jueves, 4 de noviembre de 2010

Toubab: un diario de viaje en bruto: días inesperados I



Tercer y penúltimo borrador del diario de viajes Toubab que publicaré. Al estar en "bruto" faltan muchas cosas y posiblemente sobren otras, pero he querido ser fiel a lo que escribí estando en Senegal. 

Feliz jueves

Planificar en África requiere tener siempre un amplio margen de maniobra y considerar que todo lo que no quieres que ocurra tiene grandes posibilidades de pasar; o directamente pasará.

Me había propuesto hacer del tirón la ruta Kedougou – Kolda (aproximadamente 470 kilómetros). Para ello debía tomar un sept place a primera hora de la mañana hasta Tambacounda y después enlazar con otro hasta Kolda. A pesar de la paliza del día anterior, que me había dejado un cuerpo agotado y dolorido, me había despertado de madrugada para conseguir plaza en uno de los coches que saliesen para Tamba. 


Aún era de noche, de primer camarero y primer café cuando una brisa agradable y después un viento fuerte anunciaron lluvia. En pocos minutos, África me regaba, al principio de forma suave y luego de ducha tensa y caudalosa. El canto de los pájaros que había anunciado la mañana cesó.


Me dirigí a la estación. Era el tercer pasajero en llegar, pero gracias a que los dos primeros eran una pareja, pude conseguir, por primera vez la plaza delantera, lo que aseguraba, de alguna manera, que mis rodillas, que hasta entonces habían viajado inmovilizadas y doloridas, como si de un momento a otro fueran a romperse, no sufrieran lo de días anteriores.


Eran las siete de la mañana. La estación sola y llena de ausencias permanecía en calma. Me había avisado el director del hotel, que amablemente me había llevado a la gare routiere, que hasta que no cesase la lluvia no saldría ningún transporte debido a que ningún pasajero se acercaría por allí y los medios de transporte sólo salen cuando rebosan gente. Incluso, me había sugerido que volviese al hotel a esperar. Decidí aguardar el final de la lluvia y mi partida metido en el coche. La idea de poder viajar más cómodo, la posibilidad de que si regresaba al hotel me chuleasen la plaza, eran suficientes argumentos para permanecer allí: quien haya viajado en las plazas traseras de estos viejos cacharros comprenderá perfectamente mi decisión.


Amadou, mi guía, apareció por allí montado en su bicicleta y estuvimos charlando un rato. De alguna manera creo que quería hacerme compañía y hacerme más agradable la espera. Además, ese día no había trabajo. Pocos turistas y lluvia, mala combinación para ir de excursión. Seguro que algunos senderos serían intransitables pues ya el día anterior, en algunos tramos tuvimos dificultades.


A las once de la mañana, después de una larga espera en la que de vez en cuando abandonaba el coche y me paseaba por una estación sosa y aburrida, comenzaron a llegar con cuentagotas los primeros pasajeros. Éramos seis y nos faltaba uno viajero más para completar la plaza.


Hubo un primer intento por parte del conductor de que los seis prorrateásemos el precio de la plaza restante y la pagásemos a escote, pero la mayoría no estaba por la labor. Había que seguir esperando. Finalmente y tras varias discusiones se logró un acuerdo y a las once y media partíamos.




Nos dirigimos en primer lugar a un puesto militar para pasar un control donde fui el único al que le fue solicitada la documentación. Tras observar un rato mi pasaporte, más por curiosidad que por celo administrativo, el soldado de turno me lo devolvió con un gracias y seguimos hacia la gasolinera para repostar los 15.000 cefas de gasolina. Comenzaba uno de esos días donde lo mejor que puedes hacer es dejarte llevar porque planifiques lo que planifiques no te servirá de nada


Aparentemente, circulábamos a buen ritmo, es decir a más de 50 kilómetros por hora, con lo cual, lo que comentaba Amadou, los camareros del hotel y dos fulanos con los que me había parado a conversar un rato dos días antes, de que la ruta se podría hacer en dos horas y media o tres, podría ser hasta cierto. Iluso de mi, había hecho mis cálculos y pensaba que a esa velocidad estaríamos en Tamba sobre las dos de la tarde teniendo en cuenta que deberíamos hacer alguna parada para entregar los tickets de los impuestos de circulación que se suceden en las carreteras senegalesas y dando por hecho que, probablemente, algún pasajero tendría alguna urgencia fisiológica en su versión de aguas menores o mayores.


Como en África todo es imprevisible, esas conjeturas que yo me hacía no sirvieron para nada. No era la primera vez que ocurría ni tampoco la última. Lo difícil es fácil, lo fácil difícil, lo esperado no ocurre y lo inesperado asoma en forma de milagro.


