viernes, 30 de abril de 2010

Ciclo rickshaws whalash


Su medio de vida es su hogar, su sustento, su prisión... Son los taxistas más pobres de la tierra. Sobreviven a golpe de pedal jugándose la vida entre el caótico tráfico de la India, por unas pocas rupias ofrecidas con desprecio. Se encuentran en cualquier lado: en las puertas de los hoteles, alrededor de los comercios, aislados en mitad de una foto de la India. Se llaman Baba, Lotha, Raju, Sowri, Zakir, pero todo el mundo ignora sus nombres y los derechos que no tienen. Semivisten de retales ajados y manchados del paso de los días. En las calles, son cabeza de turco de policías, de conductores, de peatones, que descargan en ellos todas sus frustraciones en empujones, pitidos, insultos o desprecio. Son intocables, impuros para otras castas. A pocos les sale ya la risa. No saben de horarios ni de esfuerzos. Cuando se atreven a mirarte a los ojos lo hacen con la mirada de un perro tristón que espera y suplica la atención de su amo. No quieren limosnas, quieren ganar su comida; su vida.

 Aunque creo que ningún hombre tiene derecho a ser llevado de esa manera, los contrataba con frecuencia. Y la razón no era otra que la de ayudarles a subsistir. Cuando montaba en uno de estos rick-sahws de ruedas desiguales, imparalelas, iba incómodo, con el corazón encogido al ver el titánico esfuerzo que realizaban; y no podía sentir más que admiración.

Cuando veía sus espaldas sudorosas y el dolor silencioso que se reflejaba  en sus resignadas caras, las pedaladas me dolían  a mí.

Los más viejos permanecen en áreas llanas, sin cuestas. Saben que ya no pueden cargar con más peso y se los ve circulando con parsimonia, soñando con una carrera diaria que les permita una pedalada más: la carrera de la vergüenza, la carrera perdedora y asesina que los acabará en posición fetal mientras duermen en su ricksahw. Todos morirán en él, en su casa.

Yo, solía pagarles con dinero y con respeto, que es como se pagan los trabajos bien hechos. Pagaba la semana aunque sólo los utilizara media hora, no creaba falsas expectativas ni me escapaba en promesas incumplidas cuando me aguardaban a la puerta del hotel: «cada hombre debe tener su oportunidad»— les decía—, algo que ellos nunca llegarán a comprender porque no saben de palabras de esperanza, y me igualaba a ellos, bajándome del rickshaw ayudandoles con mis manos a moverlo cuando quedábamos atrapados en los atascos: esto no lo haría un indio en la vida. Cuando repetía de rickshaw, casi nunca me querían cobrar.

Y aunque la gran mayoría son así, existen otros que la codicia y el dinero fácil, los lleva a querer cobrarte cantidades astronómicas, o a ser sicarios de los emporiums y tiendas de alfombras y seda. A éstos, les negaba su oportunidad, a pesar de que acababan bajando los precios cada diez metros: una cosa era ser razonable y otra muy distinta hacer el primo.

La avaricia no es un lujo que se puedan permitir porque como siempredice Isabel, una amiga mía:  «Lo que natura no da, Salamanca no presta». Y esto en la India es más verdad que cualquiera de sus templos.


En Europa, en España cada día hay más ciclo rickshaws whalash, que ya no pueden pedalear más o que se pasan al lado oscuro para imitar o intentar ser como los poderosos.

Es lo que suele pasar cuando se implanta el sistema de castas. Paradojas del mundo libre. Al buen entendedor…

Feliz fin de semana

10 comentarios:

Katy dijo...

Hola Fernando, cada uno se gana la vida como puede. Deberían de ser ejemplo de apretar los dientes y tirar para adelante a nuestros niñatos consentidos. En N.Y. también los había pero estaban en mejores condiciones que los describes. Allí es más un hobby. Y no consentí montar en ninguno. Me daban lástima aún sabiendo que era para sacarse alguna perras.
En fin, que la vida para con algunos es bastante cruel.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Katy:

En Nueva York seguramente serán diferentes, tendrán su sindicato o en vias de tenerlo. No sé, lo de India es para verlo. No el que te lleven, es el cómo y lo que ves.
Un beso y feliz fin de semana

María Hernández dijo...

Hola Fernando:

Tan tremendo como real lo que cuentas, pero agarrándome "a lo de buen entendedor" y situándome en nuestro país, te pongo un ejemplo de PIB (producto interior...bruto): las señoras de la limpieza doméstica.
A mi con ésto me pasaba como a Katy en NY, nunca quise sus servicios. Por supuesto no me refiero a las que, afortunadamente, están contratadas, o bien se pagan su propia SS.SS. Me refiero a las otras, a esas que trabajan de 8 a 4 en tu casa, te llevan los niños al cole, te lavan, planchan, limpian y hacen la comida y cuando llega fin de mes: "Ahí tienes, 400 euros" y el mes que estás de vacaciones: "no cobras".
Nunca he entendido como se puede ser así y quedarse tan pancho.
O sea, tú vas a tu trabajo, defiendes tus derechos como trabajador, te cansas, regresas a casa y ...¡alehop! ahí está todo arregladito, tan limpio y pulcro, tan ordenado, todo como debe ser, menos las condiciones y el sueldo de quien te tiene la casa como los chorros del oro.
Lo peor de todo es que lo vemos "normal", pero no lo es. Se llama de otra manera: explotación.

Ya ves, no hay que ir tan lejos para ver "cosas" y "casos".

Un beso y feliz fin de semana

Fernando López Fernández dijo...

Hola María:

Buen ejemplo el que pones, pero hay muchos más. Lo que pasa que vemos lo que queremos.

Un beso y feliz fin de semana

Economía Sencilla dijo...

Seguro que aquí en España hay muchos ejemplos, como bien decís María y tú, no hay más que ver los cientos de miles de familias en las cuales nadie tiene trabajo... No obstante, la historia que cuentas hoy ofrece ejemplos "demoledores", de esfuerzo, de constancia, de desigualdades...

Un abrazo, y buen fin de semana
Pablo Rodríguez

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola Fernado:
Conozco lo que es viajar en rickshaw.
En una ocasión íbamos hacia el hotel y se perdió. Te puedes imaginar por qué barrios nos metió. Creí que no salíamos de allí. No sabíamos inglés y nos hicimos entender como pudimos. El hombre muy servicial y preocupado hizo todo lo que pudo hasta que llegamos al hotel.
Fue una gran lección de humanidad.
Buen fin de semana.

Fernando López Fernández dijo...

Hola Pablo:

Asi es, son historias de esfuerzos demoledores, casi sin recompensa económica y escasa recompensa emocional.
Algo muy duro.

Un abrazo y feliz fin de semana

Fernando López Fernández dijo...

Hola Javier:

¿verdad que se puede aprender mucho de estas pequeñas leccioens que nos da la vida?

Un abrazo

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando:
Debo tener pequeños diablillos en casa, últimamente falla mucho este aparato. El otro día te decía que suelo andar mucho en bici y sé lo que se sufre por mero placer, así que ganarse la vida de esta forma y encima tener que soportar la soberbia de algunos tiene que ser desalentador.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola rafa:

hay veces que los diablillos aparecen en todas las casas.
Lo de estos hombre es descorazonador, es para verlo.

Un abrazo

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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