miércoles, 25 de agosto de 2010

La velocidad nos lleva a la mediocridad (elige tu velocidad de crucero)

Hay que ser rápidos, estar atentos, el mundo no es para los lentos, oveja que bala pierde bocado…Es cierto. Así funcionamos y parece ser que cuanto más pisemos el acelerador, teóricamente, mejor nos irá. Hay que pensar rápido, actuar rápido, sentir rápido como si la velocidad fuese una de las armas más eficaces que podemos utilizar en aras de una mayor competitividad, y peaje necesario para alcanzar el éxito. 

Forzamos demasiado la máquina y luego pasa lo que pasa: que se suceden uno tras otro los fracasos, los errores y las insatisfacciones. Producimos y fabricamos rápido, distribuimos a toda pastilla y procuramos consumir como si en vez de saborear las cosas fuésemos unos verdaderos glotones, unos devoradores de todo lo que se pone a nuestro alcance. Y no me refiero sólo a comida.

¿Cuántas veces en vuestro trabajo no os habéis encontrado con alguien que os ha presionado, ya se trate de un jefe, un compañero, un cliente o un proveedor para que aceleraseis vuestro trabajo. El ASAP (as soon as possible), o el cuando lo terminarás, podré tener etc.… pasaron a mejor vida. El “lo quiero para ayer, ya, es muy urgente”, que en otros tiempo eran excepción, se han convertido en regla y si no podéis hacerlo en el plazo que se os marca estáis fuera de mercado (independientemente de que el plazo sea pequeño, ridículo o que para poder cumplirlo se deberían conjurar todos los astros y santos para que todo fuese fluido, como si hiciésemos click) o se os quedan mirando como si fueseis gilipollas o retrasados.

La velocidad es un arma de doble filo. Por un lado nos puede ayudar a conseguir los objetivos, pero a la vez nos puede empujar a multiplicar los errores y, como consecuencia de ello, a fracasar, por supuesto, más rápidamente. En el trabajo, en el amor, en nuestras relaciones…

Se cuenta que el papa Paulo III solía ir un día sí y otro también a la Capilla Sixtina para ver cuando acabaría Miguel Ángel su trabajo y le preguntaba al artista sobre el asunto. Al principio Miguel Ángel solía explicar cómo la estaba pintando, las técnicas, materiales, las dificultades con las que se encontraba etcétera, pero el Pontífice seguía preguntando en cada visita por la fecha de finalización hasta que un día la respuesta del artista fue: cuando acabe.

Pues bien, si Miguel Ángel hubiese acelerado el proceso seguramente hoy no sería uno de los lugares más visitados del mundo y los frescos no hubiesen pasado de meros trazos coloreados. Es decir, el resultado hubiese sido mediocre y no excepcional.

Si extrapolamos esto a hechos cotidianos observaremos que la velocidad y la rapidez dan, por lo general, resultados mediocres e incluso nefastos en ocasiones. Os pondré varios ejemplos:

Coged el mejor jamón ibérico y engullidlo a toda leche sin saborearlo:  la diferencia con otro del montón apenas se notará. Comed un tomate madurado de forma natural y otro tuneado excesivamente por la genética y comprobareis que uno sabe a tomate y otro a…pepino, calabacín, manzana o a nada, que es a lo que saben últimamente muchas verduras y hortalizas.

Caminad a toda prisa por las calles y sí, llegareis antes, pero no disfrutareis del camino perdiendo así la oportunidad de aprender de todo lo que nos rodea y descubrir nuevas cosas. Por cierto ¿ Os habéis fijado la cantidad de gente que se levanta de sus asientos en los trenes antes de llegar a la estación o en los aviones antes de que se abran las puertas? Sintomático, ¿no creeis?

Escribid un post un correo, una carta en pocos minutos y observareis como - si sois un poco autocríticos-  os dará hasta vergüenza haber escrito eso ( a mi me pasa a menudo).

Entregad un trabajo, un proyecto (que sabéis que no está rematado) y no conseguiréis satisfacción en lo que hacéis. Dinero quizá, pero satisfacción lo dudo.

La lista es interminable, pero lo preocupante es cuando se construyen casas, puentes que hay que entregar o inaugurar y se han hecho en tiempo pero no en forma; cuando se acelera toda la economía, se crece a toda castaña y la bolsa sube como un cohete y las empresas son cebadas artificialmente para generar enriquecimiento fácil sin haber previsto que no estamos preparados, por mucho que nos empeñemos, en mantener y el ritmo, pues éste antes aumentaba en progresión aritmética, y ahora lo hace en geométrica y como de matemáticas andamos mal, acabamos con notas bajas suspendiendo en excelencia y poco a poco convirtiéndonos en verdaderos incompetentes. Muy rápidos, pero incompetentes o mediocres.