Se sucedieron las paradas a lo largo del camino. La primera en una Dibiterie de carretera donde varios pasajeros, conductor incluido, compraron sus trozos de carne asada a la que añadían cebolla y una salsa pringosa que posteriormente devoraron en el coche dejando en el ambiente un olor fuerte y algo desagradable.


Atravesando el Parque Nacional de Niokolo Koba numerosos animales asomaban en la carretera: pájaros azules de larga cola que despegaban en estampida del asfalto; otros de tonos verdosos nos sobrevolaban; los babuinos y los monos nos miraban curiosos y huían hacia los árboles; también algún que otro facocero que corría a refugiarse entre los arbustos y parejas de gallinas guineanas que permanecían en el arcén como si tal cosa.


Abandonando el parque fueron los rebaños de vacas y de cabras los que nos obligaban a aminorar el paso quedando, en ocasiones, envueltos por su presencia. Más paradas en pequeños poblados donde el conductor se echaba un cigarrillo y yo le acompañaba. Me decía que estaba muy cansado y que debía descansar. De hecho, a medida que nos acercábamos a Tamba, levantaba cada vez más el pie del acelerador, con lo cual, el viaje que yo creía haríamos en las dos horas y media o tres previstas, se convirtió en una travesía de cuatro horas y media. Si llegaba en hora, probablemente debería hacer el recorrido inverso y no se le veía por la labor.



Yo confiaba, a pesar de los retrasos, estar en Kolda antes de las ocho de la tarde. Sin embargo, hay días que salen torcidos o, más bien, que son dominados por la incertidumbre. Cuando llegamos a Tamba solo éramos dos los pasajeros para Kolda, un hombretón, de aspecto muy limpio y bien vestido y yo.

Pasaban los minutos y no llegaba nadie: a medida que pasan las horas es más complicado que la gente viaje casi en cualquier parte del mundo y África no es la excepción. 

Le pregunté al nuevo conductor si saldría el coche o si, por el contrario, era mejor hacer noche en Tamba y salir al día siguiente. Sus respuestas imprecisas o no del todo claras me predisponían a hacerme a la idea de que esa noche dormiría otra vez rodeado de mosquitos en cualquier lugar de Tamba y saldría a primera hora de la mañana, pegándome el madrugón y una nueva paliza al día siguiente.

Como solución, me ofreció tomar otro transporte, una pequeña furgoneta que se consideraba también un sept place hasta Diaoubé y de allí tomar otro sept place hasta Kolda. A mi pregunta sobre si podría enlazar bien, me contestó que sí, siempre y cuando llegásemos antes de las siete de la tarde, pero que en cualquier caso, si salíamos antes de las cinco de la tarde, no tendríamos problemas en llegar. De todas formas había que esperar al menos hasta las cuatro y media por si finalmente el coche de Kolda se llenaba. Me comentó que la otra persona debía llegar ese día a Kolda porque trabajaba al día siguiente.

La observación de lo que ocurre alrededor y la búsqueda de referencias se  hace imprescindible en los viajes, más cuando de ello depende el que viajes o te quedes en tierra y sabía que a partir de ese momento, la única referencia válida sería el otro pasajero. Si tenía que llegar a Kolda esa noche sabría mejor que yo cómo hacerlo así que no había que perderlo de vista.


El tiempo pasaba entre vendedores de cachivaches y baratijas, vendedores de tarjetas telefónicas y pedigüeños varios; entre las miradas de todo aquel que me descubría, y entre las inevitables moscas que habían encontrado su espacio natural en toda esa amalgama de hombres, olores y hechos cotidianos.


Llegado el momento, mi futuro compañero comenzó una acalorada discusión (mucha fuerza pero en Senegal luego todo se calma) con el conductor y los encargados de despachar los billetes. Su enfado iba en aumento, aunque después de un tuya mía, los ánimos parecieron calmarse. (continuará)

20 comentarios:

María Hernández dijo...

Jo, ahora tendré que quedarme con la intriga hasta ¿mañana?.

Tengo un amigo que suele "renegar" de las fotografías; dice que prefiere las estampas que se quedan en su cabeza y su corazón.

Tus diarios de viaje me parecen geniales, aunque comprendo que tengas muchas de esas "estampas" que los completarían. Aún así, chapó, me encantan "los brutos"...de tu viaje.

Besos y feliz jueves

Katy dijo...

Muy divertida me parece a mi tu relato sentada calentita detras del ordenador. Pero me imagino que si no eres de esas personas tranquilas y relajadas, la cosa estába como para subirse a las paredes. Yo ya lo estaría. Cuatro horas y media sin hacer hace nada mas que sufrir de los huevos, la lluvia, la incertidumbre y por si es poco papeado por moscas.
Un beso espero la continuación...

MTTJ dijo...

