lunes, 21 de junio de 2010

¿Juzgamos con ligereza?


He dudado si poner el título como afirmación o como interrogación. Finalmente he optado por escribirlo con signos que siempre me recordaron al Capitán Garfio porque lo que se pretende es que este sitio sea un lugar participativo en el que además de contaros lo que se me ocurra sea un espacio donde cada uno pueda opinar y reflexionar sobre lo escrito. Pero entremos en materia.

Somos unos cabritos. Sí, lo digo sin cortarme un pelo y siendo consciente de que una parte no esté de acuerdo con ello e incluso pueda indignarse o molestarse, pero tengo mis razones. Una de ellas, que es la que nos ocupa hoy, y en la que baso mi aseveración es que juzgamos a toda leche, es decir, emitimos nuestros juicios sin reflexionar, dejándonos llevar no sólo por nuestras emociones sino también por nuestros intereses o lo que nos pide el cuerpo en ese momento sin tener en cuenta si realmente nuestra sentencia es justa y las consecuencias de la misma adecuadas al mal hecho. Pasa mucho. 

No hablo de criticar, que es un deporte nacional, no exclusivo de estos lares, y que suele estar alimentado por los medios de comunicación a nivel general y, a nivel doméstico, en pandillas de amigos, familia y  conocidos varios, sino  de condenar en una u otra medida individualmente, y en la que si bien puede haber influencias externas, es uno, el que al final dicta la sentencia movido generalmente por una reacción que se produce cuando lo juzgado le afecta a, como decía, sus intereses y emociones con lo cual el desarrollo de los juicios están fundamentados la más de las veces en reacciones y no en argumentos sólidos que promuevan la equidad y la justicia.

Pensad en ello. Es posible que hayáis condenado a alguien por una cosa sin importancia o injustamente. O No.

Os dejo un cuento que explica mejor lo que quiero decir.

Feliz lunes

En un lejano reino, el monarca era muy aficionado a la caza y se servía para ella de dos halcones muy hábiles a fin de atrapar las presas. Sentía tanto afecto hacia sus implacables aves, que un hombre de su confianza tenía como única tarea velar por las mismas y mantenerlas siempre bien adiestradas para la caza. Pero un día, en un descuido, el hombre dejó escapar a uno de los halcones. El rey montó en cólera y ordenó que ejecutaran al negligente. Pero uno de los consejeros del monarca era un hombre sabio, de mente serena y lúcida. Con tono sosegado le dijo al rey:

-Majestad, el condenado ha cometido grandes crímenes para merecer con creces la pena capital. Además, creo que convendría hacer pública su culpabilidad a fin de que el pueblo lo repudie sin contemplaciones.

El consejero, en presencia del monarca, se dirigió al condenado para decide:

-¿Sabes lo imperdonable de tu delito? Siendo encargado del halcón real lo has dejado escapar por negligencia. Y lo más grave es que tu culpabilidad ha movido a su Majestad a ordenar tu muerte por la desaparición de su animal favorito. Y la peor consecuencia de todo es la crítica que podría provocar tu condena en los demás reinos contra nuestro soberano. Sería culpa tuya si se desprestigiara a nuestro rey debido a las calumnias de que su Majestad aprecia más a un animal que a uno de sus súbditos. ¡Tendrás que pagar con tu muerte todas estas consecuencias terribles!

Al terminar de expresarse así su consejero, el monarca afirmó:

-He decidido perdonar la vida a este hombre. Tu condena lo ha absuelto.

24 comentarios:

Fernando dijo...

Fantástico, Fernando. ¡Enhorabuena! Como seres pasionales que somos, nos dejamos llevar por los instintos más primarios cuando conocemos a alguien. Juzgamos con ligereza, para bien y para mal, y yo lo afirmo, no lo pongo entre interrogantes.

En cualquier caso, lo importante para mi es saber reconocer cuando esas primeras impresiones nos conducen a un error. Y no es fácil.

¡Enhorabuena también por el cuento!

Un abrazo

Katy dijo...

Porqué será que siempre nos es más fácil y asequible criticar, buscar defectos y ver la paja en ojo ajeno y no la viga en el nuestro. Casi siempre todos estamos dispuestos a unirnos a los chismes.
Esto me hace recordar una frase que escuche hace muchos años siendo jovencita
“Habla mal de la mujer en general y todas se te echarán encima, hazlo de una en particular y todas te harán coro.”
Así con todo… porque con el ejemplo no quiero parecer sexista que no lo soy en absoluto.
Me ha gustado mucho la fábula. Te dejo un enlace por si quieres echarle un vistazo es otra forma de decirlo
http://katy-pasitoscortos.blogspot.com/2009/05/maldecir-o-bendecir-tu-eliges.html
Feliz semana Fernando.

