martes, 30 de marzo de 2010

Instantáneas de la Semana Santa Sevillana


El otro día Pepe Moral en su blog ReinBizz: Reinventando Bizznezz hablaba de Sevilla e inspirado en dos pastelerías de la calle Sierpes hacía un interesante ejercicio sobre el enfoque que hay que meditar a la hora de aventurarse en un negocio: Al principio de la calle Sierpes. El post me hizo recordar muchas cosas de una ciudad que me gusta y disfruto mucho cuando voy. El caso es que como se acerca Semana Santa, ya no escribiré hasta el próximo lunes y este blog también va de miradas y viajes os dejo un relato que son instantáneas de la Semana Santa Sevillana que hoy evoco en Soul Business.

Instantáneas de la Semana Santa Sevillana

Aún no es mediodía y las hileras de sillas de la Carrera Oficial situadas en la Avenida de la Constitución y la Plaza de San Francisco permanecen vacías. El olor a azahar aún no ha sido contaminado por la cera derretida que yace en un pavimento castigado por el paso fervoroso y orgulloso de miles de nazarenos que atravesaron el día anterior las calles de una Sevilla entregada a sus Cristos y sus Vírgenes. Las últimas hermandades, agotadas por una «Madrugá» movida, siguen procesionando camino de su templo.

En la Plaza de El Salvador se dan cita los primeros «capillitas». Enfundados en trajes oscuros, corbatas graves, olor a buena colonia lavanda, pelo reluciente y recién engominado son muy habituales en las mañanas de la Pascua Sevillana. Los que taponan mi paso, apenas han cumplido los diez y ocho años pero actúan como los veteranos. Transitan rígidos, con paso firme, como si lo hubiesen hecho así toda la vida; pero sus ademanes, su nerviosismo de primer traje, les delata cuando miran de reojo para saber si son mirados, preferentemente, por unas jovencitas que, despreocupadas y sonrientes a su vez, comentan entre ellas lo bien que les sienta la mantilla. De vez en cuando, cruzan sus miradas, se aproximan tímidamente y entablan una conversación que se me antoja inocente. Poco a poco, en la plaza, se van congregando esos enormes grupos de amigos que tanto se ven en Sevilla, con sus compadres, sus comadres, sus niños y los carritos de los niños. Van llegando intermitente y van conquistando un espacio que no abandonarán al menos durante las dos siguientes horas, bien en el centro de la plaza, bien a media distancia de las puertas de los bares. Piden cervezas o «tinto con blanca» de cinco en cinco, de diez en diez, de quince en quince. A medida que va creciendo el grupo se organiza un bote que irá mermando y reponiéndose hasta que la tribu se vaya disgregando a lo largo del día.

Subiendo por la Cuesta del Rosario me cruzo con dos nazarenos de paso rápido que llevan sus capirotes en las manos y que no se si van o vienen de la Hermandad; un niño vestido con una túnica blanca es arrastrado de la mano por uno de ellos y el pequeñajo (al que le quedan todavía varios años para hacer la primera comunión) trota entre excitado y cansado, ignorando, seguramente, que con el disfraz que lleva no va precisamente a una fiesta divertida: acabará rescatado por la madre o los abuelos en el tiempo y punto del recorrido convenido.

Un aroma a fritura asoma al doblar la esquina tentando al paladar, incitando a abandonarse en la primera taberna que deje un hueco en las mesas o en la barra. Al llegar a la Alfalfa, el calor se ha instalado en la mañana. Las terrazas están llenas, así que echo un vistazo y examino varios bares antes de decidirme entrar en uno; el que más vacío y tranquilo parece. Acodado en la barra, pido una cerveza y miró un televisor que retransmite el caminar de La Macarena hacia su Basílica; una Macarena arropada de claveles blancos de la que horas antes me había despedido agotado, caminado por unas callejas en las que poco a poco se perdían las lisonjas y los vítores de un pueblo devoto que aplaudía al capataz cuando ordenaba a los costaleros que subieran a su Señora al Cielo.

Tras un sorbo, enciendo un cigarrillo y rebobino parte del día anterior.

Ampliado por el sonido del televisor resuenan todavía en mis oídos el redoblar de tambores, el soplido de las cornetas que acompañan a Cristo, la solemnidad de las poderosas bandas que envuelven con sus instrumentos de vientos los pasos de la Virgen; música que con los nuevos clientes se va diluyendo, haciéndose lejana; música que se pierde embarullada, con aires de película rancia, de NODO locutado con el entusiasmo oficial de la posguerra.

Y me acuerdo de los costaleros recién relevados que, sudorosos, trasiegan botellas y botellas de agua, con esa sensación en el rostro que deja el agotamiento del trabajo bien hecho y revivo, en otra calle, en otro momento más instantes.

Cerca de la plaza de la Magdalena la Esperanza de Triana se toma un descanso. Del murmullo se pasa al silencio. Desde un balcón cercano, una mujer entra en trance arrancándose en un cántico profundo y quejoso; un alarido inagotable y esforzado que brota de su interior. Su saeta conmueve y hace saltar las lágrimas al hombre que se encuentra a mi lado. De mediana edad, chupaillo, rostro cicatrizado y ojos de haber pasado por el «talego», lleva impreso en su brazo un tatuaje descolorido y fofo de una mujer ligerísima de ropa. Llora de lágrimas gordas, conmovido, pueril y más parece dar las gracias que pedir perdón a la Virgen Trianera.

