lunes, 31 de enero de 2011

Cuando las comparaciones son ociosas


Mumbai - India 

No, no me he equivocado en el título. Nos pasamos la vida comparando. Comparando lugares comparando negocios, comparando cosas, personas. Esto en sí no tiene porque ser malo, es una forma de tener una referencia, una forma de poder evaluar nuestro entorno, nuestra circunstancia y a nosotros mismos.  Sin embargo, lo hacemos mal – no hablo de subjetividad y objetividad que son las dos caras de una misma moneda dependiendo del como y el cuando – sino más bien de esa forma tan extraña que tenemos de querer poner en un mismo plano cosas distintas aunque tengan algo en común.  Por ejemplo uno podría comparar dos chuletones puestos a la brasa, uno con más sal, otro menos hecho y al probarlos decir cual gusta más, cual es mejor para uno. Eso es una forma de comparar más o menos razonable, pero hay otros ejemplos en los que las comparaciones son ociosas o lo que es lo mismo más que aclarar confunden o esa comparación no sirve para mucho. Me explicó.

Si a alguien le preguntan si es más bonito Barcelona o Madrid, Londres o París, pues dependiendo de lo que uno entienda por belleza se decantará por una u otra, pero también la belleza, la comparación, la hará basándose en lo que representa emocionalmente, por el contexto y por las circunstancias que la llevaron a esa persona allí.

También, claro, existen las comparaciones de oído, aquellas en la que te lo haces por lo que escuchas y oyes, o por lo políticamente correcto, que viene a ser la opinión al final de la masa. ¿Se puede comparar el Big Ben con la Torre Eiffel o con la Sagrada Familia? Yo pienso que no, si no se hace exclusivamente en términos de altitud y aún así esa comparación ofrece un dato, curioso si queréis, pero que tampoco aporta mucho. ¿Podríais comparar Vietnam con México? Os podrán gustar más, pero no son comparables. Esto ocurre mucho en los viajes.

En nuestro día a día también: comparamos lubinas con besugos, música clásica y flamenco; cine o teatro. Los gustos, las preferencias, no se pueden comparar como tampoco se pueden comparar las personas porque, a pesar del marketing, de la costumbre, de la educación, todas y cada una de ellas son únicas aunque tengan cosas en común.

Pero aún así comparamos, y nos comparamos. Comparamos nuestros trabajos, nuestras casas, nuestra forma de vida, nuestras familias, nuestros amigos con lo y los de los demás, curiosamente con los que entendemos, a menudo de forma errónea, que son mejores, que han tenido más éxito, que son más queridos, más molones vaya. Con lo otro, con lo que está peor y están peor según ese baremo ni nos comparamos. Y ya puestos, digo yo, que habría que comparar por los dos lados.

Pero no, sólo comparamos de una única forma.

En el mundo empresarial también abundan las comparaciones ociosas. En este caso, me llama la atención la soltura con la que mucho “experto” compara las empresas y  negocios y su funcionamiento y luego falla más que una escopeta de feria; bien porque mezcla churras con merinas o lachas (ésta variedad denominación de origen del norte como me comentó José Luis Montero) o lo que es lo mismo diferentes sectores, tamaños, modelos de negocio etcétera; bien porque se comparan realidades y variables distintas o porque cree que el mundo ya está inventado: “esto debe ser así, porque se ha hecho así siempre o no es momento para cambiar”. Es decir, comparación por igualación.

Claro, luego llega uno, pega el pelotazo yendo a su bola y todo cristo a comparar lo incomparable, lo diferente y a cambiar de opinión.

Lo malo de comparar alegremente o, insisto, de forma ociosa  es que al final, como divertimento, como puede ser el caso de los viajes o el del pescado no hace daño y es casi un juego, pero cuando se compara con personas o empresas, al final puede crear insatisfacción e infelicidad, porque para ser como otro o hacer lo que hacen otros, para eso, no hace falta pensar, sólo copiar y pegar y que la circunstancias sean iguales o parecidas.

La vida no es un busque, compare y si encuentra algo mejor cómprelo, como decía el anunció, sino un busque y encuentre, preferiblemente en uno mismo. Y para eso no hace falta comparar, sino más bien escuchar.

Feliz lunes


16 comentarios:

Katy dijo...

Un post con buena salsa y su toquecito de humor. Totalmente de acuerdo tu las llamas ociosas porque es una perdida de tiempo y no tienen ni pies ni cabeza. Y cuando se compara a las personas?
Tenía mellizos y se han pasado diciéndome que la niña era más guapa que el niño...
Por cierto la ropa tendida se lleva en todos los lados. Un horror para mi e igual a ellos les encanta.
¿Que te gusta más el lunes o el martes? Podríamos hacer una lista entre todos. Sería divertido.
Te deseo una feliz semana
Un beso

Alfonso V dijo...

Fernando, estoy tonto. No me he dado cuenta hasta casi el final que ponía ociosas y no odiosas.

Yo creo que a la hora de comprar si debemos comparar y elegir la opción que consideremos mejor para nosotros en ese momento y con esas condiciones. Igual te podría decir a la hora de organizar un viaje, ver una película,...

Lo que no podemos hacer es compararnos a nosotros con nadie. Más bien debemos compararnos con nosotros mismos, con nuestro yo pasado, para ir siempre hacia delante.
En cuanto a las comparaciones de los demás, allá ellos, ni caso. Los formadores de opinión sólo tienen éxito si les escuchamos.
Y yo sólo escucho a mis amigos.
Un abrazo

María Hernández dijo...

