguistas. Pero me voy del hilo.

Las escuelas y las universidades siempre han estado “dirigidas” a preparar a la gente para el Sistema, sea este local o global. Enseñan leyes, finanzas, técnicas de mercadotecnia, idiomas, geografía etcétera pero poco sobre las personas, es decir sobre como somos, el porqué de nuestras conductas, pero enseñan poco sobre nuestras emociones, las de todos, como si eso fuese una debilidad o careciese de importancia para saber manejarnos; no enseñan a desarrollar la empatía sino el odio o la compasión; no enseñan a gestionar las diferencias ni a aprovechar las oportunidades de enriquecimiento como apuntaba Astrid. En definitiva, como casi siempre, mucha teoría, poco práctica y una corta y cómoda visión sobre el asunto. Luego pasa lo que pasa, que no nos entendemos aunque nos toleremos.

Y eso pasa porque no somos capaces de tener una visión más amplia en la que contextualizar a las personas, lo que nos lleva a clasificarlas y agruparlas por estatus social, económico, religión, gustos y preferencias pero no por lo que son y sienten realmente, por lo que pueden aportarnos y nosotros aportarlos. Nosotros mismos creamos barreras, a veces de forma inconsciente, pero barreras que limitan el conocimiento y el entendimiento entre personas y, como consecuencia de ello, la eficacia de la comunicación, que es fundamental para avanzar en las relaciones ya se trate de un ámbito personal o profesional.

Yo, lo poco que se de personas, me lo han enseñando, la familia, los amigos, los compañeros de trabajo, los viajes: el haberme acercado y compartido algo con la gente… En mi humilde opinión, no somos tan diferentes. Todos compartimos emociones, valores, sentimientos, lo único que cambia es el contexto y eso, también es importante conocerlo; pero si solo se tiene en cuenta el contexto, al final caeremos en el error de que las personas son muy diferentes, que es lo que nos han enseñando siempre.

Así que necesitamos escuelas para aprender de personas. Lo bueno y lo malo, que hay cada uno por ahí suelto…

Feliz miércoles.

Hoy Thinking Souls. Pablo Rodriguez (@pablorb) Un gran tipo.

14 comentarios:

Alberto Barbero dijo...

Hola, Fernando:

Comparto contigo el planteamiento de fondo. Ayer mismo nos encontramos tú y yo con una frase de Osho: "La naturaleza humana como tal no existe. Existen tantas naturalezas humanas como seres humanos".

Sin embargo pienso que la "escuela" (al menos tal y como la hemos conocido por aquí en estas últimas décadas) es más un mecanismo de reproducción social y de estereotipos y menos un instrumento al servicio del crecimiento humano, del desarrollo de la amplitud de miras, de la creatividad y de la flexibilidad, por ejemplo.

Yo más bien creo que la mejor vía para asomarnos a relaciones más humanas, personalizadas e individualizadas es la de fomentar conversaciones de calidad permanentes y estimular el despertar de la empatía en todos los foros de los que formemos parte.

MaS dijo...

hum... sucede que lo que se pueda aprender en esa escuela no puede venir dado porque otro te lo enseñe,sino por lo que el propio "alumno" aprenda por sí mismo.
De ahí que yo apele tanto, tanto, a la reflexión.
En cualquier caso, ¿dónde hay que presentar la inscripción?
un beso, tambien sin despeinarme.
M.

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Éstá claro. Queda todo un mundo por desarrollar en torno a las relaciones humanas. Esto ni siquiera ha empezado todavía.
Un abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

Hola Alberto:

Me gusta y lo comparto eso de que la escuela (en las últimas décadas) es más un mecanismo de reproducción social que lo que debiera ser, pero las cosas , en este sentido parece que no evolucionan mucho. Por otro lado, la conversación creo que sería un buen paso, pero ésta debería ser, desde mi punto de vista no sólo individualiza ya que se corre el riesgo de que quede estancada. Conocer, conversar y compartir. Creo que ese es un buen camino.
Un abrazo y gracias por pasarte que se que estás muy liado.

Fernando López Fernández dijo...

Hola MaS:

De acuerdo en lo que comentas María, pero para que ocurra eso se deben dar las condiciones, es decir, que al "alumno" se le den las posibilidades, algo que no ocurre de forma habitual.

Ah¡, a lo de la reflexión yo también me apunto.
Un beso ya despeinado

Fernando López Fernández dijo...

Hola Javier:

Un mundo y parte del otro. Pero avanzariamos mejor ¿no te parece?.
Un abrazo

Katy dijo...

Hola Fernando, creo que toda la vida estamos aprendiendo cuand compartimos lo no solo lo que sabemos sino lo que somos. Una cosa la teoria y otra el dia a día, que es la práctica.
Como apuntas no somos difrentes en cuanto a que somos de la misma especie. cada cual con sus experiencias de vida. Compartirlas es lo que realmente nos ayuda a avanzar. Y es el legado que dejaremos.
Un beso

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando:
Sin llegar al estudio que comentas, está claro que para relacionarse con la gente hay que procurar dejar a un lado cualquier tipo de prejuicio. Lo que dices: el contexto en el que nos movemos cada uno.
Muy interesante tu propuesta, habría que extrapolarla también hacia una escuela para aprender a ser padres. Un abrazo

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

En realidad, no hay otra forma de aprender.
Y tienes razón: la red tejida en los blogs puede dar muchas cosas buenas.

JLMON dijo...

ahí, ahí...
El asunto es aprender para enseñar y enseñar para aprender
cuidate

Fernando López Fernández dijo...

Hola Katy:

Compartir es una forma de aprender y conocer. el problema es que no nos han enseñado demasiado bien a hacerlo. Si no, no estariamos así.

Un beso

Fernando López Fernández dijo...

Hola Rafa:

Queremos conocer a la persona sin concoer su contexto y así es complicado. Lo de la escuela de padres estaría bien, no te digo yo que no, pero ¿cómo?

Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Pedro:

Yo, desde luego es la mejor forma que he experimentado, y por aquí, también es una buena forma de hacerlo.
Un saludo

Fernando López Fernández dijo...

Hola José Luis:

Pues chapeau por el comentario.
Un abrazo

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