lunes, 25 de octubre de 2010

Del Monopoly y del ego

Hace años, mucho antes de que Internet apareciese en nuestras vidas, era un apasionado de los juegos de mesa en los que de alguna manera había que desarrollar una estrategia. No es que jugase mucho, a lo sumo siete u ocho partidas al año que se repartían entre el “Monopoly”, “El Risk”, “El Strategos” y “La Fuga de Colditz” que eran los que me gustaban. 

De hecho, durante algún tiempo, coleccioné “Monopolys” de varios países del mundo, no por el hecho de acumular cajas, (que no soy un Friki de la cosa) si no porque soñaba con organizar una mega partida porque la versión normal se me quedaba un poco corta. 

Consistía en lo siguiente: Se jugaba con cuatro tableros de países diferentes que se unían en un gran tablero. Las reglas del juego variaban en lo siguiente: 

Si en los dados salía número par, seguías recto, por el cuadrado exterior, si salía impar, cambiabas el rumbo hacia la derecha o hacia la izquierda según su caso. 

 Como jugabas con diferentes monedas, tomabas una referencia de cambio de inicio, pero en función de en que tablero estuvieses invirtiendo, cobrando o pagando aplicabas o te aplicaban el tipo de cambio más interesante. 

 Podías aliarte con otro jugador o con varios a la vez, pero sólo había un ganador al final.

Se permitía el uso de una calculadora y se podían pedir un máximo de 3“tiempos muertos” por jugador de una duración máxima de 10 minutos para reorganizar la estrategia, comprar y vender o simplemente tomarte un respiro.

 Si se conseguía el monopolio, por ejemplo de las casillas azules o de las estaciones, los que cayesen en esas casillas, debían pagarte el doble de lo que ponía en la tarjeta. 

 Podías prestar o que te prestasen dinero previo acuerdo entre las partes sobre los intereses, el número de tiradas para su devolución etc.

El objetivo era conseguir un dominio global: podías elegir hacerte fuerte en un país y luego comprar otros, invertir de forma selectiva, o masiva, si veías clara la jugada en algún tipo de propiedades, identificar a quien necesitaba el dinero y prestárselo incluso a un interés bajo sabiendo que tarde o temprano sus propiedades acabarían en tus manos, u obligarle a que pagase un interés muy alto sabiendo que la necesidad le llevaría más temprano que tarde a pagar cualquier precio o a malvender sus posesiones.

Confieso que nunca llegué a jugar esta partida por falta de “puntos”, aunque tal y como estaba planteada, podía ser apasionante. Le calculaba un mínimo de doce horas si los rivales tenían cierto nivel y más de veinticuatro si los escrúpulos escaseaban. No descarto jugarla un día, pero lo veo complicado. Eso sí, como juego, sobre un tablero y sin daños colaterales. Es decir, se acaba la partida y cada mochuelo a su olivo. Todo lo que se ha perdido es tiempo, nadie ni nada sale dañado y te has echado unas risas con los amigos: un juego.

Lo que me preocupa es que haya más gente de la que pensamos jugando al Monopoly no en tablero y entre amigos sino de forma real; personas a las que realmente lo que les “pone” no es el dinero sino el poder, la capacidad que tengan de mover los peones; de sentirlo y de ejercerlo con el único objetivo de su autosatisfacción, de saber que con él pueden infundir miedo y temor.

El dinero, la ambición, como a mi me ocurría con lo del Monopoly, importa poco. Es más la sensación de dominar, de controlar lo que les mueve, de saber que con una palabra, una frase, una acción se puede cambiar el curso de los acontecimientos. En definitiva, el objetivo es alimentar el ego, que ya se sabe que es insaciable, que siempre pide más, que ciega, confunde y daña; que es el primer paso hacía el egoísmo, que tampoco entiende de valores ni de personas, que no sabe ni quiere saber; que ni siente ni padece sino es por ello.

Por eso, hay que saber muy bien a qué, cuando, como, para qué y con quien  se juega y ser conscientes de que la vida es un juego que continua estés tu o no en la partida.

