martes, 26 de octubre de 2010

De la templanza, la valentía y la confianza

 
En el transcurso de una procesión, un hombre cuya santidad y dominio de sí mismo eran reconocidos por todos, recibió en la nariz una salpicadura de yeso. Le pidió a un carpintero que caminaba a su lado que le quitase aquel trocito de yeso.

El carpintero cogió su hacha, la hizo girar en el aire – con tanta fuerza que se oyó el ruido- y sacó el trocito de yeso sin ni siquiera tocar la nariz del santón.

La procesión continuó. Poco después, un príncipe que había oído hablar de aquella hazaña, hizo llamar al carpintero y le pidió que volviese repetirla ante él
.
El carpintero se negó. El príncipe, enojado,  le preguntó por la razón de su negativa.

- Es muy sencillo, dijo el carpintero. El hombre que tenía el pedacito de yeso tenía mucha fuerza de espíritu. Ni el más mínimo temblor le recorrió cuando dejé caer el hacha. ¿Dónde encontrar entre las personas que te rodean, alguien que pueda comportarse de la misma forma?

Este sencillo cuento me lo suelo aplicar cuando “me vengo arriba” y me creo que soy más de lo que soy, cuando en realidad yo y mi circunstancia nos vamos conociendo muy bien y sabemos como es el paño. Me viene muy bien para que se me quite un poco la bobada, cuando me meto una sobredosis de autoestima (que a veces pasa) y corro el peligro de creerme el rey del Mambo o el príncipe de Beckelar.

Pues bien, lo que hago es ponerme en el lugar del santo y, sin engañarme, me digo que me falta la templanza, la valentía y la confianza suficiente para afrontar muchas cosas de las que se me ocurren hacer, pero también me pongo en el lugar del carpintero y me falta la templanza, la  valentía y la  confianza para ejecutar todo lo que quiero hacer.

Creo que esto ni es malo ni es bueno. Es como es. Todo esto viene a cuento de dos artículos que os recomiendo. Uno lo escribía MaS y otro Francisco Alcaide  y hablaban de sueños, errores, aprendizaje e infancia. De la vida, vamos.

A veces me pregunto si todos aquellos que dan consejos sobre la superación personal han hecho este juego y han sido capaces, sin pestañear de ser el santón y el carpintero.

Eso sí, cada vez tiemblo menos ante el filo del hacha y la manejo con más soltura.

Feliz martes

20 comentarios:

María Hernández dijo...

Hola Fernando:

De carpinteros y santones sé poca cosa, pero lo que llevo rato preguntándome es:

¿Quién estaría enyesando mientras se celebraba la procesión? ¡Vaya puntería!.

Ahora fuera de bromas, debe ser sumamente difícil manejar con destreza y sabiduría esas tres cualidades. A poco que se confundan la templanza con la dureza, la valentía con la temeridad y la confianza con el engreimiento, ni la nariz del santón, ni el propio carpintero podrían continuar la procesión.

Por si acaso, me pido ser el yesero, jeje.

Besos y un feliz martes, Fernando.

MTTJ dijo...

Hola Fernando,

No es fácil tomar decisiones importantes y de forma inmediata como tampoco es nada fácil saber decir que no en según qué circunstancias y a según quién. Como casi todo, es un aprendizaje de años y, a pesar de todo, también me aplico tu última frase: "Eso sí, cada vez tiemblo menos ante el filo del hacha y la manejo con más soltura".

Un abrazo

M.Teresa

Katy dijo...

Interesante reflexión. La grandeza no está en caer sino en saber levantarte. Está en tener confianza en ti mismo pero al mismo tiempo conocer tus limitaciones.
Está bién temblar ante el hacha porque no sabemos si nos podemos fiar en el otro que también puede tener un dia malo. La fe ciega no es nada aconsejable.
Y sobre todo es muy beneficioso practicar el autoánalisis y la humildad.
Y así caminando despacio podremos avanzar con nuestros altibajos correpondientes y conocernos mejor
Un beso.

pilar mandl dijo...

Yo también me pregunto si los que escriben consejos maravillosos (en la teoría) los hacen realidad en sus vidas...
(Voy a ver los enlaces)

MaS dijo...

