lunes, 13 de septiembre de 2010

Del peligro del exceso de dinero.

Me gustan los cuentos, las historias. Creo que son un reflejo de lo que somos y suelen explicar bastante bien la condición humana. No hay país del mundo que no tenga las suyas propias. Incluso podemos encontrar historias similares, aunque con personajes diferentes en cualquier cultura, lo que de alguna manera viene a demostrar que el hombre, independientemente de si es blanco, negro o amarillo, si vive en un entorno u otro,  suele tener los mismos sentimientos o comportarse de forma parecida en función de las circunstancias.  Hoy la circunstancia se llama dinero.

El dinero está muy bien y poca gente te dirá que no le gusta, que carece de importancia. Esto es relativo, el dinero sirve para lo que sirve. Hay gente que solo piensa en el dinero. Es el motor de sus vidas y sin él, o en grandes cantidades se sentirán muy desdichados. Unos desearán más siempre (aunque sea por el mero hecho de su posesión), otros  para hiper consumir y otros lo guardarán para no utilizarlo jamás. En cualquiera de los tres casos es una utilización egoista que acaba por debilitar a quien lo posee.  La posesión se trata de un fin y no de un medio como en el caso de las personas que lo utilizan para vivir, para generar riqueza en la comunidad o para distribuir los excedentes.

La historia ha demostrado, da lo mismo el país, siglo, etcétera que una incorrecta utilización del mismo o de la riqueza que genera, debilita. Ha pasado aquí, en el mundo hace muy poco tiempo, cuando parecía que todo el monte es orégano y todo el mundo estaba invitado a la fiesta. Ha pasado en muchas civilizaciones que han visto como su riqueza se agotaba por el despilfarro o la especulación. El exceso de dinero si no se utiliza adecuadamente, debilita la mente, las ambiciones sanas de progreso, llevando al hombre a una falsa zona de comodidad que aletarga el espíritu. Luego pasa lo que pasa, que cuando de la caja sólo salen telarañas, el personal se atenaza, se queja y se deprime, pero es incapaz de reconocer que quizás se equivocó al darle al dinero su importancia justa al estar envenenado por el vil metal.

Lo malo de todo esto, es que la aceptación, la rectificación y la renuncia,  son palabras que no se llevan bien con esta gente que siempre creerá que cualquier tiempo pasado fue mejor. Y ahora vagan lamentándose, echando la culpa al boogie y exigiendo vivir como lo hacían antes. Los tiempos, nos guste o no, han cambiado. No son mejores ni peores, son diferentes y cuanto antes se asuma y se de al dinero su justa importancia, antes se reconducirán nuestras vidas.

Os dejo una pequeña historia de lunes que habla de lo débiles que nos podemos volver si manejamos mal el dinero.

Feliz lunes

El rey Chou había sido un hombre sencillo y relativamente parco, muy querido por un venerable anciano de nombre Chi. Pero cierto día, el monarca solicitó palillos de marfil. Cuando el anciano Chi se enteró del capricho del rey se preocupó hondamente. Le asaltó el temor de que en cuanto el rey dispusiera de los palillos de marfil, querría vasos de cuerno de rinoceronte y jade en lugar de loza y barro, y en vez de comer alimentos comunes, exigiría exóticos manjares, como cachorros de leopardo y cola de elefante, y en lugar de cubrir su cuerpo con telas comunes, haría traer los más lujosos brocados y las más preciadas telas, y en vez de habitar en una mansión, querría ostentosos palacios.
—Temo por el rey; temo por nuestro reino —se dijo cabizbajo el anciano.
Pasaron cinco años. El anciano era un poco más anciano. La actitud del monarca ya no era la de un lustro antes. Se había hecho construir palacios, se alimentaba con los manjares más exóticos, se emborrachaba con los mejores vinos y se entregaba sin freno a las más voluptuosas concubinas. Entre fastos y lujos perdió su reino.

12 comentarios:

JLMON dijo...