Y las partidas en las que se juega el ego son muy peligrosas, como la que jugó en su día un tipo que siempre estaba cabreado y al que el gran Chaplin parodió de forma magistral

Feliz lunes

18 comentarios:

Myriam dijo...

¡El Gran dictador! ¡¡¡Extraordinaria película!!! Chaplin: magnífico.
Debería verse y re-verse nuevamente por todos y meditarse profundamente.

También he judgado al Monopoly.

Katy dijo...

Por el ansia de poder es el deseo mayor que anida en el corazón del hombre, más que el dinero, y te aseguro que no es para generar bien alguno. Y produce tal adicción que el que lo huele ya no puede prescindir de el.
Muy acertada tu simbología con el juego del Monopoly (al que yo he jugado mucho, tener casas y terrenos y propiedades.)
Hay juegos virtuales en las redes que producen esta misma sensación. Pero como dices se queda ahi.
En la realidad los que ostentan el poder incluyen en su haber a las personas y les ponen precio como bienes de de sus Monopoly. Tan viejo como la caída del Imperio Romano
Un beso y feliz lunes

Economía Sencilla dijo...

Interesante esa nueva versión del monopoly, si alguna vez diseño un juego, ya te preguntaré :-)

¿Tendrá alguna relación el éxito del monopoly con las burbujas inmobiliarias? Porque en el juego, lo del alquiler tampoco se llevaba, todo es poseer, comprar, alimentar el ego...

Un abrazo, y feliz comienzo de semana

Pablo Rodríguez

María Hernández dijo...

Hola Fernando:

¡Tremenda versión extendida!.

Yo no soy nada dada a los juegos y puede ser que sea resultado de mis grandes fiascos jugando a las cartas de "las familias del mundo" cuando era niña. ¡Nunca conseguía tener el abuelo Bantú¡.
Pero leyendo tu post, también es posible que esas terribles derrotas, que lograban hacerme desesperar, hasta tal punto de tirar las cartas al suelo, minaran mi ego infantil, que no es otro que el mío, pero más chico.
Eso sí, tiene su lado positivo;no me gustan los juegos de "apostar" a ganar o perder, no compro lotería, ni primivitas, ni me gustan los bingos, ni los casinos.
Y como no tengo previsto heredar de nadie, no seré rica, porque ya se sabe que trabajando, honradamente, no se consigue.
Ahora, donde esté un puzzle, una cuerda, un balón o un patinete, ahí estoy yo dejándome la piel (a veces, literalmente).
Por otro lado, ¿quién te dice que ya no estén jugando a algo parecido al Monopoly, en versión mundial? Comparto el comentario de Katy, sobre todo, cuando dice que "no es para generar bien alguno".
Y mientras llega esa gran partida, que tengas un buen lunes.
Un beso.

Asun dijo...

¡Madre mía! Ese Monopoly sí que era todo un juego de estrategia. Menudo holding.

Qué peligrosos esos que dices cuyo único objetivo es alimentar el ego. Y desgraciadamente los ha habido, los hay, y seguramente los seguirá habiendo. Para muestra, el que has puesto.

Un beso, y feliz semana.

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola Fernando:
El tablero global es lo que tiene: que los que pueden jugar se tienen que dar codazos para poder siquiera jugar la partida.
Me recuerda a los dioses del olimpo, que cuando se peleaban, los que pagaban el pato eran los pobres mortales.
Un abrazo.

Begoña Gamonal dijo...

Hola, Fernando.

Qué casualidad...justamente hace unos días me decidí a comprar un monopoli. Te harías cruces de la cantidad de monopolis y versiones que existen ahora (la versión española, una versión de 5 a 8 años Bob Esponja, la versión Europea en Euros, la versión mundial en dólares, etc, etc...). Por qué me decidí a comprarlo? porque cuando era pequeña(preadolescente) fui muy aficionada a los juegos de mesa con mis amigas.
Con el monopoli aprendí a manejar dinero (falso, claro), y a aprender qué significaba un impuesto de la propiedad, qué era un tributo, etc. Y por motivos de nostalgia, este pasado fin de semana me decidí a comprar uno para jugar con mi hija de 5 años, no para fomentar en ella la ambición y la codicia, ni mucho menos, sino para que vaya familiarizándose con el mundo real a través del juego en familia.
Por cierto, abrumada por la infinidad de versiones, me decidí por la clásica de toda la vida, eso sí, ya viene en "euros".