Querido Fernando,
una gran historia con un gran mensaje.
Lo cierto es que la trilogía de la que hablas, sólo se demuestra haciendo, y la verdad es que manejarse templado, inducirse valiente y confiar en los demás y/o ganarse su confianza....tiene tela!!!

un beso.M.
pd. Gracias por la mención...vas a lograr que yo tambien me venga arriba y me vuelva carpintero.

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando:
La confianza en uno mismo pienso que es buena, el problema es cuando la prodigamos en exceso: hay es cuando cometemos los errores. Nos pasa a todos.
La valentía pienso que no hay que confundirla con la imprudencia.
Y en cuanto a la templanza tiene mucho que ver con las dos anteriores.
Magnífico tu post, Fernando.
Un abrazo

Myriam dijo...

Tanto como llegar al hacha, no sé... no sé..... peor al menos lo intento.

Besos

Josep Julián dijo...

Hola Fernando:
Planteas el eterno problema de la confianza en uno mismo y en los demás. Una sin la otra es una debilidad. Si soy el santón tengo que tener confianza en el leñador y en mí mismo por la petición que hago. Si soy el leñador, he de estar seguro de la confianza que el otro deposita en mí tanto como en mi destreza.
Quien no entendió nada de eso fue el príncipe que en esto, sólo vio la punta del dedo apuntando a la luna pero ni se percató de su presencia (de la luna, claro).
Un abrazo.

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Ya pensaba yo que la historia iba a terminar con la cabeza del príncipe por los suelos.
Bueno, bromas aparte, creo que un subidón de vez en cuando no viene mal, aunque haya que poner los pies en el suelo un poco más tarde. Pero eso, un poco más tarde, que hay que disfrutar el momento.
Un abrazo.

Fernando dijo...

Hola Fernando: Gran post, sí señor. Creo que das con tres aspectos claves para avanzar en la vida profesional y en la personal.

Hay que ser valiente sin perder la calma, confiar en uno mismo y en los demás, porque sin nuestros compañeros, sin los que nos rodean, pocas metas podremos alcanzar.

Un fuerte abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola María Hernández:
Fantásticas comparaciones María. Los límites entre unas y otras a veces son imprecisos y puede pasar lo que dices, que siendo santón o carpintero no continues la procesión.
Un beso y feliz miércoles ya.

Fernando López Fernández dijo...

Hola María Teresa:
No es fácil tomar decisiones si éstas son importantes o críticas y las circunstancias y las personas siempre están ahí. Incluso la determinación puede cambiar en función de lo que dices. Años y años de aprendizaje que, a veces, no dan los resultados esperados.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Eso es katy, la fé ciega no es nada aconsejable. Recuerdo que un astrólogo indio me dijo una vez una cosa “No creas ciegamente a nadie” Por eso , solo nos queda caminar pasito a pasito e ir creciendo en cada paso.
Un beso

Fernando López Fernández dijo...

Hola Pilar:
Así es Pilar. Yo hace mucho que no doy consejos sobre lo que no he experimentado, a lo sumo y cuando se me “escapan” obedecen más a un deseo que una realidad.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola MaS
Pues eso, lo que le decía a Pilar, muy complicado si no lo haces.
Ja ja, no te preocupes María que tu sabes subir y bajar .
Un beso

Fernando López Fernández dijo...

Hola Rafa:
El exceso de confianza conduce al error y la valentía en ocasiones es imprudencia adornada de un gesto. La templanza, ay, la templanza. Qué difícil.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Myriam:
Tu como profesional del asunto, sabes que es complicado pero también que hay que intentarlo.
Un beso

Fernando López Fernández dijo...

Hola Josep:
Ja ja Josep, muy bueno lo del príncipe. Como dice, quizás un eterno problema sin solución porque la confianza es mutable por eso de la “inteligencia de las emociones” Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Javier:
Si el subidón es bueno, lo malo es acabar en la nube. Disfrutar el momento siempre, pero como todo, con moderación.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Fernando:
Gracias, si quizá sean tres aspectos claves para avanzar personal y profesionalmente, pero que complicado es ¿verdad? porque esas claves se basan en la reciprocidad y ésta a veces no existe o se deteriora.
Un abrazo y todavía estoy recordando tu último post: muy bueno

Soul Business

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