miércoles, 5 de mayo de 2010

Los esclavos emocionales

Un viejo árabe, de apariencia miserable, caminaba mendigando por las calles de una ciudad. Nadie le prestaba la más mínima atención. Un paseante le dijo con verdadero desprecio:

- Pero ¿que haces aquí? Ya ves que nadie repara en ti.

El hombre pobre miró tranquilo al paseante y le contestó:

- ¿Y a mí qué? Yo sí reparo en mí y eso me basta. Lo contrario sí que sería horrible: que todos repararan en mí y que yo me ignorase.

Me gusta esta pequeña historia que extraigo, ¡qué coño! copio, de El círculo de los mentirosos. Me parece de una gran profundidad porque en definitiva trata de una de las cosas, desde mi punto de vista, esenciales de la vida que no es más ni menos que quererse a uno mismo y que no tiene nada que ver con el encantado de haberse conocido.

El hombre, por naturaleza, busca o desea la aceptación de los demás y quienes suelen negarlo, paradojas del ser humano, acostumbran, en el fondo, a perseguir la atención de los demás.

Esa búsqueda no es mala, es natural y contribuye a nuestro equilibrio emocional, al ser el hombre un animal social. El problema suele surgir cuando esa aceptación se convierte en una obsesión que acaba por anular la personalidad de quien tan afanosamente la necesita y como drogodependiente se engancha a ella, descuidándose interiormente; dejándose de querer y generando conflictos que, a menudo, tienen daños colaterales.

Así, nos encontramos con gente que ha sido esclavizada por esa dependencia; gente cuya esencia ha sido encadenada a la voluntad de otros por no mirarse, por no quererse, traicionándose a sí misma, a lo único que realmente le puede diferenciar, que no es otra cosa que su propia manera de pensar.

A veces se conforman con las migajas de una aprobación pasajera, con las cuales creen que sacian su inquietud, pero en el fondo, aunque rían, son personas tristes y frustradas porque saben que les falta algo para realizarse, para encontrar esa estabilidad que persiguen por el camino equivocado.

Ignorarse es comenzar a morir en soledad. Y la vida, merece la pena.

Feliz miércoles. Hoy Arte en Thinking Souls  

14 comentarios:

Katy dijo...

El querer a los demás forzosamente empieza por amarse uno mismo. Nadie da lo que tiene, y para dar tienes que haber experimentado primero. Efectivamente nada tiene que ver con encantada de haberme conocido.
Uno se reconoce en los demás eso es cierto y tampoco tiene que ver con la dependencia de la aprobación.
Buena reflexión.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Katy:

Qué puntual¡¡

Esa para mi es una de las claves, cuando te quieres, quieres de forma natural a los demás. Lo demás son forzar situaciones que no conducen a nada.
Un beso y feliz martes

Josep Julián dijo...

Quien no se valora a sí mismo es un desgraciado en el sentido etimológico del término, que no se otorga ninguna gracia. Eso sería un problema que le afectaría sólo a él si no fuera porque además, se siente víctima y ahí nos involucra a todos.
Un abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

Hola Josep:

Ese es el problema, que tiene fecetos colaterales para los demás y no deja de ser un fastidio.
Un abrazo

MaS dijo...

Buenos días,
ay, qué lata, estar obligado a amarse a uno mismo, a enamorarse de uno mismo, a decirse frecuentemente, "eres un tipo estupendo!", eso aunque los demás te cataloguen de un hijo de tu madre... Cuesta mucho muchas veces reponerse y perdonarse, pero yo me pregunto cómo se adoran aquellos que asesinan, violan,...¿tambien se sentiran estupendos?
Saludos ,
M.

Fernando López Fernández dijo...

Hola Mas

Para mi no es una cuestión de obligación ni de hacerse autobombo, es simplemente respetarse. Los violadores, asesinos y demás calaña no se quieren como apuntaba Katy, y por eso nunca se sentirán bien ni serán estupendos.

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando:
Sí hay que quererse, pero sin egocentrismo, sin pretender ser el centro de todo lo que nos rodea. Creo que has planteado una cuestión que bien puede llevar al debate. No sé si somos esclavos de nuestras emociones, en todo caso no me parecería malo, ya que las emociones de cada uno creo que son inevitables.
Un abrazo

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola Fernando:
Sí que es cierto que hay mucha gente que no sabe vivir sin la aprobación de los demás. Por mi experencia personal con mis hijos me he dado cuenta que los chavales son muy sensibles. Eso de que se puedan quedar solos, fuera del grupo, hace estragos en su autoestima y en muchas ocasiones se adaptan al grupo como pueden para ser uno más.
Interesante tema para darle una buena pensada.
Un abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

Hola rafa:
Para mi quererse no tiene que ver nada con el egocentrismo que es situarse siempre en primer plano. Lo malo de ser escalvo de algunas emociones es que éstas pueden ser negativas y producir daños colaterales.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Javier:

El sentido de pertencia a un grupo es natural en el ser humano.El problema es cuando ese esfuerzo de adaptarse al grupo llega a afectar a la autoestima. Como dices, para darle una buena pensada.

JLMON dijo...

Ignorarse es comenzar a morir en soledad
¡Me ha encantado!
Efectivamente, esa dependencia es consustancial a cada uno de nosotros, necesitamos el espejo, aunque sea espejito... Pero algunos, como la bruja, lo convierten en espejazo...
Personalmente, hago grandes esfuerzos por quererme y gustarme, es un método de supervivencia tan bueno como cualquier otro.
Un abrazo

MTTJ dijo...

Creo que con la edad uno va aprendiendo a quererse y a sentirse bien consigo mismo. Evidentemente no pienso que sea la más inteligente , la más guapa, la más lista ... simplemente uno se acaba conociendo un poco más y se acepta como es, quizás porqué no le queda otro remedio.

Un abrazo

M.Teresa

Fernando López Fernández dijo...

Hola José Luis:

Gracias. Como dices, quererse es un método de supervivencia tan bueno como otro. Me ha gustado eso de los espejos.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola María Teresa:

El tiempo nos ayuda a querernos o aceptarnos, a conocernos, pero creo que aceptarnos porque no nos queda más remedio no es bueno.

Un abrazo

Soul Business

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