Nacho Muñoz dijo...

Además, no sé, creo que la crítica espontánea, esa más doméstica de la que hablas, también crea paulatinamente un filtro que va condenando los actos de esa persona, víctima, a la que nos referimos.

Mentiría quien te respondiese que no, que nunca han condenado a nadie por algo sin importancia. Y es que las emociones, esas desconocidas, parece que juegan un papel más importante que el que somos capaces de reconocer, ¿no?

JLMON dijo...

¡Ah, Fernando!
Primero disparamos y, después, sólo si fallamos, tratamos de apuntar.
Primero actuamos y, después, si las cosas no han ido todo lo bien que quisieramos, tratamos de reflexionar.
Pero es lo que nos enseñan apenas nacemos y cuesta reeducarnos.
Cuidate

Begoña dijo...

Buenos días, Fernando.

El que esté libre de juzgar, que tire la primera piedra:-).

Poner etiquetas basándonos en nuestros propios baremos o prejuicios, es muy sencillo, hablar es gratis; otra cosa es cuestionárselos y ver cuánto hay de mirada personal subjetiva y cuánto de objetividad.

Lo lógico sería cuestionarnos a nosotros mismos, aplicarnos el juicio que emitimos al otro, del que problablemente ni hemos hecho el esfuerzo ni hemos tenido la oportunidad de conocerle en profundidad, pero eso es más complicado y requiere primero cuestionárselo. Y cuestionarse continuamente todo lo que pensamos, tampoco es un ejercicio habitual, requiere mucha energía.

No es justificable, pero es humano; y es de humanos equivocarse.

Saludos.

María dijo...

Juzgamos a las personas, aún sin conocerlas, y también a las que conocemos por sus actos, y no nos damos cuenta que nosotros no somos Jueces para juzgar a nadie, y que si alguien decide tomar una decisión será porque es libre para tomarla.

Interesante tema para debatir.

Un saludo.

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando:
Magnífico cuento. Juzgamos ante lo primero que nos viene a la cabeza sobre una persona, algún acto concreto o sobre libros, música...etc, sobre cualquier cosa, vamos. Supongo que es porque creemos que el ser inmediatos en estas cuestiones nos hace más inteligentes, cuando es todo lo contrario. Me ha encantado. Un abrazo

Myriam dijo...

Todos tendríamos que tener a un consejero asi.... hehehehe

Y además ¿que calidad. persona o instancia nos erije en jueces?

Porque facil es ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

Besos

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola Fernando:
Vivimos demasiado deprisa, juzgamos demasiado deprisa. Creo que todo está interrelacionado.
Un abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

Hola Fernando.
Nos suele pasar aunque con el tiempo se van dominando las pasiones o lo que en realidad pasa es que los instintos están cansados. Como dices , para bien o para mal nos dejamos llevar. Reconocer es aceptar más posibilidades y eso para mi creo que es positivo y enhorabuena para el que escribió el cuento, que lo hizo de cine.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Katy:
Acabo de leer tu post y he decidido probar, pero no sé lo que aguantaré je je. Lo que si voy teniendo más claro todavía es que cuando vemos la paja en el ojo ajeno, en realidad lo que estamos haciendo es activar un mecanismo de autodefensa falsa con el que creemos tapar nuestras miserias. Lo de la mujer, sin ser sexista, es estadística pura.
Un beso y feliz semana

Fernando López Fernández dijo...

Hola Nacho.
Puede ser así, vamos juzgando, creando ese filtro que comentas que no sólo nos convierte en jueces sino también en verdugos. Somos emoción, lo que pasa es que el término se confunde y da la sensación de que aceptarlas no es correcto, pero es así, somos emoción y poca razón. Yo todos los días me enfrento a ellas, las propias y las ajenas y mi conclusión es que las reconocemos según nos conviene.
Gracias por pasarte.
Un saludo

Fernando López Fernández dijo...

