lunes, 28 de junio de 2010

¿Nos creemos lo que decimos?

Ayer, Eugenio de Andrés en el blog Aprende del deporte lanzaba una reflexión sobre un comentario que había realizado en el post “La falta de valores mata un español”. Decía lo siguiente:

“Cada vez que un grupo de personas nos ponemos hablar sobre estos temas coincidimos. Pero entonces yo me pregunto ¿Por qué no conseguimos cambiar las cosas? ¿Será que no nos creemos lo que decimos o que es más fácil ser parte del problema?”

Como “de todo hay en la viña del Señor”,  supongo que habrá gente que sí crea en lo que dice, y gente que lo que diga tenga que ver más con lo que otros quieren escuchar que con lo que realmente piensen o crean, porque cuando uno habla lo hace para una audiencia aunque ésta sea de una persona.

En muchas ocasiones, hemos dicho que el hombre es una continua contradicción. Reflexionando sobre el comentario de Eugenio e intentando llegar un poco más allá, ya no lo tengo tan claro: no porque no lo asuma como verdad, sino porque creo que lo que pasa es que pensamiento y actos suelen estar desajustados. Es decir nuestras palabras no se corresponden, o al menos no con la rotundidad con la que afirmamos las cosas, con nuestros actos.

Podríamos justificarlo diciendo que esto forma parte de la misma naturaleza humana, que somos así o que circunstancias obligan; que un mal día lo tiene cualquiera o que, en realidad, lo que quería decir era... Todo ello, amparándonos, como digo,  en lo que nos rodea, en el momento, en los peros, o en… sin haber contrastado con uno mismo, sin haber realizado un ejercicio de diálogo interior que posibilite que pensamiento, palabra y hechos sean uno.

Hablamos mucho para los demás y nos decimos pocas cosas a nosotros mismos, ni tan siquiera nos decimos cosas al oído. De vez en cuando algún susurro, alguna reflexión hecha a toro pasado, pero poca cosa. Entrenar la palabra, dominar el lenguaje es relativamente fácil, pero la actitud, que es lo que hace creíble nuestras frases ya lo llevamos peor.

Cuando uno se habla a si mismo y hace oídos sordos a todo lo que hace ruido como puede ser la envidia, la ira, la vanidad, la soberbia, el miedo o el que dirán, empieza a convertir la palabra en actitud, la actitud en hábito y el hábito en conducta lo que al final permite que no es que uno no sólo crea en lo que dice, sino también que los otros le crean y como consecuencia de ello cambiar las cosas. Lo demás es, como apuntaba Eugenio, ser parte del problema.

Otras cosas no, pero esos cambios, por pequeños que sean siempre están en nuestra manos. Será la forma de hacer buenas nuestras palabras, de creer en ellas.

Feliz lunes

14 comentarios:

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola Fernando:
Hablar, como beber y fumar, es un acto social. Podemos tranquilamente estar de acuerdo hoy en un tema y mañana también en el contrario. En el fondo no queremos problemas y por lo tanto aplicamos la ley del camaleón. Como decía Marx, Groucho Marx: "Estos son mis principios, si no le gustan dígamelo que los cambio".
Pues eso.
Un abrazo.

Katy dijo...

Hola Fernando, me encantan las preguntas que haces, todas sin una respuesta válida :) Nuestras respuestas son como el arcoiris que va cambiando de tonalidades según el momento anímico en el que nos encontremos. La clave según mi entender está en la dificultad de que entraña ser objetivos. Todo lo que decomos pasa tamizada a través de nuestra experiencia y esta es personal, aunque haya lugares comunes.
Claro que nos creemos lo que decimos, pero como es cambiante no produce frutos porque no nos compromete. El comprimiso empiexa por nostros como dices. Un beso y feliz semana. Es bueno empezarla reflexionando.

José Luis del Campo Villares dijo...

Buenas amigo.

Ya sabes lo que suelo decir yo: muchas palabras huecas, tienen mucha distancia de lo que se hace realmente, a lo que le uno ahora, lo que decimos nosotros no es para nosotros, sino para los demas.

Somos de los que nos encnata oirnos, aunque en realidad no tengamos ni la más remota intencion de hacer lo que decimos .

:-)

Buen comienzo de semaan :-)

MaS dijo...