Hola Fernando:

Creo que el título del post, de por sí, es una joyita.

Hace unos años, entre compañeros de trabajo, elevamos a "categoría profesional" la figura del "opinador" y para que tal nombramiento tuviera el peso y relevancia necesarios, definimos el puesto concienzudamente:
"Opinador: personaje que se encuentra, casi siempre, fuera de un proyecto pero por el que muestra su puntillosa atención y del que eleva su "subjetiva opinión" a cátedra. Tiene muy desarrollada la capacidad de "tirar la piedra y esconder la mano", así como gran rapidez y coordinación mental para decir "yo no fui" y señalar con el dedo hacia otro lugar. Su capacidad para la reproducción es exponencial a la importancia del objeto a cuestionar, de forma que en algunos proyectos existen más opinadores que currantes.
El opinador no firma, pero sentencia. No aporta, pero critica. No tiene responsabilidad, pero enjuicia. No ayuda, pero entorpece. No tiene rostro, pero le sobra cara. No actúa, pero le encanta figurar. Nunca aparece en los descensos, pero siempre en las subidas.
El Opinador no es, pero está...jodiendo todo el rato"

(Advierto que lo he copiado literalmente, porque lo guardo como oro en paño. No siempre, tantos, estamos de acuerdo en algo, jeje).

Todas las comparaciones son, cuando menos, subjetivas, por lo que ya de entrada pierden fuelle, aunque puedan resultar interesantes, por aquello de "otro punto de vista".
Pero si quieres saber qué objetos son más susceptibles de "comparación", localiza a sus "satélites": cuanto más opinadores, más revuelo, y ya se sabe.
El caso es que, volviendo a leer la definición, me suena tan actual que casi me da miedo. ¿Por qué será?.
Besos, Fernando. Feliz lunes.

MaS dijo...

Incomparable post, Fernando.
éste debiera ser publicado por la RAE, como aclaración al concepto.y es que mon ami, las comparaciones de un tiempo a esta parte, ¿por qué será?, muchas comparaciones son ociosas.
pd. impresionante la definición de María sobre el opinador. Estais que os salis en esta isla...
un merecido beso, M.

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Sí señor.
La comparación está pensada para el cotilleo y para el mercado (... y si encuentra algo mejor...), pero en la inmensa mayoría de las experiencias de la vida comparar no es necesario, solamente disfrutar y punto.
Un abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

Hola Katy:

Pues puestos a elegir me quedo con el martes ja ja. Comparamos lo incomparable y luego juzgamos, eso es lo malo, que ese juicio es un poco raro. Lo de la lista sería divertido. Nos reiriamos un rato.

Un beso

Fernando López Fernández dijo...

Hola Alfonso:

Claro Alfonso, pero estás hablando de elegir opciones, que es diferente a comparar, creo. En cuanto a lo de las personas tienes toda la razón y me gusta eso que apuntas de comparar con el pasado, que quiza sea más una revisión que una comparación.

Ahora, eso si, creo que hay que escuchar a todo el mundo, aunque solo sea por el beneficio de la duda.

un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola María:

Me alegra verte por aquí y leer tus comentarios que en sí, muchos merecen ña categoria de post, como este que nos dejas. Genial ejercicio el que hicisteis y que no pierde vigencia con el paso del tiempo.

Me gusta lo que comentas de los "satelites" porque es una buena forma de comprobar lo dicho.

Gracias por el comentario y la teoria del opinador que es genial.
Un beso

Fernando López Fernández dijo...

MaS

Hola María, tanto como para la RAE...pero lo que es cierto es que muchas de esas comparaciones (algunas de ellas alentadas por los medios) están haciendo mucho daño.

Lo de María Hernández espectacular. Un beso de lunes.

Fernando López Fernández dijo...

Hola Javier

Esta me la guardo para Thinking Souls.

"en la inmensa mayoría de las experiencias de la vida comparar no es necesario, solamente disfrutar y punto."

Nada más que comentar. Un abrazo

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando:
Me ha parecido un post muy interesante, sobre todo si lo "comparamos" con algunos artículos de prensa que se leen por ahí. Fantástico, Fernando, de verdad así como los comentarios que han surgido al respecto.
Apuntaría, por mi parte, a la envidia en el hecho de comparar.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Rafa:

ja ja rafa. Gracias. La envidia, es uno de los motores que llevan a comparar, quizá el más peligrosos de todos.

Un abrazo

Asun dijo...

Desde el punto de vista de que todos somos seres únicos por el mero hecho de tener cada uno nuestras peculiaridades, las comparaciones no tienen lugar de ser, sin embargo lo hacemos constantemente. Una cosa no es mejor que la otra, es simplemente distinta.

Y por ponerle una nota de humor aquí va la letra de una jota:
"No se 'pué contimparar'
un charco con una 'juente'
sale el sol y seca el charco
y la 'juente premanece'"

Besos

Fernando López Fernández dijo...

Hola asun:

asi es, diferente, ni mejor ni pero. Ja ja genial la jotica que nos dejas.
Un beso

Vietnamitas en Madrid dijo...

Estamos contigo... hay cosas que no son comparables.
Un saludo
Vietnamitas en Madrid

Fernando López Fernández dijo...

@vietnamitasenmadrid Muchas gracia por pasaros por Soul Business y por el comentario.

Un saludo

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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