Hola José Luis:
Así es, somos francotiradores de nuestras propias miserias. Luego viene el “arrepentimiento” o “reflexión” pero muchas veces ya es tarde.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Begoña:
Así es. Somos muy buenos juzgando, sobre todo cuando nos amparamos en la masa, pero quien esté libre ….Por otro lado, hablar aunque sea gratis o fácil tiene al final un precio, que en ocasiones pagan los inocentes y como dices deberiamos aplicarnos el juicio a nosotros, pero nos da pudor ponernos frente a nuestro espejo, no vaya a ser que nos llevemos un chasco como la reina de Blancanieves. Yo me cuestiono casi todo, pero he de reconocer, como decía José Luis, que muchas veces lo hago a toro pasado.
Un saludo y gracias por pasarte

Fernando López Fernández dijo...

Hola María:
Juzgamos, quizás, como mecanismo de autodefensa como comentaba o como vía de aceptación de nuestra zona más próxima. Lo que si tengo más o menos claro, es que las emociones influyen mucho en ello.
Un beso

Fernando López Fernández dijo...

Hola Rafa:
Yo no se si es porque creemos que nos hace más inteligentes (que seguro que no), pero la inmediatez, como apuntas, parece que dota a nuestros juicios de una seguridad, que probablemente sea falsa o, al menos, matizable.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Myriam:
Ya me gustaría a mi tener uno así full time, porque a menudo y mira que procuro ver las cosas desde múltiples puntos de vista, se me va la cabeza un poco.
Besos
Pd :me tengo que poner al día con El Quijote tuyo y el de Pedro.

Fernando López Fernández dijo...

Hola Javier:

Me gusta eso que apuntas. Vamos muy rápidos, pero no sabemos dominar a velocidad o esta nos supera.
Un abrazo

María Hernández dijo...

Hola Fernando:
No hacen falta los interrogantes tipo "garfio": todos tenemos un juzgado de guardia, tipo 24 horas, particular.
Incluso sabiendo, supuestamente, lo que está bien o mal, nos equivocamos porque aún teniendo la Ley o la razón en nuestras manos, la del otro puede ser tan válida como la nuestra.
Todo lo que es bueno para una comunidad puede ser igual de malo para otra y ambas tener razón y Ley.
En lo que si estamos hechos unos linces es en prejuzgar. Ahí no nos andamos por las ramas, tiramos a la yugular y da igual con qué argumentos: estéticos, culturales, políticos, etc.
Y si por casualidad nos cortamos un poco en clavar en la cruz a alguien, desde luego no nos faltan minutos para proporcionarle los clavos y el madero a quien se atreva.
¿Proteccionismo? ¿envidia? ¿poder? ¿ignorancia? ¿prepotencia?... son tantas las razones "sin razón" aparente que uno se queda sin argumentos para intentar cambiar la respuesta.
Y lo peor de todo es que nos convertirmos en verdugos sin llegar a ser jueces.
Estupendo cuento e inquietantes reflexiones.
Un beso, Fernando y a seguir con la semana.

Mari Cruz dijo...

Fantástico cuento Fernando. Vemos a los demás conforme somos y nuestros prejuicios, si cada vez que lo hacemos revisáramos nuestro patrón mental poco a poco seríamos conscientes de lo necesario del cambio.

feliz semana a tod@s. Mari Cruz

MaS dijo...

Fernando,
¿se puede añadir algo más a todo lo leido?. Unicamente me atrevo a dejarte estas tres lineas que algun anónimo pronunció:
LAS GRANDES MENTES DISCUTEN IDEAS.
LAS MENTES MEDIAS DISCUTEN SOBRE EVENTOS.
LAS MENTES PEQUEÑAS DISCUTEN SOBRE PERSONAS.
Anónimo.

Besos.
M.

Fernando López Fernández dijo...

Hola María Hernández
Magnífico retrato de cómo somos. Tiramos a la yugular, llevamos los clavos, etc sin importar los argumentos (solo nuestra razón o sinrazón). Y luego nos enfadamos si nos juzgan.
Somos muy raritos.
Un beso y feliz semana

Fernando López Fernández dijo...

Hola Mari Cruz:
Gracias por pasarte. Tu de esto sabes mucho. Revisar nuestro patrón mental continuamente sólo está al alcance de unos pocos porque somos un poco veletas.
Me alegra que te haya gustado esta historia china, pero también te digo que tus pétalos e historias son bastante buenas y aportan otros punto de vista.
Un abrazo y feliz semana

Fernando López Fernández dijo...

Hola MaS
Pues es un auténtico regalo el que nos dejas María. Gracias por compartirlo porque me parece muy brillante.
Besos

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