miércoles, 7 de abril de 2010

¿ A qué te sabe la vida?


Como dije, esta semana iba a ser peleona. Si el lunes hablaba de mirar y ayer de escuchar, hoy le toca a otro sentido: el gusto y, en concreto, el gusto por la vida. Hoy me toca dar un poquito de caña a aquellos para los que la vida tiene un único sabor o son de sabor único.

Una de las cosas que aprendí de niño es que había que comer de todo; o lo que hubiese. Es decir, me enseñaron a ser tolerante con los sabores, a pesar de que había algunos que intentaba evitar por todos los medios o disimularlos con cualquier otro sabor que tapara la realidad. En esos momentos hubiese deseado que mi vida sólo estuviese dominada por los más agradables a mi paladar, por aquellos que tuviesen una textura más acorde con mis preferencias: que en esa época, como podéis imaginar, estaban más cerca de los dulces y golosinas que de las espinacas que el inocentón de Popeye pretendía colarnos abriendo una lata y trasegando (que eso es lo que hacia porque lo de masticar no se veía mucho) ese contenido verde que para lo que servía era para repartir bofetones o levantar vigas. Pues bien, aunque pueda parecer una bobada, nunca estaré lo suficientemente agradecido a mis progenitores y cuidadores varios el que me obligasen a probar de todo. La razón es clara: gracias a eso, aparte de probar nuevos sabores, descubrí que la vida hay que degustarla y que no siempre está disponible nuestro plato favorito y que su sabor a veces no es el que nos hubiera gustado elegir, pero aún así nos puede saciar y alimentar en el sentido más amplio de la palabra.

Lo pensaba anoche, cuando leyendo un libro ilustrado (porque tenía ilustraciones) estuve un buen rato viendo una imagen de una cuadro en el que representaba a un alquimista en su estudio conversando con otro fulano. Me quedé bastante tiempo mirando el cuadro y disfruté como un cochino en un barrizal. Sentí admiración por el pintor, por el ser humano que reflejó con notable maestría una estampa. Me ofreció un sabor dulce; una alegría tremenda por poder disfrutar de ello. Y concluí que mi vida es una sucesión de sabores en los que se tolera la amargura de un mal momento con el picante que revuelve los sentidos; una continua mezcla de sabores en los que la sal que dejan las lágrimas se fusionan con el dulzor de la sangre que deja una pequeña herida; una sucesión de momentos que sabe que el éxito empalaga y cansa como la miel o que hay otros en los que te cuesta distinguir las especias que componen tu menú de cada día. En definitiva, concluí que la vida tiene más de un sabor y que todos son necesarios para sentirla y comprenderla. Y que la mía era tremendamente sabrosa. Y creo que la del resto también.

Ya se trate de mirar un cuadro, leer un libro, ver jugar a un niño o  encontrarte en una dificultad. La vida tiene muchos sabores y hay que probarlos todos para no ser unos niños mimados, gritones y egoistas que griten  y digan  de forma repetitiva lo que suelen gimotear: no quiero, no me gusta bua, bua bua....y bua, bua pues hala, bua bua 

Por eso, hoy este post va dedicado a todos aquellos que siguen siendo niños consentidos que no entienden que  la vida no es la amargura, ni el avinagramiento que llevan encima ni esa agriedad que transmiten que dan ganas de decir: a mí ni te acerques. 

Y es que empiezo a estar cansado de tanto chuflitas, de tanto jodemañanas, de tanta ira y mala leche, de tanta envidia, de tanta soberbia y tanta bobá; de tanto niño mal criado que sólo comió lo que quiso y ahora lo regurgita provocando una acidez y amargura existencial en él y todo lo que lo rodea. Si les hubieran hecho comer de todo al menos sabrían que la vida tiene más sabor y con el tiempo te acaban gustando o te acostumbras a todos.

Hoy en Thinking Souls Batiburrillo

21 comentarios:

María Hernández dijo...

Hola Fernando:
Me encanta esta semana peleona; ya estoy esperando el de mañana, jeje.
No puedo mas que estar totalmente de acuerdo contigo, tanto en los sabores de la vida, como respecto a los "avinagrados", sobre todo los madrugadores, los que ya salen de sus casas así o se transforman en el recorrido hasta el trabajo.
¡Qué necesidad! ¡Qué ganas de amargar el día!
Porque...que te pretendan tocar las narices a las 3 de la tarde, no se acepta aunque se puede llegar a comprender, pero que vengan con sus malos humores a los claros del día debería penarse con tres cucharadas de aceite ricino, dos botellas de agua de Carabañas y un cucharón de aceite de hígado de bacalao, para que "le cojan gusto a la vida".
En fin, ante estos malvados hay que atacar: sonrisa perenne y un buen traje de felicidad. Se mueren solos, no falla.
Un beso, Fernando y lo dicho, me encanta esta vena peleona.

MTTJ dijo...

