jueves, 22 de abril de 2010

¿Qué dejarás a tus hijos?


Hace unas semanas Katy dejó en su blog una historia para reflexionar que me ha servido para introducir la entrada de hoy. Hablaba de personas mayores, de viejos que observan como la única posesión que necesitan se va desvaneciendo en muchos casos por esas cosas del egoismo y la memoria frágil. Esa única posesión que quieren se llama amor, y si no cariño y si no comprensión, pero el resto, estoy convencido que se las trae al pairo. Y eso lo notas cuando les miras a los ojos. Te dicen tanto, sin hablar… y piensas en lo injusta que es la vida, porque casi siempre es la misma historia: «que a los míos no les falte de na » o lo que es lo mismo luchan, trabajan y sufren hasta lo indecible para que su prole y la prole de su prole vivan lo mejor posible. Y claro, hay hijos agradecidos que reciban lo que reciban e incluso sin recibir nada les ofrecen lo que más anhelan que es sentirse queridos. Pero también hay otros que hereden lo que hereden procurarán quitárselos de en medio. Por eso, me ha gustado esta historia, un poco atípica pero que demuestra que el amor es más grande que el dinero y que más de una anciano debería leer y seguir el sabio consejo que se ofrece.

Shu Guang, viejo profesor del príncipe heredero durante muchos años, pidió jubilarse al ver que el primogénito del emperador ya había obtenido una formación cultural bastante sólida. Para agradecer su excelente servicio, el monarca le obsequió con 10 kilos de oro, a los que se sumaron otros 25 que le regaló su alumno, el príncipe heredero. Volvió entonces el profesor jubilado a su pueblo natal con tan apreciada remuneración. Vinieron a saludarlo parientes, amigos y admiradores, a quienes les agasajaba siempre con suculentas comidas y buenos vinos. Su hospitalidad se difundió por toda la provincia. Acudieron entonces otros conocidos e incluso desconocidos atraídos por la fama del viejo letrado o simplemente por las ganas de saborear sus manjares.

Así, al cabo de dos años, se redujo considerablemente su riqueza por los banquetes y regalos. Algunos amigos empezaban a preocuparse, diciéndole:
Conviene que escatimes los enormes gastos. Aunque tuvieras una montaña de oro, se agotaría en pocos años y te quedarías sin nada. ¿Por qué no te compras con ese dinero algún terreno o algunas casas para dejárselos a tus descendientes como herencia?

El viejo profesor sonrió con gratitud y les contestó con lucidez:

- Aunque estoy viejo, no me he olvidado de mis hijos y nietos: miren, tengo una casa suficientemente amplia y un terreno que, si lo cultivan bien, les dará de comer sin problemas. ¿No es suficiente que tengan una vida igual a la de los demás?

- Pero deberías adquirir más propiedades para que no les falte nada en el futuro.
Podría comprar más fincas y construirles casas nuevas, pero temo que como lo tienen todo de manera tan fácil se conviertan en unos vagos y holgazanes.

- ¿Por qué?

- El dinero no es todo. La posesión de una desmesurada propiedad puede arruinar la agudeza de los inteligentes y agravar la insensatez de los retardados. Soy consciente de mi incapacidad para educar a mis hijos, pero tampoco quiero incrementar su insensatez. La austeridad es la mejor compañía de la laboriosidad, y ésta es la esencia de la vida.

El viejo siguió gastando su fortuna en convidar a los amigos, conocidos y admiradores. Murió sin dejar herencia. Pero los descendientes prosperaron con sus propios esfuerzos.

Feliz Jueves

22 comentarios:

MaS dijo...

Buen viernes, mi reloj marca ya las 00:27,
confieso que cuando he leido el ´titulo de la entrada, he contestado:"un libro". Trato de ver a los mayores como personas de mi edad, de mirarles e imaginar cómo serían cuando eran aproximadamante como yo... deseo imperiosamente que su vida, su trayectoria les haya enseñado que la codicia y la avaricia posesiva, no "dejan" nada a los que más queremos...
pero supongo que yo caigo, he caido y caeré en lo mismo.
Ojalá sea capaz de enseñar a los mios que los frutos salen del árbol si lo riegas frecuentemente, que son frutos del esfuerzo, de la entrega y dedicación...you know.
Besos de viernes recién salido,
M.

Fernando López Fernández dijo...

Hola MaS

Me parece María que por fin no es viernes todavía, pero acepto viernes recien salido je je. Me hace gracia porque ese ejercicio que haces yo también lo hago. Es decir hago moviola y deseo que hayan sido felices al menos en algún momento de sus vidas y que hayan sido capaces de dar algunas claves a sus hijos.
Yo estoy convencido de que serás capaz de hacerlo perfectamente. Alguien que regala sonrisas siempre lo hace todo más fácil.
Besos de jueves viernes

María Hernández dijo...

Hola Fernando:
¡Qué historia tan estupenda!, gracias por compartirla.

