viernes, 21 de enero de 2011

Callejuelando: Un día en la vida de los viajes



Varanasi - India 

«Cada mañana abro los ojos con la incertidumbre elegida de no saber con seguridad qué voy a hacer. Son muchos años paseando, dejándome llevar por las calles sin más brújula que la intuición y los sentidos. No hay pasos vanos; cada pisada es el resultado de un pensamiento, de una introspección a veces inconsciente. Los paseos permiten descubrirte porque no eres sólo un espectador de cámara fija, sino que vas cambiando de plano e interactúas constantemente en cada paso.»

Del diario de viajes Paseos Turcos

El otro día publicaba De mochileros y viajeros  en el que tanto un servidor como varios de los comentaristas opinábamos que estábamos más o menos de acuerdo en que viajar era más una cuestión de convicción que de etiquetas, y que  autodenominarse una cosa u otra era peligroso.

Cada uno tenemos nuestras motivaciones y entendemos el viaje de una manera. Hacemos unas cosas u otras o nos decantamos por elegir las opciones que se nos presentan o simplemente no elegir y dejarse llevar. Ésta, particularmente, es una de las que más me gustan. Y en muchos de mis viajes, los días no los planifico: me dejo llevar por ellos, como escribía más arriba. Por eso, en ocasiones, suelo llamar a mis viajes paseos, porque eso es lo que hago, pasear y descubrir aquello que no sale en ninguna guía: las emociones, las sensaciones y las personas. Os dejo un capitulo de Soul India que le dediqué a mi amiga Sara porque hubiese disfrutado de ese día tanto como lo hice yo.

Feliz fin de semana

Callejuelando


A las seis de la mañana ya estaba en la calle, pateando los cinco kilómetros que separan Cantonment de Goudalia. Necesitaba saciarme del Ganges y sus Ghats.

En Varanasi, cada metro recorrido te ofrece la posibilidad de descubrir una ciudad mágica, de paleta de pintor, de símbolos escondidos en cada rincón, en cada gesto que te atrapa y te desordena el alma.

Descargaba mis ojos en cada casa, en cada balaustrada vencida por el tiempo, en cada hombre amanecido; y era entonces cuando comprendía que Varanasi es la vida que alguien quiso disfrazar de un halo de muerte.
Varanasi - India 
Una vez en Goudalia, me perdía una y otra vez por los laberintos de callejuelas que velaban imágenes de dioses azafranados que te empujaban al Ganges o a la oración: Ganesh, el dios elefante, es de los más populares; parece un dios de dibujos animados. Allí pasaba horas abandonándome. Observaba cómo los oficios aún eran hechos con cariño, con amor: me guiaba por los sonidos, por los aromas de especias recién molidas. En una de las angostas calles, calle que me costaría volver a encontrar, asistí al concierto de martillos más maravilloso que los hombres pudiesen componer: los carpinteros golpeaban con una cadencia digna de los mejores percusionistas tablas de madera creando una sinfonía de golpes que más bien parecían acariciar la madera que maltratarla. Perdí la noción del tiempo sentado en la calle, y el que me prohibiesen el acceso al templo de Vishwanatha, el templo Dorado, por no ser hindú, me trajo sin cuidado.
Varanasi India 
Reanudé mi particular peregrinación, profundizando en el barrio musulmán donde los animados bazares se organizaban en una anarquía de calles flacas, que conducían a recónditas mezquitas en las que el muecín emplazaba a la oración y la India parecía no existir. Como no existían los turistas: solo un español despistado que se detenía en todos lados, que dialogaba con quien podía, que filmaba con los ojos y se quedaba alucinado viendo el bazar de los juguetes de plástico malo que pocos niños disfrutarían: Yo.

Varanasi India
Varanasi - India 

Agonizando mi vida, me adentré en un suburbio de barro en el que todos los credos posibles de la India se hermanaban en hambre y desesperación. Nadie me mendigaba nada; sólo alargaban la mano para estrechar la mía. Sólo eso. Cuando uníamos nuestras manos, en un apretón fuerte y solidario, sabíamos que nos queríamos desear algo bueno. ¡Tantas cosas!
Estaba empapado en sudor. 
Varanasi - India 
De regreso al hotel, viré otra vez el rumbo. Los cinco kilómetros desde Goudalia se transformaron en ocho: mis labios estaban secos, mi cuerpo deshidratado, mis piernas ralentizadas, y cada vez me costaba más caminar. Volví atravesando la estación y al ver a los peregrinos y a los futuros muertos, me invadió una sensación de angustia. Dudaba si podría llegar al hotel en buenas condiciones; a pesar de que bebía litros de agua que en segundos eran cataratas que recorrían mi cuerpo. Me preguntaba si desafiaba a Varanasi o era yo el que necesitaba el reto. Extenuado, me desplomé en mi habitación. Me dolía todo el cuerpo: la templada ducha de agua y una cama perfectamente hecha me recordaron que habían sido más de ocho horas caminando bajo un sol abrasador: veinte kilómetros que fueron un instante.

Ese día yo fui Sara.

11 comentarios:

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola Fernando:
Me encanta esta forma tuya de viajar, que es la mía. Lo que pasa es que ahora ya no viajo tanto.
Un abrazo.

Katy dijo...

“cada pisada es el resultado de un pensamiento, de una introspección a veces inconsciente.”
Esta es una frase feliz digna de Thinking Soul.
No soy tu amiga Sara pero he disfrutado igualmente del paseo, de los olores característicos de las especies de los bazares, y el caminar hacia ninguna parte.
Esta sensación última que describes no la sentí tan lejos de casa. Sino un día que nos perdimos en la Pedriza casi 10 horas y sin agua en el mes de agosto.
Gracias por el paseo
Un beso y feliz finde

Asun dijo...

Caminar de esa manera por los países que visitamos es la única forma de poderlos percibir como lo hace un autóctono y dejar a un lado la perspectiva de nuestras ideas preconcebidas y de nuestra cultura. Ha sido un paseo muy relajante a pesar del calor :-).

Besos

Myriam dijo...

¡Eso si que lo llamo caminar! ¡y caminar enserio!

La verdad, verdad, yo pateo en ciudades.... un cachito màs occidentales y con menos sol rajante.

Un abrazo, querido amigo, ya estoy regresando al mundo de los blogs, despuès de 5 semans d eno publicar.

MTTJ dijo...

Todo lo que se puede llegar a aprender, a sentir, a ver, a oler, a escuchar en un paseo como el que describes es lo que da sentido a un viaje. Es de esos días que te metes en la cama extasiado pero muy feliz.

Un abrazo y feliz semana ¡la última de la cuesta de enero!

Fernando López Fernández dijo...

Hola Javier:

No te creas, yo también viajo menos de lo que quisera, pero a que es divertida esta forma de hacerlo.?
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Katy:

Gracias por las palabras, ¿te has fijado que ese tipo de experiencias marcan y son recordadas con cariño?

Un beso y feliz semana

Fernando López Fernández dijo...

Hola Asun:

No creo que sea así exactamente como comentas por auqello de que nos guste o no somos foráneos , pero si te puedo decir que es muy enriquecedor y que a mi particluramente me encanta.

Un beso y felzi semana

Fernando López Fernández dijo...

Hola Myriam:

Es que tu eres más comodona, peor el espíritu es el mismo. Bienvenida de nuevo.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola María Teresa:

Lo describes perfectamente, el resultado es la felicidad. Un abrazo y feliz semana

Fernando López Fernández dijo...

Hola María Teresa:

Lo describes perfectamente, el resultado es la felicidad. Un abrazo y feliz semana

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