Pero sí, el monopoly real existe, aunque se nos escape de las manos a la mayoría de los mortales.

Un beso.

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando:
Sí, el Hitler ese demostró ser todo un peligro, y Chaplin lo puso en su sitio de manera magistral.
Nosotros de chicos jugábamos al "Palé" que viene a ser lo mismo que el Monopoly; cuestión de años simplemente.
El poder corrompe, casi siempre al hombre; más que el dinero, quizás.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Myriam:
Una gran película para verse y re-verse como dices, pero sobre todo para meditar. Je je veo que muchos hemos jugado.
Buena semana

Fernando López Fernández dijo...

No se si el ansia de poder es el deseo mayor que anida en el corazón del hombre, pero si creo que es el más peligroso y el que más modifica a las personas. Una cosa es jugar y otra “jugar” en real.
Un beso y feliz martes

Fernando López Fernández dijo...

Hola Pablo:

Pues es una cosa que me encanta, de niño ya me los inventaba. No creo que tuviese mucho que ver, que en otros paises se juega al monopoly y se alquila, pero si es cierto que todo era poseer, comprar y alimentar el ego.
Un abrazo y feliz semana Pablo

Fernando López Fernández dijo...

Como decís Katy y tu, yo llego a sospechar que se está jugando al “monopoly” de alguna manera porque hay comportamientos que no son muy normales y de alguna manera lo explicaba en el post.
Un beso y feliz martes

Fernando López Fernández dijo...

Hola Asun:
Un juego apasionante sin duda, pero solo un juego. El peligroso es el otro, el que tiene como único objetivo alimentar el ego. Se juegan muchas partidas simultáneas en el mundo.
Un beso y feliz semana

Fernando López Fernández dijo...

Hola Javier:
Más claro imposible. Un abrazo y feliz semana

Fernando López Fernández dijo...

Hola Begoña:

No te creas, conozco muchas versiones y todavía de vez en cuando estoy tentado de comprar uno. LA verdad es que es un juego apasionante, pero solo para jugar. Lo malo es que hay gente como habéis comentado que me da la sensación de que estén jugando de forma real y no precisamente con propiedades inmobiliarias.
Un beso y feliz semana

Fernando López Fernández dijo...

Hombre Rafa, más que ponerle en su sitio nos lo mostró tal cual era en el fondo. Se tardó demasiado en ponerle en su sitio.

Eh que yo he jugadao al palé y soy bastante más joven que tu.

Fuera bromas, lo que dices me parece muy acertado. El poder corrompe más que el dinero, pero el matiz del quizás es importante porque no atodo el mundo le mueve lo mismo.
Un abrazo

Fernando dijo...

¡Hola Fernando! ¡Gran reflexión, sí señor! YO creo que el problema estriba en que nos gobiernan antivalores. El prestigio mal entendido, el poder y el dinero son sinónimo de éxito en nuestra sociedad y desgraciadamente así nos va. Creo que tienes mucha razón en todo lo que expones.

Por cierto, cuenta conmigo para esa partida. Me flipa el Monopoly, que lo sepas. Y para que veas, no he llegado a jugar con más de un tablero, pero sí con pagarés que vencían cada vez que se pasaba por la casilla de salida... (sí, soy muy freaky).

Un fuerte abrazo

Fernando López Fernández dijo...

El prestigio mal entendido, el poder y el dinero son sinónimo de éxito en nuestra sociedad y desgraciadamente así nos va.

Esta frase que dejas lo resume todo.

En cuanto a lo del monopoly solo hay que liar a dos mas y la organizamos je je. Que veo que hay nivelito.
Un abrazo

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...