Querido Fernando,
Del dicho al hecho...hay un trecho, y ese trecho debe ser bien ancho, porque mucho bla-bla-bla, pero poco predicar con el ejemplo.
Bueno, hoy es lunes y es un buen día para empezar...
besos.
M.

Fernando López Fernández dijo...

No se si camaleones o veletas, pero lo que si tengo claro es que tendemos a evitar los problemas.
Groucho si creia en lo que decía
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Katy:
Yo, sin embargo, dudo de que muchas veces nos creamos lo que decimos. Más que nada porque como apuntas dependen del momento anímico y circunstancias y aunque pasemos el tamiz no acabamos de aclararnos nosotros mismos.
Un beso y feliz semana

Fernando López Fernández dijo...

Hola José Luis:
Como dices, es una cuestión de distancia entre palabra, pensamientos y hechos. Nos encanta orinos pero no escucharnos. Y luego pasa lo que pasa que hay desajustes.
Un abrazo amigo

Fernando López Fernández dijo...

Hola MaS
Predicamos de palabra pero no de ejemplo, y ya se sabe que las palabras se las lleva el viento. Como dices, buen día para empezar.
Un beso de lunes

Josep Julián dijo...

Hola Fernando:
Has tocado un tema que para mí es fudamental: escuchar atentamente lo que uno tiene que decirse. Ese sería el objeto de toda reflexión. Pero no escuchar sólo aquello que nos agrada sino lo que da coherencia a nuestros hechos. Y es un ejercicio sumamente difícil porque demasiado a menudo nos declaramos inocentes, nos absolvemos aún sabiendo que somos culpables de mentirnos a nosotros mismos. Para luego confiar en la justicia divina, vamos.
Un abrazo.

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando:
Es que resulta muy difícil ser coherente entre lo que uno piensa y como actúa. Creo que el problema está en la propia sociedad que no admite, en general, a las personas coherentes. No sé si me explico, supongo que no. Creo conocer a un par de personas, no más, que actúan según lo que piensan, al menos en su profesión, y no son bien recibidas: se llega a pensar de ellas que son gente muy árida, cuando en realidad son eso:coherentes. Un lío y un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Josep:

Si, se sea religioso o no, al final confiamos demasiado en la justicia divina, o en la divina providencia, pero como dices, por eso de que nos autoengañamos, se nos hace complicado dr coherencia a nuestros pensamientos, a nuestras palabras y a nuestros hechos.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Rafa:

Yo creo que no sólo es la sociedad, sino también uno mismo. Lo que ocurre es que la coherencia a veces está mal vista o es considerada rebeldía. Para mi la coherencia está en los hechos y no en las palabras y eso se va viendo, no se puede esconder.
Un abrazo

Eugenio de Andrés dijo...

En primer lugar agradecerte Fernando el que continúes con la reflexión que empezamos hace unos días en Aprende del Deporte, sobre los valores, ya que creofirmemente que tenemos que apostar por ellos.

De todo el debate, yo me quedo con la idea de que hablamos para los demás, ara que tomen nota, para que vean lo buenos que somos, pero por supuesto no para aplicárnoslo nosotros.

Quizás para poder incorporar valores a la sociedad deberíamos ser más autoexigentes y cambiar la laxitud con la que nos juzgamos, por ejemplo cuando decimos: "Total que me escaqueo un rato...", "Total que no declare a Hacienda esto", "Total que yo compre sin IVA", "Total que yo esté en el paro sin buscar trabajo", etc. Somos demoledores con lo ajeno, pero muy permisivos con nosotros mismos, no comprendemos porque los demás se comportan mal pero para nosotros siempre tenemos una buena excusa.

Probablemente como decía Gandhi, si queremos cambiar el mismo debemos entonar el mea culpa y cambiar nosotros.

Muchas gracias de nuevo.

Fernando López Fernández dijo...

Hola Eugenio:

Gracias a ti. Estoy de acuerdo contigo en que somos pocos autoexigentes con nosotros mismos.Generalmente nuestras condcutas erroneas las justificamos como si fuesen "pecadillos de juventud", cosas sin importancia, pero ahí de lo ajeno. Por ejemplo, machacamos a un futbolista por vago o fallar, pero si lo hacemos nosotros no es lo mismo porque ellos cobran más ¿tiene sentido? desde mi punto de vista no cuando además somos nosotros los que aceptamos que se paguen esos salarios, pero eso da para otro post en vuestro blog.

Gracias de nuevo y saludos

Soul Business

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