Hola Fernando:
Igual que a ti, me educaron en que había que probarlo todo y, gracias a ello, ahora disfruto tanto con un plato de acelgas (o espinacas) como con un trozo de tarta. He aprendido a saborear los sinsabores y seguro que me quedan aun muchos sabores por probar.
Como bien se dice, a nadie amarga un dulce, pero de los agrios y amargos se pueden sacar también buenas experiencias.

Un saludo

M.Teresa

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola Fernando:
Amamos la vida por comparación. Sólo valoramos en positivo un buen plato de garbanzos después de comer pizza toda una semana. Sólo valoramos la comida cuando no la hay. En ese momento comeríamos cualquier cosa. Todos esos jodemañanas que comentas, han tenido toda su vida una madre (bien intencionada) que le decía todos los días (hasta los 40 años) "hoy que te pongo para comer... cariño".
Y el "cariñín", sigue sin apreciar un buen plato de espinacas.
Un abrazo.

Katy dijo...

Efectivamente la vida es eso, sonidos, sabores, olores imágenes...
Es percibir y sentir. Posiblemente tiene algo que ver la educación y digo posiblemente, porque con la sensibilidad y finura espiritual se nace, otra cosa es desarrollarla y no quedarse en lo aparente. En mirar más allá de lo aparente. Y mucho tienen que ver tus circuntancias personales, el rodaje de la vida, esa es la gran escuela. Cuando se ha pasado hambre en la infancia y cualquier cosa era un manjar, es imposible no saborearlo todo. Este post daría para mucho mñas....
Por cierto tus fotos me gustan mucho.

MaS dijo...

¡Qué buen título del post, Fernando!, y qué "rico plato de judias"!!!
Yo voy a discrepar un poquito, (para meter un poco de picante..je je),aunque tambien confieso que a mi los chuflitas, y jodemañanas (nunca había oido esta expresión! y me encanta!)tambien de lejos...
El hecho de que nos obligaran a comer de todo, a mi, más que abrirme el catalago de sabores, posibilidades y tolerancia, me lo cerró. Sí, hay que ofrecer la posibilidad de comer de todo, pero la cultura de la escasez muchas veces a llevado a que "por narices" te terminas lo que hay en el plato. Y entonces, el paquete que se coge al contenido del mismo, a los modos de educación y al "porque sí" hay que probar de todo...es bien grande.La tolerancia a los distintos sabores se enseña con el ejemplo: permitiendo que al otro no le guste lo que saborea, lo que ve, lo que escucha.
Educar en la variedad, en el esfuerzo, en si quieres pizza, cocínemosla juntos, hoy pizza y mañana pescado,en el hoy por ti-mañana por mi, en jugar con los sabores, ... pienso que funcionará mejor, incluso creo que "cocinaremos" menos amargados de esos de primera hora.
Y es que el "Si les hubieran hecho comer de todo al menos sabrían que la vida tiene más sabor y con el tiempo te acaban gustando o te acostumbras a todos"....o no.
Simplemente besos, M.

Pepe Moral Moreno dijo...

Qué tal, Fernando?
hoy no se si te he pillado la idea... por lo menos, lo que yo he querido entender es que hay gente que vive actualmente amargada por las circunstancias, en lugar de asumir que ésto es lo que hay para comer en ésta época, y tratar de compensarlo con las cosas buenas, que también las hay.
El problema es que, como tu muy bien dices, la mayoría de nosotros no ha vivido una situación parecida a la actual, y hemos estado acostumbrados como niños malcriados durante mucho tiempo; por éso pienso que hay tanta gente avinagrada hoy en día... o no te acuerdas la mala uva que se te ponía cuando tocaba lentejas? y sobre todo, las broncas de las primeras veces para que lo comieses (y digo ésto sin querer romper ninguna lanza).
Por otra parte, yo, lo tengo claro: cada vez que me encuentro algún amargado, trato de contrarrestar con una sonrisa, y si puedo, con un chiste fácil (aunque sea malo), para tratar de hacerle ver su postura... la mejor defensa siempre es un buen ataque, no?
como siempre, se puede pensar un rato largo con tus post.
saludos,
Pepe

Fernando López Fernández dijo...

Hola María:
Me alegra que te guste esta semana peleona. ¿sabes lo que pasa? Que a mi esta gente me da cada día más pereza porque son capaces de absorber la energía de los demas. Y es que esta mala baba la traen de serie, y cuando no tiene problemas que pudiesen justificarla los inventan para estar siempre así. Yo no se si atacar, que generalmente se avinagran más si le ven a uno feliz. Gente muy rara.
Un beso

Fernando López Fernández dijo...