Pienso que la mejor herencia familiar es la que se recibe a plazos, la que te regalan día a día, la que nunca se esfuma aunque lo pierdas todo. Lo demás puede ir y venir, crecer o menguar, aparecer o desaparecer, pero la buena herencia se empieza a recibir desde el día de tu nacimiento, independientemente del valor de las "arcas familiares".
Y eso se nota.
Hay excelentes "herederos" sin grandes patrimonios y grandes "patrimonios" sin herederos excelentes.

Que tengas un buen "jueves viernes", jeje.
P.D. Parece que a MaS (María) la semana se le ha hecho muy larga. Ánimo, sólo es un día más.

Un beso.

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola Fernando:
Si nuestra generación hubiese crecido con esos valores, seguro que ahora no estábamos como estamos. Pero la realidad es que somos incapaces de pensar de esa manera. Queremos solucionar la vida a nuestros descendientes sin tener en cuenta las consecuencias. Mal inversión.
Un abrazo.

Economía Sencilla dijo...

Difícil equilibrio, sin duda, nos gustaría que nuestros hijos queden en la mejor situación, darles lo mejor, pero por otra parte, no deberíamos darles todo en bandeja de plata, deben aprender también por sí mismos.

Por otra parte, lo malo es que el dinero no lo es todo, pero a veces lo parece, y así se forman los líos que se forman con las herencias, así que no me extraña tanto lo que hizo el protagonista de la historia ;-)

Un abrazo
Pablo Rodríguez

Katy dijo...

Hola Fernando, mejorada la migraña me he asomado como cada día a tu blog y ante todo gracias por tu mención. El relato no tiene desperdicio. Me sumo al viejo profesor.
Las personas tenemos que adaptarnos a lo que temos sin mirar ni ambicionar lo que tienen los demás.
Y en cuanto a dejarles herencia para que no pasen necesidad, se les deja en vida, empezando por sus estudios y las ayudas que puedan precisar según sus necesidades. No puedes preveer su futuro. El trabajo y el esfurzo es parte del crecimiento personal. Tienen que dar su propia respuesta a la vida.
El cariño es muy importante pero no se puede exigir, hay que aceptar lo que te quieran dar y cómo te lo quieran dar. Con humildad total. Lo que se hace por los hijos se hace por amor y el amor jamás pide remuneración de ningún tipo.
El post es tan bueno que da para mucho más
Un beso

Fernando López Fernández dijo...

Hola María:

De acuerdo contigo. La mejor herencia es aquella que te van regalando día a día, que nada tiene que ver con los bienes materiales sino con potros bienes que en apariencia no son tangibles, pero que determinanarán realmente nuestra riqueza.

Buen jueves viernes, al mejor estilo MaS.

Un beso

Fernando López Fernández dijo...

Hola Javier:

Yo creo que hay de todo, pero si es cierto que es una tendencia (natural por otra parte) de todos los seres humanos y uchas veces en lugar de hacer un favor o solucionar un problema creamos monstruos, desgraciados o desagradecidos.

Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Pablo:

Para mí es uno de los dilemas humanos y como le decía a Javier, hay una tendendcia natural a querer dejar en la mejor situación a los descendientes (lo que en sí no es malo) pero esto, no fomenta el aprendizaje. El dinero, como apuntas, no lo es todo, pero casi todas las que se lían es por dinero. Y esto no o aprenderemos nunca.

Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Katy:

Me alegro que estés mejor de la migraña. Es cierto que la herencia se va dejando ejn vida, pero no es menos cierto que muchos pasan del crecimiento personal, del esfuerzo y del trabajo y sólo esperan recoger lo que construyó otro.

Cuando hablaba del cariño, no decía como forma de remuneración, sino como de necesidad, porque como dices el amor nunca pide remuneración.. Y eso es precisamente lo que no saben quienes valoran la herencia material y no la espiritual .

Un beso.

Alberto Barbero dijo...

Hola, Fernando:

La historia me toca la fibra porque todos los días estamos sometidos a una especie de "miniyo" que nos tienta a prestar más atención a lo material con todo tipo de argucias argumentales... y la de poner a los hijos como excusa es una clásica -al menos en mi entorno-.

Para mi, este tipo de historias son como mantras que te ayudan a enderezar el camino todos los días.

Gracias!

JLMON dijo...

Fernando
Esto me recuerda aquello de justificar la riqueza de algunos recurriendo al evolucionismo socialy cómo no funciona cuando lo aplicas al tipo obtuso que hereda un porrón de millones. Particularmente, intentaré pulirme todo lo que pueda antes de la última hora y dejar a los vastagos lo justo y necesario para que, en lugar de apalanzarse como una vaca frisona, puedan buscar y descubrir algo que se llama VIDA.
Un abrazo

MTTJ dijo...

Hoy me has tocado la fibra porqué con ese tema estoy muy sensible. Viajo bastante en tren y acostumbro a coger uno que sale a las 6:30 de la mañana. Muchos días a esas horas ya hay algún abuelo sentado en los bancos de la estación y no precisamente esperando a ningún pasajero. Se me cae el alma al suelo y entonces empiezo a imaginarme como habrá sido su vida para acabar tan solo y triste.
Los padres se desviven por sus hijos cuando son niños, más adelante los explotamos como canguros y cuando ya no nos sirven los apartamos como algo caduco. Nos espera un futuro negro en ese aspecto, aunque creo que todos estamos bastante mentalizados de por donde irán los tiros.