Una de las cosas que me quedaron pendientes en Senegal fue viajar en un sept place, pero tal como te comenté en su día, al viajar tres personas nos sale a cuenta alquilar coche. Ahora al leer tu diario me doy cuenta que me perdí algo bueno... Eso es África!
Una curiosidad ...¿escribes el diario en una libreta o viajas con el ordenador?. Ya me dirás.

Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola María:

Tampoco te creas que es para tanto je je. Tu amigo es sabio, pero la memoria es frágil y de vez en cuando hay que estimularla. Por eso es necesario darles una vuelta.

Gracias por el comentario y espero que te guste más el terminado .
Un beso y feliz jueves

Fernando López Fernández dijo...

Hola Katy:

La verdad es que suelo ser bastante tranquilo en situaciones como esas. Ahora, "no sufrí de los huevos" ja ja supongo que querrías decir huesos.

Un beso y mañana más

Fernando López Fernández dijo...

Hola María Teresa:

La expereincia es incómoda pero formidable, ahora bien, en coche privado se va muy bien, porque te permite ir más a tu aire y el tiempo (más o menos) lo manejas tu Hice el trayecto kafountine - elinkine con una pareja catalana que iban en un todoterreno y fue genial también. Incluso, en algunos casos hubiese alquilado un coche, sobre todo para la zona de casamance, pero los precios son desorbitados para una sola persona.
En cuanto al diario, llevo dos moleskine en los que escribo cuando tengo un rato largo para hacerlo y tomo notas, y otras dos pequeñas libretas que caben en un bolsillo que utilizo cuando no llevo nada encima. también apunto cosas en folletos, servilletas y cosas así que luego traslado a uno de los molekine.
A veces me he planteado comprarme un pequeño note book, pero no sé, ya veremos. y tu ¿cómo lo haces?
Un abrazo

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Seguro que alguien te habrá dicho o incluso habrás pensado en publicar un libro de viajes. Tu forma de escribir engancha, lo cual es un buen comienzo.
Un abrazo.

Josep Julián dijo...

Hola Fernando:
Tus notas de viaje despiertan envidia aunque por otra parte no sé si estoy en un momento de la vida en que prefiero configurar mis viajes de una forma más cómoda.
Aún y así, es fácil sentir por tus palabras esas sensaciones que describes y en cierto modo, es como viajar contigo.
Quedamos a la espera del desenlace.
Un abrazo.

Myriam dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Myriam dijo...

"Lo difícil es fácil, lo fácil difícil, lo esperado no ocurre y lo inesperado asoma en forma de milagro". ¡Qué buena descripción!

Que amansandora este viaje, además de la emoción de la experiencia y todo lo lindo, me imagino como te habrá quedado el esqueleto....

Besos
Espero la continuación, obvio

Fernando López Fernández dijo...

Hola Javier:

Pues si lo he pensado, pero por el placer propio. ya veremos. muchas gracias por tus palabras.

Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Josep:

Muchas gracias, pero lo de la comodidad al final es un estado mental y sarna con gusto no pica je je. Gracis por vuestra compañía en el viaje.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Myriam:

Pues yo creo que todavía tengo secuelas ja ja. en cualquier caso, mereció la pena.
Un beso

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando:
Ya me explicarás que fue del sufrimiento de huevos que, según Katy, tuviste. Ja,ja
Personalmente creo que estás un poco majara, pero da gusto leer tus relatos; éste, leído desde la distancia, parece inverosímil.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

ja ja Rafa:

eso me gustaría saber a mi, y ya sabes que sí, como una cabra.
Un abrazo

MaS dijo...

Quedo a la espera, yo tambien, de la continuación del continuará. Ahora bien, habiendo sentido en la lectura del relato hasta el dolor en las rodillas, reconozco que lo de los huevos de Katy..ha dilatado el asunto...je je.
Me siento como un ratoncillo que viaja en tu bolsillo, y te garantizo que es maravilloso.

Genial.
un beso, M.

Fernando López Fernández dijo...

ja ja MaS

Es que no se de donde se ha sacado katy eso.

Gracias por acompañarme en el viaje María.
Un beso

Katy dijo...

Jajajaja efectivamente se trastocaron las letras....
Eres un escritor genial.
Un beso

Asun dijo...

lo que no quieres que ocurra tiene grandes posibilidades de pasar; o directamente pasará. Sólo ya esa frase augura una aventura de las que hacen época.

Desde luego, esperando a la salida del transporte, has demostrado tener una paciencia digna de elogio. Yo me habría comido las uñas de las manos y las de los pies, y eso que no me las muerdo.

Besos, y voy a por la siguiente.

Fernando López Fernández dijo...

Hola Asun:
Es que en los viajes todo te lo debes tomar con calma porque s no np disfrutas y tienes que contar con estos pequeños inconvenientes siempre.

Un beso y feliz fin de

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...