Creaos necesidades rápidamente y a la misma velocidad crecerán vuestras insatisfacciones si no sois capaces de cubrirlas.

Hacer más en menos tiempo no significa hacerlo mejor. No hablareis nunca inglés, ni tocareis la trompeta en sólo tres meses; no por seguir todas las tendencias ni por leer todo lo que se escribe de un asunto os convertiréis en expertos porque la vida se compone de teoría (que se puede aprender rápido y es estática ) y de práctica (que requiere de tiempo y es dinámica); no por llegar los primeros daréis dos veces porque quizás llegasteis agotados y no calibrasteis las fuerzas y luego solo queda vagar como alma en pena porque estáis fundidos. Es posible que gracias al esfuerzo de otros y del copy y pega, a la rapidez con la que os adaptéis seais capaces de dar el pego y os podais mantener en la cresta de la ola, en la pomada,  pero lo estaréis haciendo a costa de vuestra autenticidad y eso, eso es poner vuestro alma al servicio de la  mediocridad.

Puede que sean cosas mías pero muchos de los agobios que observo en las personas más insatisfechas viene motivado por no poder adaptarse a esta velocidad que impera hoy; o a que se han metido en una vía rápida de la que les es imposible salir; o a que el mundo de hoy exige estar actualizado cada minuto si no quieres quedarte fuera y ,además,  en actualizado en múltiples disciplinas porque todo es interacción  lo cual es bastante complicado y requiere, o un sobre esfuerzo o una dedicación de la que no se dispone.

Por eso, creo que lo importante es saber elegir la velocidad de crucero sin importar lo que piensen o digan de ti y que en la medida de lo posible todos tus actos sean hechos con la pasión de un artesano que en cada pieza, además de la mejora, busca su propia autorrealización. Ir a una velocidad para la que no se está preparado lleva sin remedio a la mediocridad y a la insatisfacción.

Así que elegid la más adecuada para cada situación. Y esto no es un consejo, es una reflexión. Chaplin también lo tenía claro.

Hoy en Thinking Souls (los comentarios perdidos) Fernando Rodríguez de Rivera


PD - Hoy me he cabreado conmigo porque no he podido de entregar un proyecto como yo quería debido a las urgencias y escasa información aportada por el cliente, al retraso (lógico por otra parte por parte de los colaboradores que no han tenido tiempo) y a mi incapacidad para gestionar adecuadamente esta situación. Es decir, he tenido que entregar algo mediocre para mi gusto, y aunque al final el cliente lo acepte, que tiene pinta de que sí, no estoy satisfecho con el resultado y, con seguridad, le daré una vuelta hasta que tenga esa maravillosa sensación que se produce cuando estás muy orgulloso de tu trabajo. De momento, ya digo, un trabajo mediocre hecho con prisas, con urgencia, la misma que parece dominar este mundo.

Feliz miércoles.

13 comentarios:

Vórtice dijo...

Si señor, la velocidad ergo competitividad llevada al extremo, el más rápido en todo. Recuerdo que en mi infancia se le llamaba rápido al que birlaba con mayor eficacia al prójimo. Con tu post recordé también cuantas veces hemos estado de acuerdo para hacer las cosas bien y no ceder ha la presión de los cagaprisas.
¡Excelente post (a pesar de tu cabreo, al menos a servido de acicate...y catarsis posterior)!
Un abrazote amigazo
Luis

Fernando López Fernández dijo...

Asi es Luis, Hay cosas que para que sañgan bien requieren su tiempo y acelerar el proceso solo lleva a la insatisfacción o provocar el error. La velocidad nunca se debe confundir con la agilidad, que ésta si puede ser buena, pero eso lo dejamos para otro post.
Un abrazo amigo

FAH dijo...

Así es, Fernando. Baltasar Gracián solía decir: "Los sabios suelen pecar de lentos, pues una mirada atenta obliga a detenerse". Me gusta eso de que "Slow Economy" no tiene el significado de "Despacio" sino de "sereno, tranquilo". Abrazo.