Cierto hasta al final Fernando...
El dinero es como esa oscura obsesión que te acompaña toda tu vida, no sabes por qué la persigues, pero al persigues hasta que al final se pierde en la lejania..
Un abrazo

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola Fernando:
Leí el otro día que según una encuesta (malditas encuestas) a partir de una renta de 58.000 € no se es mucho más feliz. No voy a entrar en el qué y el cómo de la encuesta, pero sí estoy de acuerdo en el fondo del asunto.
Hace unos días mantenía una discuión sobre este tema con un conocido, al que veía tremendamente ansioso por ser "millonario". Pues eso, que es bastante infeliz.
Un abrazo.

Katy dijo...

"Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna...". Groucho Marx
Estoy de acuerdo con tu reflexión pero no debe ser muy común cuando todo se mueve por y con el dinero. Se mata por el poder y este compra con dinero. Y luego están los hombres santos que renuncian a el.
¿Y dónde está el dorado término medio?
No poner tu corazón en él y no hacerlo un dios. Mi padre me dijo desde muy pequeña quese debe desear el dinero que cubre tus tus necesidades. Cada cual debe saber primero que es una necesidad y que es lo superfluo. Sobre todo no debe desear por encima de sus posibilidades porque alimentaría sus necesidades hasta el infito.
Un tema muy difícil para ponernos de acuerdo. No son teorias, estamos hablando del mundo y de la vida y el dinero es la medida que usamos para valorarla. Todo el día hablamos de él de alguna manera.
Un beso y feliz semana

Alberto Barbero dijo...

Supongo que es bueno ser rico si es que gracias a ello te puedes desentender de las necesidades materiales y dedicar a temas más elevados.

Lo curioso es que, según lo que se ve, el dinero debe de ser una droga muy adictiva que no deja espacio a ningún otro asunto.

Fernando López Fernández dijo...

Hola José Luis:

Eso es josé Luis, una cosa oscura que se persigue hasta que se pierde.

un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Javier:

No sé en cuanto está el límite, pero de lo que si estoy seguro es de que tiu conocido será un infeliz toda la vida, aunque le toque la primitiva o acabe forrándose.

un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Katy:

Groucho Marx era un tipo de reflexiones geniales que mostraba realmente como era la generalidad del ser humano. El equilibrio es difícil de encontrar, pero si se siguen los consejos que te dio tu padre siempre es más fácil. A todos nos gusta el dinero en la medida de que con el satisfacemos algunas necesidades, pero hay otras que nunca las podrá satisfacer por si solo y que no son otras que las emociones humanas más profundas.
El dinero es una medida, pero no la única.
Un beso y feliz semana

Fernando López Fernández dijo...

Hola Alberto:
Así es, si gracias a él te puedes dedicar a cosas más elevadas puede ser hasta una bendición.
Me gusta lo que apuntas de la adicción al dinero porque es cierto. No hay más que leer la prensa y observar la cantidad de adictos que hay que pierden toda la dignidad y la ética por el.
Un abrazo

Asun dijo...

El peligro está cuando la posesión de dinero genera ansia de más dinero. Esto lleva a un círculo vicioso en el que la persona pierde la noción de la realidad y su único objetivo es acumular, pensando en la tan manida frase, "tanto tienes tanto vales". Y nada más lejos de la realidad.

Abrazos

PD: Gracias por tu visita en mi blog.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

En efecto.
Además, lo malo que tiene el dinero es que está muy mal repartido: tendencia natural del vil metal, supongo.

Fernando López Fernández dijo...

Hola Asun.

Gracias por pasarte. Así es, se suele perder no se si la realidad, pero si la perspectiva y eso, al final confunde. La riqueza material, si no está bien asumida no sirve para conseguir la felicidad que quizás sea la mayor de las riquezas a las que aspira el ser humano.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Pedro:

Así es, muy mal repartido, quizás por aquello de que dinero llama a dinero.

Un saludo

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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