miércoles, 2 de junio de 2010

Redifusion III: Aprender

Hay muchas formas de aprender. Una de ellas es leyendo viejas historias que nos enseñan a mirar. Como estas que inspiraron estos post. Otras es viajando: Thinking Souls Viajar

Una historia china cuenta que el noble Ping de Dsin había cumplido setenta años. Tenía un músico ciego también de avanzada edad, que además era su confidente. El noble se lamentó:

¡Qué pena ser tan mayor! Ahora, aunque quisiera estudiar y emprender la lectura de libros importantes, ya es demasiado tarde para ello.

El músico ciego pregunto:

— ¿Por qué no enciende la vela?

El noble se quedó perplejo con aquella respuesta. ¿Es que su súbdito trataba de mofarse de él?

Dijo:— ¿Cómo te atreves, osado, a bromear con tu señor?

La irritación del noble era evidente. — Jamás bromearía un pobre músico ciego como yo con los asuntos del señor. Nunca osaría una cosa tal, pero prestadme un poco de atención.

El noble se calmó, y el músico ciego dijo: — He oído decir que si un hombre es estudioso en su juventud, se labrará un futuro brillante como el sol matinal; si estudia cuando ha llegado a una edad mediana, será su futuro como el sol de mediodía; si empieza a estudiar en la ancianidad, lo será como la llama de una vela. Aunque la vela no es muy brillante, por lo menos es mejor que andar a tientas en la oscuridad.

Ese mismo día el noble comenzó a estudiar.


Un día, cuando un leñador se preparaba para salir a trabajar, no encontraba su hacha. Buscó por todos los sitios en vano. Trató de recordar dónde la había dejado el día anterior. Únicamente se acordó de que el niño del vecino lo estuvo observando mientras él partía leña en el patio. ¿No habrá sido el chico? Se le ocurrió que el hacha pudiera haber sido robada por el niño. Mientras seguía buscando infructuosamente en las habitaciones, crecía su sospecha. Cuando removió en vano las cosas del patio llegó a confirmar con certeza su conjetura.

—Seguro que ha sido él. Me estuvo observando hasta que terminé el trabajo —pensó. Incluso pudo imaginarse cómo entró el niño sigilosamente en su patio y se llevó el hacha corriendo. Justo en ese instante, el presunto ladrón se asomó por la tapia que separaba los dos patios, preguntándole:

— ¿Va a cortar leña otra vez?

El leñador lo miró con profundo resentimiento, tratando de interpretar el doble sentido del pequeño diablo.

—Sí. Ojala pudiera cortar también las manos del ladrón. Al oír eso, el chico desapareció tras la tapia, de lo que dedujo el leñador que se sintió aludido.

Desde ese momento, el dueño del hacha siempre observaba el comportamiento del niño. Le parecía que su forma de andar sigilosa, su mirada huidiza y su hablar titubeante revelaban indudablemente su culpabilidad y su condición de ladrón. La sospecha creció, se consolidó y se convirtió en una categórica certeza. Ha sido el. Conforme iba pasando el tiempo, el hombre veía al niño cada vez más como un ladrón y cada vez más encontraba en su comportamiento indicios de haber hurtado su hacha.

Pero, un buen día, por pura casualidad, descubrió su hacha en el sitio menos pensado, dentro del montón de leña cortada.

Se acordó repentinamente que la dejó allí olvidada. A partir de ese momento, el niño le parecía totalmente distinto. Ni en su forma de andar, ni en su mirada, ni en su modo de hablar encontraba nada raro. Era un niño simpático, sincero y completamente normal en su conducta.


10 comentarios:

Katy dijo...

Moraleja: Nunca es tarde para aprendrer. Y otra conclusión es que el camino de la vida es un aprendizaje, o por lo menos debería serlo. Y se puede aprender de todo, de la personas, del libro, de cine, de los libros y de los que más de los propios tropiezos y errores. Y muchas veces he dicho que no hay una mirada más limpia que la de un niño. Nosotros le añadimos muchas cosas de nuestra cosecha.
Feliz miércoles Fernando y que lo disfrutes

Fernando López Fernández dijo...

Hola Katy:

Aprender es recorrer el camino como apuntas, y en ese camino están los medios. De los niños, aprendemos a mirar limpio.
El resto es cosa nuestra.
Feliz miércoles para ti también

MTTJ dijo...

Cuántas veces sacamos conclusiones a partir de erróneos convencimientos!. Las dos fábulas son estupendas pero leyendo la segunda me he sentido identificada.Muchas veces he juzgado alegremente basándome únicamente en la intuición que, aunque sea intuición femenina, muchas veces también falla.

Un abrazo

M.Teresa

MaS dijo...

Leido Fernando,
pienso que lo más dificil de aprender es aprender de uno mismo, y que además "ese menos es" aún "más" cuando está dentro de uno mismo.
Sea entonces tambien redifusión de besos.
M.

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola Fernando:
El aprendizaje parte siempre de uno mismo, por las ganas y el entusiasmo que ee le ponga.
A veces por no sacar conclusiones precipitadas.
Un abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

Hola María Teresa:

Así es la intuición femenina también falla. Lo que deberiamos preguntarnos es si esa intuición es por convencimiento o está inducida.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola MaS:

es que aprender de uno mismo es lo más difícil al no prestarnos la atención que nos merecemos. Cuando lo hacemos parece menos pero es más.
Un beso de jueves festivo en Madrid

Fernando López Fernández dijo...

Hola Javier:

De acuerdo contigo. Todo empieza por uno mismo, Si aprendemos de nosotros, el resto del aprendizaje se hace más fácil. lo que pasa es que solemos hacer mal los deberes.
Un abrazo

Begoña dijo...

Buenas tardes, Fernando.

Preciosas historias con moraleja.
Vemos lo que queremos ver, y apartamos aquello que no queremos reconocer; pero el tiempo al final nos muestra la realidad, y aunque mirásemos hacia otro lado en su momento, el presente o el futuro nos pone delante de nosotros mismos lo que es.

Saludos.

Fernando López Fernández dijo...

Hola Begoña:

Gracias por pasarte y comentar. Así es, aunque queramos obvirala siempre nos encontramos con nuestra propia realidad.

Un saludo y feliz fin de semana

Soul Business

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