Hola Maria Teresa:
Cuando pruebas varias cosas, al final se amplían las perspectivas y sobre todo se aprende a saborerar la vida en toda su dimensión. De los sabores agrios y amargos se aprende y también, forman parte de la vida. De lo que no se aprende es de la gente avinagrada y amargada. Bueno sí, de lo que no hay que hacer y ser.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Ja ja Javier, así es. Los cariñines se vuelven caprichosos. Pero me has hecho pensar en una cosas. ¿no será que este tipo de personas, a pesar de lo que puedan parecer, son unas personas tremendamente inseguras?
Ahí lo dejo.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Gracias Katy, me alegra que te gusten las fotos. Yo creo que si tiene que ver con la educación por un lado y por otro con el desarrollo que uno quiera dar a su vida. Si sólo te gusta el jamón, no apreciarás la merluza. Si sólo te gusta tu pueblo, renegarás de lo demás sin conocer. Para mi hay una diferencia brutal entre tragrarse la vida o saborearla, pero parece que algunos solo tragan.
Un beso

Fernando López Fernández dijo...

Hola MaS

En realidad no creo que discrepes, pero me gustan los aderezos. El que te hagan probar de todo también sirve para luego saber elegir. El pasar el mal trago de acabarse la comida por que sí, te enseña a después ser tolerante ya que nunca querrás hacer tu lo mismo con los demás. Es importantísimo educar en la variedad pero no en el capricho. Cuando concoemos los sabores de la vida acabamos disfrutando de ella o acostumbrándonos a ellos. Y eso, creo que forma parte de la felicidad.

Un beso de postre

Fernando López Fernández dijo...

Hola Pepe:

Sí, si que los has pillalo en líneas generales (que a mi se me va de vez en cuando la olla y me explico fatal). Hablaba de esa gente amargada, pero no por las cirucunstancias actuales, sino que son así de serie y da lo mismo que no tengan ningún problema para estar de mala baba todo el día. La vida, tiene sabores. Y si solo nos quedamos con los más agradables a nuestro paladar no descubriremos que podemos llevar basatnte bien la vida en momentos como por ejemplo los actuales.

Lo mismo te he liado más (que todo es posible) . me gusta que te sumes a la estrategia de María Haernández. Sonreir llena el depósito de gasolina de los demas.
Un abrazo

Ramón Balterra dijo...

Hola
muy bonito.
La curiosidad está infravalorada en la educación (familiar o académica). Hay que querer descubrir...

Fernando López Fernández dijo...

Hola Ramón:

Bienvenido a Soul Business.

Gracias por tu comentario. la verdad es que todo lo que sea salirse de lo conocido es infravalorado u obviado. Y eso ocurre a menudo con la educación en todos sus ámbitos.

Gracias por participar y un saludo

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando:
Me gusta la semana peleona que llevas y lo que creo que es una enseñanza práctica: Hay que saber valorar lo que tenemos. Hoy nos toca bailar con la fea, por eso hay que haber mamado desde pequeño que hay que comer de todo para saber apreciarlo.
A mí me debieron educar medianamente pues no he superado el comer huevos, me producen verdadero as.... ¡Puagh!
Lo siento pero es la verdad.
Los días amanecen preciosos pero siempre hay alguien que se encarga de intentar amargárnoslo.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Bueno Rafa:

Tampoco ha de gustarte todo por sistema, pero al menos probarlo je je. La vida unas veces sabe bien, y otras menos, pero tiene sabor, no es sosa y eso es lo que tenemos que valorar que además es lo que nos enseñará a saborearla.
Los amargados, cuanto más lejos mejor.
Un abrazo

Josep Julián dijo...

Hola Fernando:
A mí me pasa un poco como a Rafa que hay cosas con las que no puedo. Unas las he probado y otras no pero es que no puedo "por concepto" lo que no sé si equivale a ser un malcriado.
Admiro a los que coméis de todo, no te creas, porque sin ir más lejos eso permite viajar sin reservas mentales respecto a las comidas autóctonas, pero a cambio soy un crack en eso de comer verduras y legumbres de forma que por ese lado salvo la papeleta en la que otros fracasan.
Un abrazo.

Myr dijo...

CReo que me conoces lo suficiente como para saber que a mi megustan todos los sabores.

Literalmente como de todo, hasta cerdo. Y simbólicamente, he pasado por todo. De lo amargo de la vida,
extraigo las lecciones, además de haber llenado mares con mis lágrimas. Y disfrutyo todo lo bueno, consciente del regalo que eso significa-

Besos

Myr dijo...

Esa foto me recuerda el mercvado de especias de Estambul... ¡Qué aromas!

Fernando López Fernández dijo...

Hola Josep:
El probar de todo no significa que te guste todo. Por concepto yo tampoco he comido embriones de pato, huevos de los mil años o los famosos ojos de cabra y cordero de los paises árabes. Todo dentro de lo razonable. Siempre tenemos una reserva mental a determinadas cosas, que no somos superhombres je je
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Eso creo Myr, estoy convencido que sabes saborerar la vida y disfrutar de ella en cada momento o si está trae sabores amargos llevarlos con dignidad y tragar las cucharadas sabiendo que esos momentos apenas son un instante dentro de toda nuestra existencia.
El mercado es de Vientiane, y los olores, ya te digo que nada que ver con el bazar egipcio de Estambul donde me hubiera gustado vivir una temporada. Y quine sabe…
Un beso

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