La historia del viejo profesor, muy ilustrativa y con una buena moraleja.

Un abrazo

M.Teresa

Fernando López Fernández dijo...

Hola Alberto:.
Muchas gracias Alberto, nos acabas de regalar una frase para Thinking Souls “ Todos los días estamos sometidos a una especie de "miniyo" que nos tienta a prestar más atención a lo material con todo tipo de argucias argumentales...”
Creo, y coincido contigo, en que nos pasamos el día poniendo excusas para todo, y los hijos, en casi todo los entornos, no sólo en el tuyo es uno de los argumentos para seguir haciendo en realidad lo que queremos y no lo que necesitan.
Me alegra que estas historias tengan utilidad.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola José Luis:
Pues alabo tu criterio, buen gusto y sentido común en el sentido que les vas a dejar mucho más de lo que esperan (VIDA) y, al tiempo, te podrás dar un homenaje después de tantos años de curre.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola María Teresa:

La historia de la estación es muy gráfica porque en casi todas los pueblos y ciudades pequeñas excepto si es de noche cerrada, te encontrarás con ancianos sentados mirando pasar la vida, sin nada que hacer, como si formasen parte del mobiliario de la estación.

Por otro lado, has definido el ciclo habitual: Desvivirse, (tienen el control) Son explotados (cambian las tornas) y son apartados del todo (ya no tiene ningún control). Yo, de todas maneras, creo que la solución está en la educación y valores que se tranmitan.

Un abrazo

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando:
Me ha encantado el cuento en sus dos vertientes: el cariño que hemos de dar a nuestros mayores, pues ellos así lo hicieron con nosotros, y por otro lado el mostrar a nuestros hijos, con el ejemplo, que solo el esfuerzo de cada uno hace que consigamos en esta vida esos pequeños logros que nos van haciendo mejores día a día sin darnos cuenta.
Un abrazo

Fernando dijo...

Gran post, Fernando, y gran verdad la que compartes con todos. Me gusta pensar que nadie en esta vida va a hacer algo por nosotros que nosotros mismos no hagamos. El problema es este momento en el que vivimos, el cual el esfuerzo y la constancia no siempre están bien vistos. No hablemos ya si quiera de retrotraer la recompensa.

Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Rafa:.
Me alegra que te haya gustado. La historias como bien has observado tiene dos lecturas que no son más que consejos para la vida.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Fernando:

A mi también me gusta ver así las cosas, pero como apuntas hay muchos valores que parecen no estar de “moda” y así nos va.

Un abrazo

Josep Julián dijo...

Hola Fernando:
No voy a abundar en eso de que me ha gusatdo la entrada porque me ha gustado. Sin embargo, creo que en la historia que relatas subyace algo realmente trascendente en lo que también han coincidido varios comentaristas.
Mi padre se arruinói cuando yo tenía catorce años. Siendo el hermano mayor, viví aquello en primera persona. El mayor desconsuelo de mi padre era no poder dejar nada a sus hijos, de la misma forma que él no recibió nada de sus padres. Todavía hoy, mi madre vive en la misma casa de alquiler de siempre y carente de recursos económicos, se pasa el rato pensando en lo que nos dejará a su muerte que se reduce a una mini imposición a plazo. En realidad no hay nada que heredar. Al contrario, desde hace muchos años mi hermana y yo nos encargamos de que no le falte de nada aunque ella siempre lo recibe en forma de préstamo que "pìensa devolver".
No obstante, al morir mi padre, dejó a su unica nieta (mi hija) una pequeña cantidad con la que llegado el momento se pagara su traje de novia.Sólo que en ese momento mi hija tenía 11 años y el dinero ya no alcanzaba entonces, como para que alcance cuando llegue el momento, pero murió con esa ilusión.
Cuento esto para reafirmar tu exposición sobre el afán de los viejos en dejar resueltos los problemas no sólo de sus hijos sino de sus nietos.
Mi madre vive sola porque quiere, nunca aceptará otra cosa y lo único que pide a cambio es que vayamos a su casa a comer una vez por semana. Y no siempre podemos satisfacerla en eso.
Si pudiera, lo único que le dejaría a mi hija sería un libro en el que le explicara cómo ha sido mi vida, por si le sirve de algo. Y en esa esperanza me mantengo.
Un abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

Hola Josep:
Me gustan estos comentarios que dejas que son testimonios de la vida, de lo que somos y de lo que anhelamos. El ejemplo de tus padres es bastante gráfico y de alguna manera confirma el deseo de todos de dejar “resuelto” el futuro.
Por otro lado, estoy convencido de que ese libro, sería el mayor tesoro que recibiera, porque con seguridad le serviría para mucho más que algo.
Un abrazo

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