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola Fernando:
Incluso en el propio cine: Hoy en día exigimos un ritmo trepidante a las pelis. El otro día vimos RECUERDA de Alfred Hitchcock y a mis hijos les pareció "lenta".
Vamos que terminaremos corriendo tanto que nos terminaremos estrellando.
Un abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

Hola Francisco:

Yo también creo en la economía y la actuación serena antes que en la velocidad que como le comentaba a Luis no es lo mismo que agilidad, pero me temo que nos ha tocado vivir en la sociedad de las prisas.

un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Javier:

El detalle que apuntas es bastante significtivo, ahora debe pasar algo cada poco tiempo porque si no es así nos "mosqueamos"y si seguimos así, como bien dices, nos estrellaremos.
Un abrazo

Begoña Gamonal dijo...

Hola, Fernando.

Buena reflexión que nos hace reflexionar.

A veces no son los demás los que nos llevan a forzar la máquina y a ir más deprisa, sino nosotros mismos los que nos forzamos a ser más rápidos sin presiones externas (hablo por mí), de forma que llega un momento que la máquina no aguanta más, y estalla (la mía lo ha hecho:-)).


A nivel colectivo, es más complicado, porque ya no estamos hablando de una o varias personas afectadas, sino de miles, sobre todo a nivel de infraestructuras públicas donde una obra mal acabada puede desembocar en catástrofe.

Confiemos en que poco a poco iremos aprendiendo a ajustar nuestra velocidad de crucero:-).

Abrazos.

Fernando López Fernández dijo...

Hola Begoña:

me parece muy interesante lo que apuntas de la autovelocidad que al final se suele convertir en autopresión y como dices estalla. Si sumas la de los demas y la que imprimes tu, al final te darás cuenta que funcionas a inputs, pero no de forma natural.

Por otro lado, lo malo de todo esto es que cuando esa velocidad origina las catastrofes no solemos aprender de ello y no cambiamos nuestra forma de actuar.
Gracias por tu comentario.
Un abrazo

Myriam dijo...

Tiempos Modernos: ¡qué gran película!.

Tienes mucha razón en decir que la velocidad nos lleva a obtener resultados pobres, más cuando nuestra velocidad óptima es otra.

Creo que es muy necesario darnos cuenta de ello y respetarnos. Ganamos en salud y en calidad.


Besos

Fernando López Fernández dijo...

Hola Myriam:

Me gusta ese concepto de la velocidad óptima, que debería ser el que más se ajustase a nosotros y a los demas.

Un beso

Pepe Moral Moreno dijo...

Qué tal, Fernando?
estoy de vuelta después de un tiempo desenganchado; me ha gustado mucho leer el post, pero no estoy del todo de acuerdo.
Pienso que la calidad que ha de ofrecerse es la que se espera; se pueden superar las expectativas, de acuerdo, pero como yo digo siempre, no se debe vender un mercedes al precio de un 600... Para mi, el punto está en cerrar adecuadamente los alcances de cada trabajo, de manera que se sabe, antes de empezar, por todas las partes, la profundidad del mismo.
A partir de ahí, creo que es importante comprometerse con la calidad y plazos acordados.
En otro plano se encuentran los artistas; ahí sí que creo que los plazos y el tiempo toman un ámbito muy separado al mundo profesional puro y duro.
En resumen, creo que prisas, las justas para satisfacer lo acordado previamente.
Saludos, y enhorabuena por el cambio de look del blog; me gusta!!

Fernando López Fernández dijo...

Hola pepe:

welcome Back. Se te echaba de menos por aquí. Me gusta que ofrezcas otra perspectiva. Evidentemente, hay que ofrecer la calidad que se espera. Tu como consultor lo sabes bien y apuntas el tema del alcance, que e lo que debería regir la "calidad" del trabajo, pero también sabes que estos alcances se suelen incumplir por las partes. entre otras razones por el factor tiempo, por las nuevas solicitudes o modificaciones obre el alcance, porque falta información para ofrecer el producto etc...Si hablamos ya de tecnología ni te cuento, pero si estoy de acuerdo en que hay que ofrecer la calidad que se espera, lo que ocurre es que muchos piensan que las cosas se hacen de forma instantanea, como si apretases un botón y la maquina te dijese "su pedido gracias". Me parece un tema muy interesante para debatir.

Muchas gracias por venir por esta casa que sabes que es la tuya.
Un abrazo

Katy dijo...

Muy buen post, este no lo leí, estaria fuera por las fechas.
Está escrito justo para mi.
A veces voy a velocidades de vértigo.
Y es así como dices, las prisas no son buenas para nada, y además nos perdemos lo mejor.
Un beso

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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