Me pido otra cerveza, esta vez acompañada de una pavía ardiente que me transporta a una noche de bares repletos en los que chocan los cristales, los cuerpos en empujones, cuesta entender las palabras y la algarabía de esta particular forma de celebrar la pasión de Cristo de los sevillanos que puede descolocar a cualquiera que no haya nacido allí. Bares que huelen a comida caliente; y a bodega de manzanilla; y a cerveza: una borrachera de los sentidos que invita, de cuando en cuando, alejarse y refugiarse en otras calles y otras instantáneas; como la del Jesús del Gran Poder que a medida que ves acercarse la Cruz de Guía, la solemnidad se apodera de cada rincón y los cirios de los nazarenos parecen marcar la anchura de las calles, como si de una carretera se tratara.

Al apurar la cerveza, intento encontrarle una explicación a lo vivido; pero creo que es mejor seguir mi particular procesión hasta el siguiente bar donde me esperan unas fantásticas huevas de choco: siempre se me escaparía algo.

Feliz Semana Santa
 
El miércoles Thinking Souls

18 comentarios:

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando:
Me ha encantado la redacción de la Semana Santa vivida en Sevilla. Yo no la conozco, pero sí la de Málaga y me la ha recordado en muchos de sus aspectos, tanto religiosos como profanos, y quizás sea esa bien llevada mezcla la que hace de la Semana Santa andaluza un, como diría...sentimiento tan especial.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Rafa:

La verdad es que la he vivido varios años y nada que ver con la sobriedad castellana nuestra. Difícil de comprender, pero fascinante y muy sentida a su manera.
Un abrazo

MaS dijo...

olé y olé y olé....
Sevilla bien vale un llanto, un brindis, un pisotón, un perderse,...
La Semana Santa es doble Semana en Sevilla, que lo de Santa ya cada uno ...
Feliz consecución de días dónde sean y cómo sean,
M.

Fernando López Fernández dijo...

Así es María. Sevilla es MaS y merece la pena el pisotón, el llanto y sobre todo perderse por sus calles sin rumbo fijo.
Feliz Semana Santa.
Besos para la semana (sea santa o no)

JLMON dijo...

disfruta Fernando!!!

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola Fernando:
Lo cierto es que me debato entre huir de las aglomeraciones y el morbo del espectáculo. De momento gana el no a las aglomeraciones, pero siempre me queda esa cosilla...
Un abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

Gracias José Luis, Disfruta tu también mucho.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Javier:

A mi las aglomeraciones no me gustan nada, pero merece la pena verlo, al igual que los San Fermines. Lo de las fallas, ya ves, me llama menos.
Un abrazo

Katy dijo...

Hola Fernando, una visión muy personal y objetiva de la Semana en Sevilla. No la conozco pero a la primera que asisti recién llegada allende los mares fue a la de Málaga y no entendí nada por supuesto. Ahora que he recorrido muchas ciudades en esta epoca ya comprendo un poco que las gentes, su forma de ser y costumbres imprimen carácter a las celebraciónes. Distan de parecerse unas de otras. Y también el turismo influye en unas zonas más que en otras en la sobriedad.
Que tengas un buen descanso, y ojito con pasarte de cervecitas :)
Un beso

Myr dijo...

¡Feliz Semana Santa y no Santa, Fer!
Disfruta de tu bien merecido descanso.

Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Katy:

Gracias, pero mi mirada no deja de ser subjetiva. A veces es difícil comprender, pero si entender otras culturas y otras formas de ver un mismo hecho.
En cuanto a lo de la cerveza, con moderación, si la cultura lo permite je je . Es broma.
Un beso y feliz semana santa

Fernando López Fernández dijo...

Hola Katy:

Gracias, pero mi mirada no deja de ser subjetiva. A veces es difícil comprender, pero si entender otras culturas y otras formas de ver un mismo hecho.
En cuanto a lo de la cerveza, con moderación, si la cultura lo permite je je . Es broma.
Un beso y feliz semana santa

Fernando López Fernández dijo...

Hola Myr:

Semana Santa o no, depende de cada uno. En cualquier caso que todos descansemos y reflexiones sobre un hecho, no sobre una religión.
Un beso fuerte

Pepe Moral Moreno dijo...

Qué tal Fernando? mil gracias por tu referencia!! todo un lujazo y un auténtico honor!
En una ciudad que se reparte entre "semanasantistas" y "feristas", con sentimientos tan profundos y exacerbados para los que lo viven... no se, creo que por muy agnóstico o independiente que seas, lo cierto es que en momentos como los que describes es inevitable anclar un sentimiento irrevocable en la memoria.
Un saludo y un abrazo fuerte, feliz semana santa
Pepe Moral

Fernando López Fernández dijo...

Hola Pepe:

Gracias a ti por pasarte. Como dices los sevillanos son de semana santa y de feria y muchos de ambas. Lo que llama la atención es como lo viven. De esa forma tan particular, tan suya.

Feliz semana santa

Katy dijo...

Te dejo un regalito en mi blog de Ciudadana del mundo: http://katy-ciudadanadelmundo.blogspot.com/2010/04/6-mimos-cuanto-carino.html
casi a sabiendas que no lo vas a recoger. (Me haría ilusión e igual me llevo una sorpresa )
Pero lo he hecho con el fin de reconocer que tienes un blog fantástico y por darlo a conocer a más gente para que otros puedan también disfrutar de ellos.
Un abrazo

Myr dijo...

De acuerdo contigo y así lo tomo. Para mi eso es lo importante de esta fiesta.

Ya sabes que tengo visita de España. Además de compartir, sí, he tenido tiempo para meditar.

Te dejé comentario en la entrada anterior del cine, que no había tenido tiempo de ver antes y "paso adelante" a dejarte en las próximas.

( A mi me asustan o impresionan un poco los encapuchados. En Argentina nunca los vi)
Besos

Fernando López Fernández dijo...

Hola Myr:

Se nota que te gusta España je je. Los nazarenos o capuchones recuerdan un poco al KKK e impresionan si no estás acostumbrado.
Un beso.

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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